chapter eight.

𝐕𝐈𝐈𝐈. 𝐂𝐑𝐀𝐙𝐘 𝐋𝐈𝐓𝐓𝐋𝐄 𝐓𝐇𝐈𝐍𝐆 𝐂𝐀𝐋𝐋𝐄𝐃 𝐋𝐎𝐕𝐄

DESPUÉS DEL CUMPLEAÑOS DE EVANS, el acercamiento entre James y ella fue inminente.

Lo que comenzó como una tregua se convirtió, poco a poco, en una amistad más profunda de lo que Evans quería admitir.

Ella empezó a verlo de una manera diferente, y él... bueno, para él, ella siempre había sido especial.

Los días pasaban entre bromas, conversaciones hasta la madrugada y horas de estudio compartidas. Hasta que llegó la primera cita.

Se encontraron en el campo de entrenamiento, justo después de la práctica de quidditch. James, con su sonrisa más peligrosa, le pidió lo imposible.

━ No pienso hacer esto, Potter. ━ avisó la pelirroja, mirando con terror la escoba frente a ella. Le temía a las alturas, y no estaba preparada para volar.

━ Oh, vamos, Evans. No te dejaré caer. ━ suplicó James, con los ojos brillantes de emoción mientras la tomaba de la cintura.

Ella se sonrojó al instante, aunque trató de ocultarlo tras una mueca. Cuando Ginger le sonrió, Potter supo que ese día volarían juntos.

En cuanto la escoba se elevó, la pelirroja lanzó un grito que resonó por todo el campo, haciendo que James casi se doblara de la risa.

━ ¡No te rías, imbécil! ¡Voy a morir! ━ gritó ella, abrazándose a su espalda.

James sonrió para sí.
━ Yo también te quiero, Evans.

El aire frío le azotaba el rostro, pero la risa de James; cerca, segura y cálida la anclaba. Tal vez volar no daba tanto miedo cuando alguien te sostenía así.

Para cuando tocaron tierra, Ginger aún tenía el corazón desbocado. James reía, despeinado, con la escoba ahora en el hombro.

Por primera vez, ella no pensó en huir. Pensó en quedarse.

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Luego de aquella cita, llegó la segunda... aunque fue más una travesura que un encuentro romántico.

Todo estaba listo, habían madrugado un sábado para ejecutar un plan maestro. Ambos estaban ansiosos por ver si funcionaba.

━ Merlín, esto será increíble. ━ susurró Ginger, mirando hacia la mesa de los Slytherin, donde Lucius Malfoy desayunaba tranquilamente.

James esperó el momento exacto.

Cuando Malfoy bebió de su jugo, todo el Gran Comedor estalló en carcajadas: su cabello se había teñido de rojo y dorado.

Lucius se levantó furioso, con el rostro del mismo color que su nuevo peinado. ━ ¿¡Quién fue!? ━ tronó su voz, entre rabia y vergüenza.

James y Ginger apenas alcanzaron a mirarse antes de romper en risa.
━ Potter, creo que te has superado. ━ alcanzó a decir ella, tapándose la boca.

━ ¿Yo? ¡Si tú fuiste la que cambió el color! Yo solo quería verde.

━ Lo que pasa es que pensé que el rojo y dorado combinarían mejor con su ego. ━ replicó entre risas.

Pero cuando Lucius los miró directamente, supieron que era momento de correr.

━ ¡James, corre! ━ gritó Ginger, tomándolo de la mano y saliendo disparados por los pasillos entre risas mientras eran perseguidos por una cabellera dorada y roja.

El eco de sus pasos resonaba entre las paredes, mezclado con las risas que no podían contener.

Doblaron una esquina y se refugiaron detrás de una estatua. Los dos jadeaban, riendo tanto que les costaba respirar.

━ Potter, si nos atrapan, te mato.

━ Vale, pero que sea después del beso. ━ susurró él, aún sin aliento.

Ginger rodó los ojos, intentando parecer molesta, pero su sonrisa la traicionó.
━ Eres imposible.

━ Lo sé. ━ contestó él, mirándola con una ternura que no encajaba con el caos que acababan de provocar.

