Capítulo 11
Señorita - Shawn Mendes, Camila Cabello. One hour.

Embarazada.
Cambio mi expresión de molestia a una de preocupación, sé que mi amigo se morirá de emoción.
Nunca lo ha dicho en voz alta, pero sé que uno de sus sueños es ser padre.
—Aún no lo he comprobado, pero llevo una semana de retraso. —Vuelvo a la realidad.
—No entiendo que estamos esperando en los baños. —frunzo el ceño. —Tienes que hacerte una prueba de sangre y no estar solo con suposiciones. —la veo con desaprobación.
La tomó del brazo para sacarla, pero antes de dar un paso me detiene.
—Alessia, yo no quiero el feto. —Me detengo a escucharla. —Si la prueba sale positiva voy a abortar. —Baja el rostro. —No me haré una prueba de sangre, compraré una prueba en la farmacia.
Sara se perdió mi valiosa clase de anticonceptivos.
—Te la iré a comprar, no te muevas. —Estoy siendo demasiada generosa, pero en estos momentos me importa poco.
Salgo de los baños sin esperar respuestas.
Aunque Matías hace unas horas haya tenido su lengua en una desconocida, no puedo evitar sentir algo similar al remordimiento.
Me detengo unos minutos a chequear a un paciente porque tampoco iba a descuidar lo mío por ella. El tiempo pasa y me desvío en busca de lo que necesito para Sara.
Cuando llegó a la farmacia pido dos pruebas.
—Aless. —Me espanto al escuchar la voz de mi amigo. —¿Qué haces? ¿Y Sara?
—Dra. Carvajal aquí está su pedido. —Me entrega las pruebas en una bolsa transparente, provocando que Matías abra exageradamente los ojos al darse cuenta de su contenido.
—Creo que estoy embarazada. —digo lo primero que pienso. —Sara está en camino a su casa y tiene permiso por los próximos días.
—¿Qué? —exclaman a mi espalda. Cierro los ojos al reconocer su voz. —¿Es de Oleg? —Cuestiona, Damián Avalos.
Me doy la vuelta dando la cara.
¿Sabe que me acuesto con su amigo?
—Por supuesto que es de él. —Contesta Matías empeorando la situación. —Así que si me disculpa Dr. Avalos iré con la Dra. Carvajal a...
—Solo es una suposición, así que les pido su mayor discreción. —aclaro
Los dejo a ambos parados en medio del pasillo yendo a dar una vuelta para despistar. Al rato voy al baño dónde está Sara.
—Tardó mucho. —Ruedo los ojos.
—Matías y Damián piensan, que estoy esperando un hijo de Oleg.
—¡Que! Pero...
—Tranquila, no sospechan de ti y lo mío es lo que menos importa. —le resto importancia.
Luego me encargo de eso, porque no quiero que crean cosas erróneas.
Un hijo de Oleg, ruedo los ojos ante la ridiculez.
Asiente y se mete en un cubículo, a los minutos sale mientras esperamos el tiempo indicado en un silencio incómodo.
—Vea usted. —Susurra.
Reconozco el miedo que está sintiendo.
Me acerco viendo la primera prueba positiva. Tuerzo los labios. Tomo la otra y tiene las dos rayas confirmando la primera.
—Positiva. —Se la muestro provocando que deje caer una lágrima. —Eres una futura doctora, así que no te daré la charla ante estos casos. —No deja de botar lágrimas. —Sabes las alternativas que hay, tú sabes lo mejor.
No es una niña ingenua, por lo que no estaré con contemplaciones ridículas.
—Gracias por comprender. —Me abraza haciéndome tensar.
No es agradable que te estén llenando el hombro de mocos y lágrimas. Al sentir mi falta de afecto se separa.
Son situaciones diferentes.
No se me da empatizar, nunca lo he hecho y aunque quisiera no podría.
Son situaciones diferentes.
Me convenzo.
