11- Navidad

~6to año~

Natalie Russo:

Diciembre era el mes que amaba de pequeña.

Mamá solía cocinar galletas de chocolate, mientras papá se encargaba de la decoración del lugar.

Mi hermana solía quedarse en su cuarto, mientras a mí me encantaba ayudarlos.

Pero lo bueno no dura para siempre ¿O me equivoco?

Los intentos de Amos por mejorar mis días eran cada vez mejores, y era algo que agradecía muchísimo.

—Tengo todo planeado —Soltó alegremente—. Te iré a buscar en la Tienda de Té apenas tu horario termine.

—No es necesario Amos, puedo ir sola al castillo.

—Claro que puedes... Pero no voy a dejarte desamparada.

Acepto gustosamente el abrazo brindado, para luego salir juntos a Hogsmade.

He de decir que no les dirigía mucha atención a los chicos, pues aun sentía vergüenza por lo ocurrido.

No obtuve un castigo, pues el profesor de Encantamientos empezó a reír (algo sumamente raro) y me dejó ir.

Aunque llegué tarde a mi reunión con Pomona.

—¿A quién dejarás como capitán del equipo? —Me atrevo a preguntar.

—Aún lo estoy pensando... Sabes que ese puesto es muy importante para el equipo.

Yo asiento, tratando de adivinar quién sería el nuevo líder del equipo de Hufflepuff.

—Pero tengo en mente a varios candidatos, ¿Te gustaría venir al próximo entrenamiento?

—Tal vez lo haga, últimamente me siento atareada por las tareas, y creo que merezco un descanso.

Nuestra conversación tarda lo que corresponde al camino hasta la tienda donde trabajo, Amos confirma que llegará por mí y me despido.

—Buenos días, Madame.

—Señorita Russo, buenos días —Me saluda dulcemente—. ¿Lista para hoy?

—Debo estarlo —Digo, poniéndome el vestuario, debido a que debo usar un uniforme—. Sé que hay muchos clientes por estas fechas.

—Me alegra tanto que lo tengas en mente —Sonríe—. Por favor, abre la tienda, y continúa con tus compañeros.

Me dirijo a la puerta principal, cambiando el cartel de "Cerrado" a "Bienvenidos al Salón de Té, de Madame Tudipie"

—Veo que ya le has tomado más ritmo —Saluda una chica a mi lado.

—Algo así.

—Pandora Sailstream —Tiende su mano, gesto que yo imito.

—Natalie Russo —Devuelvo el saludo—. Natt para los amigos.

—¿Soy parte de ese grupo?

—Ya veremos —Sonrío, cordialmente.

La chica frente a mí era rubia, de ojos claros y piel delicada.
Portaba un escudo de Ravenclaw en su collar, y usaba una hermosa diadema que combinaba con sus anteojos de colores.

—No te había visto por aquí.

—Solía venir a trabajar más seguido, pero me ausenté para tomar unas cortas vacaciones.

—Entiendo.

Ambas caminamos a la mesa de pedidos, notando que varios estudiantes empezaban a llegar.

—Bienvenidos al salón de té de Madame Tudipié —Empiezo a hablar, buscando la libreta de apuntes—. ¿Cuál es su orden?

—Una amiga, para llevar por favor.

Levanto mi mirada para toparme con Lily.

—¿Desde cuándo trabajas aquí? —Pregunta.

—Unos tres meses más o menos...

—¡Debemos venir más seguido! —Suelta Mary, muy emocionada al parecer.

Unos murmullos se asoman en la fila.

—Chicas, en serio lamento todo esto, pero...

—Nosotras entendemos —Opina Marlene—, danos... Dos tazas de té blanco, una taza de té amarillo y un café Cappuccino.

—Anotado —Confirmo la nota a vuelapluma—. ¿Algo más?

—Nada.

—¿A nombre de quién?

—Al mío —Responde Lily.

—Lily Evans —Dicto a la pluma.

A mi lado, Pandora también atendía, pero con más facilidad.

—Ok... Sería 1 galeón y 68 Snickles.

Marlene es quien se apresura a entregar el dinero.

—Tomen asiento, dentro de unos instantes se les dará el pedido.

Todas sonríen y caminan hacia una mesa cercana a las ventanas.

