Capítulo 52

¡Feliz año nuevo!

No olviden comentar ♥

Yo siempre he amado los hospitales, en verdad lo hago, de otra forma no sería una de las mejores doctoras en mi área.

Pero lo que estoy odiando es despertar en una maldita camilla, ser doctor está bien, pero ser el paciente es un asco.

Que quisieran envenenarme es de lo más patético que imaginé que harían en mi contra. Si van a matarme que sea una muerte digna.

Es lo menos que merezco.

Puedo estar en un enfrentamiento con armas blancas y mi arma letal, pero eso de detectar sustancias no es lo mío.

Puedo reconocer cualquier fármaco, pero una disuelta en mi bebida no. Después de ese lavado tendría que haber tomado un leve reposo, pero no es lo que hice.

Me he mantenido en movimiento en todo momento, incluso después del extraño desmayo luego de ver a Carsten Bogdánov.

—Puedes creer que has ganado al tener a mi hermano idiotizado, pero tú y yo sabemos que no haces nada que no sea a tu conveniencia.

Salgo de mi asombro y me acerco solo para darle una bofetada que me deja la mano roja y picando.

—¡No sabes una mierda!

No pude contenerme y lo enfrenté, pero lo que me hizo perder la cordura fue su confesión

—Sé tus secretos, sé tus deseos y sé tu pasado. Puedes mentirle a quien quieras, no a mí Carvajal y si tus acciones no te llevan a la tumba lo hará tu enfermedad.

***

Desde esta mañana que me pelee con Yuri por intentar invadir el sistema de seguridad de Oleg no lo he visto.

Me dejo con Rebeca y aunque la agente no me es desagradable tampoco la quiero de amiga y por eso desistí de sus servicios. No he parado de buscar a la Bestia desde que desperté en la camilla luego del lavado, sin embargo, no he podido dar con él.

Al menos sé que él si está descansando, nunca lo había pensado, pero sé que también necesita un descanso.

Odio ser parte de sus problemas.

¿Quieren ir a dar un paseo? le pregunto a mis perros.

Ellos se alegran y por eso los saco. Ya dije que necesitan más comida y espero obtenerla pronto.

En nuestro paseo por la base muchos se nos quedan viendo y amo esa atención. Encontramos nuevamente a Yuri quien me reprende por enfrentar a su padre y me dice un montón de cosas que no le presto atención.

—Me siento cansada Sensei, además ellos no deben verme estresada. —los señalo—. Mis emociones los afectan y deseo ser la mejor para ellos.

No protesta porque sabe que lo primero siempre serán mis perros.

Ultimadamente, todo ha sido un caos y prefiero mantenerme con Bolas y Pelos antes que cualquier cosa, Oleg en una ocasión trato de abordarme, pero por mis perros en ese momento no pude.

No lo tomo muy bien y mi actitud no ayudo porque no lo ha vuelto hacer, por eso soy yo quien lo busca ahora.

Mis pasos se detienen ante lo que veo.

—Vengan mis amores, miren quien está allá, ¡Es papi! —señalo a Oleg.

Se ponen inquietos al verlo y no me importa con quien diablos está hablando, primero tenemos que ser nosotros

—No creo que sea el mejor momento. —arrugo las cejas cuando Rustam se mete en mi camino.

—No digas estupideces, él canceló su salida, lo menos que podemos ofrecerle es compañía y nada mejor que ellos, así que hazte aún lado.

Qué fastidio esta gente.

Le quito las correas dejándolos ir, sin embargo, la sonrisa desaparece de mi rostro, y el enojo recorre por mis venas ante su frialdad.

Esto sí que no maldita Bestia.

Me voy con ellos lanzándole la peor mirada que espero que entienda.

Tocaste lo que no debías.

***

—No podemos extrañar a quien no nos merece, ¿Si me está entendiendo? —reprendo a mis perros—. Ya les hizo un desplante y no crean que voy a permitir otro.

