Capítulo 23
Toxic - Britney Spears. One hour.

Seguimos escondidas por unos minutos más, salimos cuando es seguro, me quedo a la mitad del pasillo intentando atar cabos, pero es demasiado que procesar.
—Es por aquí. —Kim se adelanta como si nada y un escalofrío me recorre al pasar frente a la oficina de Pedro. Este piso es el más solo que he visto.
—Espera. —me detengo abruptamente, Kim me escanea. —¿De qué protección hablabas el otro día? —me da una sonrisa.
—¿No tienes miedo de estar en medio de algo mortal como el ébola? —niego. No le tengo miedo a un virus, es mortal sí, pero no para ese sentimiento. —Una vez escuche decir que en el piso -6 hay personas que están trabajando con una vacuna para esto.
Dejamos los materiales de higiene en su lugar.
—Imposible. —miro a mi alrededor con un poco de cautela. —Son años y años en que las potencias llevan estudiando el ébola para encontrar la cura y hasta el momento no hay nada.
No miento, no hay una cura aprobada por la OMS para el ébola y me parece extraño que ellos quieran ser los primeros en obtenerla sin la ayuda necesaria. Hay muchas personas en este sitio contagiados, los pocos que logran salir mueren al momento al intentar superar la otra patente.
Mi cabeza va a explotar con tantas cosas, ¿Por qué mierda todos tienen lo mismo que Raisa? Hay algo que estoy dejando pasar por alto. No es una coincidencia.
—Es solo por si acaso. —Sigue caminando, la sigo por inercia tratando de encontrar la respuesta de lo que está pasando. Me detengo.
Raisa fue parte de un maldito experimento, un conejito de indias que pocos sabemos que está viva. Aquí buscan a los mejores doctores de todo el mundo con el único fin de encontrar a alguien que encuentre algo para ayudar a todas esas personas.
Mierda.
—Kim, ¿Qué sabes exactamente de lo que tienen los pacientes que se someten a cirugías? —indago. Se detiene dándose cuenta de que no llevo su paso. Arruga las cejas.
—Lo mismo que todos. —responde. —Hay algún químico que está provocando las reacciones secundarias después de que hayan superado el ébola. Se dice que es un químico que podría estar en el agua, por eso se está investigando ese río. —asiento y salimos del lugar con rumbo al comedor.
No puede ser algún químico del agua, si fuera así solo se contaminarán las personas de los alrededores y aunque todos los pacientes son de Pereira, no termina de cuadrar. ¿Qué papel tiene Raisa en esto?
Sé que ella y todos los Bogdánov tienen algo que ver, ¿Y la OFR?
Mierda y más mierda.
La cabeza me duele horrores, ya se convirtió en una puta migraña y todo lo que está pasando no me ayuda. Oleg tiene razón, soy una maldita Sumasshedshiy, lo que no sabe es que es él el que me está volviendo loca.
Él con toda su mierda.
***
Termino de comer mi almuerzo con la peor cara del mundo, lo deduzco por la expresión de los doctores que pasan por mi lado. Mis amigos no dicen nada, solamente me observan, sé que quieren preguntar, pero no lo hacen.
Piensan que si lo necesitara me desahogaría con ellos, lástima que la única persona con la que me he desahogado tiene los días contados. Nadie conoce todas mis mierdas y vive feliz con la posibilidad de divulgarlo.
Soy una maldita asesina desde que mate a mi hermano, luego de él me da igual la vida de los demás.
No me pesa la muerte de todos los que estoy dejando morir, no me pesa la vida de los malditos que me atacaron y murieron bajo mis casi inconscientes órdenes.
Tampoco me importará la vida de mi maldito psicólogo cuando deje de respirar.
Fui idiota al no reconocerlo, sé que es amigo de Rubén y ese es motivo suficiente para que deje de existir, pero no morirá solo por eso sino porque él también me daño y ya es hora que empiecen a pagar
Hay unos temas más que necesito dialogar, después quien sabe. Algo se me va a ocurrir. Puede ser contradictorio con lo que hago, pero de todos los que han muerto y pude evitar solo la de mi hermano valía y me pesa.
Que tenga pensamientos tan retorcidos no significa que lo piense en todos. Todo el que merezca vivir y yo pueda contribuir no lo pensaré dos veces, es mi pasión al final de todo.
