Capítulo 64
Cambio de planes, este es el penúltimo ♥ Darle mucho amor por favor.
No olviden leer la nota al final.

—Doctora, la agente Melany la espera. —abro los ojos de inmediato apretando de más la mano de Oleg.
Veo al agente en la entrada y descubro que me quede dormida.
—¿Ya adecuaron el cuarto? —asiente—. Déjenla subir y que me espere en la oficina.
Lo despacho y sin ganas de dejar a Oleg solo voy al baño a arreglarme para después encontrarme con la agente. Tiene ojeras bajo los ojos y un rostro cansado que no se molesta en ocultar.
La pregunta está por salir, pero niega y entiendo que no quiere hablar al respecto. La entiendo, yo tampoco quiero hablar del que considere mi amigo y que solo me tomo como una pieza de su juego.
—Se encuentra arrestado y los poco que seguían con él fueron listos y protegieron al padre, no son muchos, pero sí los suficientes para hacer el trabajo. —me entrega el informe junto a las imágenes.
—¿Quién está a cargo de las torturas? —pregunto al verlo suspendido
—Yo.
No digo nada mientras me señala que también capturaron a algunos agentes de OFR a quienes se les sacó información para luego matarlos.
—¿Yuri Bogdánov?
—Sigue con el padre, al parecer si traicionó al Superior.
¡No!
Por otro rato seguimos hablando hasta que llega el tema de Charly.
—Fui al barrio y aunque me costó dar con ella, la encontré.
Recibo la información y me quedo helada al verla.
—Ella... —no sé qué decir ante la impresión—. Algo bueno hizo el maldito donador de esperma.
Sonrío, aun sin tener claro que hacer con la información, al parecer nadie sabe de ella y por eso se encontraba en esas condiciones.
—Hablé con ella y entendió todo, está en nuestra base, pero no está dispuesta a colaborar.
—¿Sabe de mí? —asiente—. ¿Entonces cuál es el problema? Si le ofreciste dinero y negociaste para ver que quería.
—No quiere nada y la única razón por la que subió al jet fue porque le prometí una dosis de cocaína. —retrocedo—. Ella no quiere vivir Alessia.
Ella no, pero yo sí.
—Concreta un encuentro, no me debe y no quiere nada, pero si va a morir que valga la pena.
—¿No piensas ayudarla?
—No soy un centro de rehabilitación y no pienso pagar nada.
***
Arreglo mi camuflado y al salir de baño me acerco a la camilla en la que se encuentra mi vida, luchando por la suya.
—Hoy amanecí con las esperanzas elevadas, no sé por qué, pero siento que hoy es el día. —repito lo que digo cada mañana—. Hay muchas cosas que debes saber, la base...
Me quedo callada sin saber como decirlo. Veo su rostro con la venda cubriendo sus ojos.
—Despierta mi amor, debemos encargarnos de nuestra organización, sin contar que las elecciones están cerca y aunque tengo varios candidatos, te necesito. —acaricio sus nudillos.
Mi mano se ve demasiado delgada al igual que todo mi cuerpo, las costillas son más notables al igual que mi clavícula. Los moretones de todo mi cuerpo están en tonalidades verdes, moradas y sigo manteniendo mi pecho sujeto, para ayudar en la recuperación de mis costillas. Mis muñecas son otro caso, por lo mismo evito verlas si no es necesario, en estos momentos es lo de menos.
—Ya hay tres sedes, de mi clínica y según los números entre poco podré abrir más. No he ido a esas inauguraciones, pero la prensa sabe que son mías y les han dado mucha publicidad, se preguntan por mí, pero me encargue que mi abogado hablara por mí y dijera que he tomado un descanso.
>>Sé que no es esperado y si estaba en la cima lo mejor era no abandonar, pero han pasado tantas cosas que... prefiero esperar. A lo que sí iré y por nada del mundo me voy a perder es a la inaguración de mi hospital.
—Ha habido un par de problemas debido al nacimiento de agua, así que la fecha se alargó. —sonrío—. Iremos juntos, no olvides que lo prometiste.
Sigo hablando, poniéndolo al tanto de todo lo que me involucra y luego sigo con él.
—Creo que hablamos tanto de mí, que no tome en cuenta la importancia de tus negocios. —beso sus nudillos—. No sabía qué tenías tantos laboratorios, aunque me negué, hace unos días tu madre me llevo a uno y es increíble que todo en lo que ellos trabajaban es en tus ideas y prototipos.
>>Todo es espectacular, señor empresario. —me río recordando que es dueño de una cadena hotelera y de una gran fuente pretolera—. Tu madre mencionó otros, pero espero que estes despierto para hablar de ellos quiza después me lleves a uno de tus casinos.
Acaricio la placa que me entregó Rustam hace una semana, según lo que dijo, hace mucho la mando a hacer Oleg, es igual a la que tienen los demás agentes, aunque según él, son especiales y doy fe de ello porque encontré la tablet igual a la mía por la que veía a Oleg.
No me sorprendería que también tuviera una cámara, la mía.