Puedo permitir que me ignoré a mí, pero no a ellos.

Nadie se merece este maldito calvario, pero las cosas seguirán así si no las paramos.

¡Yo en verdad quiero pararlas!

—Si sabes que no te entienden., ¿Verdad? —se burla Yuri, acostado en mi cama.

—Tú qué sabes, ellos también sienten y ni loca voy a permitir que me les hagan el feo. —Rueda los ojos.

—¿Y qué piensas hacer?

—No pienso volver a salir, no los puedo estar dejando siempre encargados, son mi responsabilidad y mientras no encuentre a alguien formal que los cuide no puedo faltar.

—Eso sí que no, ya no estarás en este ciclo que me tiene como burro. —se levanta y hace una llamada—. Muévete, no vas a salvarte de tus obligaciones.

Al principio me niego, pero cuando llegan las tres agentes que los van a cuidar me quedo más tranquila, no sin antes decirle lo que tienen y no permitido.

***

—Dame un minuto. —pido jadeante.

Esto no es lo que me imaginé cuando Yuri me dijo que teníamos que continuar entrenando.

Me tiene sudada con el cuerpo molido haciendo un maldito circuito.

Ya hice pesas y ahora haré un estiramiento extraño, según me comentó es necesario este tipo de ejercicios para algunas misiones.

Yo no voy a trabajar en otra misión.

Pensé, pero me ahorré la posible discusión. Desde hace días que estoy en Rusia las estoy evitando.

Prevenir que lamentar.

No puedo guiarme por mis impulsos como cuando vine. Esa no es Alessia Carvajal.

—Tengo que hacer algo que no puede esperar, otra persona va a relevarme por unos minutos. —se retira mientras inicio los estiramientos.

—Sí, claro y la irresponsable soy yo. —me quejo.

Alzo mi pierna en cada nivel que es señalado, la puerta se abre e ignoro la fragancia que inunda el salón.

Hijo de puta.

Ahora que ni me hable, porque lo mandó a la chingada.

Bueno, no tanto así, pero me tiene muy enojada.

Continuo con lo mismo, pero a la quinta línea ya no puedo más, estiro mi pierna, pero no llego.

—Respira suave y relaja el cuerpo, estás demasiado tensa y tus músculos se contraen. —Sus secas palabras aumentan lo que ha dicho y cada parte de mí entra en tensión.

Sin embargo, hago lo que me pide, pero es imposible, estoy por bajar la pierna cuando lo siento atrás de mí

—Alza más la pierna—ordena tomando mi cintura.

—No puedo. —jadeo.

Se tensa, pero sigue dándome órdenes.

—Alessia, relaja los músculos y alza más la pierna. —su tono me enoja cuando sé que ya no llego.

—¡Soy flexible, no elástica, imbécil!

Bajo la pierna sintiendo mi cuerpo temblar. Su cercanía empeora todo y lo empujo cuando quiere ayudar a levantarme.

—Deja de estar a la defensiva, lo detesto. — se enoja.

—Bueno, pues claramente no soy yo quien ha estado evadiendo al otro. —me defiendo y camino a la banca a tomar agua.

Me sigue y se sienta a mi lado.

—He estado ocupado... con ciertas cosas. —sonrío sin gracia al captar la mentira.

—No me digas, mira qué casualidad estamos iguales, porque justo ahora yo también estoy muy ocupada, así que es mejor que te retires y me dejes con lo mío.

Me levanto y muerdo mi lengua cuando sujeta mi muñeca.

—Pero bien que te gustaba interrumpir los míos.

—¿Esto es un reclamo?

—Sí.—me suelto ante su descaro.

No dejo de verlo rememorando cada palabra y gritó.

Todo esto tiene un inicio y necesito arreglar las cosas para poder continuar.

—Que te levantes, bestia inservible, ¿Eres tú el sordo o qué?

