━ twenty-three: task one

CHAPTER TWENTY-THREE
TASK ONE

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BRIAR HABÍA SOÑADO SOBRE dragones la noche antes de la primera prueba, y había corrido en busca de su hermano al segundo de encontrar una hora apropiada. Finalmente, lo encontró en el almuerzo, y Livvy ya era consciente porque Harry le había informado. Luego asintió, se sentía aliviada, pero también inútil y le preguntó si sabía derrotar a un dragón.

Él sabía.

Pero, mientras que Fred, George y Lee estaban comiendo el almuerzo, Briar discutía el tema con su hermano quién parecía ser ya un genio. Ella se sentía inútil. Había buscado en los libros de hechizos de Laurel y garabatear un hechizo para dárselo a Livvy por si necesitaba ayuda. Y él la miraba, y sonreía levemente y lo guardó.

—Di esto —dijo Briar, su mirada fija mientras continuaba hablando con su hermano, quién, obviamente, parecía no estar interesado—, el libro dice que es para defensa. Se mete dentro de la temperatura del dragón y congela la sangre un par de minutos, antes de que el dragón, naturalmente, se caliente. Espero que esto no dañe al dragón. Mamá lo creó, ¿verdad? Es vegetariana, claro, no iba a hacerlo para perjudicar a un animal...

Estaban de pie donde a los estudiantes se les habían dicho que hicieran su camino hacia el cercado — terrenos del torneo, Briar oyó decir a McGonagall. También estaban cerca del Gran Comedor, por lo que Livvy ya había ocultado el pergamino en el momento que Moody pasó por delante. Él los vio, siguió caminando, se paró y dio unos pasos hacia atrás.

—Suerte, muchacho —dijo Moody. Livvy asintió, viéndose más alegre que nervioso. Briar estaba impresionada. Ella habría tenido una fusión por ahora—, lo harás bien. Supongo que sabes que hay ahí fuera. El Torneo... tiene trampas, pero siempre secretos que deben salir.

Las cejas de Briar se fruncieron—¿Igual que las pruebas y los que miran?

Moody le lanzó una mirada. Briar se sintió acorralada. No había querido decirlo. Ella no sabía porque él se sentía ofendido. Era sólo una preocupación de las suyas. Eso era lo que preocupaba a tu cerebro y no creía que tuviera problemas para expresarlo.

—Sí continúa así, Lupin, conseguirás que te maten —pronunció Moody. A su lado, Livvy estaba de pie, con un pie frente a su hermana. Briar no lo entendió. Ella no entendía porque estaba tan molesto o porque sonaba tan enfadado al decir Lupin—, al mundo no le gusta saberlo todo. Especialmente cuando se dicen cosas de malas personas.

A lo mejor él estaba en contra de los hombres lobo. Tal vez oyó su apellido y se burló a causa de su padre. Y, si ese era el caso, él era un completo idiota. No, era más que eso.

Los ojos de Briar se habían estrechado. Livvy la miraba con nerviosismo. La expresión de su rostro hizo que el estómago de Briar cayera. Él había crecido. No en altura, sino en el comportamiento. Habían pasado días desde que Livvy estaba tras Briar, sabiendo que ella lo protegería. No hacía falta protegerlo más. Y, sí, estaba bien preparado y podía protegerse a sí mismo, pero Briar no podía evitar la sensación de inutilidad.

¿Qué se suponía que ella tenía que decir ante el peligro, si no tenía a su hermano para mantenerle a salvo, y sus visiones la empujaban más a su desaparición?

Draco, Pansy y Blaise acudieron un par de minutos después de que Moody se fuera. Livvy y Moody habían estado hablando, mientras Briar les dejaba espacio, sintiendo que quería quedarse en el castillo durante la tarde y olvidar incluso que existía el torneo. No era como si necesitara estar allí, de todos modos. Ella no tenía mucho efecto, ¿verdad? Su hermano estaba bien sin ella, sus visiones eran peligrosas.

Livvy dejó a Briar para pasar un par de minutos fuera con sus amigos antes de salir temprano, porque los campeones tenían que llegar primero. Briar se apoyó en la pared de piedra y levantó la vista con cada estudiante que pasaba, pero sin hacer ruido. No fue hasta que Fleur Delacour, unos minutos después de que Livvy se fuera, pasó por delante de Briar y se detuvo.

