Capítulo 54
Lovely - Billie Eilish, Khalid. One hour.
Quiero ver esos comentarios explotando mi bandeja ♥ Los amo y sé que no es mucho pedir por lo que se viene... quien sabe, puedo adelantarlo si veo su entusiasmo.

Estrello el móvil contra el pavimento ante la noticia. Subo a mi auto maldiciendo a los desgraciados de la organización hasta el cansancio.
¡Hoy si los mato!
En tiempo récord llego a la base, pero lo único que encuentro es el disturbio provocado por el accidente de la doctora.
—¿En dónde está? —ladro.
Jiku deja de golpear al agente para encararme. Ella al igual que Bastián se han encargado de golpear a los hijos de puta que la lanzaron al agua.
Destrúyanlos por mí, pero sobre todo por ella.
—Se la llevo Iryna, están en su alcoba...
Me doy la vuelta con la mandíbula tensa y las palabras en la boca. Mis hombres tienen las órdenes de llevar a esos agentes a uno de los cuartos de torturas, porque nadie puede obligarla a hacer lo que no quiere sin tener consecuencias.
Llego a la alcoba en donde me detengo de golpe al ver el cuerpo desnudo de Alessia, tiene tonalidades rojas en la espalda que delatan el golpe contra el agua. Iryna también está empapada de agua mientas le coloca una bata y me da una mirada que hace que mi sangre hierva de enojo.
Me la volvieron a dañar.
Cuando Alessia se percata de mi presencia, aparta la mirada y traga grueso. Arrugo las cejas ante el gesto.
—Oleg, ella necesita descansar...
—Retírate. —demando, me necesita a mí y no pienso moverme de su lado.
Iryna pasa a mi costado hecha una furia.
Me acerco a la cama y cuando la doctora sigue sin dirigirme la mirada me planto frente a ella y me arrodillo para levantar su mentón.
Su respiración se vuelve pesada mientras los ojos le brillan con intensidad. Calma Sumasshedshiy. Con mis pulgares acaricio sus mejillas frías, mi toque la inquieta cuando lo que trato es tranquilizarla, sin embargo, el temblor en sus labios me indica de que hay algo más.
—¿Cómo te sientes? —cierra los ojos nerviosa.
Por unos segundos se queda callada tratando de regular su respiración, pero es imposible. Continúo acariciando sus mejillas detallando cada ángulo de su cara.
Está inquieta.
—Agotada, furiosa, humillada. —se estremece—. Fue demasiado intenso, ya estaba abrumada, así que no pude detenerlos y...
—¿Qué te tenía abrumada? —se tensa y otra vez aparta la mirada.
Hace puños sin saber como continuar. Mis manos quedan extendidas y nuevamente la tomo del mentón con más fuerza sin llegar a lastimarla.
>>Alessia, dime que sucedió.
—No puedo.
—¿Por qué?
—Estoy... confundida. —muerde su labio, señal de nerviosismo—. Debo pensar aunque la decisión ya está tomada.
No la presiono.
La tomo de sus piernas y espalda para después salir de la alcoba y dirigirme a la nuestra.
—Ellos no debieron obligarte a...
—No quiero hablar de esto, estoy cansada Oleg. —susurra—. Estoy llena de odio, rencor y cegada de una maldita venganza que cada día me consume.
Sujeta mi camisa con demasiada fuerza haciendo que sus nudillos se tornen blancos, la ira apareciendo en cada palabra que sale de sus labios.
No dejo de caminar mientras la detallo.
>>No quiero agregar más a la lista de las personas que quiero matar, por que si no, no podré ser feliz.
—No tienes que agregarlos a la tuya, porque ya están fichados en la mía.
Me siento en nuestra cama con ella de lado sobre mis piernas.
—No me refiero a esos imbéciles, sino a los demás. —cierra los ojos haciendo que su ceño se frunza—. Quiero acabar con mis cazadores.
No cambio mi expresión tratando de averiguar de donde vienen sus palabras justo ahora.
—¿Qué necesitas exactamente? ¿Qué tienes en mente? Pídeme lo que quieras Sumasshedshiy, yo te lo daré —sus facciones se tornan furiosa.
—Quiero ser feliz Oleg, ¡Quiero ser malditamente feliz! —se altera y tengo que sujetarla con más fuerza para retenerla—. Me merezco ser feliz...
—Lo serás. —prometo.
—¡Mientes! Me dices que me darás lo que pido, pero no has sido capaz de matar a Mariana y tu hermano me sigue jodiendo. —se enoja—. Te dije que tenía a Rubén, pero eres tan egoísta que te deshiciste de él sin...
—¡Cálmate! —exijo.
Se ha alterado como hace mucho no la veía y eso implica que algo ha detonado su furia.
