chapter nine.
𝐈𝐗. 𝐄𝐔𝐏𝐇𝐄𝐌𝐈𝐀 𝐏𝐎𝐓𝐓𝐄𝐑

GINGER NO LE PREGUNTÓ a Remus nada sobre la escena de la sala de estar. No hacía falta.
La tensión que alguna vez hubo entre ellos y Sirius había desaparecido, disuelta en bromas y miradas cómplices.
Ahora solo quedaba la tranquilidad de saberse bien, de que nada se había roto.
Sirius, que ya consideraba aquella casa suya, se apoyó en el sofá con la naturalidad de quien pertenece, discutiendo con Remus sobre una jugada de Quidditch que ninguno recordaba igual.
Mientras Peter asentía con la boca llena de galletas, claramente sin entender nada pero disfrutando el espectáculo.
Lupin parecía más nervioso por la energía inagotable del ojigris que por cualquier otra cosa.
Ginger los saludó con un ademán divertido, y Sirius le devolvió una sonrisa breve, la de alguien que ya no debía disculpas.
James, desde el otro sillón, los observaba con esa mezcla de curiosidad y ternura que siempre lo delataba. La pelirroja sonrió, encogiéndose de hombros.
━ ¡Sirius, cariño! ¿James ya llegó? ━ escuchó una voz femenina venir del pasillo, acompañada por el sonido de unos tacones y una energía que parecía llenar la casa entera.
Evans lo dedujo al instante: la madre de James.
Antes de que pudiera responder, Potter alzó la voz: ━ ¡Aquí estoy, mamá!
━ ¡Fleamont, levántate, perezoso! ¡Ya llegaron todos! ━ se oyó desde el interior, seguido de un golpe sordo y un "¡ay!" masculino que hizo reír a todos los presentes.
La escena parecía sacada de una comedia familiar mágica: pasos apresurados, un murmullo de "ya voy, mujer", y el sonido de una varita que chocaba contra una mesa antes de que se apagara la luz de la habitación.
Minutos después, el matrimonio Potter apareció en la sala.
Euphemia Potter era la viva imagen del encanto. Su cabello oscuro, recogido con elegancia, parecía brillar a la luz de las lámparas flotantes. Su sonrisa era amplia, contagiosa, y sus ojos destilaban una mezcla perfecta entre ternura y autoridad maternal.
A su lado, Fleamont Potter irradiaba serenidad. Llevaba un chaleco de punto con un bordado torcido que según su expresión paciente, había sido obra de su esposa. Su mirada cálida y su postura relajada daban la impresión de que nada en el mundo podía inquietarlo.
Ginger sintió que el aire cambiaba apenas ellos cruzaron la puerta. Había algo en esa casa, en esas miradas, que recordaba a lo que siempre había querido tener.
Sirius sin darse cuenta, buscó la mano de Remus, y Peter carraspeó fingiendo que no veía nada.
James sonrió y saludó, mientras Petunia se acercaba al lado de su hermana.
━ Hola, padres. ━ bromeó.
Pero Euphemia apenas lo escuchó; su atención se había desviado hacia los invitados. En un parpadeo, rodeó a Remus en un abrazo, saludando después a las hermanas Evans con una calidez tan natural que desarmaba cualquier defensa.
━ Ustedes deben ser Ginger y... Petunia, ¿verdad? ━ preguntó con ternura. Ellas asintieron sonriendo, y la tensión en el ambiente se disolvió al instante.
━ Mamá, papá ━ intervino James, divertido ━ si ya terminaron de ignorarme, les presento oficialmente a mi novia, Ginger Evans.
━ ¡Oh, por Merlín! ¡James Potter! ¿Cómo pudiste ocultarme algo así? Soy tu madre, muchacho, debo enterarme de estas cosas. ━ exclamó Euphemia, llevándose una mano al pecho antes de sentarse con las chicas a conversar animadamente.
━ Sí, tu madre es muy emocional para estas cosas, hijo. ━ comentó Fleamont con una sonrisa cariñosa, observándola con esa paciencia de quien ha amado a la misma mujer toda una vida.
Los cuatro merodeadores estaban por escabullirse hacia sus habitaciones cuando escucharon a Euphemia decir:
━ Esperen... olvidé algo.
Ginger la vio abrazar a Sirius y James a la vez, diciéndoles que los amaba.
Y no pudo evitar sonreír. Ese hogar tenía algo que el suyo nunca tuvo: luz.
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Esa noche, la mesa del comedor Potter era una sinfonía de risas, platos flotantes y conversaciones que se superponían como notas de una melodía alegre.
Euphemia se había empeñado en cocinar ella misma -a pesar de que Fleamont insistió en usar la varita-, y el resultado fue un banquete digno de Hogwarts: guiso humeante, pan recién hecho y pastel de melaza que flotaba sobre la mesa esperando su turno para cortarse.