Con un movimiento de manos, el papel de la libreta se rompe, para luego volar hacia las cocinas.

—Bienvenidos al salón de té, de Madame Tudipié —Repito—, ¿Cuál es su orden?

—Un... Un té verde.

—¿Para llevar?

—Sí.

—Anotado... ¿A nombre de quién?

—Xenophilius Lovegood.

Me quedo pensando un momento en cómo escribiré el nombre, y la pluma a Vuelapluma también pareció quedarse estática.

—Solo Lovegood —Suelta el rubio, soltando una carcajada.

—¿Se... Seguro?

—A muchos se les complica, así que... No tengo ningún problema.

Hago caso y sigo con el protocolo.

—Dentro de unos minutos será llamado, por favor, tomé asiento mientras espera.

...

Toda mi mañana se basó en eso, atender alumnos en la tienda.

Almorcé junto a Pandora. Ella era una chica bastante interesante, sin dejar de lado su lado amable.

—¿Dónde pasarás las navidades? —Me pregunta.

—Siempre suelo quedarme en Hogwarts.

—Oh —Da un mordisco a su comida—. Yo nunca he pasado las navidades acá. Mamá me obliga a pasarlos en casa.

—¿Y no te gusta?

—Me encanta, pero... Creo que me gustaría cambiar un poco de rutina.

Asiento ante sus palabras.

—¿Y cuál es la razón por la que estás trabajando aquí?

Ay no.
Otra vez debo mentir.

—Bueno... Quería hacer unas cosas, pero como soy hija de Muggles no poseo dinero mágico, así que me dispuse a buscar un trabajo de corto tiempo.

Ella se anima a sonreír.

—Hija de muggles... ¡Me encanta!

Yo la miro un poco extrañada.

—Vengo de una familia sangre pura —Me explica—. A diferencia de las otras familias, cada uno de los integrantes de la familia Sailstream ha tenido una gran colaboración o amistad con hijos de muggles.

—Me imagino entonces que debes tener más amigos.

Sin embargo, su sonrisa fue borrada en ese instante.

—No muchos... —Baja la cabeza.

—Pues... Ya tienes una nueva amiga —Suelto, con cariño.

—¿De verdad?

—Claro que sí. ¿Por qué habría de mentir?

Y cuando menos lo esperé, me dio un abrazo.

—Gracias, gracias, en serio.

Correspondí al abrazo, para luego terminar de comer y seguir en nuestra labor.

Navidad.

Amo la navidad.

Esa sensación de calor entre amigos me reconfortaba siempre.

Aquí me hallaba, en el Salón de Té, terminando de atender a las personas para salir.

Madame Tudipié nos dejó la salida más temprano, según sus palabras, merecíamos un descanso.

Así que, me encontraba atendiendo a los últimos grupos de personas.

—Por favor, tome asiento. Dentro de unos minutos será llamado.

El chico asiente, para luego irse.

Como no hay nadie más, me doy media vuelta para guardar algunas cosas.

Como acto de reflejo, giro mi cabeza hacia la ventana, y lo que veo me deja impactada.

¿Amos y Stella están juntos?

Ambos conversaban con normalidad, pero estaban nerviosos, podía sentirlo.

De pronto, mi amigo toma su mano, y ella se sonroja.

No me queda más opción que ahogar un grito de alegría.

¿Cómo había sido tan ciega?

—Disculpe, tenemos un poco de prisa.

Giro mi cuerpo con un poco de vergüenza, pues no sé cuánto tiempo estuve mirando hacia la nada.

—Bienvenidos al salón de Té...

Ay no.

—¿Natalie? —Gritó el grupo en coro.

Desde el día del incidente en la sala común de Gryffindor, evitaba encontrarme con los chicos.

No saben la vergüenza que siento en estos momentos.

—Shhhh —Se escuchó el quejido de los clientes.

Sin embargo, solo se limitaron a rodar los ojos.

—¿En qué puedo ayudarlos?

No sabía que era más gracioso, si la mirada asombrada de Peter, o la mandíbula descolgada de James y Sirius.

—¿Desde cuándo estás aquí? —Se atreve a preguntar James.

—Llevo... Tres meses aproximadamente...

—¡Tres meses!

—Shhhh.

Yo aguanto la risa.

—¿Puedo tomar su orden? —Digo, mientras la Vuelapluma toma posición.