—Es que no lo entiendes, yo no puedo ser feliz si ellos siguen respirando. —la repaso—. Nunca dejarán de atormentarme, lo sabes y sigues sin hacer una mierda.
Patalea me da manotazos hasta que la suelto para evitar lastimarla, ella se levanta con la respiración agitada y los labios temblorosos.
Empieza a caminar de un lado a otro murmurando cosas que no so capaz de escuchar cuando las dice entre dientes.
—Te los daré, a todos. —aseguro.
—¡Los quiero ya! No puedo pasar un segundo más sabiendo que ellos pueden volver a atacarme y... —se detiene.
Su rostro se convierte en una tragedia como si no terminara de procesar sus propios pensamientos.
>>No podría con otra perdida sobre mi espalda. —confiesa—. Han dañado a muchos por mi culpa, ya sea por tenerme o por obligarme a hacer cosas. Dan igual los motivos, al final sé que todo es por mí, y... no podría con otra perdida en mi consciencia.
—No habrá más.
Deja de caminar por la alcoba mientras su cuerpo se tensa. Vuelve a perderse en sus pensamientos por otros largos minutos en los que su expresión son un total caos. Me canso de esto por lo que decido acortar el espacio.
Sus facciones se han endurecido y lo que veo me gusta porque es lo que más me atrajo de ella en primer lugar, pero si no sé los motivos no lo quiero.
—Vístete, hay algo que debo mostrarte. —niega volviendo a prestarme atención—. No lo voy a repetir Alessia.
—¡Vez a lo que me refiero! —grita—. No puedes darme lo que quiero y si eso no se cumple yo no podré continuar en paz.
—¿Con qué? —la enfrento.
Sus cejas se fruncen mientras visualizo el debate que no la permite hablar.
—Con mi futuro. —aclara—. Mi hospital está en construcción y hasta el momento es una de mis mayores metas, de eso dependen muchas cosas. Además, hay planes que aún no te he comentado, pero si los desgraciados que están detrás de mí, siguen con vida, van a sabotearme.
—Vamos a detenerlos, déjamelo a mí.
—¿Cuánto tiempo Oleg? —se frustra—. No quiero esperar, no podría con la angustia. He llegado a mi límite.
—No necesitamos esperar más. —la beso sin permitirla responder.
No se encuentra bien y necesito traerla devuelta. Quiero opacar sus miedos y que entienda que está segura.
Apreso sus labios entre mis dientes antes de alejarme.
—Las cosas no están bien Oleg.
—¿Porqué? —me enojo.
—Por qué yo... —se detiene—. ¿Qué me dijiste que querías hacer?
Me quedo por unos segundos observándola. Hay algo que la está consumiendo y odio que no sea capaz de decírmelo y si no lo hace en los próximos días, voy a averiguarlo.
—Prepárate, debo mostrarte algo.
—¿Ya te he dicho que te detesto?
—Sí.
Vuelvo a adueñarme de sus labios para después ir a la ducha, cuando salgo la observo frente a su ropa. Me cambio frente a ella y al ver que pongo el camuflado ella hace lo mismo con el suyo.
Empieza a peinarse cuando me percato de que su bota no está bien sujeta y me arrodillo para hacer un buen nudo.
Al alzar la vista tengo el pendiente de su ombligo a mi alcance, su vientre se mueve con irregularidad cuando paso mi lengua sobre este. Levanto la vista a su rostro que se ha quedado con la boca abierta.
—¿Segura que estás bien? —me levanto.
Abro uno de los compartimientos de pared para empezar a sacar armas.
—Eh, sí. —carraspea—. Esto ya me está gustando ¿A dónde vamos? —se posa a mi lado y me ve de reojo antes de tomar distintos cuchillos que guarda en su camuflado negro.
—Tengo algo para ti. —se detiene.
—Un regalo.
—No.
—Me compraste algo, pero no es un regalo.
—No te compre nada.
—Amargado. —murmura.
Salimos de la base con ella haciendo preguntas que poco a poco me estresan. Si quiere olvidar sus penas va por un buen camino. Evito pasar por ciertas zonas hasta llegar al estacionamiento.
Me giro encarándola y la beso para que se calle porque con todo lo que ha pasado ya ha empezado mi migraña. Sujeto su cola en un puño para moverla a mi gusto.
—Guarda silencio, loca desquiciada. —susurro sobre sus labios.
—Grosero. —se queja indignada.
Se cruza de brazos y no puedo evitar rodar los ojos. No va a manipularme con estas cosas. La cargo en mi hombro hasta buscar el jeep en la que la subo.
Salimos de la base en silencio hasta llegar al lugar en el que se encuentra una parte de Vyshe.
—Yo no voy a ser el culpable de tu infelicidad Alessia y me ofende que creas que mis palabras son en vano. —comento para que le quede claro.