—Cuida tus palabras.

Cierro los ojos y me siento a su lado.

—¿Qué quieres? Debo continuar con mi entrenamiento, y tú me quitas tiempo.

Por primera vez estamos hablando y no sé como abordar lo que pienso decirle.

—No quiero esto. —parpadeo confusa.

Al parecer no queremos lo mismo.

—¿Disculpa? —me indigno.

Su máscara fría no cambia, impidiendo que lo descubra.

—Me buscas, te ignoro, te busco, me ignoras. —frunce las cejas—. Tengo demasiadas cosas en que pensar y esta situación no ayuda.

Muerdo mi labio sopesando sus palabras.

Entonces ambos nos estamos cansados de este círculo vicioso que nos está dañando.

—Estamos luchando con mi orgullo, terquedad, pero tú no colaboras y odio que... —pone su dedo en mis labios.

—Ya no quiero escuchar más de esto, no quiero este tira y afloja Alessia. —Siento que mi tórax duele y mi respiración se detiene—. Sé lo que quiero y si me lo permites lo voy a tomar para nunca soltarlo.

—Yo tampoco me siento cómoda con la situación. —confieso—. También sé lo que quiero y ya te dije que no voy a fingir lo contrario.

Su mirada zafiro recorre mi rostro y espero que encuentre el significado correcto.

—¿Problema solucionado? 

—No seas ambicioso.

—Cual es el problema entonces, ya te dije que me he cansado de la situación y si tú tampoco la quieres no entiendo en donde radica la negativa.

Me quedo callada sin dejar de verlo.

—Ambos sabemos que nuestros problemas han sido por mi imprudencia, lo acepto. Cuando te viniste de Rusia seguias molesto por inventar mi secuestro. —acepto—. Pero esos problemas ya sabemos como se soluciona con una plática que no será ahora.

—Sí, porque no me interesa. —se enoja—. Ya te señale lo evidente y haya tú si te gusta estar lastimada.

—Exactamente por eso no hablaremos de ello ahora.

—¿Entonces? —inquiere molesto.

—Nuestros antiguos problemas no se comparan con lo que sucedió con mi llegada. —se tensa—. Dije muy claramente que confiaba en ti y toda la mierda que me dijeron no tuvo peso. Fueron palabras vacías

—Déjalo estar. —rueda los ojos—. Entiende que separados somos fuertes e imparables, pero juntos invencibles, por eso temen de nosotros.

Este es el momento, no debo dejar pasar la oportunidad porque lo conozco y una vez se haya tocado el tema lo dejara en el olvido y no debo pasar por alto nada.

—¿Eso significa que vamos a pasar la página? —me analiza expectante.

—Si es lo que quieres no veo el problema. —se encoge de hombros como si no importara—Ya te dije que eres tú la que le gusta complicarse la existencia.

Suspiro llenándome de valor.

—Si quiero, pero antes hay algo que tengo que decirte. —niega al conocerme—. Ponme atención porque solo lo diré una vez en la vida... Quiero disculparme por mi comportamiento.

Puedo sentir mi estómago, revolverse y su cara no ayuda.

—No es necesario que hagas esto.

—Lo es para mí. —más recuerdos me llegan y por mi propio bien me detengo—. Fui injusta, cruel y una maldita víbora. No debí reaccionar como lo hice, debía estar para ti, pero en su lugar te grite y dije cosas que no debía, lo siento...

—Reaccionaste según tus instintos, no debes dar explicaciones.

—Desde que llegué me has estado corriendo, ¿Qué pasa ahora? Vas a ver a Min y ya estás centrado.

—Me disculpo, no era mi intención tratarte mal, pero de igual manera es mejor que no compartamos habitación.

—No lo entiendes, no me estás escuchando, solo estás pensando en que es lo mejor para mí, no para ti. —me enojo—. Hacerme creer que lo que dije está bien, para que no me sienta como la mierda no es correcto.