—Buenas tardes, cariño. —giro el rostro viendo a Ágata—. Fuera de mi vista. —Corre a Adrián mientras la invito a pasar.
—No sabía que iba a venir. —la saludo y al tomar mi mano arruga las cejas al sentir mis huesos.
—Te lo dije, quizá no me estabas prestando atención. —me encojo de hombros.
Se acerca a Oleg, pero no lo toca, lo ve desde su altura y su mirada no muestra nada, ahora veo que viene de familia.
—No hay mejoras.
—Lo sé, y no las esperes dentro de poco. —asiento recordando estadísticas—. Sin embargo, es obvio que no me quedaría de brazos cruzados.
Veo los frascos diminutos que saca.
—Va a alterar su...
—Voy a forzar sus nervios para que sienta y poco a poco sus músculos y sentidos cobren vida.
Me quedo en silencio sabiendo lo arriesgado que es eso.
—¿Cuántas dosis son?
—Quince, una diaria, después un descanso de tres días y posterior se continúa con el mismo proceso.
Me explica los compuestos y niego porque no puedo permitir que algo tan dañino esté en su cuerpo.
—Puede morir, eso va a matarlo.
—Es una posibilidad, sí, todo depende de como lo tome el cuerpo.
—No, no va a suministrarle nada.
—Soy su madre.
—¡Y yo su maldita mujer! —me altero—. Y si me va a odiar por negarme a que mate lo poco que me queda de él... ódieme.
—Alessia, no estás pensando con claridad. —trata de tocar a Oleg y me meto entre ambos porque con esta gente no se sabe.
—Con todo respeto, le pido que se retire.
—Piénsalo. —deja las dosis junto al informe antes de marcharse.
Veo los frascos con miles de pensamientos rondando mi mente... no quiero.
Los días siguen pasando y cada vez me desespero, porque tendría que despertar.
—¡Doctora, tenemos problemas! —grita Adrián antes de irse por orden de Sasha.
—¡Alessia! Carsten está en la entrada y va a subir por la fuerza. —abre la puerta de golpe y todas mis alarmas se encienden.
—Antes me cargo a ese hijo de perra.
Salgo disparada y en el camino encuentro a Jiku.
—¡Tú te quedas y cuidas con tu vida la suya!
—Sí, doctora. —se da la vuelta en busca de la habitación.
No va a joderme, no voy a permitirlo.
Mi garganta sigue doliendo, pero ya es leve y puedo manejarlo. Llamo a Sebastián para que cubra a Jiku, porque al Superior no van a tocarlo.
Sigo caminando hasta bajar y a lo lejos puedo ver a Carsten discutiendo con Caleb mientras Nikolay intenta escabullirse, pero antes de lograrlo, tomo un bisturí de una de las mesas que había de paso y se lo lanzo.
—¡Ahhh! —chilla cuando el objeto choca con el hueso de su rodilla.
—¡A ti te estaba esperando hijo de perra!
Todo el dolor y la rabia se suman al verlo, porque por su culpa la bestia está en coma. La segunda bala en un costado de la cabeza fue clave.
—Ya di tiempo y exijo que me entreguen a Anastasia. —se mete Carsten.
Lo veo por unos segundos sin saber a lo que se refiere. He estado tan pendiente de Oleg y los míos que no he tomado en cuenta nada más.
—Seguirás esperando, porque no pienso entregarla.
—No estás en posición.
—¿Cuánto apostamos? —gruño al recordar sus palabras—. Vete Carsten o no respondo.
No puedo perderlo.
—En estos momentos no me interesas, puedo destruir tu mente a través de él.
—¡Largo, ya! —los corro entendiendo a que se refiere—. No tienes nada que hacer aquí, es mejor que te vayas.
Ya no quiero pelear, estoy cansada de hacerlo. Lo único que quiero es estar al lado de mi hombre.
Cuando despierte nos iremos lejos por un tiempo, necesitamos sanar nuestras heridas y con el ajetreo de nuestra vida no podremos.
—No es tu asunto Carvajal.
—No quieras venir fingiendo que te importa, no después de hacer todo para destruirlo.
Ignoro los gritos de Nikolay desangrándose.
—Voy a verlo, quieras o no es mi hermano.
—Que poco te importo este tiempo. —no dejo de verlo, odiándolo cada segundo—. Lo quieres para torturarlo, no te importa como hermano sino por lo que representa para mí.
—Te equivocas, Oleg si me importa, por lo mismo me encargaré de sacarte de su mente. —recuerdo su especialidad, e inmediatamente me tenso. Malditos Bogdánov—. No serás nadie para él y no me importará tener las sobras, porque estarás tan rota como te quiero.
—No vas a medicarlo, no lo permitiré Carsten. —sonríe burlándose de mis nervios alterados—. ¡Largo de aquí ya!
—Hazte a un lado Carvajal, deja de estorbar y fingir que lo haces fatal. —Mis manos tiemblan—. No voy a repetirlo.
