Capítulo 6

Faded - Alan Walker. One hour.

—Los quiero en México ahora. —exijo—. Un jet los recogerá en una hora así que dense prisa con lo que hacen.

¿Qué hay del Gobernador? —indaga Rustam.

—De mi hermano me encargo yo. —sentencio.

¿Cuál es la urgencia?

—La trata de blancas se da en un burdel.

Me imagino que el dueño se estará lucrando muy bien.

Repaso la emboscada que se realizará.

—Ese es el problema, la dueña no tiene nada que ver.

No doy más detalles y cuelgo mientras me encargo de los últimos detalles. Le doy la orden de que tenga lista mi oficina y cuando ya la tengo mandó a llamar a Damián.

—En unos días me incorporaré en el hospital. —dice al entrar—. Para que no sospechen, mi padre consiguió que cinco especialistas renunciaran, así que en estos días llegarán los nuevos.

—Bien. —bebo vodka mientras maquino como proceder—. Que yo esté en el consejo es por el caso EBÓSIL, sin embargo, que la doctora esté involucrada cambia las cosas.

Observo el holograma que se extiende en mi escritorio, se trata del hospital.

—Allí es donde yo entro. —deduce—. ¿Qué es exactamente lo que tengo que hacer?

—No te acercaras a ella. —declaro—. Serás mis ojos dentro del hospital, pero nada más.

—Creí que tendría que acercarme a ella. —frunce las cejas.

—Lo que menos quiero es que alguien que te reconozca te vincule con la doctora.

—Soy profesional, nadie sabe que soy parte de OFR. —silencio—. ¿Por qué tantas consideraciones con Carvajal?

—Porque se me da la gana, ¿Algún problema? —niega—. Bien, puedes retirarte.

Se va y yo organizo lo que haré con los míos.

No puedo evitar sonreír cuando me llega el mensaje que llevo días esperando.

—Se me olvido mi... —guardo mi móvil mientras Damián abre grandes ojos.

—¡Fuera! —lo corro.

Me observo en el espejo contemplando mi belleza.

Soy una excelente doctora y eso se ve reflejado en todos mis méritos. Sé lo que valgo y a estas alturas de mi vida no me voy a complicar la existencia por lo que sucedió en Rusia con Oleg.

Quizá sea inmoral, pero el que está fallando en una relación es Oleg, a mí no me interesa en lo absoluto su vida, me van a tachar de que me estoy metiendo en esa relación, pero sinceramente es el menor de mis problemas.

Solo de recordar se me eriza la piel porque Oleg Bogdánov es uno de esos hombres que solo te cruzas con él una vez en la vida y no lo voy a dejar pasar.

Puede que todo esté mal, pero se siente tan bien que no hay espacio para prejuicios.

Y eso es lo que me tiene en este momento mandando una foto que me tomé en el espejo donde muestro mi rostro.

Hace dos días perdí el orgullo y le escribí, desde entonces no han parado los chats calientes.

Maldito ruso.

***

Me parece extraño que tantos médicos se hayan retirado aunque parece que nadie se atreve a cuestionar y es por eso que cuando entra el nuevo personal empezando a presentarse me pregunto que mal estaré pagando para tener que recibirlo.

Tengo cosas más importantes que hacer que una ridícula presentación.

—Doctora Carvajal, un gusto conocerla. —me saluda la mujer al entrar al lugar.

—Doctora Vilma Salazar, bienvenida. —contesto.

Se termina de presentar con todos mientras no deja de observarme.

Raro.

Se supone que aparte del nuevo personas hay más noticias y es eso lo que no me saca de la sala. Que pida silencio me trae devuelta porque significa que ya iniciara lo importante.

—Como ya todos lo saben el próximo año me retiro y mi puesto quedará libre para que compitan. —Nos repasa concentrándose en mí—. Nunca se ha regalado nada y esta no será la excepción.

De eso puedo estar segura, a mí no me han regalado nada.

>> Los que quieran optar por el cargo tendrán que cumplir algunos requisitos, aparte de contar con ciertos años ejerciendo la profesión. —tuerzo los labios.

Esto no me esta gustando.

Soy la que menos lleva laborando en el Hospital.

—Estoy seguro de que será una competencia interesante. —Rubén me codea.

¡Hijo de puta!

Siempre ha existido una competitividad entre ambos.

Y un odio muy merecido.

—No lo dudo doctor Urbina. —comenta uno de los doctores.