—¡Briar! —dejó escapar ella. Las cejas de Briar se alzaron. Era cierto que su corazón se derritió un poco por lo agradable que sonaba su nombre con un acento francés—. ¡Eges la hegmana de Livvy! He oído lo que dijiste con Rita Skeeter. Fue muy, um, divegtido.

Ella sonrió feliz—No entiendo las muchas posibilidades para meterse con los medios de comunicación, especialmente los periodistas de mala calidad —dijo Briar. Fleur sonreía brillantemente hacia ella. Si Briar no tuviera un crush por uno de sus amigos, tal vez empezaría a sentir cosas por Fleur—. ¿Cómo estás? ¿Nerviosa por la prueba?

—No, no, estoy prepagada —aseguró Fleur—, pog lo menos, creo que sí. Supongo que tu hegmano sabe lo que los dragones. Creo que Harry y Viktor lo saben, por lo que creo que Cedric y Livvy también —Briar asintió y Fleur pareció aliviada, aunque ella todavía estaba pálida por el nerviosismo. La forma en la que ella hablaba hacía afirmar a Briar la idea de que se encontraba nerviosa, porque sus palabras eran pronunciadas más rápido—. Conozco un encantamiento. Se que estagá bien. Estoy bien. Sé que haceg.

Briar sonrió—Bien, buena suerte —dijo. Extendió la mano—. ¡Espera, sé como se dice en francés! Bonne chance!

La sonrisa de Fleur creció. Encantada, dejó escapar—Merci beaucoup!

Tan pronto como Fleur se fue, también lo hizo la felicidad. Briar se dejó caer de nuevo en la pared de piedra. Se sentía inútil de nuevo. Pero, en aquellos minutos, no se sentía tan inútil. Era como si se hubiera olvidado, su única preocupación era la persona que hablaba, porque no quería que nadie la odiara por actuar de manera diferente. El hecho de que fuera inútil no significada que pudiera ser abatida. Podía sentirse mal por la inutilidad, pero no podía dejar que se mostrara. No quería que las personas la odiaran cuando ella se odiaba a sí misma y su incapacidad de tener un propósito.

Con el tiempo, sus tres amigos se acercaron a ella, teniendo el almuerzo comido y se rieron acerca de Dios sabe qué, pero era lo suficientemente divertido porque seguían sonriendo cuando llegaron a ella. Briar sonrió, aunque era débil y transparente. Era como ocultar una herida con vendajes cubiertos de sangre.

—Vale, deberíamos irnos, ¿no? —dijo Lee, viendo algunos grupos de estudiantes de diferentes escuelas dirigiéndose al recinto. Briar se sostenía torpemente con las manos y asintió con la cabeza—. ¿Quién creéis que ganará?

—Depende de la prueba, la verdad —dijo George.

Fred asintió—Briar, ¿Livvy sabe lo que tiene que hacer?

Con más amargura de lo previsto, Briar murmuró—Sí, sabe qué hacer, no necesita mi maldita ayuda, es capaz de hacerlo por sí mismo.

Cuando los cuatro caminaron, George abrazó a Briar. Briar puso sus brazos alrededor de su cintura—Necesitamos tu ayuda —dijo George.

Fred comenzó a decir, "¿Con qué?" pero George le envió una mirada.

—No, pero, ¿con qué? —Briar pidió.

George se quedó en silencio—Todo —dijo. Briar levantó una ceja—. Ayudaste a Sirius, ¿no es así?

Lee estalló—¿Qué hiciste qué?

—Um —dijo George. Briar ya había dado un paso lejos de él para poder mirar a Lee y caminar correctamente—, lo siento.

Los ojos de Lee se ampliaron. Briar era muy consciente del hecho de que estaban cerca de los muchos otros estudiantes. Sirius estaba seguro, a partir de ahora. Si ella decía mucho sobre él, la gente lo oiría, y el viejo pánico de que era un "asesino" volvería. Ella no podía hacer eso. No cuando el tema estaba calmado.

—Eso es ridículo, Lee —dijo Briar. Miró a Fred y George y luego de nuevo a Lee, cuyos ojos se ampliaron—, ¡George no dijo Sirius! ¡Dijo Remus, mi padre! ¡Ayudé a mi padre!