━ Come más, cariño, que estás flaquísima. ━ le dijo la mujer a Ginger, sirviéndole una porción extra con un movimiento de varita tan firme como maternal.
━ Mamá, no la asustes el primer día. ━ rió James, tratando de intervenir, pero su madre lo fulminó con una ceja tan afilada que ni un basilisco se habría atrevido a replicar.
━ Tú cállate, que comías el doble a su edad.
Sirius soltó una carcajada mientras Remus trataba de esconder su sonrisa tras el vaso.
━ Y aún lo hace, señora Potter. ━ comentó el ojigris, con descaro.
━ ¡Sirius Black! ━ exclamó Euphemia, aunque el tono cariñoso traicionaba su reprensión. ━ No te libras, joven. Tú también te ves más flaco que una escoba. Mañana te prepararé estofado.
━ Me parece perfecto... ━ respondió Sirius con un guiño ━ pero solo si Remus me lo sirve.
Remus rodó los ojos mientras James casi se atragantaba de la risa. Peter, en su esquina, brindó solo con su copa ━ Brindo por la supervivencia de Remus. ━ murmuró.
━ ¡Y por la paciencia de esta casa! ━ añadió Fleamont, levantando su copa con aire solemne. Euphemia le dio un golpecito cariñoso en el brazo.
Petunia observaba fascinada aquel intercambio. No era solo el banquete, era la naturalidad. El cariño desbordante, el tipo de caos amable que en su hogar jamás existió.
Euphemia notó su silencio y colocó una mano sobre la suya ━ ¿Y tú, Petunia? ¿Cómo llevas tener una casa llena de magos? ━ preguntó, con un brillo divertido en los ojos.
La castaña dudó, pero luego sonrió, sincera.
━ Extrañamente bien.
━ Entonces me esforzaré para que te sientas como en casa. ━ dijo la mujer, y le sirvió más guiso antes de que pudiera protestar.
Y Petunia, sin saber por qué, sintió un nudo en la garganta que no tenía nada que ver con la comida.
Peter, desde el otro extremo de la mesa, le ofreció tímidamente un panecillo encantado que hacía burbujas de mantequilla ━ Son mágicos, pero de los buenos. ━ susurró.
Petunia rió por lo bajo, aceptándolo. Sirius la vio sonreír y alzó su copa hacia ella. ━ Ya eres oficialmente parte de la banda, Evans.
━ No lo digas tan alto, que Lily podría oírte desde kilómetros. ━ bromeó James, haciendo que todos rieran.
Las copas tintinearon en el aire, y por un instante, la sala entera pareció brillar.
Era una imagen simple: siete personas riendo, hablando encima unas de otras, compartiendo pan y magia.
Ginger los observaba, con la barbilla apoyada en su mano y una sonrisa suave.
Había algo en esa mesa -en la mezcla de magia, cariño y caos- que la hacía sentir ligera. Como si por fin, todo encajara.
Y pensó por un momento, que quizá la felicidad no era más que eso.
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Petunia había terminado de acomodar sus cosas en la habitación que Euphemia le había preparado.
Era amplia, con una colcha de flores y cortinas que olían a lavanda. Cada detalle parecía pensado: una lámpara con luz cálida, un pequeño espejo encantado que sonreía al reflejarla, un par de libros apilados en la mesilla.
Por un momento, Petunia no supo si debía llorar o sonreír. Nadie había preparado nunca algo así para ella.
Se cambió despacio, tratando de no hacer ruido. La casa estaba en silencio, el tipo de silencio que calma, no el que asfixia. Sin embargo, hacer ruido cuando todo estaba tan tranquilo, la ponía ansiosa.
Acababa de quitarse la blusa cuando escuchó la puerta abrirse suavemente.
━ Oh, querida, olvidé dejarte esto. Es un obsequio, nada del otro mundo. ━ dijo Euphemia, sosteniendo una pequeña caja entre las manos.
Pero su voz se quebró apenas un instante después, cuando vio las cicatrices que cruzaban la espalda de la joven. Su expresión cambió: el brillo alegre se apagó, y en su lugar apareció una mezcla de dolor y ternura maternal.
━ Petunia... ¿qué te pasó, cariño? ━ susurró, dando un paso al frente, con la voz contenida como si temiera romperla.
La castaña se apresuró a ponerse la camiseta con vergüenza ━ No es nada. ━ dijo con un hilo de voz, sentándose en la cama, de espaldas mirando fijamente el suelo, como alguien que acababa de ser regañado.
El silencio que siguió fue denso, pero no incómodo. Euphemia caminó despacio, como si se acercara a una criatura herida.
El colchón se hundió a su lado, y durante un momento, no dijo nada, solo colocó una mano cálida sobre su hombro.
Cuando Petunia tembló ante el toque, la mujer la abrazó sin pensarlo con el corazón encogido de verla así de herida, apretándola contra su pecho con la fuerza de quien entiende el dolor sin necesidad de explicaciones.