>>Hacer como si esto no sucedió no es algo que voy a tolerar. Que quieras continuar esta bien, pero antes debemos hablar de esto como los adultos que somos.

—Alessia, olvídalo. —se estresa—. Estoy cansado de esta situación, olvidémoslo y ya.

Hago puños ante su idea.

¡No lo acepto!

Así inicia una discusión en la que ninguno cede, pero al final se resigna.

—Si decirte que te perdono terminará con esto, pues bien. —alega cabreado—. Te perdono Alessia, ¿Satisfecha?

Vuelvo a morder mi lengua al notar que no toma en serio nada.

—¡No usaste un puto preservativo! —grito —. Dejaste que te follara sin ponerte un puto condón.

—Oleg lo que sucedió no estuvo bien, te drogaron y abusaron de ti, lo menos que debías esperar de mí es a alguien que te apoyara, no que hiciera señalizaciones. —se tensa y cuando está por levantarse lo detengo—. Lo sabes y no reconocerlo, no borrará lo que sucedió.

Trago grueso, porque estoy hablando desde la experiencia.

Se queda en silencio y al final se abre un poco, para mí es más que suficiente tomar lo poco que está dispuesto a soltar.

—No sé cómo paso—confiesa, su postura, que siempre ha estado serena, decae una milésima.

Tan pequeña que no es visible para cualquiera, pero lo conozco y por eso lo captó.

—Investigué, pero alguien ha borrado las grabaciones desde dos días antes de que llegara, no sé si fue ella u otra persona, pero te juro que voy a encontrarlos y los haré pagar. —aseguro.

—Ya déjalo, no importa.

—A mí si me importa y estás loco si crees que voy a permitir que esa mujer quede impune. —sus pupilas empiezan a oscurecerse—. Ya lo intenté una vez, pero desgraciadamente fallé.

Hago puños sobre mi regazo.

>>Antes de que escapara intente acerarme, pero al ser una persona importante tenia demasiada seguridad, pero eso no me detuvo ni va a detenerme porque la voy a encontrar.

—Alessia...

—La voy a matar porque nadie puede tocarte y quedarse impune. —sus pupilas se oscurecen—. Te lo dije y ahora te lo repito, eres intocable Oleg y pobre de todo aquel que cruce esa línea.

—No tienes que hacerlo.

Me enoja su terquedad.

—Por un momento deja de pensar en tu maldito orgullo y entiende que lo que hizo no está bien.

—No quiero que hagas esto porque significa que estarás ocupada con alguien que no soy yo. —mi respiración se detiene.

No le da importancia a las palabras, pero para mí son suficiente para saber que podemos avanzar.

Deslizo mi mano hasta llega a la suya y sujetarla. Observa nuestros dedos entrelazados sin inmutar palabra.

—Oleg... —lo llamo y al no obtener su atención tomo su mandíbula con marcas de mis uñas—. Yo siempre voy a tener tiempo para ti. No importa mis planes, tú eres mi prioridad.

Su respiración se detiene y por un buen tiempo no dice nada, pero al final se resigna y se levanta.

—Vámonos, debes prepararte.

Me quedo atónica ante su indiferencia.

Veo su mano pidiendo la mía rememorando demasiadas cosas. 

Así no, cariño.

—¿Y ahora qué? —reclamo—. Ignorarás lo que hemos hablado y seguiremos como si nada sucedió, ¿Oh dime como vamos a proseguir Oleg? —inquiero.

Frunce las cejas sin querer ceder.

>>Ahora eres tú el que se esta complicando la vida, quiero estar contigo, pero me estas cerrando todas las puertas y es cansado.

—Mira qué curioso, los papeles se invirtieron y ahora lo entiendes, y sabes que no es bonito. —se enoja—. Pero no es momento para formalizar nada...

Detiene sus palabras cuando mi rostro se descompone.

¡Oh por Dios! No es cierto.

