Capítulo 3 Antaño
Shion despertó a mitad de la noche, el viento helado que se colaba por la ventana abierta del consultorio le estremecía, con cuidado se colocó en pie con la intención de cerrarla, quedando sólo en eso, en una intención porque sus pies no lograron sostenerle haciendo que se estrellara de lleno contra el suelo.
Rou entró a la estancia un segundo después en alerta por el sonido del golpe, llevaba puesta la bata blanca haciendo notar que a pesar de la hora seguía trabajando.
—Shion —gritó corriendo en su ayuda.
—Dr. Rou —Shion lo miró un poco perdido, como si le costara reconocer al hombre de blanca cabellera delante de él. —¿Por qué estoy en su consultorio? ¿Yo, yo estaba...? —he intentar traer de su memoria el último trozo le provoco dolor que dejó al descubierto cuando sus manos subieron aprisa para sostenerse la cabeza.
—Shion, tranquilo, no pasa nada, sólo tuviste una leve recaída, nos diste un susto de muerte. Karan estaba muy angustiada —dijo el científico con tono casi paternalista mientras sujetaba y servía de apoyo al joven en un intento de regresarlo a la cama.
—Yo, lo lamento —se disculpó sinceramente por los inconvenientes que causados.
—Está bien, solo intenta no excederte en el trabajo y comer a tus horas. Recuerda que tu enfermedad es una nueva sepa y falta mucho por saber de sus complicaciones —comentó más como un dialogo aprendido que por convicción.
—Sí, claro —aceptó acomodándose de nuevo sobre la camilla.
—¿Quieres que llame a tu madre? O ¿prefieres quedarte?
—Es muy noche, creo que será mejor esperar a mañana.
Rou asintió en reconocimiento mientras comprobaba de forma rustica los signos de Shion. Una vez satisfecho con la exploración Rou salió de la habitación permitiéndole a Shion intentar volver a dormir, y he ahí la clave, intentar, en realidad lo que quedo de la noche se la paso mirando el techo en un intermitente sueño que no brindo descanso alguno.
Apenas a unos pasos fuera de la habitación, Rou dio un suspiro, detestaba mentirle a Shion, después de todo el chico casi era una deidad, ¿pero que más podía hacer? En sus prioridades la estabilidad y supervivencia de Shion eran las primeras de la lista.
Hace cinco años, para ser más exactos después de la caída del Centro Penitenciario, los habitantes de las cuevas volvieron a salir, Rou entre ellos fue uno de los que acepto volver a formar parte de la extinta No.6
Luego de unos cuantos meses volvió a ver a Shion, el único sobreviviente de la epidemia de abejas parasito, Rou sonrió feliz, listo para preguntar por el último heredero de las personas del bosque. Tras su pregunta sólo recibió una mirada triste y un —No lo sé.
Pero había algo en ese joven, un brillo que no tenía nadie más.
No tuvo que esperar demasiado.
Dos semas más tarde Shion ingreso en la clínica por debilitamiento. La Flor se marchitaba lejos del sol que lo protegía con su calor. El recuerdo y la ausencia de Nezumi minaban su existencia.
Karan lloraba todas las noches junto a la cama de su hijo que parecía no reaccionar a ni a ningún medicamento. Su cuerpo se negaba a continuar sin aquel a quien más amaba.
Elyurias, el árbol que Shion había creado con la esperanza de que al renovar el bosque Nezumi volviera también moría, porque ambos parecían conectados. Botánicos, ecólogos, hasta biólogos hacían intentos sobre humanos por sanar al árbol, todo era inútil mientras Shion siguiera postrado.
Cuatro largos meses contemplo al joven sumido en sus sueños, impotente ante el mal que le aquejaba.
—Haz algo Rou, lo que sea. No quiero ver morir a Shion, ya una vez lo perdí no voy a resistir una segunda vez —suplicó Karan.
Rou negó, no había nada que él pudiera hacer y las lágrimas de Karan le dolían, porque con el tiempo termino mirando no a la madre sino a la mujer, esa fuerte criatura que a pesar de todo aún seguía en pie de lucha manteniendo la esperanza.
Esa noche estando de guardia y sin ganas de entrar al dormitorio de Shion dio una vuelta al Instituto para dejar de pensar en Karan y aquella sensación de ineptitud que sentía cada que veía al peliblanco.
Al final no pudo evitarlo más, escruto la puerta de la habitación como si esta fuera una víbora apunto de morderle. Tomó el pomo con rapidez inusual y abrió a toda velocidad para no tener tiempo de arrepentirse.