—Dra. Carvajal, acompáñeme. —veo al enfermero que me saca de mis pensamientos.
Me despido de mis amigos y lo sigo. El rumbo que llevamos es el piso -5 al llegar frente a la oficina del doctor Marín me enderezo.
—Pase. —indican. Entro y veo a mi jefe, con una mirada me pide que me siente. Lo hago con cautela. —¿Cómo ha estado doctora?
—Hasta el momento todo bien doctor. —miento.
Me mira por unos segundos, cree que es discreto, pero no. Está analizando mi rostro y algún movimiento que haga. Me mantengo sentada con las manos sobre mi regazo esperando que diga el motivo de mi llamado.
Después de otros segundos niega. No sé que piensa y no lo averiguo, ya que cierro de golpe los ojos bajando el rostro.
Un dolor intenso llega a mis sienes provocando un mareo. Siempre cargo conmigo medicamento para emergencias como las que estoy padeciendo desde hace unos días, no son eternos porque ya me los terminé.
El dolor persiste por lo que tengo que ver cómo conseguir analgésicos en este lugar. Tanta droga hará que mi otro problema que requiere una cirugía se agrave.
—Te dejo para que hagas tu llamada. — asiento. Levanto el mentón viendo el hombre del que hasta hace unas horas me parecía atractivo para un polvo que buena falta me está haciendo.
Pedro sale dejándome en su oficina para mi llamada semanal. La semana pasada la perdí, le llamé a Oleg y no tuvo la educación para tomarla.
Me he vuelto masoquista porque está vez vuelvo a marcar su número.
Necesito información. Me convenzo.
Los pitidos me inquietan. Estoy por dejar el teléfono en su sitio asimilando que nuevamente no responderá, pero me equivoco. Contesta, escucho su respiración y al no decir nada me atrevo hablar.
—Sigo viva. —suelto.
Su maldita toxicidad me agobia, es como si algo me fuera a pasar, hasta el momento no veo signos reales de alarma. Estoy bien y se lo hago saber con mi comentario.
—Tengo tan mala suerte que sigues jodiendo mi vida con tu existencia. —Me acomodo tratando de relajarme.
No me voy a amargar, suficiente con todo lo que estoy descubriendo para tener más mierdas que tolerar.
—¿Cómo estás? —cuestiono. Se tarda unos segundos.
—Mejor al no tener tu presencia cada día. —muerdo mi labio. —Por otro lado, no puedo evitar pensar en como quedará tu culo con los azotes que te daré cuando vuelvas.
Cruzó las piernas. Este hombre a veces es demasiado directo, no olvido como disfrute los azotes en mi cocina, evito avergonzarme al descubrir algo más que me gusta en el sexo.
Ahora que lo recuerdo no se corrió. Fuimos interrumpidos y luego todo fue un caos. Ignoro los recuerdos para concentrarme en la conversación.
—¿Vas a azotarme? —Trato de sonar indignada. —Si esa será la bienvenida puedo quedarme un mes más para saber cuáles son tus alcances. —lo tiento.
Escucho como toma aire.
—Será un titular increíble. —arrugo las cejas. —''Mujer se suicida luego de no poder llegar a su orgasmo como castigo de su amante' —Suelto una carcajada al escuchar su estupidez.
—No te va el humor negro. —niego,
Él también está tratando de ignorar los acontecimientos pasados. Es consciente que luego los discutiremos como tanto nos gusta.
Seguimos hablando y me comenta todo lo que me hará, mis carcajadas son de las pocas cosas que tiene como respuesta, sin embargo, el buen rato no dura mucho y la sonrisa desaparece de mi rostro con lo siguiente.
—Estoy con una mujer. —me enderezo. —Desde hace una semana. —pienso bien en mis palabras.
—No te diré que me sorprende porque era de esperarse. —Soy sincera.
—Nunca hubo exclusividad. —dice.
No la hubo, no porque yo no quisiera.
Creo que fue lo mejor, si no me sintiera un poco mal. Además, la cachuda de sus infidelidades es su prometida, a mí me da igual.
La pregunta del siglo, ¿Ya no vamos a coger? Es algo que tengo que reflexionar. Agradezco que me lo haya dicho, la comunicación es algo de lo que siempre estaré orgullosa en nuestra retorcida relación.