George asintió—Ah, sí, lo hizo.

—Con el horneado, en verano —dijo Fred.

Briar exclamó—¡Lo hice! ¡Galletas! ¡Él no sabía cómo hacerlas!

—Así que, la encantadora Briar le ayudó...

George añadió—¿No fue un bonito gesto por su parte?

Lee miró a todos—Oh, eso tiene más sentido —asintió y dejó escapar una risa—. ¡Briar rompiendo las reglas! ¡Ayudando a Sirius Black! Pensé que estaba escuchando cosas. Eso no puede suceder. Probablemente había escapado y dañado a la primera persona que viera. Y ella lloraría si pudiera poner a alguna persona en peligro.

—Estoy ofendida —murmuró Briar.

Fred le dijo—Se lo está creyendo, cállate.

—No me mandes callar —dijo ella.

Los cuatro se metieron en los terrenos del Torneo, los cuáles fueron revelados al resto de la escuela como el cercado de dragones y hallaron asientos. Briar vio la cantidad de estudiantes sosteniendo banderas — una gran cantidad, de la cantidad de Hogwarts que apoyaban a Cedric y Livvy. Cuanto Briar veía más las pancartas de apoyo a su hermano, más recordaba que no era necesaria para él, porque tenía el apoyo de una fiesta mayor en la que estaban ella y sus dos invitadas, la auto-compasión y la auto-aversión.

A medida que tomaban sus asientos, mientras esperaban a que la tarea comenzara, Fred le levantó el brazo—¿Estás bien?

Briar dijo—Te lo digo más tarde.

Con suerte, no tendría que hacerlo. Se sentía incómodo al hablar de lo que no le gustaba de sí misma. No se sentía como si pudiera describir lo que sentía, de todos modos. Porque ella lo llamaba inutilidad, ella no daba la suficiente justicia, ¿verdad? Sería como encogerse fuera del problema y fingir que no significaba nada, cuando en realidad sí y sentía un vacío. Y cuanto más pensaba en ello, más comenzaba a darse cuenta de que, tal vez, se había sentido así desde que Livvy actuaba como si no estuviera asustado por el torneo.

Bagman comenzó a hablar al rato, una vez que las gradas se llenaron de estudiantes de las tres escuelas y los adultos presentes en Hogwarts. Briar levantó la vista cuando Cedric apareció en el cercado con uno de los dragones. La multitud vitoreaba al igual que lo hacían con todos los partidos de quidditch. Briar se quedó sentada y aplaudió.

Divertido, sin embargo. La chica detrás de todos los vítores de Gryffindor y cantos durante los partidos carecía de la energía para apoyar a uno de sus mejores amigos.

Quince minutos pasaron. Cedric se llevó el huevo — lo que los campeones tenían que conseguir al mismo tiempo que se enfrentaban al dragón — y la multitud siguió perforando tímpanos con entusiasmo. Briar se sentía fuera de lugar. No debía sentirse tan negativa consigo misma, cuanto todos estaban irradiando positividad y apoyo a sus adolescentes compañeros, tratando de pasar por diferentes dragones.

A continuación, fue Fleur. Entonces, Krum. Después, Harry. Por último, Livvy. Briar había estado sentada cerca de sus amigos, quienes habían gritado todo lo posible con su llegada. De hecho, todos los Slytherins estallaron en aplausos y gritos de ánimo. Ella se mantuvo sentada, porque no se sentía como si pudiera animar y buscar creíble la felicidad en nombre de su hermano. Y si ella se veía ligeramente molesta, él lo vería y se desanimaría.

El comentario de Bagman pasó por un oído y salió por otro. Briar trató de escuchar, pero su cerebro no lo absorbió en sí.

—Oh, este es un dragón complicado, espero que pueda manejar esto... ¡Oh! ¡Eso ha sido valiente y no ridículo! Vamos, que lo está consiguiendo, sólo un hechizo diferente, tal vez...

Livvy gritó algo. El dragón se quedó en silencio y vítores de la multitud llenó el espacio de sonido que el dragón ya no ocupaba. Briar podía ver, sobre las cabezas de los dos primeros años, que el dragón se congeló. Ella quiso sonreír. Ese fue el hechizo que le dio a Livvy.

