02 🍒
Capítulo dedicado a herikapuentes ♥
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—Yo digo que deberías desflorarlo.
Detengo la taza de té a un centímetro de mi boca y miro a Mica. Está despatarrada en su sofá, con un recipiente de palomitas en el vientre. Mira una película, chismea conmigo y revisa sus redes sociales a la vez, como la reina de las multitareas que siempre ha sido.
¿Cómo lo hace? No tengo ni idea. Yo apenas puedo caminar, respirar y hablar al mismo tiempo.
Tiene el cabello crespo atado en un moño y las gafas le cuelgan de la punta de la nariz. Lleva cero maquillaje y aun así se las arregla para verse perfecta de una manera despreocupada.
Micaela Dubois, mejor conocida como Mica o Mick, es una buena amiga. Mi mejor amiga, o mejor dicho... mi única amiga verdadera. Es una persona increíble, auténtica y muy talentosa. Sabe guardar secretos y es una buena oyente. Podemos pasar meses sin vernos, pero cuando lo hacemos es como si nada hubiera cambiado entre nosotras. Da unos consejos de mierda, sí, pero la intención es la que cuenta al fin y al cabo, ¿no?
Aunque este consejo en particular... no me desagrada del todo.
Suspiro y hago una mueca antes de dar un sorbo al té.
—No sé. ¿Qué tal si se está reservando para el matrimonio o algo así?
—¿Es religioso? —pregunta.
—Bueno... no me lo parecía, pero es posible.
—O tal vez no ha salido del closet.
Se mete un puñado de palomitas a la boca al tiempo que niego con la cabeza.
—No creo. Mira demasiado mis pechos, ¿sabes?
Deja escapar un resoplido burlón.
—¿Y? Yo también te miro y soy 97% heterosexual. Apreciar unas buenas tetas no significa nada. Y tú, amiga mía, tienes un buen par.
Sonrío antes de torcer los labios y volver a suspirar.
Han pasado dos días desde aquel tenso momento. Bennet se fue sin emitir palabra alguna tras aquella confesión. O, mejor dicho, ante mi pregunta indiscreta. Y durante todo este tiempo, el infeliz me ha estado evitando. El primer día le creí cuando me dijo que había surgido un imprevisto y que no podía reunirse conmigo en la biblioteca. Pero el segundo día, cuando giré en el pasillo, lo vi esconderse para evitar encontrarse conmigo.
Dos veces.
Y en ambas fingí no mirarlo. Le dejé evitarme porque me sentía algo culpable de haberle hecho huir, sin embargo... ya no se va a escapar, no señor. Lo acorralaré y hablaremos. Le haré temblar. A pesar de lo que mi amiga pueda decir, estoy segura de la orientación sexual de Ben. Esa tensión que siento no puede venir solo de mi parte. Tengo un sexto sentido para estas cosas y estoy decidida a tentarlo tanto que no pueda resistirse a mis encantos. Voy a hacer que se arrodille ante mí.
Sonrío conforme con el rumbo de mis pensamientos y empiezo a trazar un plan en mi mente.
—Tienes esa mirada de guarra que me asusta —dice Mick.
La miro con diversión.
—¿Desde cuándo tienes Disney+? —cambio de tema.
Ella cae redondita.
—Desde que Adam y yo follamos. —Se encoge de hombros—. Es increíble lo que un hombre puede hacer o decir solo para tenerte feliz y poder estar dentro de ti. Aunque no me quejo. Tengo todos los beneficios: mis series favoritas y orgasmos. Muchos orgasmos.
Dejo escapar una carcajada.
—Ya era hora. ¿Cuánto tiempo llevaban aguantándose las ganas?
Mica sonríe.
—Seis meses. ¿Puedes creerlo? Mantuvo su pene en los pantalones seis meses solo por mí. —Sacude la cabeza, incrédula—. La verdad es que lo hubiera dejado entrar en mi cama al final de la segunda semana, pero quería hacerlo sufrir un poco por ser tan idiota contigo.
La miro con agradecimiento, estiro mi puño y ella lo golpea con el suyo.
—Eres la mejor —digo y se encoge de hombros.
—Lo sé.
Mi relación con Adam es muy tensa. Apenas nos toleramos y solo porque Mica es importante para los dos. Pero es que ese pelirrojo ha escuchado algunas cosas desagradables sobre mí y desde un principio decidió no preguntar ni darme el beneficio de la duda. Si quiere creerse todas las mentiras y verdades adornadas que circulan por ahí, por mí está bien. Hace ya muchos años que todo lo que dicen me da igual... o por lo menos eso intento.