—No quise decir eso.
—Da igual, ven y observa lo que haré por ti. —me bajo para después abrir su puerta.
La tomo de la mano y juntos caminamos hasta llegar al almacén, el sitio está en penumbras en lo que las sombras dan un aspecto tenebroso, además el hedor no ayuda.
—Oleg...
Las luces se encienden y Alessia retrocede chocando con mi pecho al ver a Mariana y a Rubén golpeados, sucios y heridos colgados en las vigas.
Le hago una seña a Sebastián y él la baja hasta que sus pies están a pocos centímetros del suelo.
—Pogibel, ahora. —exijo.
Rebeca se apresura a traerme la marca.
—¿Qué has hecho? —la doctora se separa de mi cuerpo y se acerca a ellos examinándolos con detenimiento.
Ve por demasiado tiempo la cicatriz de Mariana, en ella utilice por primera vez a pogibel.
—Lo que se ganaron.
Recargo el material en mi mano hasta hacer que eche chispas por los miles de voltios que alberga.
—Es perfecto. —pasa los dedos por las serpientes y Mariana se retuerce.
No más que tú.
—Son todos suyos. —comenta Iván.
Él, al igual que los demás, están presentes porque también desean presenciarlo, pero por el rostro de la doctora, sé que no la harán.
—No quiero a nadie más que no sea el Superior. —Vyshe se tensa—. Los demás pueden retirarse.
Los agentes la ven atónicos por la orden. Asiento y uno por uno sale sin estar conforme, pero no protestan por su propio bien.
—Tu también ruso amante de las series mexicanas. —arrugo las cejas.
—¿¡Qué!? Como es que me viste. —Alek sale de atrás de las cajas—. Yo quería ver que tan pinche pendejos iban a ser esos cabrones rogando por...
—¡Fuera! —corre junto a los demás e internamente odio que Rustam no esté para que se lo lleve del sitio.
Cuando nos hemos quedado solos, Alessia se acerca al violador repasándolo con los dientes apretados.
—Él necesita ser marcado. —lo señala—. Merece ser parte de las personas que van a morir en mi nombre.
Tuerzo los labios en una sonrisa sabiendo que ya se dio cuenta de todas las muertes que ha habido por ella. Incluso Daniel Tobar murió en su nombre al no darle el ascenso y ser cómplice de RJ.
—Como debe ser. —señalo. Me poso a su lado viendo como rompe su camisa manchada.
Con una de las navajas corta el trapo de su boca. Su labio sangra y la sonrisa de la doctora es inmediata.
—¡No lo hagas Alessia! —grita—. Por nuestro hijo, no lo hagas...
La rabia me ciega y no lo dejo terminar cuando ya lo he marcado.
—¡Cállate! —sisea la doctora con odio.
—¡Ahhh! —chilla Rubén.
—Eres la peor rata que existe. —gruñe Alessia.
Presiono más el material haciendo que se retuerza y grite con desesperación.
—¡Detente por favor! —pide.
Puedo ver el odio, resentimiento y pánico en el rostro de la doctora. Siente mi mirada y se tensa antes de devolvérmela. Abre la boca, pero la cierra de inmediato.
—Oleg, yo no tengo...
—No necesito explicaciones.
Sé lo que sucedió en su momento y jamás juzgaré a Alessia por la decisión que tomó. Nunca lo haría.
Le hago dos marcas más al violador antes de dar un paso atrás para observar a la doctora. Ella tiene la mirada fija en las gotas de sangre que caen por el cuerpo.
—Alessia...
—¡Cierra la puta boca maldito, desgraciado! No sabes como te aborrezco. —la voz le tiembla—. Eres una abominación que merece ser eliminada.
Doy un paso al frente para seguir con lo mío, sin embargo, la mano de la doctora me detiene. Cuando la observo no es necesario que diga algo para saber lo que quiere.
>>No sabes lo díficil que fue soportar verte cada día. Aguantar tu presencia fue una maldita tortura. —reprocha—. ¡Nadie me creyó y al final tuve que fingir que nada sucedió para no estancar mi carrera!
Lo enfrenta y el abusador no hace más que llorar, por las marcas y lo que le dice la doctora.
—Perdona...
—¡Cállate! Tú no sabes el infierno que yo viví al verte sin poder hacer nada para destruirte como tú me destruiste a mí. ¡Me quebraste maldito bastardo! —suelta y cada palabra está llena de dolor—. No fueron días, ni meses, ¡Fueron años Rubén! Años que sufrí por tu maldita culpa.
Saca otra navaja y la entierra en su pierna.
—¡NO MÁS! —lloriquea.