—Te daré un consejo como amiga y no como doctora. —Un término mal utilizado es estos momentos porque no me estoy comportando como una. —Es bueno que el padre lo sepa.
Llora y me irrita su falta de seguridad para afrontar la situación.
—Sé lo que dirá el padre, pero es mi cuerpo, soy responsable de mis actos y no voy a traer un hijo a pagar por mis errores. —Respira. —No estoy diciendo que el feto sea un error, solo que ahora lo que quiero es triunfar, superarme y cumplir muchos sueños antes de entrar a esa responsabilidad.
No me salgas con eso, Sara.
—Está bien. —Sigo viendo como se hunde en su miseria.
No deseo intervenir.
—Quisiera que me ayudaras. —pide.
Cuando digo que no quiero intervenir, me refiero a esto.
Me mantengo serena pensando en mis opciones.
Tolero a Sara, pero Matías es mi amigo y no me quiero meter en esto por respeto a él. La mirada devastada de Sara provoca odiarme por lo que haré.
—¿Quieres que busque clínicas? En nuestro estado ya es legal. —Mueve la cabeza confirmando. —Te daré incapacidad de 4 días por intoxicación estomacal. —Informo lo que ya le mencioné a Matías.
Se va y me quedo en el baño procesando la información y las posibles consecuencias que traerán mis acciones.
No importa, no es algo que vaya afectarme.
Trato de relajarme.
Tomo las pruebas de embarazo, pero ya es demasiado tarde.
Abren de forma brusca la puerta del baño.
—Aless, te he buscado por todo el hospital. —Entra Matías seguido de Damián
¿Qué hace él aquí?
—¿Y? —Preguntan al unísono
—¡Que les importan! —Me las guardo en el bolsillo de mi bata porque conociendo a mi amigo las sacara de la basura. —Dejen de ser chismosos.
Me dirijo a la salida, pero me detienen antes de lograrlo.
—Tú quítate. —me dirijo a Matías, quien se ha metido en mi camino. —Y usted no se meta en cosas que no son de su incumbencia. —Se ven entre sí y luego a mí, se cruzan de brazos sobre sus pechos.
—¡Habla! —exigen.
Si continuo en un cuarto reducido con ellos, mi paciencia se terminara y no quiero colapsar, porque no veo claro y hablo por impulso sin razonar.
—Salió negativo. —miento.
Si supieran que salió positivo no sé cuál sería su reacción y más sabiendo que el padre esta frente a mí.
El primero hace un puchero y el segundo suspira.
>>Con permiso. —suelto al pasar en medio de ambos.
***
Término mi día y voy al estacionamiento en busca de mi auto que ya necesita un baño.
El camino es reconfortante permitiendo que me hunda en mis pensamientos.
No supero muchas cosas, una de ellas es la muerte de mi hermano, que sigue como un recordatorio de que sin quererlo puedo ser una asesina.
No me molesta el término, pero sí con quien lo fui.
Durante la noche me dedico a investigar lo que le prometí a Sara, lo encuentro y le mando el dato por medio de un mensaje.
Mientras antes mejor
Reviso mi celular observando que tengo varios mensajes de la bestia, así que decido hablarle.
—¿Por qué te fuiste de esa forma? —ruedo los ojos.
—Tenía cosas que hacer. —respondo con obviedad.
—Más importantes que follar con tu amante. —comenta.
Diablos, es la primera vez que acepta el término y debo admitir que se siente excitante.
—Me interesa, continua. —sigo el juego.
—Te perdiste la oportunidad de que te folle las tetas. —me caliento.
—No me perdí nada, simplemente se pospuso, el que te dejé mamar mis tetas. —escucho un gruñido.
—Alessia...
—Te imaginas lo excitante que seria que te vinieras en mis tetas. —me despojo de mi ropa.
—Una imagen digna de retratar. —acepta. —Y no solo eso Alessia, todo tú eres algo digno de retractar, pero no todos podrían captar el movimiento agitado de tu pecho junto al sudor y cabello revuelto luego de que hayas llegado a la cima.