El silencio los envolvió por un segundo, cálido, suspendido. Ginger bajó la mirada y, sin entender por qué, sintió que ese día algo en el pecho se le había movido.

Quizá Potter no lo notó, pero mientras huían, Ginger lo miró con ternura. Le gustaba eso: la ligereza, la risa, el caos compartido.

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Así llegó la tercera, la cuarta y la quinta cita, y todas las pequeñas aventuras que vinieron después.

Hasta que James decidió dar el siguiente paso.

Había estado planeando todo durante una semana. Peter fue quien fue a buscarla aquella tarde para llevarla hasta Las Tres Escobas.

El lugar estaba cubierto de pétalos y velas encantadas; el aire olía a canela y cerveza de mantequilla.

Había música flotando en el ambiente, suave, casi mágica. Ginger se detuvo al entrar, era imposible no sonreír.

La canción empezó a sonar, y la pelirroja reconoció los acordes al instante: Crazy Little Thing Called Love.

Su sonrisa se iluminó con una mezcla de sorpresa y ternura.

Entonces apareció James, bailando de forma tan ridícula que la hizo reír al instante.
Era torpe, exagerado, completamente fuera de ritmo... pero en ese caos había una dulzura imposible de disimular.

Ella, contagiada, empezó a moverse también; no había pasos coordinados solo giros, tropiezos y carcajadas, pero bastaba.

Bastaba porque por primera vez en mucho tiempo, reír con él no dolía.

Cuando la música bajó, James dejó de fingir que todo era una broma. Su sonrisa tembló apenas, como si por fin se permitiera mostrarse sin su armadura habitual.

Se acercó a ella con una lentitud que parecía un conjuro, y el corazón de Ginger golpeaba en su pecho como si quisiera escapar.

━ Ginger Evans... ━ comenzó él, y su voz sonó diferente, más baja, más sincera.
Ella lo miró, expectante, con los labios entreabiertos y el aire atascado en la garganta.

━ Desde que te vi, supe que eras diferente. ━ dijo con una media sonrisa que se deshacía en ternura. ━ Muchos pensaron que eras solo un capricho... incluso yo, al principio. Pero no. Cada vez que te veía reír, lo confirmaba: eras el caos más bonito que me había pasado.

Ella soltó una pequeña risa nerviosa, pero James continuó, sin apartar los ojos de los suyos.

━ Traté de cambiar, de ser alguien mejor, y si lo logré, fue por ti. Porque me enseñaste que amar no es ganar... es quedarse, incluso cuando no hay nada fácil. Y esta pequeña cosa loca llamada amor ━ añadió, sonriendo con timidez ━ me trajo hasta aquí.

Hizo una pausa, respiró hondo con temor de la respuesta a la pregunta que estaba por formular, sin embargo, la hizo.
━ ¿Quieres ser mi novia?

Ginger lo miró sin palabras, por un momento, el tiempo pareció detenerse; las velas parpadearon como si también contuvieran el aliento.

Entonces dio un paso hacia él. Sus ojos estaban llenos de lágrimas, pero su voz salió firme, suave, como si hablara desde el alma.

━ James Potter... ━ murmuró, sonriendo entre sollozos ━ tú eres lo más inesperado que me ha pasado, y lo único que no quiero perder.

Se lanzó a sus brazos, riendo y llorando al mismo tiempo ━ Claro que sí. ━ susurró contra su cuello ━ Gracias por quedarte, James.

━ Siempre. ━ respondió él, antes de besarla, y esta vez, no hubo duda, ni miedo, ni ningún pasado que pesara.

Solo ellos, solo amor.

Desde afuera del local, Sirius Black los observaba junto a Remus y Peter.

Sonrió apenas, esa sonrisa que se forma cuando algo duele, pero ya no mata. Lunático a su lado, le dio una palmada en el hombro, y por primera vez en mucho tiempo, Sirius pensó que tal vez también estaría bien.

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El año escolar terminó, y con él, el regreso de las hermanas Evans a su hogar.

El aire en la casa olía a polvo, a té frío y a reproches sin resolver.

Petunia fue la única que la recibió con un abrazo, cálido y torpe, como si intentara reparar años en un segundo.