—No sabía que trabajabas aquí —Suelta Sirius.

—Bueno, ahora lo saben.

Miro con asombro a Remus, mientras el resto me imita.

—¿Tú ya lo sabías? —Pregunta Peter.

De pronto, sus manos empezaron a temblar.

—Si... Lo mencionaste cuando te quedaste dormida... Aunque lo dijiste casi en un susurro.

De pronto, fui yo la que se sonrojó.

Debo aprender a controlar mi boca.

—Chicos...

—Espera, aún procesamos la información —Opina James, con asombro.

—Ok.

Se tardan unos segundos en responder.

—Que sean 5 Cappuccinos.

—¿Algo más?

Todos niegan.

—¿Para llevar o...?

—Para llevar.

Merlín, cuánta coordinación.

—Listo, ¿A nombre de quién va dirigido?

—A mí —Suelta James—. James Potter.

Termino de dictarle a la pluma, para luego mirarlos.

—Serían... 2 galeones.

El azabache saca rápidamente las monedas de su chaqueta rojiza.

—Gracias por la compra.

—¿Te falta mucho? —Pregunta Remus.

—¿Para qué?

—Pasa salir.

—En realidad, ustedes parecen ser los últimos, así que ya me iba.

—Acompáñanos.

Me quedo meditando un momento.

Mis planes eran pasar un rato con Amos, pero no pienso arruinar su cita.

Pandora no se encontraba en el sitio, pues volvió temprano a su casa para las festividades.

Y yo...

—No lo sé.

—Solo... No nos sigas evitando —Opina Sirius.

—Yo no los evito.

—¿Segura? —Pregunta Peter.

—Bueno... Puede que una pequeña parte de mí aun sienta vergüenza por lo del otro día...

—¡Problema solucionado! —Exclama James—. Pasa aunque sea la tarde con nosotros.

—Bueno...

—¡James Potter! —Grita Madame Tudipié, desde el otro lado.

El chico camina hacia ella buscando los pedidos, mientras yo me dirijo al baño para cambiar mi atuendo.

Una vez que salgo, los chicos me esperaban cerca de la puerta.

—¿Vamos? —Preguntan, con una sonrisa coqueta.

—Creo que no tengo más opción.

—No, no la tienes.

Niego divertida, mientras Peter me tiende un café.

—Lo tenían todo planeado...

—Algo así —Sirius es quien abre la puerta—. Si no aceptabas, íbamos a obligarte a venir.

—¿Cómo? Me refiero a que... ¿En qué momento planearon eso? Si recién se enteraban.

—Nosotros tenemos un don —Opina James—. No es necesario hurgar en la mente del otro pasa saber lo que pensamos.

—Eso si es amistad.

—Unos largos 6 años de amistad incondicional.

Asiento caminando junto a ellos, dando ligeros sorbos al café, sintiendo paz y tranquilidad con cada paso.

Realmente necesitaba esto.
Un descanso.

—Espero que ya no nos evites.

—Mientras no se trate de una broma, no lo haré.

Ellos soltaron una carcajada, la cual me contagió luego.

Y así pasé el resto de la tarde.
En su mayoría contaban anécdotas graciosas de ellos mismos, pasando vergüenza en algunas ocasiones.

Sin darme cuenta, ya se estaba haciendo de noche.

—¿Algún plan para esta noche? —Me pregunta Sirius.

—Creo que no...

—¡Genial! Digo... —Peter se sonroja—. No es que me alegre que...

—No te preocupes Peter, yo entiendo lo que tratas de decir.

—Pasaremos por ti a las 10. ¿Te parece? —Opina James.

—¿A las 10?

—Chicos, primero debieron preguntarle si quería pasar la navidad con nosotros —Comenta Remus, con un tono de diversión en su voz—.

—Amigo, la pregunta aquí sería... ¿Quién no quisiera pasar navidad con nosotros?

Yo solo suelto una risa.

—Está bien, los veo a las 10 —Asiento—. ¿Dónde los veo?

—Pasaremos por ti a tu sala común.

—¿Puedo confiar en ustedes? —Levanto la ceja, sabiendo que pueden empezar a ver la contraseña.

—La pregunta ofende —Sirius intentó acomodar su cabello, pero terminó en el suelo por no mirar a donde caminaba.