La sangre abandona mi rostro y la boca la siento seca cuando intento hablar. Oleg no se pierde mi reacción y el enojo mezclado con resignación invaden sus facciones.

—¿Formalizar? A qué te refieres exactamente. —la curvatura de labios es sarcástica, nunca lo había visto y no me agrada ser la causante.

Tranquilízate y deja de joder las cosas Alessia.

—Así que como siempre soy yo el que va más allá. —niega—. ¿Cuáles son tus límites, sé específica?

Rápidamente, entiendo a que se refiere.

—No eres el único en esto, pero es complicado... nunca he formalizado nada, lo más largo ha sido lo que hemos tenido y...

—Esa etapa ya paso, no te quiero como mi amante y no seré el tuyo. Porque yo lo quiero todo Alessia. —mi mente queda en blanco—. Todo o nada, así de simple.

Veo a otro lado, las etiquetas y yo no nos llevamos bien. Está poniendo las cosas complicadas con sus caprichos.

—¿Hay alguna diferencia en sí solo dejamos que las cosas fluyan sin poner una etiqueta en nuestra frente? Puedo con el compromiso de una relación. —aclaro de inmediato ante su rostro—, pero hay otras vías más ligeras sin tantos royos.

Su expresión se vuelve ilegible.

—Sí, las hay, pero he aguantado demasiado por no tener la "etiqueta" de la que tanto te quejas. —sigo sin sentirme del todo bien con cada palabra que es peor que la anterior—. No quiero que seas la mujer con la que follo, te quiero como mi mujer y si no es lo mismo que tú quieres, entonces dímelo para no perder el tiempo.

Lo único que mi mente procesa es mi mujer.

>>Como la mujer con la que me acuesto, he permitido demasiadas cosas que como mi mujer jamás toleraría. —mi corazón se acelera—. Así que dime Alessia, vas a aceptar mis términos de una buena vez o no.

Me quedo en silencio procesando lo que abarca lo que me está pidiendo.

¡Qué fuerte!

No me doy cuenta de que pasa demasiado tiempo hasta que está por llegar a la siguiente máquina.

—¡Espera! —lo detengo—. Sé de qué me hablas y acepto los términos.

Alzo el mentón digiriendo mis propias palabras. Ignoro la voz en mi cabeza que me dice que no está bien.

—Voy a ser tu mujer, pero como una quiero tener todos los malditos privilegios del papel. Si esto quieres, esto tendremos, porque yo también lo quiero.

Lo tomo del cuello y me alzo de puntillas para que nuestras frentes se junten. Baja el rostro mientras sus manos recorren mi cuerpo hasta posarse en mi cintura con posesividad.

>>Desde hoy dejas de ser el soltero Superior y te conviertes en el hombre de Alessia Carvajal, mío y de nadie más, porque si pensaste que esto sería una bonita relación te equivocas. —su respiración choca con la mía—. Nuestra retorcida relación ha evolucionado y esta vez con más fuerzas.

Apreso su labio inferior entre los míos por unos segundos.

Mío.

—Puedo con esto, pero debes eres tú la que debe estar consciente que se acabaron los malditos juegos. —curvo los labios—. No más Alessia Carvajal para todos, ahora solo lo eres para mí, ¿entiendes? —gruñe.

Sus dedos bajan a mis caderas.

—Entiendo, pero a quien se le acabaron los privilegios de ver a agentes semidesnudas no soy yo. —se separa dando dos pasos atrás—. No entrenas, no ves y no tocas a una mujer que no soy yo.

Lo hago sentarse en el banco.

>>Seremos una pareja... formal, pero no esperes a una mujer que va a aguantar mierdas. —advierto—. Tampoco seré menos que tú, ni vice versa, estaremos juntos porque queremos, no porque...

—Deja de buscar pretextos para no admitir que no puedes vivir sin mí. —sonrío.