Pero espera. ¿Por qué los profesores y otros adultos se veían tan preocupados por el hechizo utilizado? Bagman se quedó sin habla y los estudiantes no parecían ser conscientes de ello. Aster estaba sentado en medio de Snape y Trelawney, con expresión grave. Briar vio la cara de Barty Sr. y la frialdad en crecimiento. Dumbledore miró a Moody como si Moody fuera consciente de algo que ocurrió en el pasado, pero Moody no dio la misma mirada. Moody se limitó a mirar al dragón congelado.

—¡Y... ! —exclamó Bagman, aunque vacilante—. ¡Y ha conseguido el huevo! ¡El tercero más rápido! ¡Qué impresionante!

Las calificaciones de Livvy fueron buenas. Briar no las vio, pero se dio cuenta, por la forma en la que Pansy chilló, "¡LIV ESTÁ PRIMERO!" y Blaise respondió, "¡PRIMER PUESTO, PERO AÚN ASÍ!" que Livvy lo había hecho bien.

Briar se sentía orgullosa de su hermano, realmente lo hacía, pero se sentía innecesaria. Ella le había dado el hechizo, pero seguramente no lo podría haber aprendido al momento que se lo dio porque se lo metió de inmediato en el bolsillo. Sin duda, lo había encontrado en otro lugar, pero, ¿quién más podría saber los hechizos de su madre?

Y, entonces, eso la golpeó. De dónde venía el volumen. El volumen cinco. El que Aster robó cuando estaba en la escuela con Laurel, el que tiene los más oscuros hechizos. El volumen que se convirtió en el libro sagrado de los mortífagos.

A medida que la multitud comenzaba a salir del estadio, Briar se sacudió ligeramente ante la cantidad de personas que se desplazaban y su incapacidad para ver a cualquiera de sus amigos, hasta que vio a Fred y se agarró a su mano, por lo que no iba a estar completamente sola en una masa de gente chillando y gritando.

Bajaron de las gradas y se encontraron con George y Lee. Briar se puso las manos en los bolsillos, renunciando a la idea de tratar de encontrar a uno de sus hermanos o Cedric, o incluso a Fleur. George puso la mano sobre el hombro de Fred—Lee y yo vamos a continuar —explicó. Miró a Fred a sabiendas—. Fred, por qué no te quedas aquí con Briar, teniendo un buen paseo...

—Te odio.

—¿Por qué odiarlo? —Briar cuestionó. George asintió con la cabeza y levantó las cejas en dirección a Fred. Lee aguantaba la risa. Briar tenía el ceño fruncido—. Es por tu crush...

Fred soltó—¡No me gustas!

—Claramente, tenéis mucho de que hablar —dijo George. Relacionó los brazos con Lee y los dos se apresuraron a alejarse de los otros dos.

Briar le miró—Bueno, eh, hola.

—Pensé que estarías animando —dijo él. Briar juró internamente—, Livvy lo hizo genial, por si no lo viste. Todos los profesores se sorprendieron. ¡Eso tiene que ser algo bueno!

Ella le sonrió dulcemente. Sí el supiera.

—Bueno, él sabía que hacer, ¿verdad? —dijo Briar. Fred se veía como si ella estuviera declarando lo obvio. Cosa que hacía—. Y ya no me necesita para ayudar. Y siempre me han dicho que me asegure de que está salvo, y siempre he pasado por eso, pero no me necesita más, ¿verdad? Traté de ayudarlo, pero él ya sabía que hacer. Debe ser un alivio el ya no preocuparse, pero ahora hay un agujero lleno de preocupación por mantener a Livvy seguro, y me siento completamente inútil.

—A lo mejor, en vez de preocuparte por Livvy, debas hacer algo útil —sugirió Fred. Briar alzó una ceja—. Podrías predecir el resto de pruebas y dejar que los campeones lo sepan. O, um, mira las carreras, así no tendrás estrés luego...

Briar asintió—Si quieres puedo ayudarte con la tienda de bromas que tendrás con George. Soy buena en la organización. Es decir, mantuve a mi padrino a salvo, bien y feliz mientras se escondía. Tal vez por eso me siento vacía, ya que todo el año pasado estuve intentando mantenerlo a salvo y escondido, pero ahora no tengo nada de que preocuparme.