No sé todo de él, ni él sabe todo de mí, pero si sabemos lo necesario y que me esté diciendo esto habla bien de lo mismo.
—¿La conozco? —pregunto. No me sorprendería, es algo de lo que ya estaba mentalizada, además tengo un poco de curiosidad.
Si los papeles fueran invertidos también me hubiera acostado con alguien más, aquí no lo he hecho por las circunstancias.
—No te interesa. —Una serie de mujeres hermosas pasan por mi mente.
—¿Alguna rusa?, ellas son hermosas, pero conociéndote a de ser una de tus subordinadas. —sonrío. —Una bella agente...
—Mariana. —me interrumpe.
Su nombre me revuelve el estómago. Hago puños y niego con la cabeza como si me estuviera viendo. No lo acepto.
¡Hijo de la chingada!
—Tu sí que eres un grandísimo puto. —Me paro de golpe. —Mira que con tu cuñada. —me burlo.
Controlo las ganas de jalarme el cabello de ira. Mariana y yo tenemos historia aparte de lo que paso con Javier.
Aunque la odio con todo mi ser, necesite y pedí de su ayuda. Me ignoro y abandono a mi suerte donde viví uno de los peores escenarios
—Para que te lo digo si no vas a entenderme. —no lo dice como una justificación, sé que nunca me la daría y tampoco se la voy a pedir.
La sangre me hierve, me niego a esta realidad, tiene a todas las mujeres que se le antojen y se acuesta con la más hipócrita.
—Tienes razón, no entiendo como pudiste hacer tal barbaridad. —recalco.
Estoy a nada de estallar, la rabia recorre cada célula de mi cuerpo.
No es bueno que mi humor cambie de forma drástica con este tipo de cosas, pero es algo inevitable.
—Relájate. —exige. No lo estoy viendo, pero sé que tiene ese rostro exasperado.
Retiro lo que pensé, si me molesta que haya una nueva mujer y más si a ella no la soporto.
—¡Con Mariana no! —exclamo. Escucho pasos afuera. —¡Te lo prohíbo maldita bestia! ¿Me escuchaste? Te-lo-pro-hí-bo. —suelto rabiosa. —¿Si captas?
—¿Si te estás escuchando? —replica en el momento que tocan la puerta.
Sé que es ridículo lo que le estoy exigiendo, pero no soporto la idea de que ella esté cerca de algo que ya me comí y supongo que volveré a comer.
Yo misma le busco otra mujer si con eso alejaré a esa víbora.
—¡Vuelve a tocarla y te corto el pito cabrón! —Abren la puerta. —Maldito caliente, analfabeta que no sabe lo que es un vibrador. —susurro antes de cortar.
—Lo siento doctora, pero ya se cumplió el tiempo. —dice Pedro. Asiento y salgo luego de despedirme.
Pasó el resto de la tarde con un sin sabor de boca al imaginarme a ella con Oleg. No es la acción la que me molesta, es la persona con quien lo hizo.
—No quisiera ser el tenedor en estos momentos. —El comentario de Javi me saca de mis pensamientos, volteo a mi comida, y me percato de la presión que le hacía al utensilio.
—Un mal día nada importante. —omito decir lo de Mariana, vasta conmigo de amargada. —¿Y Matías? —cuestiono al no verlo con él ni en el comedor.
—Haciendo su llamada. —Empieza a comer el pollo con la salsa de aquí que aún no descifro de que es, pero se siente como un afrodisiaco.
—¿Cómo está Santi? —Cambio de tema terminando de comer mi pollo.
—Extrañándonos a todos. —Sonrío. —Nunca me había separado tanto tiempo. —Una fugaz mirada de tristeza se apodera de él, me siento mal al casi obligarlo a venir.
—Tranquilo, solo nos queda una semana y luego no te separaras de ese bodoque. —Intento animarlo.
—No me gusta la cercanía que está teniendo con la niñera. —arrugo las cejas.
—Deja a la chica en paz, si no es una cosa es otra, pero siempre encuentras algo en ella que no te gusta. —analiza mis palabras. —¿Por qué no quieres que se acerque a Berenice?
—Cuando la ve su mirada se ilumina. —empieza. —Pregunta mucho por ella y cuando estoy con él pide verla.
Su rostro se vuelve serio, es obvio que no le gusta, pero sigo sin entender el motivo.