Se siente la tensión en el aire, ya que todos en la mesa son conscientes de las diferencias entre Rubén Urbina y yo.

—Se requiere ser mayor de 25 años. —empieza hablar uno de los más mayores cirujanos—. Un expediente limpio, una carrera con un mínimo de 75% de casos con éxito. —Lo escuchamos atentos—. Y una trayectoria mínima de 5 años con la especialidad.

No me jodan.

Todos me miran a la espera de una reacción. Trato de serenarme y no mostrar mi inconformidad ante el reglamento.

—Esas son las nuevas políticas. —explica Tobar—. Pero siempre se cumplirán con las anteriores. Cada uno debe presentar un proyecto médico que tenga como mínimo unos 6 meses. —Hago puños bajo la mesa. —Aparte de todos los requisitos, de la cooperativa de la dirección estatal del hospital.

Se crea un silencio, todos saben que soy de las mejores candidatas para el puesto.

Muchos de los cirujanos ya lo habían expuesto y estaban conforme con que yo lo fuera, pero con las nuevas políticas estoy en desventaja.

—¡Me parece perfecto! —exclama la nueva doctora—. No pensé que tan pronto se presentaría una gran oportunidad en mi carrera.

Alzo el rostro en su dirección viendo una sonrisa que desvanece al verme nuevamente.

—Estoy de acuerdo. —comenta Rubén mirándome con superioridad.

Él le da una mirada de apoyo a Vilma que ella muy gustosa le devuelve. —Ridículos—. Desde lejos se nota que es falsa por parte de Rubén.

—Doctora Carvajal. —Veo al hombre que me habla y me mira con lástima, pero lo ignoro.

¡Odio esa mirada!

—Estoy seguro de que para la próxima las cosas estarán a su favor, doctora. —comenta Rubén burlesco.

Sonrío con ironía, porque solo a ellos se les ocurre que me quedaré como si nada cuando estoy en medio de una injusticia.

—No estoy de acuerdo. —declaro.

La vista de todos se posa en mí con rostros confundidos.

—Es una lástima que las cosas ya estén escritas, doctora. —interrumpe la doctora Salazar confusa.

Me están irritando, ella es nueva y no tiene derecho moral por el cual opinar.

—Tienes que aceptar que no cumples con los requisitos. —espeta Rubén—. No cumples con la edad, no tienes un proyecto, solo tienes un año ejerciendo con licencia y dudo mucho que tus éxitos sean de un 75%

—Falta aún un año . —me defiendo—. Para ese entonces ya tendré los 25 y mi proyecto ya está en curso. —miento viendo al dueño de mis pesadillas—. Los años con la especialidad se pueden dividir en mis trabajos y estoy segura de que llegaré hasta a superarlos.

—No seas egocéntrica. — se irrita Rubén.

Los demás solo nos observan, pero nadie se atreve a intervenir.

—Quiero que saquen mis expedientes para que comparen y vean que no necesito estar tantos años para superar los casos éxitos en mi carrera. —alego.

—Aún si se hiciera, no me superas. —me enderezo.

Capto el doble sentido, pero me muerdo la lengua evitando alguna disputa innecesaria.

—Pueden hacer encuestas si les parece, pero de igual forma se darán cuenta de que por no cumplir requisitos que no son indispensables, si puedo participar en el ascenso.

—¿A qué quiere llegar doctora? —cuestiona mi superior y yo solo puedo alzar el mentón sosteniendo su mirada.

—Quiero que se haga una junta con el consejo nacional e internacional del área de cirugía y expongan mi caso, que se compensen los años laborales con el trabajo realizado. —aclaro.

Lo que quiero y tendré.

—No podemos...

—Si se puede. —interviene Matías, por primera vez—. Es uno de los derechos que se tiene a la hora de obtener la licencia.

Los hombres mayores parte del concejo lo discuten y al final asienten.

Un peso menos está sobre mí, porque lo que menos quiero es estancarme.

—Pueden retirarse. —nos indican.

Salgo despidiéndome de los que se lo merecen. No volteo, pero siento la presencia de Matías en mi espalda.

Voy directo a su consultorio y tiro los papeles que nos dieron a la basura mientras maldigo a Rubén.

—Tranquila. —cierra la puerta al entrar.

—¿¡Los escuchaste!? —asiente—. Esto es por Rubén, tiene contactos y estoy segura de que lo hizo para perjudicarme.

Camino de un lado a otro tratando de pensar con claridad.

