Capítulo 48
Transformes 4: En multimedia. Una hora.
Si estoy actualizando es por que comentan mucho♥

—¡No! —grito al ver que le disparan.
Mi llanto es fuerte al verlo caer.
Poco a poco mis gritos se van apagando, luego se convierten en risas y al final unas fuertes carcajadas.
—Qué dramática eres. —se queja Mónica al quitarse la protección del rostro.
Aclaro mi garganta mientras limpio mis lágrimas, las personas que contrate se acercan para ayudar a levantarme.
—No me sorprende. —llega Melany revisando los cuerpos.
—Tenía que ser creíble. —me encojo de hombros.
—Y vaya que por un momento hasta yo te creí. —se ríe.
—Fue entretenido, gracias por la ayuda. Ya saben que de esto ni una palabra. —advierte Mónica a los malandros que me recomendó por ser sus amigos.
—Hacemos esto todo el tiempo, sabemos mantenernos callados si cumplen lo que prometen. —me ve directamente.
—Somos tres y son cuatro camiones, necesito que uno de ustedes se lleve el otro y nos siga. —alzo el mentón—. Cuando dejes la mercancía en donde quiero te daré lo que acordamos.
—Bien. —se da la vuelta y sus amigos se retiran cuando se los pide.
—¿Y ahora qué sigue? —inquiere Melany.
Pienso en mi plan.
—Vyshe acabó con los que vinieron de Rojo Sangre y se supone que Rojo Sangre los atacó para llevarse la mercancía y a mí.
—¿A ti?
—Tienes lo que te pedí. —ignoro su pregunta y ella me da parte de la sangre.
Lo hago rápido y perfecto con su ayuda para que se vea que me han arrastrado por un buen pedazo y luego el rastro desaparece como si me subieron a un auto.
—Despertarán en unas horas. —dice Mónica al ver el cuerpo inerte de Oleg—. Los daños...
—¿Daños? —la encaro—. ¡Dijiste que no habría problema!
—Tranquila, son agentes y aunque los efectos serán fuertes... supongo que vivirán.
Mi rostro se calienta y mentalmente rezo para que no quede medio tuerto, porque entonces la habría cagado y él jamás me lo perdonaría.
La mando al camión junto a los demás y hasta entonces me atrevo a acercarme.
Me agacho para acariciarlo, sintiendo una extraña opresión en mi pecho.
Ver su rostro ensangrentado me enoja porque significa que Rojo Sangre logró dañarlo. Parte de su cabello rubio también se encuentra manchado y antes de largarme le doy un beso en sus labios.
—Lo siento, pero esto era necesario. —susurro—. Pronto todo acabará e iniciará nuestra retorcida relación.
Lo prometo, mi ruso.
Corro al primer camión que ya está limpio de todo con lo que nos puedan rastrear.
Por las siguientes horas manejo hasta llegar a una casa abandonada, era de mi padre y sé que a Marta nunca le gustó y por eso no viene. Aunque Melany piensa que la compré.
El lugar estaba sucio y en mal estado, pero Mónica dijo que estaba aburrida y se dispuso a limpiar, ahora ya es más decente.
Al bajarnos, Melany se acerca con cara de aflicción.
—¿Qué hay de las cámaras? La organización puede hackearlas para seguir nuestro rastro.
—Sí, pero hace un tiempo Caleb me mostró ciertos trucos y me encargué de dejarlos en la nada. No hay forma en la que puedan dar con nosotros.
—Dijiste que hay personas que te siguen, y no me refiero a los escoltas.
—La idea es engañar a OFR. No a Oleg, si hay personas que me siguieron lo sabrá cuando despierte, pero si no siempre lo hará, no es estúpido y no puedo burlarme de su inteligencia tan fácilmente.
—Te estás des meritando.
—Puedo mentirle incluso a Dios si es que existe, pero no a Oleg.
No, a él.
—Va a encontrarnos y a nosotras nos matará. —se lamenta.
—No lo permitiré, porque él se dará cuenta, pero no en los próximos días.
—¿Qué hiciste? —palidece.
—Le dejé una nota para que esté entretenido y si no, pues pobre de mí, porque esto no va a hacer fácil de perdonar. —me encojo de hombros.
Evito recordar lo que hablamos, dijo que no iba a perdonar un solo golpe más, cuando despierte como siempre me odiara, pero al saber la verdad los dos nos moriremos de la risa.
Eso espero.
Tomo los dos maletines llenos de dinero y salgo a la calle en donde se encuentra el mercenario.
—Fue un gusto trabajar para usted, doctora. —curvo mis labios.
Quien iba a decir que la prensa tendría razón al decir que trabajo con mercenarios, porque ahora si lo hago.
—Estamos en contacto.
Se esfuma y por unos segundos observo a Melany y Mónica cargando la mercancía al sótano. Por las siguientes horas nos apresuramos a descargar los camiones.
Al terminar hacen dos viajes para ir a perderlos.
—Vaya, eso es un gran arsenal. —me giro y saco el arma letal.
Encuentro a un hombre alto y fornido con una correa que sujeta a un pitbull.
>> No es necesario tanta violencia, soy viejo y quiero vivir mis últimos días en paz, no me interesa meterme en problemas.
—¿Quién eres y qué haces aquí? —no dejo de apuntarlo.
—Soy un ex militar y por si no se nota, como todos los días hago mi rutina.
—¿Cómo te llamas? —me repasa de pies a cabeza.
Me dice su nombre y añadido a su acento me hace estremecer. Me parece conocido, pero descarto la idea de inmediato.
No puedo dejar cabos sueltos y mientras lo investigo lo necesito de mi lado.
***
—No tenemos forma de saber lo que está pasando, pero ya han de saber de tu supuesto secuestro. —informa Melany mientras termina de maquillarme.
Mónica revisa las cuerdas para que se vean que si están fuertes. El escenario es perfecto, se ve sucio y no se reconoce en que lugar puedo estar.
—Yo opino que pidas unos 2 millones de pesos. —aconseja al levantarse.