—¿No crees que estás exagerando? Digo, no es como si Berenice fuera a quitarte el amor de Santi. —suspira.
—El mío no, pero el de ella si y es algo que no me lo perdonaría.
—¿Ella? —alza el rostro.
—Melany. —aclara. —La madre de mi hijo. No quiero que Santiago se encariñe demasiado de Berenice porque ella no es su madre y al momento ella es la única figura materna que el reconoce.
Ahora lo entiendo...
—¿Qué piensas hacer?
—Estaba pensando en mudarme. —bebe agua. —Lo hago seguido, pero me gusta donde estoy, por lo que opino que es mejor despedirla y contratar a otra persona.
—No lo hagas de golpe. —recomiendo. —Que llegue unas cuatro veces a la semana para empezar, que el cambio sea poco a poco. Es un niño y un cambio brusco pude afectar su crecimiento.
»Por lo que dices es la primera figura materna que él reconoce, aunque sabe que no lo es. Si la deja de ver de golpe podrías crear trastornos en él, supondrá que él es el problema al creer que las personas se alejan de él. Pensará que no merece ser querido y eso será un grave problema en algún futuro.
—Ya luego veré que hago. —sigue comiendo.
No conozco muy bien a Berenice, pero al igual que Javier no estoy de acuerdo que genere lazos afectivos con ella. Quizá suene egoísta, pero a mi ver es lo mejor.
—¿Cómo está tu madre? —cambio de tema para que quite el rostro de preocupación, aunque no elegí el mejor tema.
—Bien, antes de salir de México hablé con ella, solo fueron unos minutos porque mi padre le quito el móvil al saber que era conmigo con quien hablaba. —nunca conocí a ese señor, aun así me cae mal. —Me siento mal porque es probable que mi llamada le causo problemas.
—Estoy segura de que tus hermanos no permitirán que la dañe. —bufa.
—A mis hermanos lo único que les importa es quedarse con la empresa del viejo. —son unos malditos interesados. —Me molesta no poder ver a mi madre, si por mí fuera viviera conmigo y no con los mal agradecidos que tiene como hijos y marido.
—Es increíble que tus hermanos aún vivan con tus padres, aun si no hubieras estudiado medicina estoy segura de que no vivieras con ellos. Para ser el menor eres muy independiente.
—La casa de mis padres es enorme, aún si vivieran veinte personas más, la casa seguiría viéndose grande. —rueda los ojos.
—A veces se me olvida que naciste en cuna de oro y que tu familia nada en dinero. —comento.
—Tu familia no fue económicamente mal. —el fue lo dice porque desde que mi padre murió mi madre se encargó de derrochar con todo lo que él dejó.
—La diferencia es que nunca lo sentí. —arruga las cejas al no entender. No continuo y no me presiona.
Es obvio que no le diré que mi madre creía que en lugar de hijas tenía sirvientas, la que más sufrió de esto fue mi hermana. Yo era muy pequeña y cuando descubrió que no era topada me exigía en estudios, sé que mi deber era sacar buenas calificaciones.
Pero ella lo llevaba a los extremos, si sacaba un 9 me dejaba sin comer y me mandaba a mi habitación a estudiar, si hacia alguna mueca de disgusto era al sótano a dormir.
Y si el siguiente día no tenía clases me dejaba ahí hasta que mi padre estaba a punto de llegar.
Cuando me sacaba me pedía alistarme para recibirlo. Mi padre nunca se dio cuenta de eso y se lo atribuyo al exceso de trabajo. Aparentemente, siempre me vi como una niña de buen nivel económico, pero nunca lo sentí.
Podrían pagarme una buena escuela, pero fui a una pública, no me quejo de ellas, son muy buenas. Mi universidad la pude hacer en cualquiera si de dinero se tratara, pero me esforcé por una beca cuando mi madre dijo que no me la pagaría.
Agradezco que mi hermano nunca paso por nada de eso. Él siempre fue el consentido y en ningún momento me sentí mal por eso.
Conocí los malditos privilegios del dinero hasta que los obtuve por mi misma.
Fue duro al inicio y más cuando la clínica de mi padre fue lo único que obtuve junto a una indemnización que ocupe los primeros meses para sostener la clínica, cuando murió.
La clínica pudo ser una fuente de ingresos sí, pero el servicio siempre será gratuito como el lo quiso.