Empiezo a tocarme.
—Continúa. —froto por encima mi botón hinchado.
—Afortunado todo aquel que tenga tu aprobación para estar entre tus piernas. —me tenso ante cierto recuerdo. —Porque cada uno de ellos se volverá adicto al néctar de tu exquisito coño.
—Estoy conforme de que solo haya una persona adicto a mis jugos. —cierro los ojos mientras lo escucho maldecir.
—Lo despertaste. —reprende.
Muerdo mi labio al imaginar el bulto entre sus piernas.
—No es algo que me moleste para ser honesta. —aumento el movimiento circular. —De hecho, me excita la idea de que te toques pensando en mí.
—No me tocaré. —gimo. —No hagas eso. —se enoja.
Aumento los movimientos provocando que los gemidos salgan de forma natural.
—La diferencia entre nosotros es que yo no reprimo mis deseos Oleg.
—Alessia...
Calla cuando cuando llego a la cima y mis sonidos causan lo que quiero.
—Esto fue muy relajante, ¿No lo cree? —sonrío. —Además...
Aun en la llamada mi móvil suena, y el mensaje que leo quita toda clase de excitación.
¿Cómo estuvo la película doctora? No olvide que en unos días la volverán a visitar para acordar un acuerdo que favorezca a ambas partes.
H. B
>>Tengo que cortar, nos vemos luego.
—¡No te atrevas a...! —cuelgo.
Ignoro el mensaje que me deja los pelos de punta, al menos este ya no tiene una dirección.
Tomo una ducha y me pongo mi pijama.
Zule está de vacaciones en Guerrero, me alegra que pueda darse sus gustos.
Voy a la cocina a botar las pruebas, entro al cuarto de Scott a revisar si tiene agua y comida.
Los últimos días ha estado un poco desganado, cuando me ve se levanta y viene a mí para que le dé amor.
—¿Cómo está mi bebé? —Hablo como si me entendiera. —¿Sabes? Mañana te vendrá a recoger un amigo para que vayas a conocer a un niño que quiere jugar contigo.
Así pasó un rato hablando y dándole caricias hasta que se duerme, tiene menos energías que antes, el veterinario dijo que era normal, pero yo sé que no lo es, Javier se encargará de llevarlo a otro para que lo evalúe.
***
Es de las pocas veces que he pedido permiso en mi trabajo, soy de las personas que pocas cosas los detienen y odio hacerlo en estas circunstancias.
Calma, Alessia.
Faltan 5 minutos para las 4:00 pm ya estamos en la clínica, Sara esta sería sin inmutar palabra y sinceramente yo tampoco sé que decir, la llaman y de inmediato va al lugar.
Me quedo con la vista perdida en el sitio donde se fue, ¿Estaré haciendo bien?
Lo único que sé es que jamás hablaré de esto con nadie, Matías no me lo perdonaría.
Y ahí están las nuevas preguntas ¿Por qué estoy ayudando a Sara? ¿Por qué me siento frustrada? Es solo un embrión que en poco tiempo sería un feto, pero eso no evita sentir algo atorado en mi pecho. Cuando terminan sale.
Eso fue rápido
Me pide que la deje en su casa y así lo hago.
—Espero que puedas guardarme este secreto. —Susurra al llegar a su casa.
—Son tus problemas. —No la veo. —Encárgate de ellos.
—Alessia yo... — Siento su mirada en mi cuello. —Lo siento yo...
—Bájate. —No dice nada más y se baja dejándome con pensamientos absurdos.
Cuando llego a mi apartamento me voy directo a mi cuarto. Me cambio. Saco mi laptop para revisar los correos que envío mi secretaria, al parecer mañana a las 9:00 am tengo programada una extracción de vesícula.
Suena mi celular y me sorprende ver el remitente.
—¿Oleg? —Se escucha música de fondo.