Todas mis alarmas se encienden, no está aquí por mí, y después de lo que pasé en sus garras debería estar feliz, pero no puedo si está por Oleg, lo quiere a él y no estoy dispuesta a aceptarlo.
Jamás lo permitiría, antes muerta.
—Es más mío que tuyo, maldito, retrasado.
Siento pasos atrás, pero solo es Bastián quien junto a Matías auxilian a Nikolay que no deja de quejarse.
—¡Dejen morir a ese pedazo de mierda!
—¡La vida del Superior está en juego! —se mete Bastián—. Una muerte de esta manera no es suficiente para su delito.
No escucho a nadie, porque mi atención está puesta en Carsten que tiene una maldita sonrisa de victoria.
—Por las buenas Carvajal, o vas a arrepentirte si lo hacemos por las malas. —amenaza y la furia me ciega—. Quizá deba ser yo quien termine lo que empezó Nikolay, aunque sigues estando cuerda y eso le quita el placer.
Estoy por sacar mi arma cuando un fuerte grito me quita la respiración.
—¡Despertó! ¡El Superior ha despertado!
Mi corazón late con más fuerza procesando las palabras que se repiten en mi mente.
—¡No la dejen ir! —ordena Carsten.
Varios de sus hombres empiezan a pelear con los nuestros, pero mis agentes se encarga de abrirme paso.
Corro por los pasillos escuchando los gritos de Carsten.
Me toman del brazo y le doy un codazo al que me detiene.
—¡Déjenme! Maldita sea, déjenme. —grito cuando me retienen—. ¡Voy a matarte, juro que voy a matarte desgraciado!
Sigo retorciéndome viendo como Rustam pelea con Carsten.
—¡Quédate quieta! —gruñe Yuri enmascarado, sin embargo, no me detengo.
Ya no sé qué pensar de él, peros solo con impedir que vea a Oleg ya lo hace mi enemigo.
—¡Jiku! —grito.
Ella y Sebastián están con Oleg y deben protegerlo, pero necesito ayuda y todos están ocupados con los hombres que ha traído Carsten.
Le doy pelea que solo me recuerda que él fue mi Sensei.
—¡Ah! Quítate de mi paso maldito traidor.
—¡No soy un...!
—¡El hospital está en llamas, debemos abandonar! —La noticia me toma por sorpresa y no sé como demonios lograron pasar por tantos protocolos que impuse.
Mi error me pasa factura, porque Yuri vuelve a retenerme con demasiada fuerza.
No puedo con la desesperación y ser retenida, me está llevando a un grado de rabia impresionante...
Debo estar con Oleg, puede que esté preocupado o furioso porque no estoy a su lado. Quizá piensa que estoy mal o que Carsten me capturo de nuevo.
—¡Suéltame! —grito desesperada al borde de un nuevo colapso.
—¡ALTO! —llega Jiku, pero nadie le hace caso.
Le exijo que me ayude, pero ni siquiera me mira y eso me alerta.
Logro soltarme y lucho con Yuri y otros dos hombres.
—¡Oleg quiere ver a su hermano! —grita.
Me paralizo y el puño del tipo choca con mi pómulo mientras el otro aprovecha mi aturdimiento y lanza una patada a mi abdomen.
Caigo de rodillas y los latidos de mi corazón se disparan.
No, no, no.
Todos se detienen, incrédulos, sin saber qué hacer.
—Era de esperarse, ya se le pasó lo estúpido y no necesita más tu coño. —se forma un nudo en mi garganta.
En el suelo me giro, solo para verlo encaminarse a la habitación en la que me he mantenido cuidándolo.
Me levanto y corro ignorando a los agentes, pero en el pasillo Sebastián me detiene.
—Doctora, espere, debe saber algo. —toma mi muñeca y un escalofrío recorre mi cuerpo.
—¡¿Cómo permitiste que pasara ese desgraciado?! —lo enfrento—. Debo estar con él, es que no lo entiendes. —me desespero—. ¡Estás con ellos, es eso! ¡¿Eres otro maldito traidor?!
—Hermano, sabía que despertarías. —las palabras de Carsten son lejanas y dejo al agente en el pasillo siguiendo mi camino.
Sin embargo, antes de llegar, Jiku me toma y me pone un paño en la boca, abarcando mi nariz con un olor fuerte, pero no para noquearme, solo para marearme.
¡Hija de puta!
Me desespero y me sostengo mareada de la puerta al ver la escena.
Oleg siempre mantiene los ojos vendados, pero Carsten está a su lado y no lo aparta.
Vamos mi amor, cuál es tu plan, actúa y mátalo...
—¿Qué sucedió? No lo recuerdo y a una de las primeras personas que escuche fue a Jiku quien recuerdo que estaba en Colombia.
Mis ojos se llenan de lágrimas entendiendo el significado.
Mierda, no.
Dejo de forcejar y tomo el paño con mis manos para que no se escuche mi sollozo para después tirarlo. Entro a la habitación bajo la atenta mirada de Carsten que es una clara advertencia.
¡A otra con tus mierdas!