No sé como trato mi mente esos problemas porque no siento que me afecten, no odio a mi madre, nunca sentí rencor hacia mi padre, amé a mi hermano y no tengo problemas con mi hermana.
Mi psicólogo es una mierda, cuando hable de eso dijo que porque nunca tuve nada ahora lo quiero todo. Ridículo.
¡No tengo traumas!
Lo quiero todo porque es lo que merezco.
Alejo esos recuerdos para concentrarme en mi amigo
—Falta poco más de una semana para que regresemos. —comento.
—Quiero volver. —me sorprendo. —Siento que algo de aquí me impide irme. —Lo veo extrañada.
—Tienes unas ojeras de muerte, tu área desde que llegamos ha sido en los cuartos del placer y créeme que el estrés de no encontrar que hacer y ver morir a varias personas al día no es alentador.
—Hay algo en su cerebro que se me hace conocido. —arrugo las cejas. —Siento que ya he leído sobre ello.
Sus palabras me obligan a estar alerta y poner sumo cuidado y atención a lo que dice.
—¿Cómo es eso posible? El ébola es posible que lo hayas leído en algún libro cuando estudiamos virología, pero el químico imposible.
—Confío en ti. —me enderezo. Vaya forma de decirme que no sea soplona.
Es obvio que no voy a divulgarlo, me trago la espinita de disgusto de que piense que hablaré, soy discreta y lo sabe.
—Continúa. —lo invito.
—Quiero regresar a México y leer ciertas cartas de Melany. —eso no me dice nada. —También necesito leer su libreta, el pH de la sangre está demasiado alterado y creo haber leído algo de eso.
Analizo sus palabras.
—Y por eso volverás...
—No me hagas caso, ¿tú volverás? —me corta. No indago porque sé que no hablara y no lo quiero presionar.
¿Volver? No quiero estar lejos de México, sin embargo, tengo que hacer algo para mi ascenso. Con el pago exagerado de este mes podre nivelar mis gastos y eso es suficiente.
Eso es algo que no tiene por qué saber.
—Había pensado que el proyecto para el ascenso sería contribuir con este hospital que es de beneficencia. —no miento. Asiente animándome a continuar. —Pero sabemos que esto va para largo y es información confidencial, por lo que no creo volver.
Sin duda este viaje a Colombia tuvo dos propósitos. El primero y más importante es por mi ascenso, lo segundo el dinero, quizá como un tercero alejarme de la mierda que me persigue.
Terminamos de cenar y cada quien se va a su cuarto. Me acuesto con la intención de dormir sin conseguirlo.
¡Joder, no otra vez!
***
Como Kim me lo dijo, a partir de hoy podre estar en un área más relevante. Por desgracia mis amigos seguirán en nuestra zona de confort que es el quirófano. Pero a mí no se me apetece seguir asiéndome la de la vista gorda con esas muertes.
Observo lo que tengo enfrente.
Han traído a dos pacientes más con indicios de ébola. Están en otra área de observación antes de asegurarnos que si es ébola y pasarlos con los otros con el virus ya confirmado.
En estos momentos Kim y Alika —una doctora de Nigeria— me están ayudando con el traje blanco para entrar a ver esos posibles casos de ébola.
—Necesito unas vacaciones. —Comenta Alika en inglés, que es su idioma oficial. En los últimos días, nos hemos hecho cercanas las tres.
Extraño, sí.
—Yo quiero una buena verga. —me rio de Kim y sus necesidades. —¿Tú no? —niego.
—No sirvo para la abstinencia. —ambas se ríen al entender. —Pero no te negaré que en estos momentos me sentiría satisfecha de cortar algunas vergas.
Pienso en la de la Bestia.
—Tienes fetiches un poco extraños. —comenta Alika. Termino de colocar el traje antes de pasar a la siguiente área de desinfección.
—No lo entenderían. —se quedan viendo lo que hago desde lejos y fuera del cuarto con las medidas de bioseguridad necesaria en esa área.
En donde estoy no puede entrar nadie que no esté con el traje que yo poseo. A mi alrededor hay dos doctores que se encargan de revisar mi traje y darme las instrucciones de lo que haré.
Observo al otro doctor que está frente a un panel de control con un sinfín de botones y pantallas que no tengo ni idea para que son.
—¿Lista?
—Sí. —afirmo.