Lily, en cambio, apenas las miró. Estaba junto a la ventana con los brazos cruzados y los labios apretados en una mueca que anunciaba tormenta.

━ Ginger me quitó al chico que me gustaba. ━ chilló, con ese tono agudo que se clavaba en el pecho ━ Siempre lo hizo todo por llamar la atención. Su atención, en específico.

La pelirroja menor cerró los ojos.
Contuvo la respiración, el impulso, la rabia.

Podía escuchar su propio corazón latiendo, rápido, furioso, cansado. Esperaba el regaño habitual... y no se equivocó.

━ ¡Ginger Annelise Evans! ¿Cómo te atreves a robarle el chico a tu hermana? ━ exclamó su madre desde la cocina, con ese tono de autoridad que usaba solo para culparla.

El sonido de la lluvia se volvió más fuerte, golpeando las ventanas con insistencia, como si incluso el cielo quisiera presenciar aquello.

Petunia se interpuso al instante, sin pensarlo. ━ ¡Basta, esto en verdad ya rozando lo ridículo! ━ exclamó colocándose frente a Ginger, los brazos extendidos, protectora, con la firmeza de quien ya no teme romper el papel de hija obediente.

Ginger la miró por un segundo.
Ese gesto, tan simple, bastó para encenderle el valor que le faltaba.

La menor respiró hondo. Ya no pensaba callar, llevaba haciéndolo demasiado tiempo.

━ Él no era su novio, ni su chico, y no es un jodido objeto. Además ella le dijo cosas horribles tanto a James como a mí. ━ Su voz tembló, pero no se quebró. ━ ¿Alguna vez te diste cuenta de eso? ¿De que también somos tus hijas, Amelia?

El reloj del salón marcó las nueve con un sonido hueco. Afuera, las gotas repicaban contra el cristal; dentro, el silencio pesaba como un castigo.

Ginger dio un paso al frente.
Sus manos temblaban, no de miedo, sino de todo lo que había guardado durante años.

━ ¿Sabes lo que es rogar por un abrazo tuyo? ¿Por un "te quiero"? ━ susurró, con una risa rota ━ Claro que no, porque siempre fue: Lily, Lily, Lily.

Su madre abrió la boca para responder, pero Ginger la interrumpió con una calma que dolía más que los gritos.

━ No, silencio. Me toca hablar a mí ahora;
Al menos una vez podrías haberme defendido de ella, pero estabas demasiado ocupada mirando a tu hija perfecta. ¿Tú crees que es bonito ver cómo tu mamá no te quiere? No, porque tú crees que haces todo bien. Y ese... ese es tu puto problema.

La palabra "puto" resonó en la habitación como un conjuro prohibido. Lily dio un paso atrás. Su padre apartó la mirada, y Amelia Evans, por primera vez, pareció no saber qué decir.

El silencio cayó como un hechizo.

Ginger respiró hondo, recuperando la compostura, y se permitió una sonrisa cansada ━ Buenas noches, Henry, Amelia y Lilianne. ━ dijo con voz firme ━
Gracias por hacerme avergonzar de portar este apellido. Y de paso, los invito cordialmente a irse a la mierda.

La sonrisa se ensanchó un poco más. ━ ¿Qué? Solo digo.

Petunia la miró sorprendida, con los ojos brillantes por una mezcla de risa y alivio.

Luego, sin poder evitarlo, soltó una carcajada que resonó en el salón como una campanilla en medio del caos.

Ginger tomó su mano con suavidad.
━ Vamos, Tuney. Mañana nos vamos con James.

Mientras subían las escaleras, el sonido de la lluvia se mezcló con las risas de ambas.
Por primera vez, la casa Evans no se sentía como un hogar... pero salir de ella, sí.

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A la mañana siguiente, el timbre sonó, y ahí estaba él. James Potter, con su eterna sonrisa y el cabello despeinado que parecía desafiar las leyes de la física.

En la puerta, Lily Evans hablaba rápido, con los brazos cruzados y un aire de superioridad que intentaba ocultar su frustración.

James asentía con paciencia británica, aunque la sonrisa se le tensaba poco a poco. Desde lo alto de la escalera, Ginger los observaba.

Por un momento, no supo si reír o lanzar un hechizo.

