chapter seven.
𝐕𝐈𝐈. 𝐂𝐔𝐌𝐏𝐋𝐄𝐀Ñ𝐎𝐒

UN AÑO HABÍA PASADO. Sí, un año entero desde que todo se había aclarado.
Doce meses en los que Sirius Black no le había dirigido la palabra a Ginger Evans.
Sería mentira decir que no le dolía, pero entendía que era lo mejor. Ambos necesitaban olvidar lo que habían sentido.
Y mientras ella lo intentaba, él seguía apartando la mirada cada vez que la encontraba en los pasillos.
Lo peor fue descubrir que aquel día, su cumpleaños, incluso Severus la había felicitado. Pero Sirius... su mejor amigo, su caos favorito, se había esfumado.
Lo ignoró lo mejor que pudo, centrando su atención en las bromas de James, que llevaba todo el día haciendo malabares para verla sonreír.
En medio del desayuno, una lechuza se posó frente a ella con un sobre color marfil. El sello era familiar.
Ginger lo sostuvo con manos temblorosas y rompió el lacre sin pensarlo dos veces.
Dentro, una carta escrita con la caligrafía impecable de Petunia.
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Al final de la carta, un pequeño collar cayó del sobre. Ginger lo sostuvo entre los dedos y sin dudar, se lo puso.
James la observaba desde la mesa de enfrente, vio la sonrisa que acompañaba a sus ojos húmedos y brillantes, la ternura que le cruzó el rostro.
Y supo que tenía que hacer algo grande para ella.
Después de todo, además de Sirius, él también le debía un "feliz cumpleaños", pero pensaba compensarlo con algo más que palabras.
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Durante el día, los pasillos de Hogwarts estuvieron más vivos de lo habitual.
Alice Fortescue, Frank Longbottom y Molly Prewett se encargaron de que la pelirroja tuviera un día alegre.
El Gran Comedor olía a pastel de calabaza, y cada tanto, un grupo de alumnos pasaba cantándole el "feliz cumpleaños" a coro, desafinados pero llenos de cariño.
Ginger sonreía, aunque por dentro sintiera ese vacío que solo deja la ausencia de alguien que alguna vez fue casa.
Remus la observó desde la mesa de Gryffindor, con ese aire tranquilo que usaba para esconder su preocupación.
Peter, por su parte, se la pasó lanzándole confeti mágico que explotaba en pequeñas chispas doradas.
James los acompañaba con su sonrisa más deslumbrante, como si se hubiera propuesto que ese día nada ni nadie podía hacerla llorar.
Mientras tanto, Sirius estaba insoportable.
Respondía mal a cualquiera que se cruzara en su camino, tiró un pergamino, discutió con un Slytherin y casi hizo volar media escalera.
Remus intentó hablar con él, pero Canuto lo mandó al demonio.
━ No puedo verla, Lunático. ━ murmuró entre dientes. ━ No cuando todo lo que quiero hacer es pedirle que me perdone... y besarla otra vez.
━ Entonces hazlo. ━ respondió Remus.
━ No puedo... ━ y su voz se quebró apenas, tan baja que Lupin fingió no oírla.
El licántropo suspiró, dolido.
Sabía que esa rabia era solo tristeza mal disimulada, y que detrás del sarcasmo habitual de Sirius había un chico roto que aún no sabía cómo dejar de perder.
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La noche cayó sobre el castillo, trayendo con ella el fin del cumpleaños de Ginger.
Como si el destino quisiera probarla una vez más, lo vio. Sirius, besando a una Ravenclaw -una de las amigas de Lily.
El estómago se le encogió, pero no lloró.
Solo bajó la mirada y se repitió que ya no debía doler.
Siguió caminando con pasos lentos hacia la sala común, pensando que, de todos los que había querido, James Potter era el único que no le había dicho nada y aunque no lo entendiera, eso también dolía.
Hasta que vio algo en el suelo.
Un pétalo, luego otro y otro más.
Levantó la vista y descubrió un sendero de rosas rojas que conducía directo a la entrada de Gryffindor.
Su corazón dio un vuelco, dijo la contraseña con prisa y empujó la puerta.
La sala común estaba bañada por una luz cálida, y al fondo, James Potter se arreglaba el cabello al ritmo de su canción favorita.
━ Hola, peli. ━ sonrió ━ Feliz cumpleaños, Gin.
Ella se quedó sin habla.
La sala estaba decorada con luces flotantes, flores y un pastel sobre la mesa.
━ ¿Bailas, Evans? ━ preguntó, extendiendo la mano con una mezcla de nervios y ternura.
Ginger asintió, aún sin poder creerlo.
James la tomó de la cintura, ella apoyó una mano en su hombro, y comenzaron a moverse al compás de la música.
Sus ojos se llenaron de lágrimas, apoyó la cabeza en el pecho de James y murmuró:
━ Muchísimas gracias, James... No tenías por qué hacerlo. No después de todas las veces que te rechacé.
━ No tenía por qué, pero quería hacerlo. ━ respondió, apoyando su mentón sobre su cabello y cerrando los ojos.
La música llenó la sala como un hechizo suave, las luces flotantes se movían despacio sobre ellos, proyectando destellos dorados sobre el cabello de la pelirroja.
Por un instante, todo lo demás desapareció: los murmullos del fuego, los retratos observando curiosos, incluso el peso de los últimos meses.
Ginger se dejó guiar, al principio torpe, pisándole los pies a James más de una vez.
Él solo reía, bajando la voz para que nadie más la oyera.
━ Tranquila, no pienso denunciarte al Departamento de Accidentes Mágicos.
━ Gracias, qué amable de tu parte. ━ contestó ella entre risas.
Poco a poco, la vergüenza dio paso a algo más sereno.
Él la sostenía con la delicadeza de quien tiene miedo de romper algo valioso.
Ella no recordaba la última vez que alguien la había tocado con tanto cuidado.
James giró ligeramente, haciendo que su falda se abriera como un remolino escarlata.
La carcajada que escapó de Ginger llenó el aire, limpia, luminosa, por primera vez en mucho tiempo, no sonaba rota.
━ Así está mejor. ━ murmuró James. ━ Ese sonido te hace justicia.
━ ¿Cuál? ━ preguntó ella, sonrojada.
━ Ese, el de tu risa. Pensé que ya no existía.
Ginger bajó la mirada, sintiendo que el pecho le temblaba, pero era un temblor distinto, el de los principios, no de las despedidas.
Mientras giraban, el reloj de arena del salón dejó caer un puñado de luz dorada sobre ellos, el tiempo por un momento, pareció detenerse.
Y en ese instante, Ginger comprendió que la calma también podía doler... porque dolía darse cuenta de que estaba sanando.
Desde la escalera, Frank y Alice los observaban con ternura, hasta que la mujer pareció recordar algo y giro indignada hacia el hombre.
━ Me indigna que no me hagas algo así. ━ murmuró Alice, cruzada de brazos. Frank solo suspiró resignado por el reclamo de su novia.
Peter los hizo callarse, para seguir contemplando a la pareja. Y el castaño, Lupin, deseó que Ginger fuera feliz, sea con quien sea.

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su fiel y no tan
cuerda servidora.
━━ gabcastal.
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