Me paro bajo una cápsula y cuando estoy dentro se encarga de cerrar.
Presionas unos cuantos botones y la cápsula baña el traje del último líquido necesario, luego dentro de la misma cápsula un vapor se encarga que el traje esté en la temperatura adecuada.
Sin todo esto es imposible que me permitan entrar. Abren y me dejan salir de la cápsula.
—Sabe lo que tiene que hacer, recuerde que no puede tardar más de cinco minutos. —evito rodar los ojos.
Abren la puerta de cristal donde estoy cara a cara con dos posibles casos de ébola. Camino y empiezo con el protocolo rutinario.
Tomo la temperatura del primer hombre. —39 grados. — Hago lo mismo con el segundo encontrando el mismo resultado. Busco su vena para sacar la sangre necesaria para los análisis.
Al terminar inyecto suero intravenoso, está sedado, pero logro ver un leve movimiento en su mano. Lo ignoro, consiente que son efectos por el suero que acabo de inyectar.
Me dirijo al primer hombre que revise, pero la tarea se me complica al no encontrar su vena para tomar la muestra de sangre. Un ruido algo insonoro me hace levantar la cara percatándome que Kim se saltó el protocolo de bioseguridad.
Me alarmo porque no puede estar ahí sin el traje, es demasiado peligroso. Solo estamos divididas por la pared de vidrio del cuarto. El doctor que estaba en el panel se para sacar a Alika que también entro.
Kim golpea el vidrio y se baja la mascarilla, el movimiento de su boca y su expresión me indica que está gritando, los del área tratan de sacarla, pero ella forcejea y deja noqueado a uno peleando con el otro en movimientos ágiles y certeros.
Alika, por otro lado, derribo al otro doctor y se acerca al panel de control. No entiendo que carajos hacen. Fuera de ese cuarto empiezan a llegar más personas.
Alika toca botones tratando no sé de qué, al final enciende el micrófono y escucho sus palabras.
—¡CUIDADO! —grita, pero es demasiado tarde.
El segundo hombre que revise me toma con su brazo desde atrás. El traje me impide la movilidad de intentar luchar.
Trato de zafarme, pero él hace más presión. Veo como Kim aparta a Alika del panel y en nanosegundos abre la puerta del cuarto donde estoy.
—¡No! —advierto. Le doy un codazo al sujeto ganando tiempo para buscar como defenderme. —No se te ocurra entrar Kim. —El hombre me logra botar e intenta quitar mi traje.
Los gritos de todos ya son nítidos y me odio por ponernos en esta situación.
En la puerta Alika la trata de detener para evitar que se arriesgue, pero Kim, a pesar de su cuerpo delgado y frágil, tiene más fuerza de la que aparenta.
La manda al suelo y se apresura a mí jalando con una fuerza sorprendente al hombre, este ya débil perdiendo la adrenalina del momento se queda respirando pesado.
—¡Maldito hijo de perra! —grita Kim
El que ella se suba en él e intenta asfixiarlo no ayuda.
—Quítate. —La aparto. —¡Sal de aquí ya, Kim! —al hombre le empieza un sangrado nasal que me obliga voltearlo para impedir que se ahogue. —¡Kim, sal de aquí ya!
—Pero... —Intenta hablar.
—¡Kim! —grito. Dos doctoras con el mismo traje que yo tengo entran a sacarla y junto con Alika las meten en el cuarto de al lado igual de vidrio. Cumplen con el debido protocolo con ellas.
No me gusta que reciban regaños y estén en peligro por mi negligencia.
—Vaya mierda. —susurro, pero Carlota me escucha.
Ella me ayuda con el protocolo y seguimiento de los pacientes.
—Nunca acata órdenes. —niega refiriéndose a Kim.
Es mi culpa.
Me haré responsable de todo lo que pase, ya que fue mi culpa el no poner la debida atención en Jefferson, el paciente del incidente.
Lo que me faltaba.
***
—La primera imprudencia fue suya. —me regaña.
Estoy en la oficina de Pedro junto con el hombre de la discusión de la otra vez.
Él se mantiene en silencio en la esquina, viéndome como si me estuviera analizando. Levanto el mentón aceptando mi culpa.
—Me hago responsable de la salud de mis dos colegas que se vieron involucradas, aparte de continuar con mi rutina de trabajo. —asiente pasándose las manos por el cabello.
