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LLEGARON a la entrada del edificio — el cual admitían que era bastante grande —, y antes de entrar a él, Kisaki le dio una advertencia a Hanma.

— Por lo que sé según lo que ella dijo, este lugar es serio, así que será mejor que te comportes. También que sepas que está prohibido fumar aquí. — señaló un letrero pegado a la puerta principal. Además de fumar, estaba prohibido ingresar con gorras, lentes de sol, comida, armas... vaya reglas más específicas tenían.

— Parece un banco por la seguridad que tiene. — el más alto expresó con total sinceridad. — Lo raro es que los animales no están prohibidos.

— Bueno, a veces los animales se comportan mejor que los humanos. — tomó la manija de la puerta para entrar. — Iremos y preguntaremos dónde está ella para hablarle directamente. Ya que el sigilo no nos funcionó, habrá que sacarle información de otra forma; lo ideal sería que decida cooperar y trabajar con  nosotros. Te comportas cuando estemos adentro.

— Ya me habías dicho eso.

Los dos entraron al edificio, sin prestarle mucha atención a los detalles elegantes de la estructura. Más que nada les intrigaba el hecho de que la mayoría de los empleados eran adolescentes o, en todo caso, aún muy jóvenes para ser considerados adultos; jurarían que hasta vieron a un par de niños pasar.

Hasta la persona en la recepción era una adolescente.

— Hola y bienvenidos a la funeraria “Tamashi no niwa”. ¿En qué les puedo ayudar el día de hoy? — la chica los recibió con una amable sonrisa, aunque de lejos se notaba que estaba harta de los clientes.

— Mika Tamashi. Ella trabaja aquí, ¿verdad? — Kisaki decidió lidiar con el asunto lo más rápido que pudiera. — ¿Dónde está?

— Si quieren verla, me temo que tendrán que esperar a que termine su horario laboral ya que asumo que ninguno de los dos tiene cita previa para hablar con ella.

— ¿Y cuándo acaba su horario laboral?

— ¿Hoy? — revisó la computadora frente a ella. Por un momento sólo escucharon sus uñas chocar con las teclas. — En algún punto entre las 9:00 y las 11:00pm.

“Hoy”, o sea que su horario era flexible. No trabajaba lo mismo todos los días; igual y podía sacar ventaja de ese hecho.

— Si el horario es tan desorganizado, ¿qué problema hay con que le quite 10 minutos de su tiempo?

— A la señorita Tamashi no le gusta desperdiciar su tiempo; tiene muchas cosas que hacer. Ahora, ¿hay algo más con lo que les pueda ayudar?

— Sólo déjame-

— Hey. — imposible no reconocer la voz de Mika. Estaba detrás de él, pero, al voltear, ella sólo lo quitó del camino para hablar con la recepcionista; lo ignoró por completo. — Mi reporte del 3 de agosto. ¿Lo leyeron?

— Sí, su reporte fue recibido éxitosamente por los de arriba. Lo encontraron bastante... interesante.

— No me creyeron, ¿o sí?

— Lo siento, pero no puedes culparlos. — esta vez la lástima en su sonrisa era verdadera. Con eso podía saber que al parecer esas dos llevaban tiempo conociéndose y que la llamaba “señorita” junto a su apellido por mera formalidad en el trabajo.

— Los voy a hacer creerme si es necesario. — luego se volteó hacia los otros dos y se acercó a ellos para hablar con un poco más de privacidad. — Y ustedes, ¿no les dije que ya no me siguieran?

— No te seguimos; llegamos aquí después. — se justificó rápidamente. — Necesito hablar contigo.

— Muy mal que yo no quiero; tengo mejores cosas que hacer.

— Tu trabajo tiene algo extraño. — eso pareció captar la atención de la fémina. — No es una funeraria común, ¿o sí?

— Es una funeraria como cualquier otra. — vio que tenía confianza en su respuesta, pero se notaba que estaba mintiendo.

— ¿Donde trabajan adolescentes y... niños? ¿Eso no es explotación infantil? — ella frunció el ceño, esta vez mirándolo directamente a los ojos.