—¿Qué es lo que le sucede? —inquiere Rustam que también ha entrado y no deja de ver con recelo al Gobernador.
De hecho, él, Caleb, Sasha y algunos agentes de OFR se encuentran dentro y en estos momentos quisiera que fuera una habitación pequeña para que no hubiera nadie más que nosotros dentro.
El médico con el que he convivido las últimas semanas me da una mirada y muerdo mi lengua por lo que se viene.
Amnesia.
—Amnesia. —los jadeos no se hacen esperar.
Mi corazón que se estaba uniendo con la esperanza de que iba a despertar... ahora nuevamente se ha quebrado.
—El Superior presenta un caso de amnesia y por lo que sucedió, que esté vivo ya es un milagro, pero esto se espera y lo sabe. —se dirige a mí, pero Carsten lo amenaza y el doctor no sabe a quién mirar.
Trato de respirar queriendo ser fuerte en este nuevo bache.
—¿Qué es lo último que recuerdas? —Pregunta Rustam.
—Estábamos tras la pista de una trata de blancas, los encontramos junto a una lista de Rojo Sangre con diez casos que estaban saboteando, entre ellos EBÓSIL.
No tengo ni la menor idea de a que se refiere y el miedo que sea antes de conocerme me aterra
—¿Qué fue lo que olvide? —se toca la cabeza y arruga las cejas.
Mi instinto me llama a cercarme y abrazarlo, pero tengo a Carsten cerca y lo que menos necesito es alterarlo, eso puede jugar en mi contra. Sin contar que sigo mareada.
—Nada importante, rescataste a Young Min y ahora ella está feliz y emba...
—¡No! —todo razonamiento queda olvidado cuando me abalanzo sobre ellos y doy un tras pie antes de sostenerme de la pared.
—¡Miente! —se mete Caleb—. Odias al Gobernador, no estás con Min y...
—¡Deja de confundirlo! —grita el Gobernador empujándolo.
En menos de nada una nueva pelea empieza y cuando me alejo de ellos soy retenida por Carsten quien me toma del cuello con demasiada fuerza.
—Lamentarás... —no puedo decir nada por qué la falta de aire me está matando.
Carsten tiene los ojos inyectados en sangre y puedo escuchar su orden que piden sedar a Oleg. Mis pies dejan de tocar el suelo cuando me levanta y llevo mis manos a las suyas queriendo separarlo.
Dejo de retorcerme porque ya no tengo fuerzas para seguir luchando, pero de pronto toda la fuerza que ejercía sobre mi cuello se pierde hasta que todo se vuelve negro cuando me tira e impacto contra la pared.
***
Me encuentro desorientada con un dolor insoportable de cabeza. Siento el duro y frío suelo en el que me encuentro y el miedo es inmediato.
Me levanto viendo a mis lados sin saber en donde me encuentro, pero rápido me doy cuenta de que ya no estamos en el hospital. Nos encontramos en alguna base de OFR. Salgo deteniendo ante el mareo.
Mierda.
Escucho pasos por lo que me escondo detrás de las vigas, los agentes pasan frente a mí y se dirigen al cuartucho en el que me tenían. No espero que alerten de mi fuga cuando ya he escapado.
Corro por los pasillos escuchando la alarma, hay cámaras en todos lados y los pasos pisando mis talones no se hacen esperar. Abro muchas puertas sin saber en donde lo tienen, hasta que me ubico.
—¡Prisionera suelta! —gritan a mi espalda.
No dejo que termine de alertarlos cuando me voy contra su cuerpo. Me dobla en cuerpo y fuerza, pero no se compara con mi odio y rabia. Peleo doy golpes en zonas estratégicas hasta verlo caer.
—A mí no me quitan nada. —gruño.
Tomo su arma y me escabullo al escuchar más pasos. Veo a otros y un tiro certero en su frente es suficiente para eliminarlos, sin embargo, por atrás se me viene uno dejándome desarmada y no lo pienso cuando mis puños impactan con su cuerpo.
Me defiendo lo mejor que puedo de sus ataques, pero me toma del cuello con tanta fuerza que lastima lo que ya estaba jodido...
Maldito hijo de puta.
—Tienes dos minutos, quizá menos.—no le hablo cuando me doy la vuelta corriendo en busca de mi marido.
Encuentro el cuarto de Oleg, custodiado por muchos y con el arma que robe los mato a todos, no me importan sus vidas. El caos detrás de mí es cada vez más grande y valoro cada segundo.
Abro la puerta y al verlo semi acostado aún con las vendas en los ojos, no puedo evitar que mi corazón se rompa. Acorto los pocos pasos que nos separan y él mueve la cabeza en mi dirección.
—¿Qué mierda pasa afuera? Joder, tengo un puto dolor de cabeza y los escándalos de Carsten me empeoran. —gruñe.
Con pasos rápidos y el corazón en la boca me acerco a tomar su mano, aunque inmediatamente se tensa y trata de apartarla, pero la sujeto con más fuerza.
—¿Quién eres? —llevo sus nudillos lastimados a mis labios.
Tu mujer.