—Alessia, ¿Dónde estás? ¿Por qué no contestas mis mensajes? —Su voz es sensual, sin dejar de ser fría, más no vacía.
Desde ayer que corte la llamada no ha dejado de insistir.
¡Quiero un maldito descanso! Nadie me pone las cosas fáciles
—¿Dónde estás tú? —Ignoro sus preguntas.
—Estoy... ¿Rustam donde estamos? —Escucho voces distorsionadas por el exceso de música. —Estoy en black bar.
—No te muevas de ahí. —Me pongo un abrigo sobre mi pijama. —Voy para allá.
***
Sin decir mucho, el tal Rustam junto a Damián salen detrás de Oleg.
Le hablé que ya estaba afuera porque no iba a entrar en mis fachas al lugar. Camina como si nada y me cuestiono el porqué estoy aquí si él está bien.
Controla los impulsos, Alessia.
—No entiendo por qué te lo vas a llevar. —Damián me repara, pero deja de hacerlo cuando siente la mirada de Oleg, hasta a mí me dio escalofríos.
Yo tampoco lo sé.
—Tenemos cosas de qué hablar. —Me justifico como si fuera de lo más normal.
—Yo te conozco, ¿Tú eres...? —se queda pensativo. —Un momento, ella es la que anda marcando territorio —sonríe
—¡Cállate! —Se molesta el Ruso. —No sé ni que carajos hacen aquí. —Se cruza de brazos y ambos dan un paso atrás.
La silueta de Rustam se me hace conocida, pero no logro recordar de donde.
—Le diré a mi padre lo que explicaste. —dice Damián y el Ruso asiente, sin despedirse de ellos, se da la vuelta en busca de mi auto.
Evito cualquier tipo de emoción frente a ellos que ahora no se inmutan en repararme como si trataran de descifrarme.
¡Hoy follo con el Ruso! Al final si valió la pena el viaje sin sentido.
Terminaremos lo que por llamada no se pudo.
—Buenas noches. —me despido de sus amigos.
Me volteo con una enorme sonrisa al saber que hay un maldito Ruso en el asiento de copiloto. Conduzco en silencio mientras volteo de vez en cuando, ¿Se durmió?
Llego al edificio donde vivo. Salgo del auto y cuando llego a la otra puerta me inclino a él para quitar el cinturón, se traba y disfruto esos segundos de cercanía.
Abre de golpe los ojos y me quedo idiotizada al ver de cerca los zafiros que me vuelven loca.
—Muévete que el portero se acercó a comprobar lo que hacías. —Se ríe cuando me enderezo y me golpeó la cabeza.
Es la primera vez que lo escucho reír y descubro que hay otra cosa de él que me idiotiza.
Que el Sr. John me haya visto y se haga ideas locas no es mi problema, lo respeto, pero no me importa lo que piense.
—¿Cómo lo sabes si tenías los ojos cerrados? —Me sobo mientras le doy espacio para que salga.
—Tienes que aprender a sentir la presencia de las personas en todo momento. —No entiendo.
El golpe me dejo estúpida.
—Creí que estarías tan ebrio que no te pondrías de pie. —Rueda los ojos.
Caminamos hasta llegar al ascensor y se cierran las puertas, Oleg aprovecha la situación para toparme contra la pared.
¡Empótrame ruso!
Pasa una de sus manos aún costado de mi cabeza, inclinándose un poco hacia adelante.
—No quiero que tus vecinos crean que estás saliendo con un ebrio que no sabe mantenerse de pie. —mi respiración se altera ante sus palabras. —Además, nunca me verás ebrio.
Me río con ironía.
—Pero no estamos saliend... —Me calla al estampar sus labios contra los míos en un exigente beso.
Delicioso y adictivo.
Estruja mi cintura presionando mi abdomen contra él para que sienta su dureza. Las ganas intensas de tocarlo crecen, pero desisto cuando las puertas se abren.