—Años en los que odie mi cuerpo, años en los que no pude verme en el espejo sin sentir asco. —los ojos le brillan con las lágrimas que contiene—. Y no te imaginas cuantas veces estuve a punto de derrumbarme cuando te veía y los recuerdos me atormentaban.
La otra navaja la dirige a su brazo derecho desgarrándolo por completo. Junto a él la sangre que recorre su cuerpo con los gritos que inundan el almacén.
>>La ansiedad, el TEPT no me dejaban ¡Y todo por tú culpa! Tú seguiste con tu vida, pero yo solo sobrevivia en la mía dentro de un entorno que me recordaba lo mierda que me hiciste.
—¡POR FAVOR!
—¡Eso te dije yo! Te rogué que pararas, que no continuaras, pero no me escuchaste. —grita y se limpia las lágrimas con odio—. No escuchaste mis súplicas y ahora soy yo quien no escuchara las tuyas, por qué un animal como tú, no merece vivir.
—Alessia...
—Suéltalo. —me pide y así lo hago.
Rubén cae de rodillas gritando cuando sus heridas crecen. Se retuerce hasta quedar boca arriba y mientras él sufre la doctora prepara su arma mortal.
Esto iba a hacerlo yo, esa fue mi idea desde siempre, pero si con hacerlo ella se libera no voy a detenerla.
—Un solo tiro no será suficiente para que sientas lo que yo sentí. —dispara—. Nada va a reparar el daño que me hiciste, y sé que esto no será nada en comparación con mi dolor.
—¡Ahhh! ¡No por favor! —grita—. ¡ME QUEMA!
Se retuerce en el suelo mientras sus venas se tornan amarillas. Eso me recuerda cuando la víbora mordió a Alessia, sucedió lo mismo por las estupideces de la mujer que mira la escena con pavor.
Mariana está vendada de la boca, pero en su expresión puedo ver el pánico porque sabe que llevan el mismo camino.
—Tus últimos momentos en agonía jamás van a devolverme mis días tirada en algún rincón cuando los ataques me doblegaban, pero al menos me daré el gusto de verte como la rata que siempre has sido.
—¡Detente! ¡Por favor detente! Esto me está quemando, ¡Duelee! —continúa con los gritos que no me dan pena.
Por tocar a quien no debía.
—¡Yo también rogué que te detuvieras! Pero disfrutaste de mis lágrimas cuando me violaste, te elevo el ego saber que fuiste el primero, porque te excitaba mi dolor y dejarme desgarrada con varios huesos rotos, no te importo.
Deja que el veneno lo queme.
>>¡Me mataste Rubén!, y ese dolor jamás va a desaparecer, he aprendido a vivir con él, pero jamás lo olvidare. —se traga el dolor volviendo a limpiar sus lagrimas—. Cada minuto que fui sometida será cobrado con creces.
—¡PERDONAME!
—Nunca podría hacerlo, y sinceramente no me importa que eso me consuma y puede que me esté dañando. —Murmura la doctora—.¡Y por dañarme ahora, también te mataré! Por qué yo necesito estar en paz, tranquila y por ratas como tú, los próximos días serán un infierno.
El resentimiento en su mirada me provoca un escozor en mi pecho y desearía ser yo quien acabe con ese malnacido, porque ha dañado tanto a mi mujer que no soporto la idea de solo ser un espectador.
>>Yo no quiero un maldito infierno, ¡Yo quiero paz y felicidad! He pasado por tanto, que merezco mi puto momento. —me ve de reojo antes de continuar.
Prepara el antídoto y se lo inyecta para que el veneno ya no siga consumiendo su cuerpo. Las convulsiones siguen y ella lo gira para que no se ahogue con su propio vómito.
Por mi parte me quedo observando cada movimiento, pero hago mala cara al ver que se ha orinado.
>>Mira que desastre el que has hecho. Rata es corto para la mierda que eres.
Me da la espalda yendo por una espada, no es muy pesada, pero eso me recuerda que Yuri me dijo que cuando se dio cuenta de que ella es buena con armas blancas decidió incluir espadas y catanas. Eso explica que la sepa manejar con facilidad.
—Piedad, pido piedad por mi hijo...
—¡He dicho que te calles! —grita la doctora dándole una patada que lo deja sin aire.
No lo deja recomponerse cuando ya le ha abierto la pierna que no tenía navaja.
—¡Ahhh! Para, por favor... no hablo del que mataste sino del que me espera en casa. —susurra en medio de su llanto—. Joshua... mi hijo.
Alessia, que dirigía la espada al costado del pecho, se detiene ante las palabras.
—¿Qué dijiste? —su expresión se vuelve ilegible y eso me preocupa porque a estas alturas un niño no debe detenerla.
En estos casos los hijos solo sirven para ser carnada y si Alessia no sabía de él es porque el violador lo sabía y necesitaba protegerlo.