—¿Cómo te sientes? —pregunto desesperada mientras me inclino y beso su mejilla, pero su evasiva es una puñalada que hace sangrar mi pecho.
—¿Qué se supone que haces? —trata de apartar su mano.
Tengo la garganta lastimada por lo que mi voz no suena a mí.
—No me olvides. —se tensa—. Por favor, no me olvides.
Contengo las lágrimas que luchan por salir.
—¿Por qué debería recordarte?
—потому что я твоя любовь —el dolor está impregnada en cada palabra.
Porque soy tu amor.
—Mientes, eres una insolente, retírate de mi habitación si no quieres que te asesine. —ruge y sus palabras son la peor puñalada.
—Ya lo hiciste, mi amor. —tiemblo—. Ya me mataste... oh, quizás lo estás haciendo lento, para torturarme.
Lo vuelvo a tomar de la mano llevándolo a mi rostro queriendo que me conozca, que su tacto me recuerde, pero no se da la oportunidad cuando ya se ha zafado.
Mi terquedad no me deja razonar y peleo consiguiendo su mano, esta vez la llevo a mi pecho para que sienta mis latidos. Se queda quieto y es mi señal para continuar.
—Te dije que yo también lo hacía. —niega sin saber de lo que hablo, sin saber que con eso me está matando—. Te amo Oleg... recuérdame por favor потому что я твоя любовь
Su mano se hace un puño sobre mi camisa.
—¡¿Quién mierda eres?! —la puerta se abre bruscamente.
—Retírate, por tu culpa está así. ¡Nos traicionaste! —Carsten me toma de la cintura apartándome de mi hombre.
—¡No dejes que me lleve! ¡Mi amor, por favor, no permitas que me vuelva a dañar!
—¡Cállate! —grita.
Lo pateo yendo otra vez donde él quien esta vez no duda en sujetar mi mano con fuerza.
—¡¿Qué demonios es esto Carsten?!
—Es la maldita arpía. —vuelve por mí.
—¡Mi amor, por favor recuérdame! —me separa y rasguño la mano de Oleg en el proceso.
—¡Vas a pagar lo que hiciste!
—¡No...! —me cubre la boca y pataleo sin dejar de retorcerme.
Observo como la mano de Oleg cae sobre la camilla mientras exige explicaciones.
—No te preocupes, lo que sea que te haya dicho es mentira. —mis ojos se llenan de lágrimas por la impotencia—. Es una infiltrada de Rojo Sangre y se acercó a ti solo para destruirte.
Sigo retorciéndome mientras agentes entran y me amarran con fuerza a una silla de metal.
—¡Oleg no les creas...! —una fuerte bofetada me calla.
Ponen demasiadas cosas en mi boca para que mis gritos no sean escuchados.
—¿Cómo logro acercarse? —inquiere incrédulo.
El mero hecho de que lo dude hace que mi pecho duela y lucho con todas mis fuerzas para no llorar.
—Fue astuta, está muy bien entrenada por ellos y se hizo amiga de Young Min. Profesionalmente, es una doctora, que por el caso EBÓSIL estuvo en Colombia, fue al Hospital y allí se conocieron. —Niego.
>>Era una de las doctoras que Young Min traería a la organización y cuando tú fuiste por ella la conociste. —mi mandíbula duele y entre dos tipos sostienen la silla para que no haga ruido.
—Es una maldita víbora que siempre los trato de separar, pero al no conseguirlo porque su amor es más fuerte se fue en contra tus amigos. Les metió mierda en la cabeza y bajo sus influencias tú creaste a Vyshe.
—¿Vyshe? Porque lo haría.
No dejo de ver con odio a Carsten y espero que rece a todos sus santos, porque no tendré piedad al asesinarlo.
—Porque lleva tiempo drogándote para meter su chip en tu cabeza, y en la de todo Vyshe, tú lo sospechaste y hace unos meses te hiciste unos análisis en la base de Rusia, puedo traerlos si eso te ayuda.
¡Esos malditos análisis son cuando Young Min lo drogo después de violarlo!
—¿Dices que la conocí en Colombia?
Las cuerdas las ponen más apretadas cortando mi circulación.
—Sí. —afirma seguro y cuando Oleg asiente es como si me terminara de romperme.
—¿Qué harás con ellas?
—Voy a dejarla morir, así como quería hacer contigo.
—¿Vas a drogarla? —mi respiración se altera.
—No, voy a encerrarla.
—¿En los calabozos? Suena bien.
Lo veo sin creer que lo esté aceptando.
—Estará en el psiquiatra, como la loca que es.
¡No!
Lágrimas salen de mis ojos cuando no hace nada para impedirlo. Ni siquiera lo hace dudar mis palabras.
>>¿Tienes algo que decir?
—Has lo que quieras, no me interesa. —aparto la vista—. Tengo suficiente con mis mierdas, para hacerme cargo de otras.
—No se diga más. —hace unas señas—. Llévenla, y enciérrenla, no tardo en ir a darle la bienvenida que se merece.