Dio un jadeo ahogado del asombro. Sentado sobre la cama Shion miraba por la ventana, taciturno.
—Shion —jadeó temeroso. El mencionado giró la cabeza reconociéndolo, los ojos rojos como la sangre tenían un brillo especial e incluso la forma normalmente redonda y tierna había sido substituida por una rasgada y afila, muy similar a la de cierto roedor.
—Rou. Hace tiempo que deseaba hablar contigo. —El Doctor dio un paso atrás, esa voz la concia. —Estoy preocupada Rou. No regrese a Shion de entre los muertos para que fallezca ahora.
—Elyurias —nombró Rou dando un paso en retroceso asustado por la presencia de la Diosa y lo que eso pudiera significar.
—Necesito que Shion viva, o el árbol que creo lo seguirá y esa no es una opción. Él es mi semilla, el único ser sobre este mundo capaz de devolverle su magnificencia anterior. Pero si muere...
—Yo, yo he hecho todo lo que he podido, pero... —deseo justificarse, no sólo por la salud de la flor, sino por todos sus actos anteriores.
—No todo. No todo. Rou, aun tienes ese elixir ¿verdad? Ese que las personas de Mao utilizaban como agua sagrada. Dásela a tomar a Shion y el olvidara todo, yo me encargare de acomodar sus memorias de tal manera que aquello que lo lastima se desvanezca.
—Pero... No. Me niego. Esa substancia tiene compuestos que jamás...
—Rou. Tienes tan poca comprensión de tu entorno que le temes a lo más básico. Se obediente, porque si Shion muere te aseguro que la humanidad lo lamentara hasta el día de su extinción.
—Es una amenaza —gimió Rou apretando las manos en puños.
—No. Simplemente una advertencia. Shion es mi semilla, mi ser perfecto. He estado dentro de él de muchas maneras; como paracito alimentándome de su juventud y sintiendo el cálido corazón que late aquí dentro —declaró colocando una mano en el pecho del albino. —Como su amiga cuando tomé el cuerpo de aquella chica encontrándome con sonrisas tiernas y un cariño más allá de límites; como deidad cuando le devolví la vida sólo para darme cuenta que conozco hasta el más íntimo de sus pensamientos. He tocado su alma y recorrido su cuerpo desde el punto más hondo hasta el último de sus cabellos, me pertenece a mí y yo le pertenezco a él, de hecho, se podría decir que gran parte de mi esencia permanece en él. Fui yola que puse al alcance de los científicos de No.6 la muestra perfecta, Safu; para desviar la atención de mi verdadero recipiente, Shion. Haz lo que te digo o las consecuencias serán desastrosas.
—Elyurias... tu.
Shion se desmayó de nuevo, sin más, volvía a estar inconsciente como si la plática anterior solo hubiera sido el producto de la loca imaginación del investigador.
Rou pasó toda la noche pensando en las palabras de la diosa, al día siguiente apenas ver la luz de la aurora saco el líquido del escondite en donde lo guardaba y se lo dio a beber a Shion.
Shion recupero su salud paulatinamente y Rou pronto noto, que era lo que dañaba a Shion, la pronunciación de ciertos nombres le alteraban desde un simple dolor de cabeza hasta la convulsión, como si su prodigiosa mente se negara a olvidar, pero se viera forzada, sometida por el poder de la Diosa; cuando despertaba no recordaba nada.
Elyurias había cumplido y él debía cuidar de Shion y de Karan.
—Aun no sé si fue lo correcto —se lamentó Rou mirando a través del vidrio polarizado que por dentro del consultorio semejaba un espejo.
Shion se removía inquieto en la camilla y de sus ojos brotaban lágrimas silenciosas.
—Si tan solo él no se hubiera ido, si hubiera regresado, si supiera que Shion se muere sin él. —Rou golpeo la pared molesto. —Vaya príncipe, dejando que la princesa sea devorada por la bruja.
Una alarma salto silenciosa, el color rojo de la bombilla en la pared le decía que era urgente. Con rapidez abrió un canal de comunicación con la central.
—¿Qué sucede? —pregunto sin rodeos.
—Señor, es él, ha regresado.
—Cierren todas las entradas a Chronos. No debe entrar. Quiero que pongan patrullas alrededor de Elyurias y en la residencia de Shion. Si se acerca demasiado disparen a matar —siseo irritado y cerrando la conversación al cortar la llamada. —¡Maldición! ¿No podía escoger mejor momento? pero, lo siento príncipe encantador, la princesa ya tiene nuevo dueño.
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