━ Cariño, estás bien ahora. ━ murmuró, pasándole una mano por el cabello ━ Nadie aquí va a hacerte daño.
Petunia aguantó unos segundos. Intentó ser fuerte, contenerse, pero las lágrimas le ardieron antes de que pudiera detenerlas.
Lloró despacio, con la cabeza hundida en el pecho de Euphemia, no era un llanto ruidoso, sino uno cansado, el tipo de llanto que lleva años esperando salir.
La mujer no dijo nada más, solo la sostuvo.
Y en ese abrazo, Petunia sintió por primera vez algo que nunca había conocido: la calma tibia del afecto sin condiciones.
Euphemia acariciaba su cabello con la paciencia de una madre que entiende sin preguntar. Y esa noche, por primera vez, la hermana mayor de las Evans, se sintió hija.
Su corazón dolió con fuerza al pensar en todo lo que esa niña debía haber soportado. Y sin hacer promesas, se hizo una a sí misma: ninguna de esas heridas volvería a abrirse bajo su techo.
Cuando Petunia se calmó, se separó apenas, secándose las mejillas con torpeza ━ Lo lamento... no quería... ━ empezó, avergonzada.
La mujer sonrió y le besó la frente con delicadeza. ━ No tienes que disculparte por nada, cariño. Estoy aquí si me necesitas. Ahora duerme, ¿sí? Es tarde, y mañana habrá desayuno con tortitas mágicas.
Petunia soltó una risa entrecortada. ━ Eso suena... perfecto.
Euphemia se levantó, acomodándole la manta antes de irse. Cuando la luz se apagó, Petunia se quedó mirando el techo, respirando lento.
Por primera vez en mucho tiempo, no tenía miedo de cerrar los ojos. Y esa noche, no hubo pesadillas.
Solo el eco de una voz suave que, de algún modo, sonaba a hogar.
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James había prometido no colarse en la habitación de Ginger. Pero como ella no podía dormir, él decidió que dormiría allí.
Técnicamente, era distinto.
La noche estaba en silencio. Desde la ventana se colaban los destellos de las luciérnagas encantadas que flotaban en el jardín Potter.
El aire olía a flores y leña, y el fuego de la chimenea parpadeaba con un resplandor anaranjado que envolvía la habitación en una calidez suave.
Ginger estaba recostada sobre su pecho, trazando figuras invisibles con el dedo. James, medio dormido, sonreía sin poder evitarlo; cada línea que ella dibujaba sobre su piel le parecía un hechizo.
━ Tu mamá me cae muy bien. ━ susurró ella, apenas moviendo los labios.
Él sonrió, besándole el cabello.
━ Créeme, a ella también le caes muy bien.
Ginger levantó la vista, escéptica, con esa ceja arqueada que siempre lo desarmaba.
━ ¿De verdad? ━ preguntó.
James la miró como si no hubiera nada más que mirar ━ Claro. ¿Quién no podría amarte? ━ respondió sin pensarlo.
Ella soltó una risa baja, de esas que nacen en el pecho ━ De hecho, podría darte una lista. ━ replicó, intentando sonar casual, pero la voz le tembló apenas.
James rió y la abrazó un poco más fuerte.
━ Mejor duerme, amor. ━ dijo con suavidad, colocándole una mano sobre los ojos. ━ Mañana vas a tener que soportar a Sirius cantando a gritos y a mi madre con algún desayuno mágico.
Ginger apartó su mano con cuidado y lo besó despacio, con esa ternura que hacía que todo el ruido del mundo se apagara.
━ Buenas noches, cariño. ━ murmuró contra sus labios.
Durmieron. Y aunque James tenía otros planes -menos inocentes, quizás-, el sueño los encontró entrelazados, y por primera vez, ella sintió que no tenía que huir de nada.
Ni del pasado, ni del dolor, ni del miedo.
Porque esa casa, ese pecho, esa calma... ya eran su hogar. Fuera, las luciérnagas seguían flotando entre los rosales.
Dentro, dos corazones descansaban como si el mundo no estuviera a punto de cambiar.
Horas después, un estruendo los despertó:
Sirius se había lanzado encima de ellos dos.
━ ¡Arriba, tortolitos! ━ gritó, mientras Remus reía desde la puerta y Peter los miraba escandalizado, aún procesando la mañana.
━ Algún día lo mataré. ━ murmuró James, despeinado.
━ No si yo lo hago primero. ━ respondió Ginger, escondiendo una sonrisa.
Peter levantó una ceja. ━ ¿Y yo? ━
━ Tú ayudas a esconder el cuerpo. ━ dijo Sirius.
Y así, entre risas y caos, empezó su primera mañana como parte de la familia Potter.
Porque a veces, la familia no se hereda.
Se encuentra.

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su fiel y no tan
cuerda servidora.
━━ gabcastal.
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