Capítulo 6


Él casi nunca la había visto sonreír honestamente, pero hoy cada ceño que adornaba su rostro era genuino, una mirada tan avergonzada, que no se mantenía fija, pero al apartarse, inmediatamente le volvía a buscar.

Miró entonces a una doncella que abría su corazón, un sentimiento que no lograba entender, pero que era transmitido, esta forma de querer que va más allá de la amistad.

No podría describir cómo se sentía, solo pensó que, tal vez era como decía, no podría ir lejos en un camino incierto cuando se tiene algo tan valioso frente a sus ojos, tal vez no el amor de sus padres, ni el calor de un hogar, pero sí aceptar este sentimiento, y dejar de ver hacia el horizonte en soledad esperando algo que no va a llegar, abandonar las cenizas de una identidad que ya no es suya, comenzar a vivir.

Sintió el rose de sus dedos en su mejilla, y él hizo lo mismo, no apartaron la mirada y no dijeron nada.

Lo que sentía en este instante era algo que Ayaka no podía discernir, porque si era sincera, nunca habría esperado que así fuese el presente, ni tampoco tuvo indicio de que la llegada de este hombre sería algo tan relevante, porque a sus ojos no encontraba más que vagas dudas que no merecía la pena encontrar respuesta, él no era más que un hombre por el que sintió misericordia, no veía más que otro acto amable de Yoimiya que vino a ella para compadecerse de la presión diaria, su salvación.

Con tan poco, lograba sentir miedo por perder a alguien, tan ferviente la sensación como cuando pudo ser por causa de la inmutable voluntad de la shogun. Quería proteger a aquel que con ese mismo desinterés vio en ella, no a una mujer noble, si no a una amiga.

Cómo agradecer por esta calamidad, cómo solventar cada herida y cada dolor que profanaba su cuerpo, ¿cómo calmar este mal que la carcome en vida?

"Quiero que te quedes" dijo ella "En Inazuma hay personas a las que, si les importas, y no es por lo que puedas hacer, es porque te aman."

"¿Y tú eres una de esas personas?"

"Lo soy"

¿Y qué si a ella no le correspondía tener este sentimiento?, Reconocía en él la compañía incansable y disfrutable que no quería dejar ir, la nobleza y responsabilidad, la honestidad, ingenuidad y ternura mezcladas y expresadas en esa mirada tan llena de vida, donde deseaba que todos se reflejaran, por primera vez, quiso ser dueña de algo así y no pudiendo evitar su deseo, se acercó para reclamarlo como suyo.

Fue consciente de su impudencia cuando ya hubo tomado esos labios y notado el ceño perplejo en el rostro del varón, temió por su actuar, por su inexperiencia, pero confió en que sus sentimientos capturarían al joven que perplejo, se dejó caer en el césped, y pasó de ver las estrellas a perderse en el rostro de tan bella dama que le entregaba aquel gesto, tan dulce y único que no recordó haberlo vivido.

Esta nueva forma de expresar cariño le hizo preguntarse si así era el amor, y si así era sentirse amado, incluso él pudo saber que una amistad no podría ser tan íntima y tan cálida, no podría ver de la misma forma a Ayaka a partir de esa noche.

No tenía memorias que le permitieran recordar un evento tan único como el que vivió entonces, ni cuan regocijante podría ser el calor de otra persona, ni lo embriagadora que podría ser una piel ajena a la suya, tomó a Ayaka y él fue tomado por ella de una forma nueva que despertó en él un lado desconocido, y con el amanecer, vino la perplejidad, creyó que no podría separarse de Ayaka a partir de ahora.

"Te amo Son Gokú"

La marea era alta y el día nublado, más eso no fue obstáculo para la espera diaria que vivía en la costa en la que aquella embarcación separó a Gokú de ella donde impaciente aguardaba su regreso.

Aquella noche no dejó de pensar en su amigo y su destino, no tenía noticias de él y eso le angustiaba, era un sufrimiento que nunca antes había palidecido, y eso también le preocupaba.

Su corazón dolía de la incertidumbre y su mente era intranquila como el agua agitada de la marea, la comida le sabía a ceniza y el fuego de la hoguera no le proporcionaba calor.

—¿Por qué lo esperas?

En la mesa su padre le cuestionó sacándola de su laberinto de pensamientos. —El joven del que todos hablan, ¿esperas por él no es así?

—Me preocupa, eso es todo.

—¿Y por eso vas todos los días al puerto?

—Solo quiero ser la primera persona que lo reciba cuando venga, porque sé que vendrá.

—¿Solo te basta con eso hija?

Tras esa afirmación, la fachada de su expresión se desplomó y una extrañada tomó su lugar.