James fue a su rescate, sin embargo, Sirius jaló de su cuerpo, haciendo que cayeran.

—Creo que es un buen momento para salir corriendo.

Sin embargo, Remus y yo somos jalados por nuestros brazos, haciendo que también cayéramos sobre la nieve.

El último en caer fue Peter, quien no paraba de quejarse sobre un mal golpe en su espalda.

Allí en el suelo, las risas no faltaron.

Se sentía agradable tenerlos cerca de mí. Aún sin importar que tan malos sean los tiempos, ellos se empeñan en sacarte una sonrisa.

De pronto, una guerra de nieve fue empezada por Peter.

Y yo no me quedé atrás.

Era un 'todos contra todos'.

Las bolas de nieve volaban de aquí para allá, cayendo sin culpa en otros estudiantes que también pasaban por allí.

De pronto, una cayó encima de mí.
Miré hacia dónde provenía, y resultó ser que todos se unieron en mi contra.

—¡Eso es trampa!

—En la guerra y en el amor, todo se vale —Soltaron al mismo tiempo.

Si ellos iban a jugar sucio, yo también.

Saqué mi varita de la chaqueta y empecé a conjurar hechizos para lanzarles nieve.

Empezaron a correr, seguidos por mis obras de magia, impidiendo siquiera que sacaran sus propias varitas.

—¡Eso es trampa! —Gritaron Sirius y James.

Y yo les respondí de la misma forma.

—En la guerra y en el amor, todo se vale.

Me dediqué a acomodar mi bufanda, y empiezo a caminar hacia al castillo.

—¡Natt! —Los escuchaba gritar.

Creo que ya no les parecen divertidas las bromas.

—Solo tomará unos minutos —Les digo—. Al menos, para asegurarme de que llegaré bien al castillo.

Ni siquiera esperé a que el efecto pasara, solo me atreví a correr hacia mi sala común, y sin darme cuenta, choqué con una persona.

—¿A dónde la prisa?

—Amos... No me lo vas a creer.

Durante la cena de Navidad, no hubo ningún inconveniente.

Como siempre, la mesa de Ravenclaw era la más llamativa de todas.

Y es que para nadie era un secreto que Lovegood era quien se esmeraba junto a su grupo de amigos para demostrar una diferencia maravillosa con respecto a la decoración del lugar.

Este año habían conjurado una especie de nieve con brillantina, la cual al tocar algo sólido, desaparecía con una linda explosión de colores.

Hufflepuff, al estar en la mesa de al lado, salía beneficiado por ello.

Y aquí estaba, tratando de explotar más brillantina que Amos.

—Parecen unos niños pequeños —Se burló Stella.

Pero estábamos tan concentrados, que no le hicimos caso.

La comida fue exquisita, como siempre.

Sentía la mirada de los chicos, los cuales parecían planear algo entre susurros.

¿Por qué acepté ir con ellos?

Tal vez fue un error jugarles esa broma con la nieve.

Al terminar de comer, todos fuimos a nuestras salas comunes, esperando ansiosamente que fuera media noche.

—¿A dónde vamos? —Me pregunta Amos al verme arreglada.

—¿Vamos? —Corrijo—. Iré, querrás decir.

El chico levantó una ceja.

—Pasaré un rato con los chicos.

—¿Y quiénes son esos chicos?

—¡Amos!

—¿Qué? Solo quiero saber con quien va a estar mi hermanita.

—Estaré con Remus, Peter, James y Sirius.

Amos abrió los ojos como platos.

—¡Pero si ya van a ser las 10!

—Si...

—¿Y a qué hora piensas regresar?

—¿A dónde tanta preguntadera? —Me siento a su lado—. Solo será un rato.

—Un rato...

—Sí, y de paso, aprovechas y pasas la navidad con tu novia.

Bingo.

Las orejas de mi amigo se pusieron rojas, al igual que sus mejillas.

—No... Mentira... Es decir...

—No hace falta mentir... Sé quién es.

—¿Desde cuándo?

—¿Desde cuándo sales con Stella?

—¿Cómo sabes que es ella?

Me levanté rápidamente, huyendo de las cosquillas de mi mejor amigo.

—¡Los vi, hoy! —Digo, riendo—. Justo estaba en un momento libre... Iban tomados de la mano como dos enamorados...