—¿Sigue aquí? —me busca y mi corazón late con una chispa de esperanza.
—Para que le quede claro que sus planes se fueron a la mierda.
Un mal movimiento me lleva al suelo y el gemido de dolor no hay nada que lo oculte.
—¡Qué pasa! —Oleg molesto trata de quitar las vendas.
—Nada, llévenla ya.
Termino mareada viendo negro mientras me arrastran lejos de mi amor y temo que esta vez sea para siempre.
Que no me recuerde nos deja en desventaja.
Recuérdame, por favor...

Los gritos de la mujer siguen en mi mente y no puedo evitar la sensación pesada que tengo en el pecho al recordar su toque suave, pero a la vez fuerte, como si quisiera asegurarse de que sus sentimientos a través de ellas llegaran a mí.
Sus palabras no dejan de ser un bucle en mi mente.
¿Por qué dice amarme? ¿Quién es realmente en mi vida? ¿Y por qué me sentí desesperado cuando se fue?
—¿Cómo dices que se llama? —inquiero molesto por querer saber más de ella.
—Es la doctora Alessia Carvajal, muy buena, pero su ambición fue demasiado lejos y casi te mata.
Me repite la historia de como me engatusó para lograr tener el poder de mi apellido. La cabeza me duele demasiado y tanta información de golpe es un fastidio con el que debo lidiar para ordenar las ideas.
Mi cabeza es un caos con tantos vacíos que mi hermano junto a Yuri y Nikolay tratan de llenar.
Las semanas pasan y me harto de estar encerrado por lo que decido salir, sin embargo, la luz aumenta mi dolor de cabeza.
—No te veo bien. —comenta Yuri en la entrada.
—Lo estoy, que mi apariencia no te dé falsos. —respondo molesto, sin saber por qué.
—El Gobernador quiere verte. —no respondo.
Paso a su lado y camino por los pasillos de la base, todo está casi en penumbras porque Carsten ordeno cerrar todas las puertas y ventanas.
—¿En dónde están mis cosas? —inquiero sin tocar y no me sorprendo al ver a una de mis agentes arrodillada frente a él
—Hay cosas que nunca cambian. —no me muevo.
Espero que la agente se retire y la veo mal cuando seme queda viendo por demasiado tiempo.
—Todas las cosas se perdieron porque ella las tiene y se negó a dar su ubicación. —me tenso, hay cosas demasiado importantes que en manos de desconocidos no pueden estar y me niego a pensar que he dado esa confianza—. Lo único que tenemos es esto.
Me entrega mi anillo junto a la cadena con mi placa. Las tomo y los veo por demasiado tiempo encontrando algunas diferencias, pero no lo menciono ni lo demuestro frente a mi hermano.
—Necesito recuperar mis cosas, dame una laptop. —con desconfianza me presta la suya y cuando ingreso mis datos me lo niega—. Pero que...
Ninguna de mis contraseñas me da el acceso y mi enojo se eleva al entenderlo.
—Te lo dije Oleg, esa maldita te traiciono y no solo eso también tiene a tu legado.
—¿Qué? —me giro encarándolo, ni siquiera había pensado en mi prometida tanto tiempo desde que desperté.
—Young Min esta embarazada, tu legado yace en ella y tu maldita amante que resulto ser más inteligente de lo que creíste la capturo.
Me muestra un video y mi estómago se remueve ante la imagen de Min suspendida con el cuerpo y rostro bañados en sangre.
También se observa la silueta de una mujer... demostrando su presencia en cada paso.
—Te iba a facilitar las cosas matándote, pero con esta noticia no harás más que alargar tu sufrimiento.
Me tenso ante las palabras de la mujer, son fuertes y claras sin ningún rastro de piedad.
—¡Oleg! —chilla.
Nunca había visto a Min tan destruida y vulnerable, que llore por mí y yo no estar me confunde porque quiero saber lo que paso. No puedo evitar removerme incómodo.
—Oleg, ven por favor, esta zorra me está golpeando. —se burla la mujer dejándome apreciar su rostro... ella—. ¡Sigue gritando y ve que no le importas!
—¡Mientes! Él va a venir, por mí, por nosotros.
—Esa es la verdadera Alessia Carvajal, no es nada de lo que te hizo creer y ahí tienes las evidencias. Tengo más material por si lo quieres comprobar. —asiento ante las palabras de Carsten porque ver las imágenes en las que tortura a Min solo me confirma que esa es su verdadera cara.
No es la víctima como me lo quiso hacer creer, Alessia Carvajal es una asesina a sangre fría que no le importa estar dañando a mi hijo con tal de tenerme para ella.
Es una maldita... con mente retorcida.
—Déjame solo. —ordeno.
Sale y me quedo con la imagen de esa mujer con sus manos manchadas de sangre. Mi cabeza empieza a doler y prefiero cerrar el aparato, sin embargo, mi vista se queda fija en mi anillo que tienes el destello de una luz azul.
Observo con desconfianza esa luz... ese destello azul que aparece a cada nada como si quisiera decirme algo, pero no lo entiendo.