—Admitir tu cariño por ese hombre no es razón de vergüenza, pero ignorarlo no es bueno.

—¿Cómo se supone que debería sentirme entonces? solo estás malinterpretando las cosas papá.

—¿Y qué puedo concluir después de ver todo lo que he visto? Sé que te escapas y aplazas tus encargos para ir a la hacienda kamisato, Fue muy obvio cuando trajiste a ese joven a casa, era la primera vez que veía a mi hija con unos ojos tan brillantes, más que cualquier luz vendida en esta tienda.

—Eso no es cierto...

Insistió, pero su padre solo se burló de su expresión.

—Ya eres toda una señorita, y los asuntos del corazón vienen tarde o temprano, no se puede ignorar, ni es saludable guardárselos para uno mismo.

Era esa misma descripción la que coincidía con su estado, y se vio incapaz de reprocharlo, buscó el refugio en la experiencia que le ha traído a la vida.

—¿Qué debería hacer?

Su padre volvió a reír.

—Sé que una mujer como tú podría hacer feliz a cualquiera, pero solo tú sabes quién te podrá hacer feliz.

Una leve impresión dio procedencia al rostro que expresó seguridad, volvió a sonreír radiante y dejando la cena a medias salió de la cocina, luego de su casa y corrió con prisa.

Todos miraron a Yoimiya con extrañez, pero verla tan radiante en tiempos de crisis les contagió de esa alegría que desbordaba de su ser puro y enamorado, presa de ese sentir, se dejó llevar por sus pasos hasta que finalmente se detuvo en el muelle más lejano donde podía ver la luz de la luna reflejarse en el agua, una tan calmada como su mente.

—Cuando llegue el momento, te diré lo que siento, así que vuelve pronto Son Gokú.

Su viaje de regreso le entregó una perspectiva de ese país, nuevos paisajes y zonas fantásticas, pero decir que tenía intenciones de ver más de Inazuma sería una equivocación, su principal preocupación era Yoimiya, su amiga a quien no miraba hace mucho tiempo.

Ayaka observaba la costa de la isla junto a él, una pequeña sonrisa se dibujaba en su rostro sin dañar su imagen tranquila y elegante. No sabía lo que iba a pasar de ahora en adelante, excepto que Ayaka le ofrecería todo lo que alguna vez perdió, porque muy en el fondo sabía que era así, su familia y todo propósito sería encontrado a su lado.

—¿Puedo comentarte sobre algo? —Dijo Ayaka. — Respecto a nosotros, quiero pedirte que me des un poco de tiempo antes de anunciar a todos nuestra relación, primero hay que aclarar toda esta situación y problemas que se nos vengan encima.

—Claro, no hay problema, sé que todo saldrá bien.

Bien sabía la importancia de la imagen que todos tenían de Ayaka, algo como una ejemplo a seguir, y que él, un simple aparecido, pueda tener a su lado a dicha mujer era algo simplemente que nadie podría procesar y aceptar, sin embargo, dejó de pensar en eso cuando el barco arribó al puerto de Ritou, porque solo entonces consideró las opiniones que la gente podrían tener sobre él.

Miró a las multitudes esperar en los muelles, y el bullicio que transportó su nombre cuando dio la cara, la celebración parecía haberse llevado incluso a los territorios de la Shogun y toda la gente de la capital y pueblos aledaños se hubo reunido para ofrecer su gratitud a quien dio su vida por ellos.

Miró una nueva perspectiva de inazuma, las personas, las cosas que su esfuerzo había logrado, proteger vidas y hacer de eso una tierra mejor, no había sido su prioridad, pero agradeció estar vivo en este momento y ver a Yoimiya y Thoma en medio de esa multitud trajo regocijo a su corazón, sus amigos, su familia.

(...)

Los asuntos parecían arrebatar todo el tiempo de Ayaka y él tampoco tenía iniciativa para inmiscuirse en problemas que no le conciernen, o al menos que no entendiese, pero esto era necesario, al menos entendía que era por su bien, sin embargo, las ansias de librar un combate como el que mantuvo con la shogun Raiden comenzaba a inquietarle, había tanto en qué pensar y muy poco qué hacer al respecto, por lo pronto, solo le quedaba pasar su tiempo como un mortal más.

El atardecer resaltaba la dorada mirada de Yoimiya.

Los pétalos de cerezo seguían cayendo y el viento de aquella montaña donde se levanta el santuario Narukami era muy fresco, la compañía del otro les hacía la vida más llevadera, muy en el fondo querrían que así fuese para siempre.

—Me alegra que estés bien, no tenía noticias sobre ti y estaba muy preocupada.