Llevo más de 10 minutos recibiendo regaños y estuve a nada de mandarlo a la mierda cuando empezó con los insultos que me denigran como mujer.
Me controlé.
—Tendrás una falla de alto rango en tu currículo. —respiro. —Aquí tengo a los mejores doctores a nivel mundial, por lo que una falla como la tuya no se pasara por alto, porque tu presencia es buena, pero sigue siendo irrelevante.
Me trago el nudo de ira que se forma en mi garganta terminando de escuchar que soy un asco de persona.
Mi presencia nunca será irrelevante y sé que en algún momento se arrepentirá de sus palabras y va a querer ponerme en un altar y venerarme al ser la única que puede con la mierda de este hospital.
—Estoy consciente de mi error, pero sé que puedo hacer algo más para evitar que ese dato esté en mi hoja de vida. —Trato de persuadirlo.
Al terminar de decirlas me arrepiento porque no fueron las mejores. Se escucharon como si me fuese acostar con él y antes muerta que regalada.
—Aquí se respetan los estatus y tú estás tres escalones por debajo de mí. —hago puños. —¡Si yo digo algo, se cumple al pie de la letra! Si se contradice será peor.
Me quedo callada. Las ganas de levantarme y decir mi punto de vista siguen a flor de piel, pero me niego a que mi hoja de vida tenga más peros.
Por primera vez en lo que llevo ejerciendo la profesión, me están queriendo hacer sentir inútil, reemplazable e inservible.
Iluso.
Si me lo creyera la sensación podría ser aterradora y quizá mis miedos estuvieran en bandeja de oro para ser pisoteada. Lástima que se cruzó con la doctora equivoca y si piensa que con sus palabras me está doblegando se equivoca
—Si doctor. —evito rodar los ojos.
—Puedes retirarte. —Me levanto y con toda la fuerza de voluntad que tengo me dirijo a la puerta.
Abro y me encuentro a una mujer que nunca había visto, es hermosa con la piel caribeña un poco pálida por la falta de sol. Trae unos documentos en sus manos.
Ella también me repasa, alza una ceja como si me reconociera y por un momento siento que me hablara, pero no lo hace. Su cabello ondulado castaño oscuro hace un contraste bonito con sus ojos oscuros bajo esas gafas.
—Permiso. —dice al pasar por mi lado sin esperar a que responda. Su voz estaba agitada y preocupada, las ojeras bajo sus ojos me muestran su cansancio.
—Hernández, tenemos que hablar. —Es lo que sale de los labios de Pedro antes que cerrar la puerta.
***
Estoy con la debida protección que se necesita para estar a una pared de vidrio que divide a Kim y Alika de mí.
—A cualquiera le pudo pasar. —Kim trata de hacer las cosas más llevaderas, pero es imposible. Sé que debí ver los signos de Jefferson en esos momentos y no lo hice, de ahí se desencadenaron los demás hechos.
Desde el principio acepte que fue mi culpa y aunque mis colegas insisten en que un error lo puede cometer cualquiera, no es algo que me tranquilice. No soy cualquiera y sinceramente ya aprendí la lección, pero me hostiga que sigan con lo mismo.
—En 24 horas podrán salir si no se presenta ningún síntoma. —cambio tema. Alika asiente y Kim rueda los ojos.
—Por mí que fueran más. —Se acuesta la coreana. —Son como unas vacaciones.
—No sé tú, pero no estoy a gusto sabiendo que Alessia nos mantiene vigiladas 14 horas seguidas mientras trabaja las siguientes 8 y solo le quedan las últimas 4 para descansar y hacer sus necesidades como comer, ir al baño, bañarse...
—Ya entendí. —Kim la detiene. —Si lo planteas así me siento culpable de sus ojeras. —Me ve con lástima. Ruedo los ojos siguiendo con mi lectura de unos documentos que encontré y me parecen conocidos, pero a la vez aterradores por su contenido.
No sé quién fue el idiota que los dejo a la vista, pero muestra la composición del pH alterado, aunque no sé de qué exactamente. Podría ser de la sangre u de cualquier otra cosa. Hay códigos que no entiendo, no es nada relaciona a medicina.
Me grabo cada maldita fórmula, dato y todo lo que pueda.