Lástima, porque no tuvo lo que se requiere para hacerlo como se debe, las crías se protegen desde antes de nacer y en ningún momento se exponen por su bienestar y tranquilidad de los padres.
Su error es mencionar su descendencia en medio de su agonía, porque si a Alessia se le ocurre puede cazarlo, aunque no creo que sean sus planes.
—Por mi hijo... tiene cinco años, los mismos que tendría... ¡AHHH!
La doctora no lo deja terminar de hablar cuando ya ha cortado su muñeca.
—¡No lo metas en esto! Ten los huevos de cargar con las consecuencias de tus actos y reza para que esa criatura no sea ni un poco parecido a ti, porque, sino, me encargaré de que sean los míos los que lo destruyan. —suelta.
Sus labios vuelven a temblar con la rabia contenida.
>>Me encargare de limpiar el mundo de ratas como tú, lo juro. —alza el mentón.
Rubén sigue gritando mientras se desangra, pero ella se encarga de que no deje de verla.
Sigue haciendo heridas superficiales, pero dolorosas para que no deje de sufrir. Le echa alcohol, quemando aún más su cuerpo. Por un segundo tengo que retirarme cuando Caleb me llama.
—¿Qué?
—Tenemos problema. —su rostro rojo por el frío me indica de que quiere entrar.
Veo detrás de él y están todas las personas que saco la loca. Con sus abrigos bien cubiertos. Podrían subir a los autos, pero su lado masoquista y chismoso se los impide al querer escuchar.
Porque desde afuera puede escucharse todo lo que hace Alessia, no es que la víctima sea silenciosa.
Bajo el rostro viendo la tablet que me muestra. Arrugo las cejas y mis músculos se contraen ante la imagen de Dmitry muy tranquilo con Carla Carvajal.
—¿Qué hay de los escoltas? ¿¡Porque demonios no lo detuvieron y permitieron ese encuentro!?
—Ahí está el problema. —rasca su nuca—. Al parecer la hermana de la doctora iba a encontrarse con alguien, pero el agente Tyler la descubrió y fue él al encuentro, hasta el momento no tenemos más información de él, pero al parecer ese fue el momento que encontró el señor Bogdánov para acercarse...
Deja de hablar cuando se da cuenta de su error. Carraspea incómodo y continúa relatándome como están las cosas en México. Un motivo más para no regresar por el momento.
Grecia seguirá siendo nuestro destino.
—¿Cómo van con los documentos que se robaron? Ya los descifraron.
—Para esta tarde estarán, te lo aseguro. —responde antes de dar dos pasos atrás.
—Bien.
Regreso al lugar viendo la satisfacción en el rostro de la doctora. Me fijo en el cuerpo que yace en el suelo con media anatomía abierta sobre su propio lago de sangre, sin embargo, Alessia se ha encargado de mantenerlo con vida.
Me ve de reojo y me indica que me acerque. Ella se encuentra manchada de sangre hasta del cabello.
—¿Qué sucede...? —No me deja terminar cuando ya me ha tomado de la camisa para jalarme.
Sonrío aceptando muy gustoso su petición, me inclino mientras la doctora se pone de puntillas y esta vez es ella quien se apodera de mis labios, permito que lleve el ritmo al estar encantado con el salvajismo de sus labios
Sube sus manos hasta colarse entre mi cabello y lo jala ligeramente. No puedo evitar gemir cuando muerde fuertemente mi labio inferior. El sabor metálico de mi sangre no tarda en ser partícipe de nuestro beso, pero eso no nos detiene por qué a estas alturas eso es lo menos que nos importa.
El choque de nuestros labios junto a los gemidos y lamentos de Rubén son perfectos para la escena erótica que tiene llorando a Mariana.
Pasan varios minutos en los que solo nos separamos por unos instantes para volver a devorar la boca del otro como tanto necesitamos.
Sin embargo, debemos acabar con lo pendiente.
—Gracias. —susurra al separarse unos milímetros de mis labios—. No sabes el peso que me quitas con esto.
Paso mi pulgar sobre su mejilla.
—Todo por ti Alessia Carvajal. —sonríe y sin separar su cuerpo del mío gira el rostro dejándolo pegado contra mi pecho para ver el cuerpo moribundo del violador.
—Espere demasiado este momento. —el tono bajo no oculta su tranquilidad.
—Así como él, también cada uno de los que te han dañado caerán. —asiente creyendo ciegamente en mis palabras.
—No solo mis enemigos, también necesitamos acabar con los tuyos. —me recuerda.
Acaricio su espalda sin dejar de ver como la sangre sale del cuerpo, y los alaridos cada vez son más débiles.
—Sabes quienes serán los primeros.