—Si, la señorita de la isla Watatsumi y Ayaka cuidaron de mi todo el tiempo, ahora estoy muy bien.

Explicó, era el primer momento después de su separación que tenían para ambos, las emociones convergían dirigidas al otro, e incapaces de poderlas ocultar, fueron expresadas.

—Yo te extrañé...

—Yo también.

—Ahora que muchas de las leyes y restricciones se están aboliendo, finalmente parece que las cosas empiezan a mejorar. —Dijo Yoimiya, y luego fue ella quien le tomó de la mano. —¿vamos a dar un paseo?

Caminaban juntos por el centro de Inazuma, había algo de atención de los ciudadanos hacia él, los extranjeros le saludaban y los niños alborotaban cuando los veían, y celebraban alrededor de Yoimiya, se encantaban con los fuegos artificiales y los dulces que les obsequiaba.

—Vaya, debes hacer muy feliz a Yoimiya. —Uno de los niños resaltó y tanto Gokú como la chica se extrañaron.

—¿Y por qué?

—Porque solo come dulces cuando está muy feliz. —Tan pronto como la verdad fue dicha, los nervios se apoderaron de la chica por el comentario que parecía no tener lugar, pero contrario a ella, el joven a su lado se encantó con esa declaración.

—Ella también me hace muy feliz.

Esa fue una velada llena de alegría, y se sintió bien, todo desde entonces parecía mejoraría para él, y comenzó a disfrutar de esta oportunidad que la vida le daba, pero, muchas veces, las cuestiones del corazón son las más difíciles de afrontar. Esa noche Yoimiya no pudo decir lo que su corazón tanto le suplicaba hacer, porque dar ese paso y la idea de no ser correspondida le llenaba de temor, eso, aun cuando esos ojos la miraban de esa forma que le provocaba seguridad, en el fondo, aún era una niña temerosa, evitando tomar la voluntad de una mujer, y Gokú, un hombre que ignoraba lo que su corazón sentía, y a donde sus acciones le encaminaban.

Dos meses después, en una noche fría, por voz de Thoma, noticias desfavorables de la hacienda Kamisato llegaron a sus oídos.

Fue a la habitación de Ayaka tan rápido como pudo, solo para encontrar a la mujer inconsciente sobre sus aposentos, muchas personas rodeaban a la princesa, pero solo fue la preocupación en los ojos de la mujer lo que despertó la suya.

—¿Qué ocurre?

Gokú preguntó, pero nadie, ni siquiera el médico le dio respuesta, en su lugar, el silencio prevaleció en la sala hasta que finalmente Ayaka pidió a los demás empleados irse a excepción del médico.

—¿Qué pasa? —Gokú preguntó de nuevo.

—No es nada grave en realidad, la señorita Ayaka necesita un buen cuidado, en su actual estado no necesita presionarse demasiado.

—¿Qué tiene, está enferma?

Un silencio incómodo volvió, la vergüenza, tristeza y angustia se vio reflejada en la chica.

—Ella está esperando un hijo. —Le informo el hombre.

Todo fue muy confuso y la perplejidad había tomado posesión de ese hombre.

Frente al mar, la pareja guardaba silencio, pero el estupor pronto iba a pasar, y se debía afrontar la realidad.

—¿Cómo es que pasó esto?

Gokú susurró para ambos, se rascó la cabeza y no dejó de ver al suelo, esa declaración afligió a Ayaka, quien contuvo su tristeza.

—Supongo que cuando dos personas están juntas, suceden cosas como esta. —Le respondió. —Sería un problema para ti toda esta situación.

—No me refiero a eso, no digas esas cosas. —Dijo el joven. —Vamos a tener un hijo, y todo pasó muy pronto, pero eso no significa que sea algo malo. Yo no sé cómo es tener una familia, ni tampoco cómo debe ser un padre, pero lo que sí sé es que me encargaré de protegerte y al niño, estaré contigo siempre y no te dejaré sola.

Los ojos de Ayaka brillaron y su rostro se notó perplejo, sin tener voluntad de ella misma, comenzó a llorar, la boca le tembló y dócil, se acercó a él.

—¿Significa que me aceptas y aceptas este niño? —

No hizo falta una confirmación directa, bastó de ver su sonrisa, y así, obtuvo la paz y alivio que concluyeron con una pena que parecía haberla estado torturando, verla así fue gratificante para él, y si en ese momento tenía dudas, no pensó en ellas, sintió que no valía la pena porque hay alguien que necesita de su apoyo.

A pesar de que esa fuera una situación importante, ambos optaron por mantenerlo en secreto hasta que sea el momento correcto, después de todo, poco o nada conocía de la familia de Ayaka, y no supo el impacto que esta noticia tendría a los demás líderes del clan Kamisato, con diecisiete años todo parecía ser prematuro, el paso a la adultes les tomó por sorpresa, pero si ello significaba tenerse juntos por el resto de su vida, era un buen consuelo.