—Muy poco, que sean 5 en dos días si no quieren recibir pedazos de ti.
—Claro que no, gano eso en pocos días. —me indigno—. Mi cabeza vale más que eso.
Me observo para comprobar que todo esté bien, mi ropa blanca se encuentra manchada de sangre y sucia de tierra, y sumado a que estoy amarrada a una silla y con un trapo en mi boca, lo hace simplemente perfecto.
—Ahora. —murmuro con dificultad.
Empiezan a grabar y como se supone que estoy inconsciente me arrojan una baldada de agua helada, el chillido que suelto es real por la temperatura.
—Malditos bastardos. —maldigo tratando de que se escuche entre medio del trapo.
—¡Calla perra! —grita Mónica con voz robotizada.
Fingen darme una bofetada con el guante y el gran traje que impide cualquier tipo de reconocimiento, pero es Melany la que hace el ruido de la palmada mientras yo giro el rostro y me quejo del dolor.
Vuelvo a enderezarme y lanzo la peor mirada de odio mientras las maldigo.
—¡Corte! —grita entusiasmada.
Mónica muy cuerda no está, pero no me quejo y la dejo.
Me levanto y quito las cuerdas y el trapo. Observo como quedo y me gusta el resultado del mini video.
—Bien, ve lo más lejos que puedas y envíalo junto a un mensaje. Luego dejas que el móvil se lo lleve la basura.
***
48 horas después del atentado
Ya aceptaron, mis colegas se preparan porque el intercambio se realizará en las siguientes horas.
Este tiempo lo tomé para descansar y pensar en todo lo que haré y en las posibles consecuencias de lo que he hecho.
Las cosas están en el punto más alto, no puede haber ningún paso en falso porque eso sería caer en las garras de los otros.
La organización de la fuerza Rusa quiere a Rojo Sangre y ellos me quieren a mí.
Yo quiero deshacerme de ambos porque los dos me han jugado sucio.
—Te conseguí esto. —entra Mónica con una muda de ropa vieja.
La veo mal, ante los pedazos de tela que me da. Es un jean gastado y una camiseta blanca casi transparente de lo vieja.
Sin zapatos, que bien.
—No creerás que te irás como una princesa, se supone que estás secuestrada.
Al menos está limpia, vieja, pero limpia.
Mónica, con algunos conocimientos en tecnología que sabe, ha logrado que cada aparato dure 1 hora antes de que logren encontrar nuestra ubicación, por ese motivo son pocas las veces que nos hemos comunicado con el encargado de mi rescate.
Me desarreglo el cabello y permito que me sujeten con fuerza.
—¿Estás segura de que estarás bien?
—No me matarán si es lo que te preocupa. —nos subimos al auto robado.
Llegamos una hora antes al lugar y cuando ya estamos ahí le enviamos la ubicación a OFR.
—Estarán en unos minutos, escóndanse para mientras, el dinero lo dejarán en otro sitio y lo recogerán dentro de una semana para que no haya problemas. Regístrenlo porque puede traer un chip rastreador.
—No te preocupes, sé a lo que nos enfrentamos. —asegura Melany.
Pasan alrededor de 20 minutos cuando el sonido de varias camionetas Chillán.
Estoy amarrada, incapaz de soltarme. No quise que me vendaran, suficiente con el trapo en mi boca.
Cuando las camionetas se abren salen varios hombres y me doy cuenta de que algo no está bien.
Ellos no están vestidos como OFR.
Empiezan a disparar y me tengo que agachar para que ninguna bala impacte en mí.
¡Joder, no!
Se abre un enfrentamiento y soy consciente que las dos personas que están conmigo no podrán contra esa banda delincuencial.
Abren la puerta del auto y me paralizo al ver a la mujer que sonríe con arrogancia.
—Vaya, nos hiciste el trabajo más fácil. —No puede ser—. Querías estar secuestrada, muy bien sigue estándolo.
Me jala hasta caer en el pavimento. El dolor de espalda me saca un grito que se ve amortiguado.
Lo jodí.
La mujer se va del lugar dejando que los hombres me arrastren por el suelo hasta rodearme, el tiroteo culmina y no quiero pensar que han matado a mis compañeras.
—Ven que les dije que era estúpida, nada que salga de su diminuta cabecita es bueno y que se ponga en bandeja de oro lo confirma. —me paralizo al verlo bajar de un auto—. Hola, hermanita. —sonríe al verme.
Desatan los nudos de los pies y como puedo me quito el trapo de la boca.
No dejo de verlo y las emociones chocan ante su presencia.
—Tú... tú estás muerto. —me altero—. Yo te vi, moriste en mis manos... no, no pude salvarte. —suelto sin creer lo que estoy viendo.
Su fresca carcajada inunda el estacionamiento.
No puedo terminar de procesar, tenerlo frente a mí, mi mente da vueltas y trae los recuerdos de cuando lloré a mares su muerte. Por mucho tiempo me culpé y verlo me alegra, pero también me aterra, por ver en lo que se ha convertido.
—Sí, morí por unos minutos, porque me diste la espalda. —niego al saber que eso no es cierto.
—Alexander...
—¡No, Alessia! Pudiste salvarme, pero me dejaste morir y si no fuera por Rubén no estaría aquí. —mi ritmo cardiaco se altera ante la mención de esa escoria—. Él fue quien se dio cuenta de que volví a tener pulso y se encargó de salvarme. ¡Lo cambiaron de hospital por tu culpa, pero el regreso y vio lo que sucedía!
Me arrastro hasta quedar pegada al auto para intentar desatarme.
Necesito ganar tiempo.
—¡Lo intenté todo! No te deje morir, simplemente no soportaste las cirugías, ni siquiera sabía que eras tú el paciente. —lucho por mantener la compostura.
Los hombres armados me tienen los pelos de punta y que respalden a mi hermano me da pavor.
—Eso da igual, lo que importa es que te has robado a quien más me ha ayudado y el jefe ya me dio el poder para destruirte.
Su confesión remueve el pasado.