—Supuse que ya teníamos claro que así como a ti te importa acabar con los que me han dañado, también a mí me importa destruir a quienes te han puesto un dedo encima. —aprieto la mandíbula—. Ahora más que nunca.
—Sumasshedshiy...
—No me contradigas.
Se aleja de mí y toma un arma que sé que no puede usar muy bien, me jala con ella y nos paramos frente al cuerpo que vuelve a pedir piedad.
Lleva mis manos junto a las suyas sobre el arma, apuntándolo sin remordimiento.
—Al corazón, mi Bestia. —pide.
Muevo unos centímetros el arma y jalo en gatillo justo en su entrepierna. Alessia gira el rostro viéndome sobre su hombro con una sonrisa siniestra que deseo conservar para siempre.
Ya acabado lo que quería, está vez si apunto a su corazón y dejo que sea ella quien jale el gatillo. Dejo que lo vea por unos minutos más mientras piensa en todo lo que le hizo.
No lo duda cuando jala el gatillo que le quita la vida a Rubén Urbina, el autor principal de la tragedia que daño tanto a Alessia hace casi seis años. Hoy deja de vivir el último violador de Alessia que quedaba vivo.
—¿Es suficiente por hoy? —inquiero después de unos minutos de estar detrás de la doctora mientras observamos el cadáver.
—No
Se separa de mí para dirigirse a Mariana que se retuerce haciendo que las cadenas tintineen.
La doctora vuelve a cortar el trapo que la mantenía en silencio
—Mi amor, suéltame por favor no quiero esto te los suplico. Prometiste que me sacarías y nos iríamos juntos dejando a la maldita doctora—la mirada de Alessia se dirige a mí con posesividad.
—No le hagas caso, los meses en cautiverio la tienen mal. —le resto importancia provocando que ruede los ojos.
—¡Mi amor! —grita Mariana.
—No le vuelvas a decir de esa manera. —advierte—. Víbora ponzoñosa...
Mariana le escupe y el golpe de Alessia no se hace esperar.
—No estás en posición de ser estúpida, ubícate, ridícula. —saca una navaja.
—Oleg, mi amor no permitas que...
—Sí, es estúpida. —comenta Iván posándose a mi lado.
Alessia se voltea y es suficiente para que él de un paso atrás, está vez Alessia no los corre.
Los golpes no paran y los quejidos de Mariana son una melodía digna de la sonrisa de la doctora. Sus nudillos están rojos y el rostro de la otra empieza a desfigurarse.
—¡Suéltenla! —ordena.
Caleb acata la orden desatando a Mariana, ella se retuerce y con enojo se levanta yendo directamente a ella.
—¡Te odio! —se pone en posición de ataque dando el primer golpe que Alessia bloquea.
—Tantos años en OFR y ni siquiera tienes una buena técnica. —se burla.
Mariana insiste con los golpes que nunca la tocan.
—¡Maldita! Me quitaste a mi hombre, te...
—¡Esto no es por Oleg ridícula! —grita—. Esto es por permitir que me violaran. —su respiración se agita—. Pudiste evitarlo, pudiste hablar, pero en su lugar te burlaste de mí.
Mariana se le lanza cegada por la rabia. La doctora le lanza una patada al pecho que la bota.
>>Me dejaste diciendo que disfrutara para que las cosas no se confundieran.
Los gritos y maldiciones no paran mientras me deleito con la escena que me tiene con una sonrisa que borro cuando Caleb a mi lado me mira atónico.
Mariana no se puede poner de pie y me imagino que hará lo mismo de hace un rato, pero la doctora tiene otros planes.
—La quiero en México. —demanda.
—¿Motivo?
—No soy yo quien va a jalar el gatillo. —asiento entendiendo su punto—. Hay una persona en México a quien Mariana le ha hecho demasiado daño, y será él quien acabe con ella. Además, la quiero de carnada.
—A Young Min no le interesa lo suficiente, así que ni siquiera lo pienses. —comenta Sasha.
Alessia ve a la griega que se mantiene tranquila, recostada en la pared.
—Min finge que no le importa, pero no me refiero a ella, sino a su cómplice.
Giro mi rostro para verla con detenimiento sin saber a qué se refiere.
—¿Disculpa? —la encaro, molesto porque no me lo haya dicho.
Sonríe poniendo mi humor de perros.
Una más no te la tolero, Sumasshedshiy.
—Una integrante de Vyshe es cómplice de Min, fue ella quien le dijo de nuestros encuentros y fue la misma. —dice el nombre y el jadeo no se hace de esperar.
Vyshe se queda con la boca abierta sin terminar de creer que su compañera sea una impostora y no es algo que me sorprenda, porque si el líder de la extinta organización pertenece a OFR, esto se veía venir.