Cierro los ojos cuando el dolor se vuelve insoportable.
—No hay condón, no hay follada. —suelto con enojo.
—Oleg. —chilla.
—No me contradigas Alessia...
Mueve su culo con la intención de penetrarse, pero mi agarre la toma con más fuerza. ¡Demonios! Se siente tan caliente que...
—Pero que... —tomo mi cabeza ante las abruptas imágenes de la nada.
Salgo en busca de aire, las puertas y ventanas están cerradas y no sé qué hacer. Me detengo por falta de aire e ignorando a los agentes los aparto a golpe y doblego al resto hasta lograr abrir la puerta.
Lo que no me esperaba ver es que toda la base sea solo escombros. Edificios enteros son cenizas y el hedor a sangre persiste en el ambiente. Camino con cautela observando a algunos agentes que se detienen de golpe y llevan las manos a sus armas.
¿Qué demonios?
—No es bueno que salgas, el doctor dijo que no puedes exponerte a la luz tan abruptamente.
—¿Qué mierdas paso aquí? —lo encaro.
—¿No lo recuerdas? —veo como analiza mi rostro, pero no le muestro nada, porque simplemente no lo sé.
—No. —suspira sacando un cigarro.
—Después que Alessia se llevara a Young Min porque tú la dejaste, fuiste a su rescate, pero ella junto a sus hombres te capturo, cuando pedí reunirme con ella diseño un plan perfecto y nos atacó.
—Estaba obsesionada. —deduzco y él asiente—. ¿En dónde está?
Lo último que recuerdo es ella yendo por mí, intentando meterme su historia en mis venas.
—Está encerrada, en uno de los hospitales psiquiatras de la organización.
—Quiero verla. —se tensa, tan sutil que podría pasar desapercibido.
—No es lo mejor, no en estos momentos.
—¿Por qué?
—La estoy medicando, desde que está encerrada ha atacado al personal y no podemos permitirnos ese tipo de comportamientos. —arrugo las cejas.
—No puedes medicarla, no conoces sus antecedentes.
—¿Preocupado por ella? —niego—. ¿Desde cuándo eres un blandengue con los traidores?
Me enderezo consiente del significado de sus palabras. Tuve un romance con ella, pero me traicionó y tiene a mi cría, no merece ni el minino afecto.
—Me da igual, desaste de ella para terminar las cosas de raíz. —sin más me doy la vuelta siguiendo mi camino.
Recorro la base destruida sintiendo una opresión en mi pecho.
Los días siguen pasando y poco a poco me voy reintegrando a mi trabajo. Descubro que todos los que creí amigos y aliados no están en OFR y cuando se lo pregunto a Nikolay su respuesta me enoja.
—Creaste a Vyshe con los que dijiste que eran tus mejores agentes, sin embargo, todos te traicionaron y se fueron con la perra de Carvajal. —lo escucho atento, sintiendo la rabia en sus palabras—. Tenemos encerrados a unos, pero los otros están afuera y no me sorprendería que estén preparando otro ataque.
No pregunto más, ni voy a verlos porque lo más seguro es que Carsten me lo impida, hay muchas cosas que sigo sin tener claras y ellos no me darán las respuestas que quiero.
En los informes veo varios ataques firmados por una misma organización, no la recuerdo, pero ver las siglas me deja pensando porque no dice más.
IBC.
Los ataques son fuertes y OFR. ha perdido demasiado. Cada día en los entrenamientos repaso a los agentes y no encuentro a los míos. Puede que no recuerde un poco más de un año, pero mis planes de abandonar esta organización van desde hace mucho y no veo a mis hombres.
Esos que estaban en el anonimato esperando mi orden.
¿Qué me están ocultando?
***
—Hay un nuevo caso que nos está llevando mucho tiempo y se ha dejado en baja a muchos de nuestros hombres. —bajo el informe ante las palabras del Gobernador.
Veo el reloj, consiente que ya casi es hora de que se vaya. Siempre en las mañanas visita a Carvajal y regresa horas después con una sonrisa en su rostro que no la borra en ningún momento. Él nunca ha sido así, bajo ninguna circunstancia y ahora su comportamiento solo me da para que no deje de pensar.
—¿Desde cuándo los equipos que no están bajo mi cuidado son mi responsabilidad?
—Exacto, quiero que partas y te reúnas con ellos porque no podemos perder. —me recuesto en mi asiento—. Es la guerra en Irak, el gobierno nos está pagando una buena suma para acabar con ellos.
—Irak. —saboreo las palabras—. ¿Me estás mandando a la guerra?
—¿Desde cuándo ha sido un problema?
—¿Cuándo debo partir?
—Una semana.
—Bien, me encargaré de preparar algunos escuadrones para partir. —sonríe satisfecho dejándome con un mal sabor.
Se retira y esta vez no puedo quedarme quieto. Con sigilo evado a las cámaras viendo mi anillo con esa luz que no deja de perturbar mi mente.
—Superior. —me detengo de golpe ante el llamado y la observo.
La misma agente que no se separa del Gobernador.