—¡Deja de decir tonterías y suéltame de una vez! —me repasa y cuando posa su mirada en la mía, odio percibir su asco—. Yo no te he robado nada y si te refieres a Marta...
—No la menciones, para ella en estos momentos estoy muerto. —se pasea frente a mí—. Algo bueno hiciste y es matarme ante sus ojos.
—No tienes idea de lo que estás diciendo. —mi pecho duele—. Eres de las personas que más he amado...
—¡Mentirosa! —grita—. Rubén me abrió los ojos, me recuperé gracias a la ayuda de él y de Rojo Sangre, así que no voy a permitir que lo dañes, no si puedo evitarlo y es lo que haré.
Me empieza a gritar y tengo que contener las lágrimas ante su confesión que me tiene como la peor persona para él.
Tanto que me odie por permitir que Rojo Sangre me lo arrebatará y enterarme de que él trabaja para ellos me destroza.
No puedo permitir que siga en la ignorancia
—¡Ellos fueron los que te atacaron!
—¡Cállate! —Saca un arma apuntándome y lo único que puedo experimentar es el sabor amargo de la traición—. Una vez más estás haciendo lo que te viene en gana para conseguir lo que tu retorcida mente máquina.
Trato de hacerlo entrar en razón, pero es imposible.
—Tienes que escucharme, ellos me quieren por lo que yo sé, no puedes entregarme...
—Fingiste que Rojo Sangre te ha secuestrado y ahora OFR estará peor con nosotros, porque al parecer, ahora abres las piernas para ganar más poder.
Me duele en el alma que él me acuse, no es por lo que dijo, sino porque asume eso de mí.
No llores, Alessia.
—Retráctate. —susurro tratando de controlarme.
—Pediste a Rubén a cambio de las armas, te lo entregaron, pero no cumpliste tu palabra y mataste a nuestros hombres, quedándote con el cargamento. Ahora serás tú quien muera si él no aparece.
Mi respiración se hace irregular.
—No puedes matarme, Rojo Sangre nunca te lo perdonaría. —suelto, pero lo que le quisiera decir es: Eres mi hermano, ¿Cómo se te ocurre pensar en algo tan retorcido?
—¿Es que no me escuchaste? Ya te dije que el jefe me dio permiso. —acorta la distancia hasta poner el cañón en mi frente—. Devuélveme a mi amigo, Alessia.
Una lágrima que no controlo, cargada de dolor, se desliza sobre mi rostro.
—No lo pongas sobre mí, Alexander, soy más importante que ese bastardo. —alzo el mentón—. Lo sabes, así que deja de hacerme esto.
—De hecho, hay una larga lista sobre tu nombre. —el cinismo con el que lo dice me está quebrando.
Trato de moverme, pero el gruñido de un sujeto me detiene y se suma a mi hermano cuando me apunta.
Veo a Alexander con la intención de que se dé cuenta y diga algo, pero no se inmuta y es suficiente para saber que estoy sola.
>>En estos momentos prefiero mil veces a mi amigo y no a una hipócrita como tú.
Me está lastimando como no se imagina.
— ¡Baja la puta arma de mi rostro! Oh dispara, porque no te daré lo que me estás exigiendo. —lo hace y la esperanza me llena, pero se evapora al instante.
Se acerca a mí para tomarme la mandíbula sin un ápice de remordimiento.
—No voy a repetirlo, dame a Rubén. —mi pecho se comprime y las lágrimas se alojan en mis ojos al ver de cerca el odio y desprecio que me tiene.
Con toda la fuerza que tengo muevo mi cabeza alejándome de su toque. Ya no es dulce ni gentil, es duro y cargado de mucho veneno.
—Antes muerta que dejar que ese monstruo vuelva a ver la luz del día...
Mi rostro se gira ante el impacto de su palma chocando con mi mejilla.
—Y tienes el descaro de reconocer que vas a lastimarlo. —reprocha indignado—. ¡Eso no se hace Alessia!
Puedo sentir el sabor de mi sangre en mi paladar, mientras la decepción va llenando cada poro de mi piel.
Ya no veo nada de la persona con quien crecí.
Giro el rostro encarándolo.
—Me das lástima Alexander.
—Y tu asco Alessia.
Sonrío sin gracia.
—Lo triste es que prefieres creerle a un violador y no a quien te ama. —retrocede con incredulidad—. Metes las manos al fuego por alguien que no vale la pena. —me trago el nudo que se forma en mi garganta—. Defiendes a un ser que ha destruido la vida de muchos.
Incluso la mía, pero lo minimizas.
—Vaya, por un momento, no quise creerle cuando dijo que serías capaz de inventar calumnias tan grandes. Debo confesar que me sorprendí al ver lo que decían de ti en las noticias...
—No me digas, ¿Eres de los que piensan que esa violación no fue real? —por segundos puedo ver la duda.
Mentiría si dijera que no me duele lo que está haciendo, pero aunque lo amo no permitiré que pasé sobre mí.
Nadie lo hará, ni siquiera él.
Esto ya no es sano y me destroza el alma que verlo de nuevo, lo único que conlleva es un inmenso dolor.
—Sé que no fue real... tú nunca dijiste nada, así que me niego a considerarlo.
—Dejaría de ser yo si me quejo de mis desgracias, para eso me tengo a mí.
Vuelve a posar el arma sobre mi frente, ahora con más rabia al no obtener lo que quiere.
—¿¡Dónde está Rubén!? —mi cabeza se mueve ante la presión.
—No alargues las cosas, si me estás apuntando es porque tienes los cojones para apretar el gatillo. —mi voz tiembla—. No voy a pedir que vuelvas a amarme, porque no estoy segura si en algún momento lo hiciste.
Sus nudillos se tornaron blancos.
—¡Te estoy dando una oportunidad! No la desperdicies.
—No lo haré, pero eso no significa que voy a doblegarme ante ti.
Mueve la boca para volver a gritar, pero soy más y con mis pies barro el suelo hasta botarlo.
Los sujetos se ponen alertas y se vienen contra mí, pero soy más veloz.
Me subo a horcadas sobre él y poso una mano con demasiada fuerza en su cuello y con la otra apunto a los sujetos.