—Ya te lo dije, yo sí puedo vivir sin ti, pero tú sin mí no y tendrás que cuidarme porque nunca encontraras a alguien tan hija de puta como yo.

—No me interesa nadie más, contigo es suficiente. —me aprieta contra él para que sienta que conmigo le basta.

—Más te vale, Bestia inservible.

No lo dejo responder cuando ya estoy tomando sus labios de forma desesperada con los míos. Hay algo que no puedo descifrar invadiendo mi sistema, pero lo ignoro concentrándome en él.

Mío.

Estoy mal, muy mal, porque no puedo desearlo tanto, pero han pasado tantas cosas en los últimos meses que ya no razono.

Es insano, dañino y fuera de lo normal lo que siento, pero no me importa.

—Así debió ser desde el principio. —susurra—. Sin tantas mierdas. —lo callo.

Me da igual si no lo hicimos antes, tenerlo así lo vale, pero no se lo diré.

Las ganas de tenerlo cerca aumentan y aunque la mitad de nuestros cuerpos estén unidos, siento que no es suficiente.

—Cállate y no lo arruines. —gruño.

Mis pensamientos van demasiado rápido, al igual que nuestras manos mientras empezamos a desnudarnos.

La presión en mi pecho crece, estoy eufórica, me siento rara por el nuevo paso, sin embargo, no es eso lo que me preocupa, es como si algo no estuviera bien, como si algo me faltara...

—kak menya bespokoit to, chto ty zastavlyayesh' menya chuvstvovat', sumasshedshiy

—¿Ah? —me separo al no haber escuchado.

—Nada. —continuamos tomando al otro, me sube a su regazo y sentirlo remueve todo lo que hemos pasado.

Me deja caer sobre él sintiéndolo por completo, una corriente recorre mi espalda cuando su mirada brillosa me trasmite lo que su boca se niega. Los gemidos empiezan a salir de nuestros labios y a estas alturas no sé quién está más deseoso del otro.

—Pueden... alguien puede entrar. —gimo.

Sus dedos en mis nalgas me aprietan hasta sentir ese delicioso dolor placentero.

—No me importa. —jadea sin dejar de embestir.

Me muevo sobre él recibiendo cada embestida con más ganas.

El sudor en nuestros cuerpos no se hace esperar al igual que el placer acumulándose en mi vientre.

—Voy... no aguantaré más. —advierto.

Me penetra más fuerte con más ganas haciéndome arquear la espalda y que mis pechos queden a su entera disposición para llevarlos a sus labios.

Me siento observada y en medio del placer al girar mi rostro puedo ver a dos hombres que no dejan de vernos.

Rustam y Bastián tienen su mirada fija en nuestra unión. El morbo de que me vean me genera una confusión porque sé que está mal.

—No reprimas nada, Alessia. —exige—. Quiero escucharte. —al verlo de nuevo lo descubro con su mirada en mí...

Los descubrió.

En lugar de parar continuamos dando el espectáculo que estoy segura de que los pondrá duros.

—Córrete. —demanda—. Apriétame aún más con esos deliciosos labios.

Sus pupilas dilatadas no abandonan mi rostro.

—¿Quieres que te ordeñe...? —el fuerte azote me calla.

No vuelvo a ver a los agentes mientras me corro sobre el hombre que en estos momentos me tiene viendo luces de colores.

Las cosas aumentan después de esa liberación, pero no me atrevo a descubrir si siguen viéndonos.

—Levántate y date la vuelta. —con mis piernas temblorosas lo hago.

Me apoyo de una máquina mientras lo siento acercarse hasta posarse a mi espalda, me obliga a separar las piernas y me toma de la mandíbula para girar mi rostro apoderándose de mis labios.

Su mano se posa en mi vientre deslizándola lentamente hasta llegar a mi intimidad.

—Oleg, nos... —gimo.