— Ellos vinieron aquí por voluntad propia, se encargan de tareas pequeñas, tienen descansos considerables y nos encargamos de que su salud se mantenga en su estado más óptimo. Si se sienten mal, no tienen que venir a trabajar; no los obligamos a nada que ellos no quieran. — eso definitivamente era algo que ella había memorizado, aunque parecía ser la verdad. Probablemente ya tenía una respuesta para lo que sea que le pregunte.

— No me puedes engañar; sé que hay algo raro aquí y te juro que no voy a irme hasta averiguar qué es.

Hanma se quedó parado en su lugar sin saber bien qué hacer. Ellos estaban teniendo una especie de competencia de miradas o algo así, pero sinceramente no entendía bien la mitad de lo que estaba pasando.

— Voy a hacer que te echen del edificio si es necesario.

— Entonces volveré, encontraré la manera de entrar. Si no puedo, me quedaré esperando a que salgas, y si no te veo salir, iré a tu casa, a tu escuela o donde sea necesario hasta que accedas decirme la verdad sobre este lugar.

— ¿Eso no es ir demasiado lejos?

— Estoy dispuesto a hacerlo.

Sonrió levemente al ver a Mika suspirar.

— Bien, los dejaré quedarse, pero tenemos una política estricta; tengo que hablar con mi jefe primero antes de decirles cualquier cosa. — se acercó al escritorio de la recepcionista de nuevo. — Yumiko, estos dos se van a quedar un rato. Si alguien pregunta, son invitados míos.

— Entendido.

— Ustedes dos vengan. — les hizo una señal con la mano para que se acercaran. — Tienen que dar los datos de su fecha y hora de nacimiento y se registran como visitas con su nombre completo y motivo.

— ¿Para qué nuestra fecha de nacimiento? — Kisaki le preguntó antes de escribir cualquier cosa.

— ¿Quieres entrar o no?

— Bien. — aparentemente no había otra manera, así que anotó todo lo que le pidieron a y ambos siguieron a Mika por los pasillos del edificio.

Tuvieron que caminar bastante, debían admitir, pero por fin llegaron a una puerta que tenía el nombre de Mika escrito en una placa. Al parecer era su oficina; eso le decía que seguramente tenía un cargo importante.

Ella abrió la puerta y los dejó pasar para luego volver a cerrarla.

— Estaremos aquí un rato porque tengo una montaña de trabajo y luego voy a hablar con mi jefe; no se atrevan a tocar nada. — avanzó hasta el escritorio que tenía la habitación y se sentó en la silla que había detrás. — Se pueden sentar ahí si quieren o lo que sea; sólo no me molesten. — señaló un sillón. Alguien al parecer tenía un par de lujos en su trabajo.

Se limitaron a obedecer — por el momento — y se sentaron donde les habían indicado. Al analizar un poco la habitación, Kisaki se dio cuenta de que había algo fuera de lugar, no incluyendo el hecho de que todo era blanco y negro y que estaba perfectamente organizado; eso lo respetaba.

No había ni un sólo reloj en la habitación.

Ella seguía y seguía reclamando que su tiempo era valioso y que no podía desperdiciarlo, y aún así, ¿ni un sólo reloj en su oficina donde pudiera revisar la hora? Era sospechoso.

Vio la libreta que ella se llevó más temprano encima del escritorio. Necesitaba una excusa para acercarse y tomarlo, o por lo menos echarle un vistazo; Mika era bastante inteligente y podría notar sus intenciones si lo hacía mal. Con suerte, podría lograr persuadirla lo suficiente como para que quiera trabajar con él, porque admitía que necesitaba más gente como ella; no tantos peones que hicieran todo lo que diga al pie de la letra como Hanma. Intercambiar ideas con alguien que de hecho entienda y tenga un nivel intelectual parecido al suyo sería bueno, pero sería difícil poner a la fémina de su lado.

Miró hacia Hanma; él seguramente se estaba preguntando qué demonios seguía haciendo ahí, pero necesitaba que se mantuviera en el lugar por si llegaba a necesitarlo.

— Tamashi.

— ¿Qué? — no lo miró al responder, sólo siguió escribiendo algo en un papel.

— ¿Tanto trabajo tienes? ¿Por qué se te acumula tanto si pareces tan organizada?

— No deberías husmear en la vida de otras personas.

— Es una pregunta inocente; me da curiosidad. ¿Tanta gente muere en una sola ciudad?