—Luchas por alguien que no vale la pena. —gruño con frustración volviendo a lo mismo—. No hagas esto, eres más que él, entiéndelo de una puta vez. —el nudo en mi garganta me silencia.
No soy tan fuerte, porque soy incapaz de aceptar mi derrota al perder de esta manera a mi hermano. Cualquier otro me daría igual, pero él no.
Su rostro se torna rojo ante la presión que ejerzo.
Tres cañones se posan en mi cabeza mientras mi mano con el arma tiembla de rabia.
—Mataste a mi familia, maldita perra. —un sujeto presiona más el arma y lo escucho quitar el seguro—. Ellos eran mi familia.
—Asesina. —acusa Alexander, sus palabras aclaran mi mente y me enfurecen porque es cierto.
Sin embargo, jamás lo mataría.
—No somos iguales hermano, porque yo nunca te haría lo que tú me estás haciendo.
No dejo de verlo, consciente de que es imposible salir ilesa, mis esperanzas mueren al ver la decisión.
Suelto el agarre provocando que él invierta los papeles.
Un movimiento llama mi atención y cuando observo el traje de los hombres que se mueven con sigilo comprendo de quienes se trata.
PODER.
—No quiero lastimarte, así que coopera y tu muerte será rápida. —ruge con odio mientras sus ojos están cargados de resentimiento.
Con esfuerzo trago saliva al estar siendo asfixiada.
—Ya lo estás haciendo, Alexander. —balbuceo.
Sin dejar de verlo a los ojos, escucho como inicia un enfrentamiento.
Traicionada por mi hermano, una de las personas más importantes en mi miserable vida.

Horas antes.
Arrugo la nariz ante el molesto olor, poco a poco recobró la compostura y me doy cuenta de que estoy en una habitación de enfermería en la organización.
Las últimas imágenes vienen a mi mente y me siento de golpe al recordar a Alessia corriendo en mi dirección.
—Sumasshedshiy...
Me callo cuando el fuerte dolor de cabeza me deja aturdido.
—No se esfuerce, aún no descubrimos qué es lo que les suministraron, acuéstese y descanse un poco más.
Los ignoro y cuando me levanto de la camilla me mareo ante el fuerte dolor, salgo de enfermería y el rostro de mis agentes me confirma que no soy el único afectado.
—Se la llevaron. —me dice Tyler—. No fue Rojo Sangre, de eso estoy seguro porque las personas que nos pusieron fuera de combate jamás nos hubieran dejado vivos. —observo el vendaje en su hombro.
Sé que no fueron ellos y me enfurece saber que hay alguien más. Lo que hablamos en su apartamento viene a mi mente, pero me niego a creer que haya cometido otra estupidez.
—¡Quiero su ubicación ahora! —ordeno.
Todos se quejan y yo me tenso ante el sonido de mi propia voz.
—Oleg...
—¿Dónde demonios está su maldita seguridad...?
—Burlaron la seguridad.
Mis dientes chocan ante la rabia, me voy del lugar sintiendo las cosas moverse. Necesito encontrarla, no puedo permitir esto.
—Superior, esto estaba en su escritorio junto a su móvil. —Me interceda Martina y de mala gana todo el papel.
Nuevamente, quiero utilizar las herramientas que me ofreces.
Sé que me estoy arriesgando, pero me juré hacer justicia y Rojo Sangre me entregará a Rubén Urbina... el de rostro censurado.
Lo dejaron en un sitio en el que pedí que parte de las personas que tienes a mi cuidado lo retengan, pero quiero que tú lo lleves a un lugar seguro.
Te prohíbo que lo mates, aunque puedes jugar un poco.
Mientras leo la dirección hago puños el papel y la maldigo por la estupidez que acaba de hacer.
Se entregó, Alessia Carvajal se ha entregado.
Lo lleva planeando desde antes, la semana que me pidió lo confirma y detesto que piense que haciendo estás cosas llegará lejos.
Sin saberlo se está hundiendo al cavar su propia tumba.
***
Me encargo de lo que me pide, pero ni siquiera lo veo, simplemente lo mando a Rusia. No podría estar frente a ese desgraciado en estos momentos que ella se encuentra en peligro.
—¡Las cámaras! —sigo lanzando órdenes que me dejan más aturdido—. Cómo es posible que se la llevaran sin que haya un solo rastro.
Todos se mueven como hormigas espantadas.
Tyler es de los últimos que sedaron y su confesión me tiene en un dilema, me niego a sopesar la idea descabellada que ronda en mi mente.
Es loca, pero no suicida.
—Hay una línea que intenta conectarse con nuestro sistema. —detengo mis pasos.
—¡Acéptala! —grito furioso.
Caleb mueve los dedos para recibir el archivo sin permitir que ningún virus nos bloqueé.
Me muevo para conectar el holograma con el sistema.
—En tres, ... —Pasan los segundos.
Observo la imagen de Alessia y el vaso se quiebra en mi mano ante la fuerza.
—Superior. —se alarman.
El video termina con ella viendo a la cámara y lo que hay en su mirada me lo confirma.
Desgraciada.
—Piden una recompensa de Cien mil millones de dólares. —la sala queda en silencio ante la cifra—. En efectivo, nos dan 24 horas si no queremos que lo que obtengamos sea su cuerpo en pedazos.
Mi mandíbula duele de tanto contenerme.
Sin inmutar palabra, los repaso para confirmar que el líder de Rojo Sangre no se encuentre entre nosotros.
—Superior, ¿Cómo proseguimos?
Se quedan expectantes sin dejar de verme y lo único que puedo pensar es que debí disfrutar más de su coño.
—Den la recompensa y que sigan manteniéndonos en contacto. —ordeno.
—Su ubicación...
—No moveremos un dedo sin poner a la doctora en peligro, así que acaten las indicaciones que les den y listo. —señalo enfurecido—. No búsqueda, no rescate y no investigación antes de que nos den los detalles. —ladro con el veneno rondando mis pensamientos.