Empieza a besar mi cuello sin dejar de introducir sus dedos en mi coño chorreante. No puedo callarme y mis gemidos se hacen cada vez más fuertes.

No deja de darme placer y cuando estoy a punto de correrme se detiene.

—¡No seas un cabrón...! —me penetra.

Mis ojos se llenan de lágrimas ante el placer que recorre cada célula de mi cuerpo.

—Silencio doctora, deje de protestar y disfrute. —gime.

Las penetraciones suben de nivel al igual que mi temperatura. Mis nudillos se ponen blancos debido a la fuerza que ejerzo.

Vuelve a tomar mi barbilla callando mis sonidos en su boca, su otra mano sigue con los movimientos circulares sobre mi clítoris que agilizan mi orgasmo.

—Me encanta que seas...

—No lo digas. —muerdo mi labio.

Un par de embestidas más y vuelvo a correrme.

—¡Ay por dios! —ni siquiera siento vergüenza cuando tiene que sujetarme para no caer.

—Debemos mejorar esa resistencia. —reprende.

—¡Cállate! —sonrío.

Me gira alzándome obligándome a enrollar mis piernas en su cintura.

—¿Qué, ahora tienes pudor? —se burla.

Es de las pocas veces que logro ver una sonrisa en su rostro y me lo como a besos ante la maravillosa vista.

Sigo besando su rostro ignorando sus protestas hasta detenerme en su oído.

—Tenemos espectadores. —susurro al ver que los agentes no se han ido.

—¿Te molesta? —inquiere.

Mi mirada se cruza con la de Rustam y el brillo que encuentro me da la respuesta.

—¿Está mal que me excite? —lo siento reírse.

—Entonces que se queden, porque será la única manera en que podrán ver a una mujer como tú de esta manera.

No me deja responder cuando ya ha apoyado mi espalda en la pared y me ha vuelto a penetrar.

La excitación es mayor al ver a nuestros espectadores. Cambiamos de posición y obtengo dos orgasmos más hasta que él se corre dentro de mí.

El calor de su semen y sentirme llena de él me tiene viendo luces.

***

Veo a la Bestia salir de la habitación, según él, dejándome dormida. A los minutos al ver que no regresa me levanto y cepillo mi diente para después volver a la cama.

Evito sonreír al ver que Oleg ya regreso y se encuentra sentado y su mirada lascivia recorre sin prisa mi cuerpo desnudo.

Me acuesto entre las sabanas revueltas por lo que no hemos dejado de hacer en toda la madrugada. Llevamos una semana entera follando en cada oportunidad porque para nuestra desgracia nunca coinciden nuestros descansos.

Hasta ayer y no desaprovechamos el tiempo.

—¿Te sientes bien?

Vuelvo a cerrar los ojos.

—¿No me escuchaste? Te hice una pregunta, por lo tanto, espero una respuesta.

Sonrío ante el tono y lo atraigo a mí para besarlo y responder en el proceso.

Creo que estuve demasiado paranoica sobre formalizar, no hay mucha diferencia y no es como si a cada agente que nos encontramos se lo digamos.

Los besos salvajes a cada nada supongo que han sido suficiente para que lo sepan, quizá él lo hace para marcar territorio, qué equivocado está porque la que lo está marcando soy yo al permitir las muestras de afecto.

Los más emocionados son todos los Vyshe y es un poco raro.

—Vamos a salir, no tardes. —me tira la bata y entiendo la indirecta.

Al parecer andaba entrenado porque ahora está tomando otra ducha. Antes de que salga me llama Melany y empieza a comentarme sobre mis negocios que incluye candidaturas.

Oleg sale del baño y que pasee desnudo es un buen distractor.

Carraspeo para que Melany no hable de más y Oleg alza una ceja mientras se viste.

—Controla a Mónica y que no haga tonterillas, hablamos después. —cuelgo.

