chapter one.

𝐈. 𝐋𝐈𝐋𝐈𝐀𝐍𝐍𝐄

LA VIDA DE GINGER EVANS nunca fue emocionante. Ni cálida, mucho menos justa.

En la casa Evans el cariño se repartía con lupa, y el brillo siempre terminaba en los ojos equivocados.

Tener dos hermanas mayores era de por sí una condena, pero tener a Lilianne, la hija perfecta, la bruja prodigio, la niña que hacía flotar los platos del desayuno con solo reír... eso era vivir bajo un eclipse.

No importó que Ginger también tuviera magia. Tampoco importó que sus dedos temblaran la primera vez que una chispa le bailó entre las manos.

Para Amelia y Henry Evans, ya tenían suficiente maravilla con una sola hija.

Y Petunia, la mayor, solo podía observar el desequilibrio desde la línea invisible entre el cariño y la resignación.

Los días pasaban iguales: sopa tibia, gritos apagados, pasos cuidadosos.

Las tardes, en cambio, eran su refugio pues Ginger y Severus solían tumbarse sobre el pasto, inventando formas con las nubes mientras probaban hechizos en secreto.

Esa tarde, ella hacía levitar una flor con tanta concentración que hasta el aire parecía contener la respiración.

━ Lo logré... ━ susurró maravillada.

Severus sonrió, mirándola con ese tipo de orgullo que solo existe entre quienes también se sienten invisibles. Y entonces la paz se rompió.

━¿Qué crees que haces? ━ la voz de Lily sonó como una bofetada, llegando sin avisar.

La flor cayó, Ginger suspiró, cansada, y giró apenas la cabeza.
━ Hola, Lily...

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━¿Qué demonios te ocurre, Lilianne? ━ exclamó Severus, interponiéndose entre ambas, porque Lily ya había dado un paso amenazante.

━ Estoy harta de ella ━ escupió la pelirroja mayor ━ No se supone que debería poder hacer magia. ¡No debería ni existir!

Cada palabra fue un golpe. Ginger se encogió, sin atreverse a responder.
Y entonces, una tercera voz rompió la tensión.

━ Es suficiente. ━ Petunia apareció en la escena con los brazos cruzados y el coraje que le faltaba a todos en esa casa ━ Suficiente de tu ego, de tu crueldad, de todo, Lily. Déjala en paz o te juro que no respondo.

Lily bufó, divertida, pero el brillo de sus ojos no era de risa: era veneno. Aprovechando la distracción, pateó a Ginger en el costado.

El golpe fue seco, lo suficiente para que la pequeña cayera al suelo.

Petunia no lo pensó: le tiró del cabello y la abofeteó con fuerza.

━ ¡Mamá se enterará! ━ gritó Lily, sobándose la mejilla ━ Y te va a castigar, Tuney.

━ Pues le diré lo que le estabas haciendo a Ginger ━ replicó Petunia, temblando de rabia.

Lily soltó una risa breve y cruel. ━ ¿Y a quién crees que va a creerle, Petunia? ━ preguntó, y se marchó con la victoria pintada en la sonrisa.

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Esa noche, el silencio pesaba más que los muebles. Ginger estaba de pie junto a Petunia frente a su madre, mientras Lily lloraba teatralmente en el regazo de Amelia.

━ ¿Qué es lo que tienen en la cabeza? ━ preguntó la mujer, acariciando con ternura el cabello de la hija equivocada ━ ¿Acaso no quieren a su hermana?

━ Ella golpeó a Ginger ━ dijo Petunia con la voz firme, aunque sabía que no serviría de nada.

Amelia suspiró y besó la frente de Lily. ━ Sube, cariño. Ya hablaremos nosotras dos luego.

Lily se levantó, fingiendo lágrimas, y al pasar frente a sus hermanas les dedicó una sonrisa burlona. El sonido de la puerta de su habitación cerrándose fue la señal de su victoria inminente.

Amelia se giró hacia las otras dos, y su voz perdió toda dulzura.

━ Ya saben lo que sigue. No puedo tolerar este tipo de comportamientos. Necesitan disciplina.

Petunia se colocó delante de Ginger, como si su cuerpo pudiera detener lo inevitable.

━ Vete arriba. ━ le ordenó a la menor.

Ginger negó, empezando a llorar por la impotencia que la hacía sentir la situación que se presentaba, esa misma que usualmente vivían, y las destrozaba en el alma.

━ Ahora, Ginger.

Petunia fue firme en su orden, por lo que la niña subió las escaleras, ahogando los sollozos que se escapaban en contra de su voluntad con la mano, para cuando llegó arriba, se acurrucó en la cama y cubrió sus oídos.

Aun así, escondida debajo de las mantas, como si eso la protegiera de cualquier mal, desde el primer piso, se escuchó el primer golpe.

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━ ¡Auch! ━ se quejó Petunia, más tarde, cuando Ginger le curaba la espalda con manos temblorosas.

━ Lo siento, lo siento tanto... ━ repetía la pelirroja apretando el algodón con torpeza, sin saber muy bien que hacer para que su hermana se sintiera mejor.

━ No fue tu culpa, Gin ━ susurró Petunia, tragando el dolor solo para poder tranquilizarla ━ Dame unos años más. Yo te sacaré de aquí, te lo prometo.

━ Ya terminé, Tuney. ━ Ginger dejó el frasco sobre la mesa justo cuando sonó el timbre Ambas se miraron curiosas, como cualquier niño cuando suena la puerta y no es día de visitas.

━ Ve, corre. Quiero saber quién es.

La pequeña bajó las escaleras haciendo el menor ruido posible. Desde la esquina del pasillo, vio a su padre abrir la puerta. Afuera, un hombre de barba plateada y una mujer de expresión felina esperaban bajo la lluvia.

━ Buenas tardes ━ dijo el hombre ━ Mi nombre es Albus Dumbledore, ella es la profesora Minerva McGonagall. Venimos por Ginger Evans. Han evadido nuestras cartas por un año, y es momento de que vaya a Hogwarts, no hay más tiempo que perder.

Amelia se acercó, lívida. ━ No iremos a ninguna parte. Ella no necesita esa... escuela.

La mujer junto a Dumbledore arqueó una ceja, y su voz sonó como una sentencia.

━ Lamentamos importunar, señora Evans, pero su hija debe estar donde pertenece. Eso no era una pregunta, es por seguridad de su mundo, y el nuestro. Volveremos mañana. ━ lo dijo no como quien pregunta, sino como quien ordena.

Ambos se marcharon, y la puerta se cerró sola con un golpe mágico bastante violento que hizo temblar los cristales.

Henry miró a su esposa con desconcierto, pero Amelia no dijo una palabra. Solo se quedó inmóvil mirando el pomo de la puerta, como si el hechizo hubiera caído también sobre ella.

Desde la ventana, Ginger los observaba alejarse, la capa del tal Dumbledore, ondeando bajo la lluvia, la silueta firme de la profesora McGonagall a su lado.

Había escuchado de ambos, y de muchas personas más cuando Lily presumía frente a sus padres, lo que era casi a diario.

Y aunque aún no entendía del todo lo que significaba, sintió por primera vez una chispa de esperanza quemándole el pecho, porque si había un lugar donde podía existir sin miedo, debía ser ese.

Esa noche antes de dormir, susurró una promesa al techo agrietado de su habitación con ojos lagrimosos:

Tuney, el día que termine Hogwarts, recorreremos el mundo con magia.




su fiel y no tan
cuerda servidora.
━ gabcastal.

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