—Tienes que hablar de lo que pasó con él. —niego.

—¡Nunca! —aseguro—. Ya lo hice una vez y eres consciente de que no me creyeron, y eso es que no les conté lo primero. Minimizaron lo que hizo Rubén, y sé que si lo digo ahora nuevamente no van a creerme.

¡Odio tanta maldita injusticia!

Me aliento en que ya lo superé y que ahora solo es un resentimiento lo que aún tengo. Necesito distraerme porque voy a enloquecer, porque así como cada vez, Rubén ha logrado ponerme de mal humor.

>> ¿Tienes planes para esta noche? —parpadea un par de veces

—¿Me estás invitando? —Me encojo de hombros—. Pues no, no tengo y si tuviera cancelaría. —asegura eufórico.

—Iremos a Catrinas. —Se levanta de golpe viéndome con una cara de horror.

—No, no, no y no. —niega—. La última vez que bebiste casi nos llevan presos porque me retaste a hacer un exhibicionismo. —Tengo vagos recuerdos de ese día.

—En realidad la última vez que bebí fue en Rusia. —revelo—. Y Oleg supuso que hice un trío con su sobrino y Sara.

Su rostro se desencaja al terminar de hablar.

—¿Sara? —pregunta atónico—. Espera, ¡Hiciste un trío sin mí! —se indigna.

—Jamás haría un trío contigo.

—Eres la peor amiga.

—Superalo.

Rueda los ojos riendo.

—Hablando de tu Ruso. —Se vuelve a sentar—. Hace unos días hablé con él para agradecer que no me dejara a mi suerte en el accidente. —Reviso mi móvil.

Yo: Me encanta lo que veo, la próxima sesión la hago yo.

Respondo ante la foto de Oleg haciendo ejercicio.

—Cualquiera lo hubiera hecho. —Le resto importancia.

—Eres demasiado buena par...

—Irás conmigo, ¿Si o No? —Me canso de la palabrería.

—Iré porque te tengo que cuidar, no porque quiera ir. —Se justifica.

—Puedo ir sola.

Me levanto para ir con mis internos.

—Bah, quiero ahogar mis penas en alcohol y tú necesitas ahogar tu frustración.

—Entonces no te quejes.

Salgo de la habitación continuando con la rutina, que con el pasar de las horas se hace interesante con los casos que me ponen en que pensar, olvidándome del exterior.

***

El ambiente de Catrinas siempre es movido y este día no es la excepción.

—Ya no bebas mujer. —Me regaña Matías.

—Estoy matando mis riñones, deja que lo haga a gusto. —Solo he tomado tres smirnoff, pero 21 grados de alcohol es demasiado para mí.

Observo como Matías se retira y unos minutos después regresa.

—Aless tengo que irme, me llamaron del hospital. —informa preocupado.

Miro a mi alrededor la música y las luces de colores me están mareando.

—Ve, llamaré un taxi para que puedas llevarte mi auto. —señalo—. Llévalo, si no llegaras tarde. —ve las llaves que le tiendo, lo duda, pero al final las toma.

—Llamaré a alguien que venga por ti. —Se levanta, pero antes de irse se da la vuelta—. No te muevas de aquí que Benjamín te vigilara.

—Deja que Benjamín haga su trabajo y no le dejes responsabilidades absurdas.

—No hagas estupideces que te cuesten tu carrera. —asiento para que se vaya de una vez.

Sé a lo que se refiere y no pienso hacer escándalos.

Decidí emborracharme porque los recuerdos con Rubén se hicieron presentes y me abrumaron.

Sigo bebiendo con la seguridad de que Matías no me dejará a mi suerte. El tiempo pasa y Zule no viene, estoy a nada de pararme cuando una sombra grande se posa frente a mí.

Todos los colores suben a mi rostro y el vómito verbal que quiero decir queda atascado. Los últimos mensajes vienen a mi mente y tenerlo de frente me ponen cachonda.

—Oleg. —Lo saludo con una sonrisa coqueta.

Calma, Alessia.

Lo invito a sentarse, lo hace, pero no me habla, se dedica a escanear mi apariencia y no sé por qué me molesta.

—No deberías beber tanto. —comenta.

—Hay muchas cosas que no debería hacer y aun así las hago. —replico. No dice nada analizando mis movimientos—. ¿Qué hace aquí?

—Tu amigo me dijo que estabas en problemas y me envió a esta dirección.

Quisiera que su rostro me mostrara algo, pero no hay nada.