— No tienes idea. — despegó la visita de su trabajo un momento para poder hablarle. — Mira, si tanto quieres saber, digamos que me llené de trabajo extra gracias a algo que hizo Takemichi; el tonto no se podía quedar quieto un día.

Trató de unir los hilos en su cabeza; tal vez tenía algo que ver con el reporte que dijo haber hecho el 3 de agosto. Tendría sentido que ella se llene de trabajo si era así; ella parecía estar muy informada sobre la muerte de otras personas, así que... 3 de agosto, la muerte de alguien, Takemichi, reporte.

Eso era.

— Tú lo sabías. — Mika volvió a dejar los papeles en su mano para escuchar. — Tú sabías que alguien iba a asesinar a Draken el 3 de agosto.

— ¿Cómo podría yo saber algo así? — el contrario abrió la boca para responder, pero la cerró inmediatamente después. No tenía nada; ella tenía razón.

— Si no era eso, ¿sobre qué era el reporte del que hablaste antes?

— No es algo que sea de tu incumbencia. — estaba claro que no le iba a decir nada así nada más. Mika parecía del tipo de persona que se guarda la mayoría de sus cosas, excepto con las personas que eran cercanas a ella.

Ese era el problema; ellos prácticamente acababan de conocerse. Tal vez si pudiera encontrar la forma de que ella se gane su confianza o de ser algo más cercano a ella...

Sus pensamientos se vieron interrumpidos ante un par de golpes leves en la puerta, indicando la llegada de alguien. Mika dio permiso para que la persona pasara y resultó ser un empleado al azar; uno con cabello rojo y ojos cafés que llevaba — además de unos enormes lentes circulares y varios apósitos en el rostro, brazos y piernas — una gran pila de papeles en sus brazos. Entró tambaleando, evitando mirar a los dos desconocidos en la habitación y, con la cabeza baja, se acercó hacia donde estaba Mika.

— Aquí está lo que me pidió antes. — dejó los papeles a un lado del escritorio donde ella los pudiera alcanzar y luego miró hacia donde estaban los otros dos. No se había dado cuenta de que ellos también lo estaban mirando, así que volvió a desviar la mirada de inmediato estando completamente rojo. — ¿S-Son invitados suyos?

— Sí, lo son. ¿No hablaste con los del... otro equipo como te lo pedí? — casi no le prestó atención a su pregunta. Más bien, se concentró en lo que tenía enfrente y empezó a leer algunas de las hojas.

— Lo hice, pero se negaron a cumplir su petición; dicen que debe ir personalmente.

— ¿Y el otro documento que te pedí?

— Oh, está aquí. — trató de ser rápido y revisar entre todo lo que trajo con él, pero no encontraba lo que estaba buscando. Comenzó a buscar más rápido y de forma ansiosa, revisando doble y triplemente la pila de documentos. — L-Lo juro, deme un segundo; estoy seguro de que es uno de estos. — ahora sólo estaba tomando cosas del montón tomándose apenas tres segundos para revisar un papel antes de pasar al siguiente.

— Tengan un poco de paciencia con él, — Mika les habló a los otros dos, quienes aún estaban ahí viendo. — es su primer día.

— ¡Juraría que lo traje! Lo lamento, no quería gritar, pero estoy seguro de que lo recogí antes de venir y desapareció y... ah, aquí está. — suspiró aliviado y le pasó el documento a Mika.

— Ya te puedes ir; mejor no te doy demasiadas tareas. — acto seguido, el muchacho se fue sin decir nada más. Literal era su primer día y estaba arruinando todo el pobre; ya no aguantaba más. — Sólo estaba esperando a que él me trajera esto para ir a hablar con mi jefe sobre ustedes, así que voy a ir rápido a hacer eso. — les dio una mirada amenazadora. — Ustedes se van a quedar aquí y no van a tocar nada de lo que hay en mi oficina hasta que regrese. ¿Les queda claro?

— Sí, no te causaremos problemas mientras estamos aquí. — miró a Hanma de reojo. — Bueno, yo no voy a causar problemas.

— Espera, ¿qué se supone que quiere decir eso? — reclamó Hanma. — Yo no causo problemas.

— Como sea, sólo quédense quietos un rato y yo volveré dentro de... un rato.