—¿Qué quieres? No vez que estoy apurado. —me enojo.
—La traidora murió, pero la arrepentida vive y está infiltrada para cuando sus líderes soliciten su ayuda. —arrugo las cejas sin entender.
—¿Qué? —la comprensión invade su rostro.
—Entonces es cierto, perdió la memoria. —su rostro se contrae y observa a ambos lados antes de jalarme a uno de los cuartos vacíos.
—Agente, mida sus acciones, porque no voy a permitir que...
—Superior, no tenemos mucho tiempo debe escucharme. —Me toma de los brazos y la alejo sin delicadeza.
—No le crea a nadie, no confíe en nadie. Nadie le dice la verdad y debe mantenerse atento porque el Gobernador quiere alejarlo porque estar aquí lo hará recordar. —habla tan rápido que me abruma—. Escuche al médico diciendo que estar en lugares le hará recordar, todo se trata de sus sentidos, los olores, sabores... el Gobernador no quiere que recuerde.
—¡Rebeca! —el grito de Carsten la hace temblar.
—¿Por qué debería creerle?
—Escóndase, no debe saber que hablamos o me va a matar, y si me mata el sacrificio no habrá valido la pena. —Baja la mano a su vientre abultado—. La vida de mi bebé también está en juego.
—¡Rebeca!
Sale sin más y el regaño de Carsten no se hace esperar.
—¿Has visto al Superior? Lo mandé a buscar y no lo encuentran.
—No, pero debemos irnos, después de tus asuntos, el doctor...
—Hoy no Rebeca, y agradece que lleves a mi hijo en tu vientre y que me haya enterado demasiado tarde, de otra forma te lo hubiera sacado a golpes. —me tenso.
—Dijiste que...
—Los hijos solo son un estorbo y debilidad si no mírame que no sé como hacer para recuperar a Anastasia. —todo mi cuerpo se tensa ante la confesión.
Él no puede saber de ella, me encargué de borrar cualquier registro de todos lados y que desde el principio se diera por sentado que estaba muerta no da para que la empezaran a buscar.
Nada tiene sentido.
***
El auto se detiene y dejo que los agentes se bajen y cuando me aseguro de que no hay nadie me suelto cayendo en el asfalto. Salgo debajo del auto y limpio mi uniforme y cabello de la nieve en la que estuve a punto de quedar.
Debo ver a la mujer, no he dejado de pensarla y estoy seguro de que solo ella tiene las respuestas que nadie va a darme.
Me escabullo y en lugar de dirigirme a los cuartos me voy al centro de control y doy de baja a los agentes para poder manejar a mi antojo las cámaras.
No tardo mucho en encontrarla y el pinchazo en mi pecho se repite al verla toda de blanco. Carsten se ha quedado hablando con otros doctores y me da tiempo de observarla más a detalle.
Llegan los enfermeros y escucho el intercambio de palabras que hacen que mi sangre hierva sin sentido. Cuando la dejan casi en la inconsciencia, se acurruca y empieza a mecer su cuerpo.
Tiene un anillo y lo ve con anhelo empezando a hablarle y sus palabras me hacen remover incómodo.
Estoy tan absorto en ella que no me percato que mi anillo emite la luz.
—Qué diablos...
Me fijo con atención y cada vez que ella toca el suyo el mío...
—Tengo algo para ti. —sobo el cabello negro que sobresale en medio de las sabanas blancas.
Parpadeo ante la imagen y vuelvo a ver al frente, consiente que es el mismo cabello.
¡Joder! Porque no puedo recordar.
Cualquier cosa que fuera a decir queda en sus labios cuando saco el cofre de mi bolsillo, lo abro con un clic mostrándole el anillo que diseñe y mande a hacer especial para ella.
—Mía tú, hoy, mañana y siempre Alessia Carvajal. —suelto queriendo que entienda que la amo, y sé que perdimos nuestra oportunidad de ser padres, pero nos tenemos el uno al otro.
Mi vista queda negra por unos segundos y a estas alturas no sé qué creer.
¿Íbamos a ser padre? ¡¿Qué mierdas paso?! ¡¿Por qué no lo recuerdo?!
Estoy harto de todo esto. Odio no recordar nada y que fragmentos lleguen solo sirve para aumentar mis dolores de cabeza.
***
Gracias por llegar hasta esta parte de la historia♥
Para empezar quiero disculparme por la demora, fueron tres semanas sin subir el final... y hablando de final, este capítulo lo tenía con 10 mil palabras, pero al final solo subí 6, porque a las otras les falta un toque y en estos momentos no lo haría como la historia merece.
Estaba escribiendo una gran explicación, pero lo voy a resumir en pensamientos intrusivos.
***
¡Spoiler!
—Muchacho, estamos en un manicomio, aquí nadie está cuerdo y ten cuidado que ya ha atacado a varios. Dos de ellos ya renunciaron.
Entran con un carrito y al ver las agujas mis manos tiemblan por tocarlas.
—Y sobre los sedantes... creo que son lo que la están volviendo más loca.

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