—¡Natt!

Seguí corriendo por toda la sala, evitando caer en su juego.

Pero se queda quieto a notar que Stella iba saliendo de su habitación.

—Te ves tan lindo, sobre todo cuando estás enamorado —Me seguí burlando.

Eso provocó que se pusiera más rojo.

—Debo irme... Ya sabes... Debo...

—¡Natt! —Me detiene—. Me alegra mucho que estés haciendo nuevos amigos, de verdad.

—Lo sé, y te agradezco por eso —Le doy un abrazo desprevenido —. Ahora, quiero que vayas a pasar la Navidad con Stella, y deseo que la pases súper.

—Eso haré —Sonríe.

Y antes de salir, volvió a dirigirse a mí.

—Solo cuídate, por favor.

—Claro que sí —Sonrío—. Sabes algo... Te pareces a mi padre.

Y esta vez... Por primera vez en años, pude recordarlo sin sentirme culpable.
De seguro estaría igual de feliz.

...

—¿Qué es esto?

Los chicos habían sido puntuales, algo sumamente raro.

Luego de una larga caminata por todo el colegio, y procurando que no me hicieran una broma de venganza, me llevaron a un lugar, el cual nunca en mi vida había visto en mi vida.

—Bienvenida a la Sala de Menesteres.

Me quedo boquiabierta cuando una pared plana se transforma lentamente en una enorme puerta de roble.

Camino con sumo cuidado, y paso la yema de mis dedos sobre el marco de la puerta, viendo que todo era real.

—Imposible...

—De ahora en adelante, nada es imposible —Responde James—. Sobre todo si pasas el tiempo con nosotros.

Peter es quien abre la puerta, y nos adentramos al lugar.

Había varias mesas decoradas al estilo navideño, comida variada, y una que otra bebida.

Muebles, sillas y hasta camas.

Esta habitación lo tenía todo.

—¿Cómo lo han descubierto? —Sigo asombrada.

—Solo te diremos que, si algún día necesitas un lugar de urgencia, debes pasar tres veces frente a la pared de hace un momento, así, frente a ti, se abrirá una puerta, y toda esta sala se convertirá en lo que deseas.

Me atrevo a tomar un bocadillo, el cual estaba delicioso.

Me paso el resto de la noche en este lugar, entre risas y burlas, enterándome de muchas cosas.

—¿Y por qué no intentas entrar al equipo? —Le pregunto a Peter.

—Ya ha realizado varios entrenamientos y pruebas—Ahora es Sirius quién responde—, pero el capitán es el que no lo acepta.

Siento la decepción de Peter en aquel momento.

—Será en un próximo intento —Trato de animarlo—. Te ayudaré si es posible.

—¿Juegas Quidditch? —Pregunta un asombrado James.

—No.

—¿Y cómo piensas ayudarlo?

—He pasado gran parte en los entrenamientos de Amos que... Ya me he aprendido varias cosas.

—Y crees sacarle provecho.

—De algo me debe servir.

—¿Y por qué no has postulado para ser jugadora?

Yo me limito a soltar una risa.

—No, Remus... —Tomo otro bocadillo—. Soy pésima sobre una escoba, lo mío son las teorías.
No soportaría ni cinco minutos dentro de un campo de juego.

Me río más fuerte, contagiando al resto.

—¿Amos es el capitán actual, cierto?

Asiento ante la pregunta de James.

—¿A quien dejará luego?

—No tengo la más mínima idea —Respondo con sinceridad—. Según él, lo tiene todo planeado.

—Me voy a aburrir si siguen hablando de Quidditch —Suelta Remus, ganándose una mirada de asombro de todos—. Se supone que vinimos a descansar un rato, no a parlotear por...

—Sí, sí, ya entendimos —Opina Sirius—. ¿Qué quieres hacer?

—Dormir.

—Aburrido —Suelta James.

—No es mala idea...

—¡Natt! ¿De qué lado estás? —Me reprocha Sirius.

—Del lado fácil y tranquilo.

Los dos solo niegan y hacen aparecer varios pergaminos.

—¡Van a hacer tareas a estas alturas de la vida!

—Claro que no —Me interrumpe James—. ¿Quién crees que somos?

—Ten —Me dan un pergamino y una pluma.