Es una lucha diaria y es más difícil de lo que parece, pero he sido una excelente actriz durante cinco años. Que me cambiaran de escuela fue la oportunidad perfecta para que la nueva Harper hiciera acto de presencia y no me arrepiento de ello. He tapado mis inseguridades con sonrisas coquetas y ha funcionado. Las personas me miran diferente. Ya no ven a una niña tonta y desaliñada, sino a una chica despreocupada y simpática. Y lo soy (la mayoría de las veces), siempre y cuando no me hagan enojar claro está.
La única que en realidad me conoce bien y ve a través de mis disfraces es Micaela.
Miro a mi amiga y sonrío. Ha visto esa película de Disney veinte veces, pero aún le brillan los ojos en la escena en que están en un bote y mandan linternas flotantes al cielo. Mi amiga puede desear que todos la miren como una persona ruda y desinteresada, pero en el interior es dulce y suavecita como un bombón, aunque esta faceta solo la conozco yo.
Sonríe a modo de disculpa y se encoge de hombros antes de atacar de nuevo su bol con palomitas.
—Entonces... ¿cuándo tienes tu presentación? —pregunta.
—En dos meses. Estoy nerviosa, siento que se me olvidará todo en cuanto sienta todos los ojos sobre mí.
Ella se echa a reír.
—Tranquila, muestra algo de piel y verás que nadie nota tus errores.
Me río de su chiste, pero algo pica muy en lo profundo de mí. He escuchado eso tantas veces, aunque a estas alturas de la vida ya lo he interiorizado.
Y sí, también lo he usado a mi favor.
Sin querer indagar mucho en el tema ni reavivar mis recuerdos, ambas fijamos la vista en la pantalla y me dedico a terminar mi té ahora frío.
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—Hola.
Bennet da un salto al escucharme justo detrás de él. Se gira con una mano sobre el pecho y los ojos muy abiertos. Mira a un lado y al otro... pero el pasillo está vacío.
¿Acaso busca quién lo proteja de mí?
Pobrecillo.
Sonrío y parpadeo con inocencia cuando fija sus ojos en mi rostro.
—¿Hoy en la biblioteca como siempre? —pregunto con dulzura.
—Eh... yo, eh...
—¡Perfecto! Te veo después de clases.
Doy media vuelta antes de que pueda negarse y me encamino a la última materia del día. Justo antes de entrar al aula, aparece Adam. Sonríe y me echa un brazo sobre los hombros. Intento con todas mis fuerzas no girar los ojos.
—Cherry, ¿cómo estás?
Le doy un codazo en las costillas al escucharlo. Odio que me llamen así y él lo sabe. Por eso sigue haciéndolo, el maldito infeliz...
—Estaba bien hasta que llegaste.
Me mira con un brillo juguetón en los ojos.
—Cuidado o puedes herir mis sentimientos.
Resoplo.
—Como si tuvieras.
Me revuelve el cabello antes de alejarse de espaldas en dirección contraria.
—Tienes suerte de que no tenga, porque si lo hiciera... —Se encoge de hombros sin terminar el pensamiento.
Entrecierro los ojos cuando se aleja silbando, y deja aquella amenaza flotando en el aire. Agh, maldito cara de culo, a veces no sé por qué lo soporto. Le encanta torturarme. Espero que Micaela lo haga sufrir por ser tan imbécil.
Camino hasta el aula mientras intento no darle más vueltas al asunto y entro a mi clase justo a tiempo. Mientras el profesor pone una presentación de diapositivas, yo m e dedico a dibujar en el reverso de mi cuaderno. Nunca pongo atención. Al fin y al cabo no me gusta esta carrera, nunca lo ha hecho, pero es la única que mis padres van a pagar y, como quería una razón para vivir lejos de ellos sin preocuparme mucho por los gastos, no dudé en aceptar entrar a Leyes cuando me lo propusieron.
La universidad de Haslow, a pesar de no ser una de las más reconocidas, sí que es prestigiosa. Así que estar aquí es todo un éxito. Ya dejaré después que alguien haga mis tareas o me explique los temas difíciles, como hace Bennet.
Una sonrisa me curva los labios al pensar en él y su nerviosismo.
¿Qué tiene que me atrae tanto?
Es diferente a todos los hombres con los que te has relacionado.
Sí, definitivamente es diferente y se siente como un soplo de aire fresco.
El tiempo que resta de clase se va rápido entre trazos, bosquejos y sombreados. Cuando miro la hora en mi celular noto sorprendida que ya faltan diez minutos para el final de la clase. Cuando termina, recojo mis útiles con premura y antes de que me dé cuenta ya estoy en la biblioteca.