Callan al verme pasar llevándome a los que no quitan de mi camino.
Iryna me sigue y cuando estamos en el pasillo me detiene.
—¿¡Qué es lo que te sucede!? —se queja molesta—. ¿Por qué vas a quedarte como si nada?, no puedes permitir que pase un día más con ellos, debemos intervenir.
Qué fastidio soportar a la gente.
—No haré nada, así que es mejor que no cuestiones mis decisiones.
—No te entiendo.
—No lo hagas. —me mira con odio.
—Si tú no harás nada por ella, lo haré yo. —me reta—. Porque no voy a permitir que sufra en sus manos, a diferencia de ti, a mí Zhestokiy, sí me importa.
La dejo hablando sola y continúa siguiéndome hasta colmar mi paciencia.
—Me he cansado de esta rutina. —confieso—. No moveré un puto dedo en tratar de recuperarla, si ella misma ha decidido entregarse, que afrente las consecuencias de sus actos.
—Es absurdo...
—Me da igual, se entregará lo que piden fin del tema. —establezco—. Si cumplen lo acordado que bien y si no, pues mala suerte y que cristo la cuide. —me jacto.
Empieza una disputa de nunca acabar, ya estoy harto del tema y se lo hago saber.
—Es posible que la recompensa sea mentira. —señala lo obvio sin querer obedecer.
—Me da igual lo que le pase. —aclaro—. Te prohíbo que intervengas en esto, a nadie más que a mí me concierne y por si no lo has notado. Me importa poco.
No dice nada más dejándome ir, llego a mi alcoba y odio que lo que me han inyectado tenga estas secuelas tan desagradables.
Las balas que atravesaron los chalecos, quedaron destrozados por los materiales.
Los malditos cartuchos estaban infectados de una toxina desconocida y los estragos me están haciendo sudar mientras veo las paredes moverse.
No termino de llegar a la cama cuando mi vista se vuelve negra y me desplomo en el suelo.
***
No duermo ni pruebo bocado, al no dejar de pensar en cómo estará la maldita Sumasshedshiy.
Mi equipo se apresura a prepararse para dirigirnos al lugar donde se hará el intercambio.
—Hay un cambio de planes, dejaremos el dinero en un callejón del centro, pero ella estará en el sur.
Hago puños al rememorar cada grieta.
Te arriesgas en vano.
—¿Qué hacemos, Superior? —inquiere el agente sin saber como proseguir.
Nos está moviendo a su antojo, pero mi maldito dolor de cabeza y vomito ya me tiene cansado como para cargar con más mierda.
—Cumplir. —nadie protesta—. Se hará como lo indiquen. Estén preparados para partir.
Me encierro en mi despacho esperando la ubicación exacta. Estoy cansado de esta maldita payasada, por mí, que quien sea que la tiene se la quede.
Porque a mi lado no la quiero.
Una molesta llamada termina con mi paciencia.
—¿Qué quiere? —respondo molesto.
—¡Tu trabajo es proteger a mis hijas Bogdánov!
Ya me estoy cansando de las protestas de este señor.
—Eso no estaba en el acuerdo y ya va siendo hora de que yo intervenga en PODER, estoy cumpliendo con lo estipulado, entregándoles el silencio de las autoridades mientras hacen sus mierdas, pero no estoy recibiendo lo que me corresponde y, sino cumple, me aseguraré de destruir sus cimientos.
—¡A mí no me amenaces Bogdánov! Mejor dime por qué mis hijas...
—Hace unos días dijo que ya estaba en México.—lo interrumpo—. ¿Ya hizo lo que me dijo? —me enojo sintiendo el peso de la situación en mis hombros
—Desde que vine tengo a personas entre ellas. —suena alterado.
—¿Y? —me estreso—. No tengo tiempo para lamentos.
—Escúchame bien Bogdánov, hay un grupo de aproximadamente 100 personas rodeando a Geraldine. —me levanto—. No van a entregarla viva, el rescate no se dará porque Rojo Sangre va a matarla.
—¡Deme la ubicación! —exijo y al verla maldigo porque estamos a media hora—. Tendrá que intervenir en lo que llegamos.
—No lo haré, no me expondré ante ella de esta forma.
—¡Me está diciendo que la van a matar! Así que le exijo que haga algo si no quiere que sea yo quien lo mate a usted.
Se queda en silencio mientras yo ya me estoy dirigiendo a la salida
—Aún no es el momento...
—Usted permite que a ella le pase algo y lo próximo que sabrá es que su primogénita ha sido lanzada a los lobos que aún no saben de su existencia. —amenazo sin importar las consecuencias.
—Apresúrate Bogdánov. —corto.
No voy a perderla.
—¡Tomarán rutas alternas! —grito al llegar al lugar donde los superiores inmediatos se encuentran a la espera de órdenes—. Matarán a todo el que se atraviese, pero a la doctora no la tocan.
—Aún no envían la ubicación...
El dispositivo de todos suena cuando se las envío.
—¡Vámonos! —ladro.
Cada quien emprende viaje y lo único que puedo pensar es que la detesto como a nadie más.
Pagarás caro que lo hayas vuelto a hacer... Sumasshedshiy.
***
Meto el pie en el acelerador al escuchar el intercambio de disparos que suena en el estacionamiento del edificio abandonado.
Derrapo en la acera al llegar y me pongo a correr rápidamente ya dentro de las instalaciones. Los demás hacen lo mismo teniendo ya las órdenes de no tocar a los de insignia dorada.
Lo primero que veo es el enfrentamiento que deja a varios fuera de batalla, nos encargamos de acabar con ellos, pero yo sigo avanzando queriendo encontrarla.
—¡Detente ya! —su grito de angustia me hace moverme con desesperación.
A través de los postes me cubro cuando me disparan, sus gritos son el combustible que me motiva a acabar con ellos.
Los alaridos no paran aumentando la hoguera que consume mis órganos.
Cuando logro deshacerme de ellos la encuentro y veo rojo ante la imagen de un sujeto no tan robusto atacándola.
—¡Dime donde lo tienes y acabemos de una vez con esto!