Me levanto y quito la bata de seda de mi cuerpo quedando desnuda, camino sintiendo lo suave de la alfombra entre mis dedos hasta llegar a su espalda y abrazarlo con fuerza.

Le doy un beso en su dura espalda para después recostar mi cabeza.

—¿Estamos teniendo secretos? —pregunta con un tono que me divierte.

Quien lo diría, Bogdánov.

—No. —aseguro—. Te lo diré cuando volvamos a México. —se tensa y me separo para rodearlo y encararlo—. Porque vamos a volver ¿Cierto?

Por unos segundos se queda callado escaneando mi rostro.

—¿Es lo que quieres? —asiento—. Supongo que tendré que viajar mucho.

Mi cara se descompone al comprender la situación. Somos de países que quedan al otro lado, no puede obligarme a que me quede en Rusia, pero tampoco quiero obligarlo a que se vaya conmigo.

—Joder qué complicado. —me quejo.

Besa mi frente y me manda a bañar mientras él ordena que nos lleven la comida a la habitación.

Mientras me baño y comemos me mantengo pensativa, pero no logro llegar a ningún lado.

—Tenemos que organizar y diseñar. Date prisa.

***

—¿Qué vas a hacer qué? —vuelvo a preguntar.

Estamos reunidos en algún salón de inteligencia junto a Iryna y me han informado la segunda parte de mi regalo por parte del Ruso.

—¿No leíste el documento que te llevo? —niego—. En el se especificaba que la creación del hospital corría por cuenta de Oleg en un 100 % —sobo mis sienes.

Vuelvo a ver a Oleg que como siempre mantiene el rostro inexpresivo.

—No estoy de acuerdo...

—Sin objeciones. —me calla.

En un holograma se encuentra un primer diseño creado por Iryna según las exigencias de Oleg.

No puedo evitar sorprenderme en todo lo que ha incluido y me gusta, más de lo que admitiré.

—Todo eso es necesario. —señalo los pasadizos, los cuartos secretos y todo lo que estará bajo tierra junto a más de 3 vías de escape.

—Puedes modificar todo a tu gusto, pero eso no se quita.

No protesto porque es algo que puede servirme en algún momento.

Por las próximas horas me quedo con ellos diciendo lo que quiero y como lo quiero sin quitar lo que él quiere. Iryna lo hace en su computadora y se actualiza en el plano a su vez. Es fascinante y me da la oportunidad de modificar más cosas.

Oleg nos escucha, pero hace su trabajo al otro lado. Nos traen dos tiempos de comida, pero estoy tan entusiasmada que no me importa que mis ojos ardan.

—Es suficiente.

—Pero...

—Continuas otro día, no olvides que dijiste que primero era...

—Shtt. —lo callo no queriendo que comparta nuestra intimidad—. Gracias por tu ayuda Iryna.

Me despido y sigo a la bestia por el pasillo.

En medio de besos llegamos a la alcoba y cuando la ropa está desprendiendo nuestro cuerpo me congelo y como si un balde de agua fría caerá sobre mi cuerpo...

Toda la magia sé va sustituyéndola por preocupación, miedo y terror.

—¿Qué sucede?

Alzo el rostro viendo a un confundido Oleg y es suficiente para desplomarme en sus brazos.

***

¡Ahhh!

Que emoción, ¿Qué les pareció?

Este capítulo tiene esa esencia que siempre he querido para Oleg y Alessia. Espero que les guste.

Nota importante:

*No sé de donde sacaron la idea de que ya no voy a terminar la historia. Ambición nunca a dejado de avanzar, no subí capítulo por 15 días porque mande mi laptop a mantenimiento, pero si la voy a terminar.

*El final esta cerca.

*Hace unos días pregunte qué es lo que más le ha dolido a Alessia y pues... si le han dolido algunas cosas, pero lo peor no ha pasado. Tener estabilidad emocional nunca a sido necesario. 

*¿Teorías?

Bạn đang đọc truyện trên: AzTruyen.Top