—Llevan 72 horas en observación, si en 24 horas no presentan síntomas es probable que salgan. —vuelvo a comentar lo que deseo. —Una semana después vuelvo a México, aunque tengo que aislarme 48 horas. —hago cuentas.
—Lo que significa que tu macho te vera demacrada. —arrugo las cejas. —Tu amante querida. —ignoro a Kim.
Pensar en Oleg es lo menos que quiero hacer, vuelvo la vista a lo que tengo en mis manos.
—No me habías contado tus andadas, picaronas. —Se indigna Alika.
—No es relevante. —Ignoro sus preguntas sobre tamaño y grosor mientras me relamo los labios.
Sacudo la cabeza para sacar escenarios que no vienen al caso sabiendo mis intenciones con ese órgano masculino que provoca placeres en el sexo femenino.
El tiempo se hace llevadero al escuchar escenarios que nunca creí escuchar. Odio mi imaginación al escuchar la serie de kamasutra que han practicado.
—¿Dónde fue el escenario más arriesgado y satisfactorio en el que tuviste sexo? —Pregunta Kim, quien dijo que el de ella fue en un avión y el de Alika en la casa de sus suegros que estaban en el cuarto siguiente que ellos.
Lo pienso unos minutos y la escena viene a mí provocándome una sonrisa.
—En un salón de la facultad de derecho con un egresado de la misma carrera. —Alika se ríe y Kim arruga las cejas.
Recuerdo que fue la primera vez que estuve con un hombre luego de mi violación. No fue romántico, pero sin duda Axel supero mis expectativas con respecto al sexo.
Además de ser mi cómplice que me ayudo a superar ciertos traumas, también me enseño que no todos son iguales y que por pocos no tengo que englobar a todos los hombres.
Mierda, después de Oleg, el sexo con Axel ha sido el mejor que he tenido.
—Creí que me dirías algún escenario con tu amante. —Ruedo los ojos.
Veo la hora percatándome que ya es hora de ir a trabajar con los pacientes que están por venir con síntomas de ébola.
—Dijiste arriesgado y satisfactorio. —Me levanto. —No placentero, enigmático, erótico y satisfactorio. —Abre la boca en una gran O.
—¡Dios, que rico! —dice Alika, Kim se ríe mientras niega.
—Te propongo un trío con él. —ve a Alika. —O podría ser un cuarteto.
—El trío está bien. —digo y Alika me ve indignada.
—Eres una egoísta. —refuta.
—Lo siento, quedaste fuera querida. —se burla Kim. Niego al saber que no entendieron.
—Sí, soy una egoísta porque no pienso compartir a mi Bestia con ustedes.
Nunca me he visualizado en un trío, dos mujeres y un hombre, pero en algún momento tuve una fantasía con dos hombres, Oleg y...
—¿Espera que? —sonrío al ver sus expresiones. —O sea, el trío seria entre nosotras.
—¿Por qué le dices Bestia? —Kim se queda pensativa.
Me muerdo el labio, es claro que no le diré.
—No querrás saberlo. —me paro dispuesta a irme.
—Por cierto, ¿Cómo se llama? Tengo interés en saber quien es tu amante.
***
¿Qué les pareció?
Dejen aquí sus teorías, me encanta leerlas ♥
¡Spoiler del extra!
—Lo siento. —bajo el rostro.
Me maldigo y siento un escalofrió cuando sus dedos se posan en mi mandíbula para levantar mi mentón.
—Esa pose déjala para otro momento. —arrugo las cejas. —Perdiste la cirugía de hoy. Rubén se esta haciendo cargo. Dijo que no te sentías bien, porque te estaban robando. —ironiza. —Puedes retirarte, total desde que estas aquí tu expediente va en caída.
¡Spoiler de un Capítulo X!
Contrólate Alessia.
Llego al primer semáforo y cierro los ojos imaginando la satisfacción que sentiría al abrir un cuerpo, escenas de las veces que lo he hecho vienen a mi mente, pero eso ya no es suficiente ¡Nada es suficiente!
Estoy anhelando ese poder de ser la única persona en decidir si alguien vive o no, en las únicas ocasiones que lo hice fue en Colombia, pero siguen sin parecerme satisfactorio.
Necesito algo que llene mi sed, esta sed que está surgiendo en el fondo de mí, necesito alimentar la espesa oscuridad en mi interior y así saciar de una manera retorcida mi ser.

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