Alessia no lo golpea, solo se defiende y que permita que varios puños y patadas la toquen, me enfurece.
Alzo mi arma apuntando su espalda y sin pensarlo disparo, pero él sin saber mis intenciones se mueve y la bala le da en su brazo.
—¡Ahhh! Maldición.
La loca busca de donde provino y al encontrarme sonríe con alivio, pero la expresión se borra cuando vuelvo a apuntar a quien la estaba dañando.
—¡No! —se interpone extendiendo sus brazos—. No lo mates, Bestia. —mi mandíbula se tensa.
La está atacando y todavía tiene el descaro de apostar por él.
—No estás en lugar de exigir Sumasshedshiy. ¡Fuera del camino! Ya luego hablaremos sobre esto.
—¡Te dije que no lo mates! —repitió furiosa.
Loca, suicida.
—Muy bonita conversación, pero tú y yo tenemos algo pendiente, hermanita. —me tenso.
El color de la loca desaparece cuando el sujeto la toma de la cintura y apunta su sien.
—Alexander... —susurra y odio que haya dolor en sus palabras.
Dejo de escuchar como las bombas explotan dejándonos en ventaja.
—Suelta el arma enmascarado, ¿Tú eres el Gobernador que se la folla? —mis músculos se contraen—. Todos sabemos de sus encuentros, de hecho tenemos las pruebas.
—¡Cállate! —se mete la doctora.
—Creo que voy a lucrarme muy bien vendiendo el contenido pornográfico que ha llegado a mis manos. —la rabia recorre mis venas—. Eres una perra calientapollas, te felicito hermanita.
Mi cuerpo hierve a la expectativa de lo que le va a sucederle.
—Bestia. —me llama, pero no la veo—. No le creas, yo nunca...
—Así que este sujeto no es el Gobernador, ya veo que se te da bien abrir las piernas para todo mundo. —su falsa declaración es algo que no puedo aceptar.
No dejo de ver al tal Alexander mientras me agacho y lanzo el arma.
—Suéltala. —ordeno entre dientes.
—No lo creo, enmascarado... —un disparo lo paraliza—. No me jodan. —se queja.
Su semblante se contrae de dolor, pero no suelta el arma, únicamente baja el brazo al perder fuerzas.
—Suelta a mi Boginya. —ruge Rustam desde el otro lado.
Corro a ellos, pero tres hombres se meten en mi camino restando segundos. Me voy a los golpes, desesperado por terminar.
Rustam lo amenaza y Alexander lleva el arma a un costado de su vientre.
Me apresuro ante la imagen y me deshago de los que me detienen
—No lo hagas. —susurra—. No me hagas esto, Alexander...
Dispara.
El cuello del último truena en simultáneo y cuando la veo ya es demasiado tarde.
Sus ojos se abren y una lágrima rebelde abandona sus ojos cuando se da cuenta.
—Déjalo ir. —pide sin dejar de verme antes de desplomarse.
No.
—Alessia yo...
Rustam se apresura y lo toma golpeándolo hasta el cansancio, después de cada uno, va un motivo por el cual lo está destruyendo, pero cuando su shock desaparece empieza a devolver los golpes.
Los ignoro porque solo puedo verla a ella, su cuerpo se encuentra inconsciente tirado en el suelo mientras la sangre empieza a rodearla.
¡No vas a irte! No voy a permitirlo.
—¡El lugar se va a derrumbar! Necesitamos abandonar. —avisó Caleb—. Repito, ¡Necesitamos abandonar!
El fuego cruzado no termina, pero lo único en lo que puedo pensar es que tengo que llegar a ella. No sé de donde salen más, pero cuando me doy cuenta ya están arrastrando su cuerpo para llevársela
—2 minutos, si se quedan entre los escombros no volveré para llevarme sus cuerpos. —les meto presión porque a estas alturas me importa poco lo que les suceda, me dan un arma mientras acaban con los demás.
Con la ametralladora cargada barro el lugar de todos los que tengo enfrente, corro al poste más cerca del auto.
—¡Ve por ella! Yo te cubro hermano. —grita Iván.
Corro sin dejar de disparar y mato a los que se la intentaron llevar.
No sé de donde tomarla para no lastimarla porque aparte del disparo tiene más golpes.
Su cuerpo se ve tan vulnerable que temo por ella.
Lo hiciste otra vez, Alessia.
Teniendo el tiempo en mi contra, la sujeto de su espalda y debajo de sus rodillas. Un fuerte estruendo provoca los primeros gritos que confirman que las instalaciones ya no pueden seguir de pie.
Corro con su cuerpo lo más rápido a la salida. Los chillidos a mi espalda desvanecen cuando mi mirada baja.
Mi mandíbula se tensa al verla... de nuevo dañada.
No vas a dejarme sin pagar lo que has hecho.
Logro ver los autos de la organización junto a Damián que también se encuentra alerta.
—¡Oleg! —Me llama al ver que paso de él.
Sin embargo, es el único disponible porque los demás ya llevan a todos los agentes que salieron afectados.
Con recelo me acerco a él y deposito a Alessia en la camilla y no me separo de su lado mientras Damián la atiende.
Quito toda la protección de mi rostro.
—Los alertaron y Rojo Sangre mandó a una buena parte de sus hombres. —ignoro a Iván—. Fueron pocos los que lograron salir, dos escaparon y los demás fueron...
Sigue hablando e informando el panorama, pero ya no le presto atención. Estoy pendiente de cada cosa que hacen los que la atienden.
No voy a arriesgarme a que hagan algo mal. Me voy con ellos en la ambulancia mientras tratan de detener el sangrado.
—Va a salvarse, no te preocupes amigo, ella es fuerte y va a...
—Cállate. —demando sintiendo la dificultad en mi garganta.
No estoy dispuesto a escucharlo una vez más.
No quiero que le digan fuerte por ser un saco de boxeo que siempre se recompone para estar lista para el siguiente.
Es una Reina que tiene que ordenar para que sus súbditos se muevan y hagan el trabajo que no deseo a que ella se exponga.