Él le dijo—Es probablemente algo bueno el no preocuparse por nada.

—¡Por eso me esfuerzo! —dejó escapar ella—. Tengo que encontrar algo para mantener mi mente ocupada o guardar algo y se que se vuelva oscuro y luego tener que lidiar con eso... —Briar suspiró—. Igual que todo el asunto con Cedric, cuando no sabía si le gustaba como una amiga o algo más... pero se revolvió, aunque conseguí que se solucionara, pero ahora necesito algo de lo que preocuparme para hacer caso omiso del hecho de que me gusta alguien porque no quiero hablar ni pensar sobre ello... —ella lo miró—. Espera. No importa. No he dicho nada. A mí no, um, me gusta nadie. Nadie. Nadie en absoluto...

—Briar...

—¡No me gustas!

Fred la miró de forma extraña.

—¡Yo no! —exclamó Briar—. ¡De ningún modo!

—¿Te gusto?

—¡Acabo de decir que no!

—Vale, está bien.

—Espera.

—¿Espera qué?

—Pero...

—Tu también...

—¡No, yo no!

—Eso no es muy convincente.

—Tu no eres convincente cada vez que dices que no tienes un crush conmigo...

—Muy bien, es posible que tenga un ligero crush contigo.

—Gracias.

—¿Vas a decir lo mismo?

—Depende.

—¿En qué?

—Bueno, no podemos salir. Ya estoy pretendiendo salir con Cedric.

—Eso está bien. No esperaba que siguieras ayudándole.

—Oh. Eso está fuera de carácter. Pensé que sería tipo, oh, sí, siempre me meto en problemas, ja-ja-ja, salgamos en secreto, nunca lo sabrán, amo a Briar, es lo mejor que hay en todo el planeta, la la la...

—¡No sueno así!

—¡Claro que sí!

—¡No!

—¡Sí! ¡Además, sé que te gusta!

—Eso es una gran amenaza, compañera, si yo no gustara de ti y tu no gustaras de mí.

—Eso es raro de oír... ¡espera! —dejó escapar ella. Briar vio a Aster caminando de regreso a su oficina y miró a Fred—. Tengo que preguntar acerca de la preparación de Estudios Muggles. Tardaré unos minutos. Nos vemos en un rato.

Fred se burló—Diviértete con Michaelmas.

Briar le sonrió, la conversación alejó toda la negatividad que sintió durante la prueba y le dio un pequeño despido antes de marcharse. Ella caminó por los pasillos con rapidez, pero se aseguró de que no fuera tan rápida como para ver que seguía a Aster. Llegó a su despacho y llamó a la puerta, balanceándose sobre los cortos tacones de sus zapatos. Oxford brogues, la tienda dijo que eran eso.

—Buenas tarde, Briar —saludó Aster. Ella entró en el salón de clases y se acercó a la caldera, que se había escondido detrás de una pila de libros. El acento de Brooklyn ya había desaparecido al segundo que la puerta se cerró—. Supongo que sabes acerca del hechizo que Livvy utilizó.

—¿No es uno perteneciente al volumen cinco? —Briar preguntó, a lo que Aster asintió. Comenzó a hacer dos tazas de té y las dejó. Briar estaba sentada en la mesa más cercana a la parte delantera de la clase, en la forma que utilizaba cuando estaba Laurel. Ella dejó la taza de té a su lado—. No lo entiendo. Se lo di, pero no lo miró, porque ya tenía listo el hechizo.

Aster frunció el ceño—Lo que significa que uno de sus amigos es consciente de los hechizos que los mortífagos utilizan —concluyó. La expresión de su cara imitaba una que ella usaría—, ¿alguna idea?

—Fuera de sus amigos, el padre de Draco era uno...

Él se rió—Lucius Malfoy, ¡qué idiota!

—Crabbe y Goyle, sus padres también —añadió Briar. Sus cejas se fruncieron—. No estoy segura acerca de Pansy Parkinson y Blaise Zabini o Theodore Nott... ¿alguno de sus padres era mortífago?

Aster frunció el ceño—Bueno, si me das un momento para buscar en mi anuario de mortífagos...  —murmuró. Briar le lanzó una mirada—. Estoy bromeando. Regulus me dijo que lo quemara en el instante en que lo hicimos.