Y ahí, en la esquina, en la misma mesa de siempre, se encuentra Bennet con los auriculares puestos, encorvado sobre un libro abierto, leyendo. No creo que sea consciente de que mueve los labios al hacerlo. Eso, pasarse los dedos por el cabello, rascarse el cuello y crujirse los dedos son algunas de las manías nerviosas que he descubierto que tiene.
Ni siquiera me doy cuenta de que estoy sonriendo mientras me aproximo.
—Hola —saludo al llegar a su lado.
Dejo caer la mochila a mis pies, me siento frente a él y apoyo mi barbilla sobre ambas manos. Se quita un audífono al notar que no está solo. Como siempre, se toma su tiempo al reconocer mi presencia. Mira primero mi escote, luego mis labios y al final mis ojos antes de devolver la vista a su libro con las mejillas rojas. Se relame los labios antes de contestar.
—Hola.
¿Es mi imaginación o parece más tenso de lo normal? Frunzo un poco el ceño, preocupada.
—¿Estás bien? —pregunto.
Ben cierra el libro con cuidado antes de suspirar. Entonces me mira a los ojos.
—Ya no puedo seguir ayudándote, Harper.
Parpadeo con sorpresa.
—¿Esto es por lo que me dijiste el otro día? Ben, no tienes por qué sentir vergüenza por ser...
—No es por eso —me corta enrojeciendo aún más—. Es que yo... —Sacude la cabeza y ríe sin humor—. No puedo, solo no puedo.
Me mira con súplica y la confusión en mi interior se agita.
—¿Por qué? ¿He hecho o dicho algo que...?
Me muerdo la lengua antes de terminar la pregunta.
He hecho muchas cosas que lo han puesto incómodo. El pobre chico apenas puede mirarme a los ojos y yo le he restregado las tetas en la cara cada que se me presenta la oportunidad. No debe sorprenderme su decisión tan repentina.
Le regalo una pequeña sonrisa comprensiva, aunque el corazón se me estruja un poco ante la idea de no compartir más momentos con él.
—Eres un gran compañero y amigo —digo con toda la sinceridad del mundo—. Lamento si te he hecho pasar malos ratos.
Bennet me mira desconcertado y niega.
—¿Qué? No, no... Al contrario.
Ahora soy yo quien lo mira desconcertada.
¿Lo contrario de malos ratos? Entonces... ¿quiere decir que la ha pasado bien conmigo?
Frunzo el ceño sin entender. ¿Acaso él...?
Oh.
Oh...
Parpadeo un par de veces al caer en cuenta de lo que quiere decir. Una sonrisa traviesa se dibuja poco a poco en mis labios y chasqueo la lengua con fingido pesar.
—Es una lástima que ya no puedas ayudarme. Me encanta pasar tiempo contigo.
Sacude la cabeza y parpadea sorprendido.
—¿De verdad?
—Claro que sí. Eres muy... estimulante.
—¿Estimulante?
Me río de su expresión atolondrada.
—Por supuesto. —Hago un puchero—. Ojalá tuviéramos más tiempo juntos. Me gustas mucho.
Me pongo de pie y noto que me sigue con la mirada. Parece querer decir algo más, pero no se anima. Su ceño se frunce mientras su boca se abre y cierra varias veces con indecisión.
—Si algún día necesitas ayuda con tu tarjeta V, puedes buscarme. Será un gusto ayudarte —digo.
Sus ojos se abren al tiempo que se echa hacia atrás en su asiento, impactado por mis palabras. Traga con dificultad.
—Estás bromeando, ¿no?
Sonrío.
—Para nada.
Tomo mi mochila del suelo y él se pone de pie con prisa.
—Espera, espera. Harper... ¿Estás hablando en serio? —quiere confirmar.
Me encojo de hombros y asiento.
—Claro. Te lo dije, Ben. Me gustas.
Me humedezco los labios y le regalo una última sonrisa sugerente antes de dar media vuelta para alejarme de ahí. La imagen de Bennet mirándome como si le hubiera abierto las puertas del mismo cielo estará conmigo hasta el final de mis días.
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Creo que a nuestro Ben le entró miedito. ¿Ustedes qué piensan?
Quien haga el comentario más ingenioso (gracioso/interesante) se llevará la dedicatoria del próximo capi ♥
Ahora, una pequeña encuesta: ¿Qué días quieren actualizaciones?
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c) Viernes y domingo
Nos leemos la próxima semana en los días que escojan ♥
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