Sin embargo, esto hará que a cada uno les haga una prueba de lealtad y solo espero que cuando Rustam vuelva me explique por qué partió, porque nuestra amistad quedara en el olvido si descubro que me está fallando.
Alessia continúa dándonos detalles de lo que ha descubierto hasta que llega el momento de partir.
—No te preocupes por ella. —señala Rebeca—. Me encargaré que viaje en el próximo cargamento.
La última palabra hace que Alessia me mire de reojo, pero no estoy de humor para explicarle que su hermana puede estar en peligro si continúa rodeándose de Dmitry.
A estas alturas no sé quién me ha dado más problemas con todas las estupideces que se les ocurre. Debe ser algo hereditario.
***
Nos dirigimos a la base en un silencio relajante que tiene a la doctora viendo por la ventana. La sonrisa en sus labios me satisface porque significa que se siente bien por lo que hizo y esa es la idea.
Llegamos a la alcoba y nos metemos al baño para deshacernos de la sangre, empiezo a tocarla como nos gusta hacer que se corra sobre mis dedos, pero cuando llevo mi pene a su entrada se pone tensa y baja la pierna de mi cintura.
—¿Sucede algo? Te he lastimado. —soy directo.
El nerviosismo y la tensión se vuelve a apoderar de su cuerpo.
—No, pero Iryna me está esperando...
—Puede esperar más. —la jalo para volver a besarla, pero me evade y no necesito más para tomar una toalla y salir del baño.
—¡Oleg! —ignoro su llamado.
Me visto con precisión sintiendo su presencia a mi espalda.
—No es lo que estás pensado.
—Creí que no habría más mentiras, pero una vez más estás fallando.
—No me has lastimado. —asegura.
—No hablo con locas mentirosas.
Salgo de la alcoba con ella llamándome, pero no puedo dejar de maldecirme y tratar de recordar en que falle, ¿Cuál fue la señal que no vi?
Mi placer no puede estar sobre el de ella y si la lastime significa que no tengo el control que se necesita para llevar a flote nuestra relación.
Sigo caminando sin dejar de pensar hasta que me devuelvo al cuarto de inteligencia.
***
La doctora se encuentra pálida escondiendo documentos que Sasha trata de quitarle.
—¿Qué se supone que están haciendo?
Todos se detienen sin dejar de verme con espanto.
—Superior... lo estábamos esperando, pero la doctora se adelantó.
Observo los documentos que guarda con tanto esmero.
—Ajá ¿Y?
—Leyó los documentos que se robaron de Pedro Marín. —me tenso.
Esos documentos pueden almacenar demasiada información y no estoy seguro de querer compartirlos con ella.
—Quiero el caso. —se dirige a mí como si no tuviéramos otros asuntos pendientes.
—Disculpa. —me cruzo de brazos— Eso no se va a poder y me gustaría que me entregaras lo que no te pertenece. —niega.
—Todo esto es porque quieres a Pedro. —trata de justificarse—. Tanto a ti como a mí nos interesa, aunque quizá más a ti. —alzo el mentón. Eso significa que leyó lo de Ágata—. Bien, pues quiero ser yo quien te lo entregue. Dame las herramientas y seré yo quien lo ponga a tus pies.
Lo dudo mientras observo que Sasha trata de aniquilarla con la mirada, es más que evidente de que nadie está conforme con la petición de la doctora.
—¿Porqué debería hacerlo?
—Porque... —guarda silencio—. Necesito tomar más responsabilidad y nadie me tomará en serio si solo soy un florero que camina bajo la manga del Superior y Vyshe.
Analizo sus facciones percatándome de que no me dice la verdad.
Es más que evidente de que lo que piensen de ella es lo menos que le importa y algo está tramando, pero sé que si me niego no dejará de joder y contiendas con la loca, no quiero.
—Bien. —acepto—. ¿Qué es lo primero que harás? —Ignoro a Vyshe que no entiende por qué he cedido.
Bueno, soy yo quien duerme con ella y rabietas tampoco quiero, son suficientes problemas los que tenemos por resolver como para agregar más.
Alessia ve a su alrededor pensativa, confirmándome que algo de peso es lo que trama.
—Me gustaría trabajar de la mano con un agente, si la otra parte está de acuerdo.
Veo detrás de su hombro observando a los que están en la sala. Es Vyshe, incluyendo a la traidora y otros agentes de mi entera confianza.
—¿Quién?
—A la agente Jiku.
Giro el rostro a mi amiga que alza el rostro dejando caer la mano de Caleb.
—¿Yo? —se señala.
—¿Estás de acuerdo? —inquiere la doctora.
Jiku me mira a mí y luego a la doctora por dos veces seguidas sin creerlo. Yo tampoco sé el motivo, porque hasta donde recuerdo Alessia no soporta a Jiku, debido a que fue ella quien le entregó la USB que la llevo a las manos de Carsten.
