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Peleas, discusiones, golpeas, insultos, todas esas cosas eran divertidas para Jooheon, no había nada más gratificante para él que ver a la humanidad llenarse de ira, la suficiente como para hacer las atrocidades que estaban encontrando de los mandamientos de Dios, sin mencionar que ver a los ángeles enloquecer por ello también lo hacia mucho más divertido.

- Te ves feliz, Honey - Se giró para encontrarse con la dulce mirada de un tierno ángel - Aunque no me gusta que tu felicidad sea ésta

Sonrió con picardía - Es lindo verte, Channie

Se acercó para abrazarlos con firmeza, como si no quisiera dejarlo escapar, aunque sabía, el chico no escaparía de él. Im Chang Kyun era su mejor amigo desde sus vidas como mortales, el menor era la única cosa buena que su vida tenía, pero gracias a su "grandiosa" idea de dar un paseo en el auto de su padre, ambos terminaron en un accidente del que ninguno pudo escapar con vida.

Él llego al infierno por su mala vida y porque simplemente se negó a pagar sus pecados en el purgatorio, cuando llegó estaba tan molesto, la ira haciéndose presente que golpeaba sin razón a otros demonios, realmente pensó que seria su fin cuando el Rey de aquel tétrico lugar había llegado a él, pero su sorpresa fue grande cuando el mayor le ofreció ser su nuevo Pecado capital, porque sí, Yoongi podía sustituir a sus pecados si ya no le eran eficientes.

Changkyun por su parte, tenía las puertas del cielo abiertas por la buena vida que había tenido, siempre fue buen hijo y buen amigo, nunca bebió o consumió drogas, su único pecado lo estaba cometiendo como ángel, porque sabia que estaba mal relacionarse con los demonios de Lucifer y más con alguno de los Pecados capitales, pero Jooheon seguía siendo importante para él, nada cambiaba eso.

- Debes irte, Channie - Soltó el abrazo sin quererlo realmente - No quiero que te castiguen si te ven conmigo

El menor asintió antes de besar de forma inocente la mejilla de su amigo, como siempre lo había hecho - Adiós, Honey

Al verlo marcharse continuó con su trabajo, estaba molesto, porque nunca tuvo la oportunidad de decirle lo que sentía y ahora que un largo tramo de vidas los separaban, ya no podría decírselo, porque la seguridad de su menor era lo único que importaba y sabía lo que le pasaba a un ángel que traicionaba a Dios.

***

- ¡Eres una maldita envidiosa! - Se escuchaban con fuerza los gritos de dos mujeres - ¡Que a ti no se te vea bien el vestido, no te da el derecho de tirarme tu bebida!

- ¡Ya cállate, idiota!

Ambas mujeres estaban por pelear mientras que desde una distancia privilegiada, un demonio se reía de la situación cuando algo más llamó su atención. Observó la conversación de Jooheon con aquel lindo angelito, su Rey no prohibía que se acercaran a los ángeles de Dios, de hecho, tenían permitido meterse con ellos si así lo querían.

Pero lo que realmente removió algo en él, fue ver aquella cercanía, una cercanía que él deseaba, que él no tenía. Suspiró antes de alejarse, ya vería a quien más haría sentir lo que él sentía, porque fue un sentimiento que lo acompañó incluso en su vida normal, siendo niño que no tenia nada y que creció deseando tener lo de los demás, hasta que no pudo más y robar se convirtió en un vicio que lo llevo a su muerte, en donde Yoongi le dio un propósito.

Su vista se clavó en un grupo de niños que jugaban con carritos, observando a un niño en particular que estaba solo, viendo a los demás jugar sin poder acercarse a ellos. Lo observó fijamente, estaba sucio, sus ropas también, de seguro vivía en la calle, quizás estaba hasta solo, no lo sabía con exactitud.

El pequeño estaba por irse cuando recibió un golpe a causa de uno de los carritos, los otros niños se reían de él hasta hacerlo llorar. Era una locura, su trabajo era crear discordia, pero en ese momento no supo porque lo hizo, con sus alas cubrió al pequeño mientras espantaba a los otros con una expresión de terror que de seguro los traumatizaría de por vida.

Observó luego al pequeño que estaba detrás de sus alas negras - Ya vete, mocoso - Estaba por irse cuando esas pequeñas manos lo sujetaron.

- Gracias, mi ángel de la guarda - Le dedicaba una hermosa sonrisa.

- No soy un ángel, niño

- Kyungsoo - Sonrió nuevamente - Ese es mi nombre

No supo que más decir, simplemente se alejó de allí antes de que alguien lo pudiera ver, porque no importaba si su Rey no era tan castigador como el Dios de los cielos, pero estaba seguro de que no le perdonaría haber ayudado a ese niño, porque él mismo había reemplazo a quien fue el antiguo Pecado de la Envidia, por no haber hecho su trabajo y no deseaba el mismo destino.

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***

Hoy tenemos a nuestros lindos Pecados de la Ira y la Envidia, con un poco de sus vidas pasadas para que los conozcamos mejor

Los Amoooooooooooo :* :* :*

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