Era un día caluroso, y reluciendo su fuerza, descargó la gran cantidad de materiales que la casa de fuegos artificiales demanda.

—Sí que eres fuerte. — el tono grato de Yoimiya se acompañó por un vaso de agua que ofreció felizmente al joven.

—Nuestros fuegos artificiales se van a exportar a las otras naciones, muy pronto tendremos fama internacional.

—Me alegro por eso, realmente son muy bonitos. —con una sonrisa radiante antes de beber animadamente, verle así era un mar de emociones que hacía rebosar el corazón de Yoimiya, y tal sentir que se había venido acumulando encontró su clímax ese día donde finalmente se armó de valor.

—Gokú, Habrá un gran festival esta noche...—titubeó tímidamente, pero se ganó la atención del joven. —muchos eventos culturales se presentarán y también habrá muchos puestos de comida.

—¡¿De verdad?! Me gustaría ir allí, se escucha muy divertido.

Con una vergüenza que la hizo sonrojarse, tomó algo de valor y volvió a dirigirse a él, con más determinación—¿qui-quieres venir conmigo al festival?

—Claro, quiero recorrer todos esos sitios y ver tus fuegos artificiales, todo el mundo habla de ellos.

La pregunta y respuesta provocó en ellos una felicidad profunda, porque la sola idea de compartir más tiempo juntos era suficiente para hacer del destino una buena expectativa, Yoimiya supo entonces que no habría mejor oportunidad que esta.

—Siendo así, Haré uno muy bonito para ti...

...haré que sea especial.

Cortejado por la invitación de Yoimiya, volvió cuanto antes a la hacienda Kamisato, de algún modo le inquietaba el transcurrir del día, y deseaba que la noche cayese cuanto antes, la emoción era inexplicablemente grande, que vio la necesidad de compartirla con la persona que cría más importante en su vida, de ese modo, Ayaka le vio entrar a su oficina.

Vio interrumpida su labor, se tomó un breve tiempo para escucharle, sin embargo, poca fue su impresión, no le agradaba la idea de que el padre de su hijo compartiese tanto tiempo con otra chica, en especial cuando se es tan cercano con ella, sin embargo, su preocupación desapareció cuando esa pequeña frase se le fue dirigida.

—¿Quieres venir?

Podía ver en él la necesidad de aprobación y la atención que debería tener para con ella, se vio reflejada en sus ojos honestos e ingenuos.

—Yo también estaré en el festival, pero debo supervisar cada evento que se lleve a cabo, es nuestro trabajo principal, por lo que no puedo acompañarte.

—¿Hay algo en lo que pueda ayudarte? Si trabajamos juntos podríamos terminar antes.

Soltó una débil risita, y cautivada por su insistencia se sonrojó.

—Son formas de tratados de comercio y acuerdos con ámbitos legales, no creo que sea un campo en el que te desenvuelvas, solo ve y diviértete. —Dijo la princesa, sin embargo, las palabras que tenía atrancadas en su voz nacieron de una forma formal, y por el momento, inentendible para gokú. —Solo ten en cuenta la posición mía y del bebé que viene en camino.

A Gokú no le sorprendió si al final Ayaka no accedía, era una mujer ocupada y no parecía abrirse a cosas que para él eran nuevas, ni aun cuando se suponía mantenían un vínculo tan importante, por ahora solo le quedó continuar con el curso que su destino le prepararía para ese día.

La oscuridad que reina en la mitad del día acobijó Teivat, y la cercanía de esas dos almas finalmente pudo darse.

En ese momento, Gokú tuvo una perspectiva muy diferente de Yoimiya cuando la vio atravesar el pórtico de la tienda de fuegos artificiales. su cabello se recogía, esta vez a un costado derecho, y parte de sus dorados hilos se derramaban por los lados de su rostro, y vestía esa ropa tradicional de inazuma, muy diferente a la que usualmente trae, era naranja con detalles dorados, donde florecitas y pétalos lo adornaban, de ese modo, podría destacar por encima de cualquier otra persona, como un árbol de cerezo en medio de la arboleda verdosa.

No supo cómo describir ese sentimiento, no solo era una simple admiración por una faceta no descubierta, ni la impresión que causaba un evento inusual, porque los ha vivido durante toda su estancia en inazuma y ninguno ha provocado en él que el latir de su corazón fuese tan desenfrenado, y solo Yoimiya se adueñó de sus ojos sin oportunidad alguna de poder apartar la vista.

Fin del Capítulo 6

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