—Es imposible no alertar a la prensa, estoy seguro de que Rojo Sangre ya los alertó. —no digo nada, porque es evidente que Rojo Sangre sabe exactamente lo que está pasando.
Al llegar no es difícil bajar porque mis hombres les están impidiendo el paso a todos los que quieren pasar.
Rápidamente llegamos al quirófano.
—No puedes pasar. —advierte Damián.
—¿Según quién? ¿Tú?
Sin esperar respuesta me voy a cambiar y lavar con precisión las manos para entrar, porque no pienso dejarla sola.
Dos doctores más aparte de Damián rodean el cuerpo de Alessia para empezar a intervenir.
—Pinzas. —pide encargándose de extraer la bala.
Limpian los restos de sangre y la nueva al momento de extraerla.
—Está perdiendo demasiada sangre.
—Suministre una dosis dé. —se miran entre ellos y detesto que ni siquiera eso sepan.
—AB-
—Genial, de la diversidad de tipos, ella es parte del 1% de la población. —evito hacer algún comentario.
No pierdo de vista ningún paso asegurándome de que no se atrevan a alterar en lo más mínimo.
Logran detener el sangrado y aunque sé que no siente la sutura no puedo evitar que mientras los hilos unan su piel la mía se desgarre.
Mira en lo que termino tu retorcido plan, Sumasshedshiy.
Por las siguientes horas no me separo de ella, quito el intercomunicador de mi oído al cansarme de escuchar como exigen mi presencia para ver los daños. No me importa.
Superviso la etapa postoperatoria asegurándome de que no haya daños colaterales, sin embargo, no logro tranquilizarme ni al saber que en las primeras 24 horas no hubo complicaciones.
—Despertará en unas horas, hasta entonces podrá verla...
Paso de largo ignorando al enfermero para entrar al cuarto en el que ordene mantenerla en observación. El piso se encuentra vacío porque no voy a permitir que quieran terminar el trabajo del maldito hermano.
Mis ojos captan su cuerpo pálido y sin vida postrado en la camilla mientras se recupera. La maldigo hasta el cansancio sin dejar de verla, a las horas me acerco para tomar su mano fría.
—Agradece que esto no paso a mayores y que todo tu organismo se encuentra bien. —suelto en un tono amargo—. Porque entonces los dos estaríamos jodidos.
Quito el aparato de su rostro y bajo mi mascarilla antes de besar con desesperación sus labios resecos.
Me separo sintiendo la opresión en mi pecho que la reclama de una forma enfermiza.
No más.
Observo alrededor y sabiendo que tengo una misión que ejecutar no me quedo a más y dejo a los cuatro escoltas cuidando de ella.
***
—Las pérdidas no son muchas. —me informan.
—¿Vyshe?
—Las agentes Stefany Rojas y Camila González fallecieron. —eso significa muchas perdidas.
Cada Vyshe es demasiado importante y el deceso de dos es perjudicial.
—¿Yuri se ha comunicado? —cambio de tema.
—No, han pasado algunos días desde su partida, de seguro decidió quedarse más tiempo con ella. —responde Iryna.
—¿Ya fuiste a ver a la doctora? —silencio—. Oleg. —Su tono de reproche es lo que menos necesito.
—No estoy de humor.
—Nunca lo estás. —su esposo carraspea y decide intervenir.
—Ya tenemos todo listo, es posible que el líder se encuentre en la casa grande, ¿Estarás en ese grupo? —asiento.
—Esta noche se moverán las tropas, atacaremos al amanecer.
—¿Estás seguro? —no respondo y es suficiente para que entiendan.
Ya estoy harto de Rojo Sangre y mientras más rápido acabo con ellos mejor.
—Al culminar partimos a Rusia.
—¿Ya tenemos asignada la próxima misión?
Pienso en lo que he estado investigando.
—Sí.
Asienten satisfechos.
***
El dolor de cabeza se ha esfumado, pero los vómitos continúan y ya me estoy cansando.
—Tres minutos. —informan.
Me arreglo la protección del rostro mientras espero.
—Muévanse —ordeno.
Los agentes con sigilo se bajan de los autos y avanzan en la propiedad. Nuestros pasos se vuelven insonoros mientras nos adentramos.
Todo se encuentra en silencio hasta que el cronómetro llega a su fin y las bombas explotan.
Alertamos a los sujetos que no dudan en enfrentarnos, desde mi punto, barro con todos los que veo. Escucho los proyectiles chocar a mi alrededor mientras me escabullo.
—Francotiradores en el techo.
—¡Yo me encargo! —se adelanta Rebeca.
—Te cubro. —mientras la agente corre, su pareja se encarga de asesinar a quienes le apuntan.
No dejan de salir y la visión se torna pesada ante el humo.
—¡Hay rehenes! Repito, hay rehenes. —maldigo—. Ellos no estaban...
—Recuperen lo que puedan, pero si uno se cuela los próximos en morir son ustedes. —ladro
Salgo de la protección dirigiéndome a la casa.
—¡A dónde vas! El lugar estará en llamas. —grita Rustam que no duda en seguirme, no sin antes dar órdenes precisas de incautar todo lo que puedan.
La discusión en español con el dialecto más corriente me guía a los corruptos que destronaré, por otros que si me servirán.
—A otro pendejo con tus mamadas...
Disparo.
No dejo a nadie vivo, no me importa quien son, su estatus o familia. Me cargo a todos porque cada uno ha sido el causante de dolores interminables de cabeza.
Desastres inminentes.
La última orden tienen a la mujer que más me importa recuperándose de un enfrentamiento que se llevó consigo muchas mentiras.
—¿¡Qué se supone que estás haciendo!? —se altera Rustam en la puerta.
Abro los cajones y boto lo que no me sirve hasta que encuentro la invitación que guardo en mi camuflado.
—Terminemos de una buena vez con estas ratas. —suelto al salir nuevamente.
Recibo dos impactos de bala que mueren al tocar mi chaleco.
Peleó cuerpo a cuerpo contra cuatro al mismo tiempo y me afano a matarlos cuando veo a Rustam en apuros.