— ¿No necesitas revisar la hora?

— No. — salió dando un portazo. Alguien estaba de mal humor...

Esperó un par de minutos, sólo por si ella se volvía a aparecer diciendo que había olvidado algo en su oficina, pero se levantó de su asiento al ver que claramente no iba a regresar dentro de un rato. Hanma imitó su acción, aún sin saber qué demonios estaban haciendo ahí, y Kisaki se acercó de inmediato al escritorio de la fémina.

Quiso asegurarse de que no se estaba perdiendo ninguna información valiosa y revisó los cajones, papeles y otras cosas que ella tenía ahí, dejando todo exactamente en el mismo lugar donde estaba al terminar; no quería que se diera cuenta de que había husmeado en sus  cosas o jamás lograría ganarse su confianza.

— Vamos a ver qué tiene escrito en esta libreta. — tomó el objeto con una sola mano, ya dispuesto a revisarlo con cuidado, pero su atención fue desviada a la portada del libro que se encontraba debajo de esa libreta.

“Historia familiar y legado: Maldición de los ojos plateados y por qué deberías evitarla”

— ¿Qué estás mirando? — su acompañante le preguntó.

— A juzgar por el título, parece ser un registro detallado de la historia de sus ancestros. Lo que no entiendo es la parte de la maldición de los ojos plateados.

— Bueno, ella tiene ojos de ese color, ¿no? — soltó la primera explicación que se le vino a la cabeza, llamando la atención de Kisaki.

— Cambio de planes; esto podría resultar bastante útil. — le pasó la libreta a Hanma y tomó el libro sobre la mesa con ambas manos, el cual le resultó grande y pesado. Aún con lo bien cuidado que estaba, se podía notar que tenía años... décadas, quizás siglos de antigüedad; eso explicaría el grosor exagerado del objeto. — Tú revisa qué dice esa libreta, yo voy a leer esto a ver si descubro un poco más sobre lo que sea que me esté ocultando.

— Tú eres el jefe. — se encogió de hombros, limitándose a hacer lo que le pidieron.

Kisaki tuvo que dejar el libro otra vez en el escritorio porque estaba demasiado pesado; tendría que leerlo así. Delicadamente, pasó una de sus manos sobre la cubierta roja del objeto, poniéndole especial atención a los detalles delineados en color dorado. Las letras del título estaban un poco desgastadas, o sea que habían sido escritas hace años, y el único dibujo que había allí era la silueta de una mujer que lloraba mirando al cielo mientras juntaba las manos, como si estuviera rezando.

Estornudó al abrir el libro por la cantidad de polvo que tenía; las páginas incluso estaban ásperas al tacto, o en algunos casos, hasta un poco rotas en las esquinas. Más allá de eso, parecía que se le daba buen mantenimiento.

Decidiendo que estaba perdiendo mucho tiempo, se dispuso a leer; vio el primer texto centrado en la primera página.

“A quien concierne,

Esta es la historia de la familia Tamashi.

Ahora, toma esto como una advertencia: La vida no será la misma después de haber puesto tus manos en este libro.

He decidido escribir esto para las generaciones futuras, que serán las que más sufran.
Ellos leerán el legado de sus ancestros y se enfrentarán al momento más difícil de toda su vida; el momento de enfrentar su propia verdad.
Pero entonces, quizás, estarán más preparados; ellos sabrán qué es lo que no tiene que hacer y se van a anticipar a las desgracias de su existencia.

Tal vez ellos tendrán un destino más afortunado que el mío.

¿Cómo serán ellos? ¿Qué es lo que harán? ¿Tomarán las decisiones correctas? ¿Se convertirán en personas llenas de honor y bondad? Me pregunto todo esto mientras me veo cara envuelta en el clímax de mi propia vida.

Temo que mis palabras sean malinterpretadas, pero... hay algo que quiero decirles a mis futuros descendientes.

Cometí un error, uno terrible que me ha llevado a maldecirlos a todos ustedes, y lo siento tanto... Debí haber sido más cuidadosa y confiar menos en las personas que decían ser amigos; debí ser más egoísta, debí pensar con la cabeza en lugar de responder al llamado de mi corazón.