—Pero... él lo hizo...

—Estábamos borrachos —dijo Aster. Briar trató de imaginar al hermano de Sirius y su tío emborrachándose juntos—. Nunca hablé con el chico antes de unirse a los mortífagos. Pero cuando lo vi, supe que sería un error el dejarlo solo teniendo en cuenta que tu madre era la mejor amiga de Sirius.

Briar hizo una pausa, antes de preguntar, por la curiosidad que le había consumido por dieciséis años—¿Qué se siente al ser un mortífago?

—Piensas que haces del mundo un lugar mejor, pero no —respondió Aster—, una vez que estás al tanto, no puedes volver atrás. Sufres mucho cuando tienes que hacer daño a la gente por una causa del pasado. A menos que decidas ir por el camino fácil y dejes que te maten o pretendas ir de incógnito la primera vez que quieres alejarte. Estaría alejado por ahora. O atrapado en Azkaban, como Barty.

—¿Había sido? —dijo Briar.

Aster se congeló. La miró, como si estuviera viendo si ella lo sabía o no. Los ojos de Briar se estrecharon—Lo que parece agradable es que tienes un enfoque diferente al de tu madre —dijo él. La confusión en la cara de ella se quedó—. Laurel se quejaba y argumentaba, pero no hacía nada. Lo cual está bien, ella levantó la conciencia, incluso si hablaba de sus creencias cuando era necesario. Pero tu eres menos que una escolar...

—Encantador —murmuró ella.

—... y más que una líder —dijo Aster. Briar seguía confusa—, lo eres, ¿no es así? La cantidad de estudiantes que han estado hablando de Livvy, Harry y Cedric... dijeron que estarían bien alentados durante las pruebas. ¿Sabes la alegría que das a los de Gryffindor por los ánimos de los partidos? Ya sabes, serías una buena profesora.

—O buena en una guerra, por los sonidos de la misma.

Aster asintió—Bueno, a decir verdad... —suspiró. La miró y dijo—. ¿Prometes no decírselo a nadie? ¿Ni a Livvy?

—¡Me encantan los secretos! —exclamó ella—. ¡Dame algo de lo que preocuparme, por favor!

—Todos los mortífagos tienen una marca en su antebrazo —dijo Aster. Hizo un gesto hacia el antebrazo, levantando la manga de la camisa para mostrar un vendaje. Con cuidado, quitó la venda y Briar pudo ver un tatuaje grabado en la piel—. La primera vez que se fue, la mía desapareció. Podría tener mis antebrazos sin nada, porque está decolorada. Pero se ha empezado a oscurecer, significa que está cerca de regresar.

—¿Y es así?

Aster suspiró—Tu eres la Vidente, Briar, pero sabes muy bien que si regresa, va a haber un baño de sangre. Después de haber pasado tiempo contigo, sé que es un hecho el contribuir todo lo posible. Y ¿sabes qué? Si lo haces, serías la única persona en traer una positiva connotación a la familia Crouch.

—Si hay una guerra —comenzó a decir ella—, será cuando sea un poco mayor, una adulta. No voy a dejar que un hombre mayor deje a un huérfano vivir con unos horribles tíos.

Él tomó un sorbo de café y sonrió.

—No veo porque deberías hacerlo.

La puerta se abrió de golpe. Livvy entró, sosteniendo un trozo de pergamino en su mano. Corrió hacia delante al igual que Briar saltó de la mesa con el pergamino en el aire, sosteniéndolo con celebración.

—¡Briar! —exclamó Livvy. Él le sonrió y la expresión en el rostro de ella casi le hizo olvidar lo diferente que había estado actuando recientemente—. ¡Chicos! Mamá... nos envió a nosotros dos una carta... acaban de enterarse...

Aster dijo—Livvy, ¿qué...?

—¡Mamá está embarazada! —dijo Livvy. Briar animó, aplaudiendo con las manos. Aster dejó escapar una risa—. Dice que tiene dos meses, pero ella y papá no querían anunciarlo por si era una falsa alarma... ¡vamos a tener un hermanito o hermanita!

Briar puso la mano sobre su hombro—Hermano, amigo.

—¡Vamos a tener un hermanito!

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