—Matías exagera. —Ruedo los ojos terminando mi cerveza—. Lamento que lo haya hecho venir por nada.

Me ignora mientras pide vodka para él y ante su mala cara pido una nueva cerveza para mí.

El tiempo sigue pasando entre conversaciones triviales, hasta que el alcohol me gana y empiezo a coquetear sin descaro, pero al no conseguirlo me estreso.

¿Cómo es que no capta las señales?

—Ya le dije que puede irse. —Insisto al no obtener lo que quiero—. Llamaré a un Uber, no se preocupe que mientras viene, nadie intentará propasarse como en años pasados.

—¿¡Qué!? —Se altera.

¿Lo dije o lo pensé?

Lo dijiste, estúpida.

Maldita lengua floja.

—¿Qué? —Finjo demencia.

—Nos vamos. —demanda y se levanta de golpe.

—No me quiero ir. —protesto.

No de este modo.

—La llevaré a su casa. —Llama al mesero.

Su porte es exquisito y esos vaqueros realzan lo que quiero. La cabeza empieza a darme vueltas por tanto alcohol.

—No puedo llegar a mi casa. —Miento.

Tal vez si quiero irme con él.

—¿Por qué no? —Me mira confundido e irritado.

¡Yo quiero follar! Benjamín, el mesero se acerca, me ve de reojo y luego se va cuando Oleg ha cancelado.

—Está mi hermano y me dijo que no lo molestara.

—Tienes que darme el nombre de un lugar seguro en donde pueda dejarte.

—Me duele la cabeza. —Me bebí muy rápido lo último.

Dice algunas palabras, pero ya no lo puedo escuchar.

***

Maldito ruido ¿No piensan apagarlo? Me remuevo, pero siento un brazo que me lo impide, abro los ojos y veo al Ruso que me tiene envuelta en sus brazos.

Que hermosa vista.

Quito las sábanas de mi cuerpo y me decepciono al ver que sigo con la ropa de ayer.

No follamos.

Me bajo de la cama analizando a mi alrededor y algo hace clic, porque Oleg tenía el brazo sobre mí, y en ningún momento lo odie.

Sacudo la cabeza no queriendo dañar mi día con este tipo de pensamientos, mejor me concentro en la bestia y no me imagino su incomodidad al dormir con vaqueros aunque ya abiertos, solo se quitó los zapatos y la camisa. Tomó mi celular de la mesa y estoy tentada a tomarle una foto.

—Mierda. —maldigo exaltada al ver la hora.

Voy a llegar tarde.

—Te irás otra vez sin avisar. —Me detengo al escuchar al Ruso, está sentado dándome una vista exquisita de su torso desnudo.

¿Qué no estaba dormido?

—Hoy tengo que dar consulta. —Me comporto como si lo más normal es despertar en la cama de un hombre comprometido.

—Quiero aclarar las cosas, Alessia. —bufo.

Este es el momento que quería evitar.

Me molesta que reprima y niegue sus deseos, porque es más que obvio que los tiene.

—No tienes que decir nada. —Empiezo—. Ya te arrepentiste de todo lo que hemos conversado. —Me enojo.

>>Al ver las cosas sobre la mesa te volviste a hacer el digno, para arrodillarte al llegar a Rusia pidiendo perdón por tus deseos insanos. —ruedo los ojos.

Estoy molesta y no me cohíbo en mostrarlo.

—¿Terminaste? —lo veo mal. —Quiero aclarar que entre nosotros no paso nada. Estabas demasiado ebria. —Me enderezo.

No sé como sentirme al respecto cuando me está dando una explicación innecesaria y evidente.

>>No sabía a donde llevarte y tampoco sabía a quién llamar. —asiento. —Te traje a mi apartamento. —explica—. No quiero que confundas las cosas, no me va la somnofilia, no sin un consentimiento previo. —Su rostro parece cansado.

No sin un consentimiento previo.

Anotado para una conversación a futuro.

Pensar en Oleg es pensar en lo prohibido e incorrecto y a diferencia de él, yo no me cohíbo con mis deseos.

Y no me importa dar el primer paso.

—Quiero proponerte un trato. Será un acuerdo mutuo que podremos romper en cualquier momento. —recalco—. Si me dices que no, lo aceptaré y haremos como si está conversación no hubiera pasado.

Espera paciente mi propuesta.

>> Pero si aceptas...

—Al punto. —se enoja provocándome una sonrisa.

—¿Quieres ser mi amante?


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