Lo jalo llevándolo a mi puerta, la abro de inmediato y me deshago del abrigo, él me ve con ojos lujuriosos, pero niega de inmediato.
—No vamos a follar, Alessia. —Me separo procesando sus palabras.
¿Cómo que no?
—¿Por qué? —Mi voz es más dura de lo que me gustaría.
Nunca me han negado esto y está hiriendo mi ego con su negatividad a nuestro placer.
—Porque estoy seguro de que para mañana lo lamentaré y no quiero hacerlo. —Sus palabras me confunden.
—¡Pero si no estás ebrio! —Me jode su actitud.
Quiero coger.
—Voy a castigarte. —Lo veo incrédula. —La última vez que nos vimos y hablamos fue el día que te traje a tu apartamento, luego de estar en las bartolinas y la actitud que tomaste esa noche es cuestionable. —Sé a lo que se refiere, pero me niego a aceptarlo.
¡Quiero tener mis momentos de desahogo!
Esto es el colmo, yo queriendo olvidar ese momento en el que me comporte como una estúpida y él lo saca a relucir.
¿Dónde quedaron los chats calientes en los que lo intente persuadir?
—Si no quieres coger solo dilo y ya. —Me enojo. —No quiero que me estés chantajeando con ridiculeces que no vienen al caso. —Sonríe con suficiencia.
—Así se habla, sin embargo —Lo veo a la espera que continúe. —Te quedará de experiencia de lo que no debes hacer, al menos, no en mi presencia.
¡Yo lo mato!
—Si no quieres coger no te voy a rogar. —Lo veo seria. —Vergas hay muchas y no me voy a cohibir por la tuya. —Su semblante cambia.
—Pero no lo harás porque estas conmigo. —No puedo con su prepotencia.
—¿Me estás pidiendo exclusividad...? —niega. —Sé que no amas a Mariana.
Llegamos a la sala, la conversación me está cansando, pero no la terminaré hasta no llegar a algo productivo.
—No quiero pedir exclusividad y no porque no lo pueda hacer. —Me siento y él hace lo mismo frente a mí. —Me voy a casar y el hecho de que este contigo hace que me sienta como el peor hombre.
—No la amas. —Suelto lo evidente. —Mariana es...
—No amo a Mariana. —aclara.
No siento nada por Oleg, y estoy segura de que es mutuo, pero eso no evita que mi mente trabaje.
>>No sé porque piensas que ella me interesa si... —lo callo.
Me voy contra él sentándome en su regazo a la vez que junto nuestros labios en un beso brusco cargado de desespero.
Si no la ama a ella y está conmigo ahora, es que su matrimonio es por conveniencia.
¡Maldita, perra!
Le muerdo el labio y él gruñe, pero no me aparta, quiero seguir, sin embargo, ya me dijo que no pasara nada.
Respeto su decisión solo por sus motivos, acepto el absurdo castigo que como él ya lo dijo: es para recordarme lo que no debo hacer.
Si hay un pendejo que no haya dos.
Me gusta que Oleg piense lo mismo que yo con respecto a ese tema, sé que estuve mal, pero no me gusta que me esté conociendo demasiado, tengo que ser más precavida.
Mariana cuídate, me quitaste a mi amigo, ahora es mi turno de arrebatarte lo que no te pertenece.
Quitándole el poco afecto de su prometido, no pagará ni un poco lo que ella permitió hace 6 años, y ahora ya no hablo de Javier.
Si no de mí.
El hecho que me acueste con Oleg, hace este desafío aún más interesante.
***
¿Qué piensan de Alessia?
Si les está gustando no olviden dejar su voto ♥
***
—Nos estamos cuidando Alessia, ¡Nunca hemos follado sin condón! —me altero.
—Todo método anticonceptivo tiene su probabilidad de falla. —expone lo evidente.
—¿Eso significa que estás embarazada?

Bạn đang đọc truyện trên: AzTruyen.Top