—Sí. —chilla.
La doctora asiente y salen del lugar para ponerse al corriente. Me gustaría también estar ahí, pero debo respetar su decisión.
Por el momento, Sumasshedshiy.
Caleb tiene la mirada en el perfil de Alessia, la observa con agradecimiento y decido ponerme a trabajar antes de arrepentirme.
—¿Esto cambia los planes? —inquiere Iryna alejándonos de los demás sin que se vuelva sospechoso.
—No, nos iremos a Grecia y desde haya trabajará porque no voy a exponerla.
—¿De quién la proteges?
—De Dmitry. —acepto—. Si la está asechando es por algo y no me perdonaría que la lastimara.
—Oleg...
—Ni una palabra Iryna.
***
Me mantengo al margen mientras Iryna y Alessia terminan los detalles. Evito mencionarle que ya hay más de cien trabajadores limpiando y preparando el terreno, solo están esperando que Iryna mande los planos y un colega tomara el proyecto.
Necesito que ese hospital avance porque no le doy más de un año a esa construcción.
—Entonces eso sería todo. —comenta Iryna.
Alessia asiente dejando que la otra se retire, mantiene una sonrisa que se borra al quedarnos a solas.
La tensión vuelve a llenar el ambiente y ninguno habla hasta que ella se cansa y empieza a desnudarse.
—¿Qué demonios estás haciendo? No voy a follarte Alessia, no hasta que me digas que hice mal.
—Mírame bien Oleg. ¡Mírame! —exige.
El temblor en su tono me confunde y la veo sin entender a qué se refiere.
Su cuerpo es el mismo, piernas torneadas, pechos firmes, cintura definida, abdomen... arrugo las cejas al entender.
Su abdomen ahora tiene una pequeña cicatriz que hizo la bala de Alexander.
—Estás hermosa. —su mirada brilla con un atisbo de lágrimas—. No te preocupes por cosas insignificantes.
Su rostro se descompone ante mis últimas palabras.
—Insignificantes. —repite.
Su labio tiembla y no sé que es lo que le sucede. Me estreso cuando se mete a la cama sin dirigirme la palabra, por mi lado no dejo de observarla mientras trato de averiguar qué le sucede.
Deja de hacer esto Alessia.
Recuerdo que ella idolatra su cuerpo y es cuando caigo en cuenta de que las cicatrices son las culpables de su estado, se está odiando y no puedo tolerar de que algo como eso la estén mortificando.
Me acuesto a su lado bajo la sábana mientras la siento tensa, la acerco a mí sintiendo como su respiración se agita. Relájate. Llevo mi mano a su vientre dejándola al costado sobre la cicatriz.
—Lo sabes. —Murmura.
No respondo mientras poso mi cabeza entre el hueco de su cuello. Empieza a temblar hasta que me percato de que está llorando.
—¿Alessia...?
—Lo siento, fue mi culpa y nada de esto fue a propósito, pero lo amo. —arrugo las cejas mientras, me separo de su cuerpo sin quitar mi mano.
>>No fue planeado lo sé. —las lágrimas recorren sus mejillas y la confusión me invade sin saber a que diablos se refiere.
—¿Lo amas?
—Sí, y sé que está mal porque no es el mejor momento. Nunca hablamos de esto y no sé qué piensas al respecto. —mantiene los ojos cerrados con fuerza—. Lo quiero y si no es lo que tú quieres lo entenderé, te lo prometo.
Me alejo de la cama cuando entiendo sus palabras. Ante mi reacción, Alessia se sienta en el borde de la cama y al saber la conversación que tendremos le paso una bata.
—Alessia, ¿Estás...?
No termino la pregunta porque aún no lo asimilo, ahora todo tiene sentido. Los últimos días que la doctora ha pasado frente al espejo con la mirada perdida.
Ha estado alejada de mí, pero no le tome importancia, sin embargo, lo de hoy no fue igual.
—Oleg, creo que estoy embarazada.
Que verbalice lo que sé, me hace dar dos pasos atrás cuando empiezo a maquinar lo que eso significa.
Mi cría.
***
¡Spoiler!
—Alessia. —veo al hombre que me llama.
Mantiene su rostro sin ninguna expresión, pero se encuentra rojo conteniendo mejor que yo lo que quiera que este sintiendo.
***
Siempre subo spoilers así que si no me siguen los invito a hacerlo para que les caiga la notificación ♥
https://youtu.be/x1ZOFMEEezc
No me cansó de mostrar el Booktrailer ♥, por derechos de autor no lo pueden ver en wattpad, pero pueden ir a you tube. Vayan y luego regresan, estaré esperando sus comentarios.

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