Saco mi navaja cortando su yugular y cuando visualizo al cómplice del líder lo llevó a rastra hasta entregarlo a un agente.
Me deshago de más cuerpo y cuando los avisos de que salgamos continúan tomo a Rustam del brazo y lo saco.
—¡Llévenselo! Y que alguien lo atienda, ¡Pero ya! —demando al salir.
No voy a permitir que él se muera.
Las horas siguen pasando hasta que el fuego ha consumido la mayor parte de la propiedad. Los que logran salir intentan huir, pero los tenemos rodeados y no llegan a nada.
—Superior, aquí está lo que solicito. —me giro al agente que me tiende a pogibel.
La marca de las víboras intentando llegar a Alessia, la que utilizo para este tipo de cosas.
—¡Qué vas a hacer! —grita el elegido.
—¡Sujétenlo! —ordeno y los agentes se apresuran a cumplir.
Quitan toda su ropa y cuando el material ya está en el máximo nivel lo presiono en su piel.
—¡AHHH! —los alaridos avivan mis deseos de matarlo.
Cuando la sangre empieza a salir, quito el material sin dejar de escuchar sus lamentos.
—Levántenlo.
Alzan la viga que siembran frente al caos que hay detrás del tipo.
Cuando el líder observe se dará cuenta de que todo es por ella.
Destruir a Rojo Sangre no es algo de hace unos meses, llevan años jodiéndonos, pero sinceramente nunca fue un grupo criminal que llamara mi atención como para unirme en su búsqueda.
Todo cambió cuando encontré una de la lista de los sabotajes y entre ellos se encontraba EBÓSIL, en ese momento decidí intervenir, al inicio fue por Young Min, pero cuando se metieron con la doctora el rumbo cambió.
Alessia Carvajal es intocable y ellos la habían jodido en varias ocasiones, por lo que sin saberlo iniciaron una guerra directamente conmigo.
—Misión cumplida, mi Superior. —observo a mis agentes, la mayoría con lesiones—. Rojo Sangre es inexistente.
No mientras el líder siga vivo, pero para él tengo otros planes.
—¿Los otros?
—En México, ya el fuego cesó, Colombia aún tiene problemas y en Rusia con más pérdidas de las estipuladas lograron acabar con ellos.
—¿Qué hay de Países Bajos?
—No aguanto nada. —asiento.
Exijo el informe que en poco tiempo estoy recibiendo de distintos lugares, en cada sitio dejaron al encargado en la viga con Pogibel en el pecho.
Los que aún no terminan lo enviaran después, pero en todos será igual.
Nos movemos hasta llegar al cuartel que en estos momentos es un completo alboroto.
Las pérdidas van a salir caro, porque no es algo que aprobó la maldita junta, pero solo ellos creen que les haría caso.
—¡Me puedes explicar por qué desobedeciste mis órdenes! —me encara América.
El ajolote sigue con los agentes que no paran de llegar directamente a ser atendidos.
—Sabías que lo haría, no te hagas la sorprendida. —paso de largo.
—El consejo de superiores inmediatos puede tomar represalias...
—Que lo intente—me detengo—. Si piensan que me van a amedrentar se equivocan, porque si antes tenía un poco de consideración ahora ya no más.
>>Aquí van a respetarme y no pasarán sobre mi autoridad, porque voy a exigir el cargo que por derecho me corresponde. —se endereza con recelo.
—El Gobernador aún no ha muerto, por ende su cargo pasa a mis manos en su ausencia y por muy Superior Supremo que seas, vas a respetar la jerarquía que por algo esta.
—¡Me la paso por las bolas! —ladro—. OFR. es creación de mi apellido por ende la mayor autoridad la tengo yo.
—Si nos vamos a doblegar ante un apellido, aún hay varios Bogdánov que pueden pelear por el puesto.
—Nadie peleará lo que saben que no podrán ganar y mi enemistad no van a quererla por algo que no es suyo.
—Alardeas demasiado.
—Es lo que hay, siempre lo has sabido y si quisiste ser vicegobernadora es por querer ganar un poder que nunca será tuyo.
—¿Vas a llevarnos a un absolutismo? —inquiere incrédula.
—OFR siempre ha estado liderado por la Tiranía que ocultan bajo una inexistente democracia, que sean unos ineptos que no lo han descubierto, no es mi problema, así que prepárate, porque el poder no durará en tus manos.
Me doy la vuelta buscando mi alcoba con la nueva oleada de...
—Tienes razón, porque el poder regresara a su dueño. —me detengo—. Carsten ha salido de coma y según los especialistas, solo necesitamos de tiempo para que se recupere, y entonces sí podrás pelear lo que tanto quieres.
Sigo avanzando maquinando qué hacer para que Carsten me entregue el poder sin tener a la mitad de OFR en mi contra.
Porque están conmigo o en mi contra y a estas alturas del partido no me conviene perder agentes.
***
—¿Qué fue lo que sucedió? Me voy dos malditas semanas y me entero de que todo se ha ido al carajo.
No volteo ante la intromisión de Yuri en mi despacho.
—A quejarte a otro lado, con la loca que sigue hospitalizada, por ejemplo.
Me levanto al haber terminado de revisar los informes, Yuri me sigue como una maldita garrapata.
—¿¡Y qué haces aquí!?
—No es tu problema.
—Estaba en Grecia, pasando mis últimas horas cuando me enteré de todo lo que ha estado pasando. —continúa con su drama—. Y me enteré de que ella había tenido un accidente...
Vómito.
Yuri deja de hablar cuando estropeo sus zapatos. Después de eso solo escucho sus gritos y maldiciones cuando me desplomo en el suelo.
Las cosas dan vuelta y mi último pensamiento es que esto es por lo que la loca ordenó que me suministraran.
Te odio como no te lo imaginas Alessia Carvajal.
***
¿Saben quien es el líder de Rojo Sangre?
¿Teorías?
Siempre subo Spoilers y espero que puedan disfrutarlos ♥
Comenten, por favor.

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