—¿Jugamos al Stop? —Me proponen al mismo tiempo.

—¿Al Stop?

—Ay si, juguemos —Suelta Peter, quien está muy emocionado.

—Uy sí, yo soy buenísimo —Suelta Remus con sarcasmo.

—¿Cómo es? —Me atrevo a preguntar, pues nunca lo había visto.

—Es por categorías —Comenta un emocionado James—. Tienes que buscar una palabra, primero se dice una letra...

—¡No, no se dice, se elige al azar! —Grita Sirius, haciendo aparecer varias líneas en todos los pergaminos.

—Lo estás explicando para la mierda —Responde Remus, haciendo que yo riera.

—Empezamos —Suelta Peter.

¿Ya? ¿Tan rápido?

—Al ser nuestra invitada, puedes elegir la primera letra.

—A

Suelto, pero nadie hace caso.

—A...

—A...

—¿Estás bien? —Pregunta James.

—¡Lo tienes que frenar!

—¡Basta! —Grita Remus—. Que sea la "Z".

—¡Qué letra! —Soltamos todos.

—Colores con Z... —Susurra James, quién está sentado frente a mí—. Que... Que es... Tipo me imagino yo...

—Igual no tengo nada todavía... —Comenta Peter, poniendo su hoja al suelo.

—¡Basta para mí...! —Grito pero todos siguen escribiendo— ¡Stop!

Y mágicamente, todos dejan aparte.

Ya entiendo este juego...

—¿Pero qué...? ¿Los tenías escrito ya? —Suelta Sirius.

—¿Color? —Pregunta Remus, ignorándolo.

—Zafiro —Respondo segura.

—Déjalo —Remus asiente—. ¿Color?

—Zanahoria —Interrumpe James.

Yo solo arrugo la frente en señal de confusión.

—¡La zanahoria no es un color! ¡Es naranja!

—No, no. La naranja es otro color... La zanahoria existe, sí.

Yo suelto una carcajada.

—¿A ver... Países? —Vuelve a preguntar Remus.

—Zambia.

—Pero... Pero... ¿Cómo se te ocurrió? —Suelta Peter—. ¿¡Te cenaste un Mapamundi!?

—Zelanda la Nueva.

—¡Eso es al revés! —Le dice a Sirius—. ¡Una más y vas a ver!

Esto es muy divertido.

—¿Nombres?

—¿El mío? Es James, ¿Lo olvidaste?

Remus se acaricia el puente de la nariz, señal de que está abrumado.

Luego, señala a Peter, con el fin de continuar con los nombres.

—Zara.

—Zulema.

—Zecilia.

—¡Dale...! —Me atrevo a reír en alto—. Eso es trampa.

—¿Animales?

—Zorro.

—¡Es una mierda este juego! —Peter tira el tintero.

—A mí me gustan los perros, ¿Dibujo uno? —Comenta Sirius entre risas.

Sin embargo, Remus lo ignora.

—No, no tengo nada —Bufa Peter.

Luego, mi mirada se va en James.

—Zapo.

—¡A ti te voy a romper la cara!

—Pero el animal si existe, sí.

—Remus, —Interrumpe Peter—. ¿Cuándo era que teníamos que pegarle a alguien?

—¿Pegarle a alguien? —Pregunto con miedo.

Todas las miradas se posan en James.

Pobre James...

—¡Ahora! —Gritó Remus.

El azabache se levanta lo más rápido posible y empieza a correr por toda la sala, mientras era perseguido por sus amigos.

Yo me quedé sentada, riendo ante semejante payasada.

Sin duda alguna, esta será una noche de Navidad maravillosa.

La mejor de mi vida, diría yo.

N/A: ¿Qué les pareció el capítulo?

Siento que esto es lo más canon que he hecho en mi vida JAJAJAJJAJA.

El relato del final (el juego) viene de un audio que tenía en mi galería, y dije: ¿Por qué no escribirlo en un capítulo?

Recuerdo que con este audio empecé a hacer #pov en Tik Tok hace un montón
(Si, fui de las que hacían historias con t/n con fondos de fotos jajajajaj)
Creo que ya saben mi secreto oscuro JAJAJJA. Pero creo que esa fue la motivación que me llevó a seguir escribiendo <3

No olviden votar y comentar si les ha gustado.
Los amo un mundo ❤️

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