━ Por un carajo, ¿podrías dejarlo en paz? ━ soltó con firmeza, bajando los escalones como si cada paso fuera una declaración de guerra.

Lily giró bruscamente. ━ No te metas, Ginger, esto no te-

━ Ya lo hice. ━ la interrumpió la pelirroja menor, bajando un escalón más ━ Y no pienso volver a quedarme callada mientras haces de víctima. James no es tuyo, Lily. Nunca lo fue, y si no puedes soportarlo, aprende. Todos tenemos que hacerlo alguna vez.

La mayor frunció el ceño, fulminándola con la mirada, pero algo en el tono de Ginger -esa calma sin miedo- la desarmó.

Sin dramatismo, sin lágrimas, solo la verdad dicha sin temblar. Lilianne apretó los labios y se marchó dando un portazo que hizo vibrar los cuadros.

El silencio que quedó fue tan dulce que Ginger casi sonrió.

James la miraba desde la entrada, entre asombro y orgullo ━ Siempre supe que eras peligrosa. ━ murmuró con una sonrisa traviesa.

━ Y tú sigues llegando justo a tiempo para ver mis mejores momentos. ━ replicó ella, acercándose.

La tensión se deshizo en un segundo cuando él le apartó un mechón del rostro ━ ¿Lista para irte, Evans?

━ ¿Te molestaría si Petunia viene con nosotros? ━ preguntó, girando hacia su hermana, que observaba la escena desde el pasillo con una mezcla de ternura y duda.

━ En la mansión hay lugar para todos, amor. ━ respondió James con naturalidad, tomando sus maletas. ━ Además, siempre quise tener una hermana que no intente asesinarme con la mirada.

Petunia rió por lo bajo, bajando con su bolso en mano ━ Eso aún está por verse, Potter. ━ bromeó mientras le daba un apretón de manos amable.

El coche esperaba afuera, y mientras James cargaba el equipaje, Ginger y Petunia se detuvieron un segundo en el umbral.
La casa Evans quedaba atrás, silenciosa, fría, llena de lo que ya no dolía.

━ ¿Estás segura? ━ susurró Petunia, mirando el cielo nublado.

━ Más que nunca. ━ respondió Ginger ━ No es huir, Tuney. Es empezar.

Subieron al coche, y James arrancó con un movimiento suave. El paisaje se extendía frente a ellos: colinas verdes, carreteras solitarias y un aire distinto.

Durante el trayecto, James les contaba historias sobre Remus y Peter, sobre cómo Sirius casi incendia el garaje el verano anterior.

Petunia lo escuchaba divertida, y Ginger, recostada en el asiento trasero, pensó que así debía sentirse la paz.

Tras unas horas, llegaron a la mansión Potter. Era enorme, rodeada de campos y un jardín tan vivo que parecía tener magia propia.

Lo que más reconfortó su corazón era que el aire olía a hogar.

Era la primera vez que una casa no le pedía permiso para quedarse; la mansión Potter olía a promesas nuevas, a libertad.

Ginger cruzó el umbral y se detuvo en seco.
En la sala de estar, dos figuras conversaban de espaldas, demasiado cerca una de otra.
Cuando una de ellas se giró, esos ojos grises la dejaron helada.

━ ¿Remus? ━ murmuró con una sonrisa incrédula.

El castaño se sonrojó al instante, asomando apenas la cabeza detrás de Sirius Black.
El ojigris alzó una ceja, con su típica media sonrisa.

━ Vaya... si es la señorita Evans. Pensé que estabas demasiado ocupada rompiendo corazones como para venir.

Ginger rodó los ojos, aunque la sonrisa le ganó la batalla ━ Tranquilo, Black. Ya superé el tuyo.

Remus soltó una carcajada suave, James se acercó por detrás y rodeó la cintura de Ginger con un brazo. ━ No la provoques, Sirius, que ahora tiene testigos.

Y Ginger, por primera vez en mucho tiempo, rió sin miedo.

Una risa limpia, libre, como si todo lo que la había dolido se hubiera quedado atrás, en aquella vieja casa de Privet Drive.




su fiel y no tan
cuerda servidora.
━━ gabcastal.

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