Tenía tanto miedo... estaba desesperada, en sufrimiento.
Todo lo que quería era... no estar sola.

Dejé que mis emociones me guíen y me convencí de que seguir a mi corazón era lo correcto, pero estaba equivocada; sentencié para mí y para ustedes un destino peor a la muerte. La soledad eterna.

Todo es culpa mía, así que por favor, se los suplico; no sean como yo.

Sean inteligentes, cuidadosos, piensen las cosas antes de hacerlas y no confíen fácilmente; no dejen que muera nuestro legado. De esa forma, tal vez serán felices y tendrán vidas llenas de brillo; ese es mi único deseo.

Mi último deseo.

No me queda mucho tiempo; yo también voy a morir pronto, pero voy a perecer en paz sabiendo que ustedes tienen esperanza.

Más adelante encontrarán mi historia escrita; lean con calma y tomen su tiempo para reflexionar sobre ella. Pero, sólo para que lo sepan:

Mi único pecado fue amar.

Sinceramente,
Azumi Tamashi.”

Entonces, el libro estaba dirigido explícitamente a las generaciones futuras a la tal Azumi; eso incluía a Mika y por eso ella tenía el libro. Eso tenía sentido, pero no entendía qué pudo haber hecho esa mujer para “sentenciar a la soledad eterna” a todos sus descendientes.

Habrá que seguir leyendo.

Pasó de página, encontrándose con la misma frase que salía en la portada del libro.

“Maldición de los ojos plateados”

¿Qué demonios significaba eso? Estaba por averiguarlo.

Verano.

Hoy conocí a alguien mientras estaba en el jardín.

A esta hora, normalmente estaría estudiando, pero mi madre me dejó pasar un poco de tiempo afuera después de que insistí en que me hacía falta algo de aire fresco; fue mientras estaba allí que vi pasar a alguien frente a la casa. Parecía ser, al menos, un poco mayor que yo, y su mirada daba aires de algo entre nostalgia y responsabilidad. No estoy segura de quién era y es algo difícil de explicar la sensación que me dio su presencia, pero fue un cambio agradable.

Desearía haberme acercado a hablar con él; me hubiera gustado saber su nombre.”

A medida que avanzaba, Kisaki se sentía más bien como si estuviera leyendo el diario de una adolescente.

Verano.

¡Buenas noticias! El joven misterioso del que escribí la última vez regresó. Esta vez, vino directamente a mi casa, lo cual me pareció algo extraño, pero aproveché ese pequeño momento para iniciar una conversación con él.

Fue un poco grosero; eso fue decepcionante.

Le pregunté su nombre y me pidió que me largara, a lo que le pregunté qué asuntos tenía para venir aquí o yo tendría que pedirle a él que se vaya. Después de todo, si él iba a ser grosero, yo también tenía algo de derecho a tratarlo igual.

Rodó los ojos y me dijo que venía a ver a mi madre, cosa que entendí de inmediato. Ella era una famosa vidente que tenía fama de jamás equivocarse; por eso la gente nos visitaba desde distancias muy lejanas a escuchar sus profecías. Era para eso, de hecho, que insistía tanto en mis estudios; quería que siguiera sus pasos.

Desgraciadamente, yo no tenía el mismo talento que ella, así que me exigía mucho más.

Al final lo dejé pasar sin poder saber su nombre... quizás en otra ocasión.”

El libro se estaba poniendo aburrido... quizás si se saltaba las partes innecesarias... no, necesitaba todos los detalles posibles. Además parecía que ya se habían encargado de resaltar todo lo importante.

Otoño.

El nombre del joven que, ahora se volvió costumbre, viene de vez en cuando a mi casa, se llama Hideki. Antes era para confirmar un par de cosas con mi madre como el tema de su pago por haberle dicho su futuro, puesto a que las cosas se vieron un poco complicadas cuando él reclamó que 'le dijeron algo que ya sabía de todas formas'. Al final lograron llegar a un acuerdo, pero ahora Hideki viene a verme a mí.

Logramos acercarnos un poco más más durante esas discusiones con mi madre, y resultó que teníamos muchas cosas en común; él no era una persona tan fría como yo pensaba.

Hablando de frío, me está ayudando a recolectar provisiones para el invierno que poco a poco hace su entrada. Necesitaremos bastante puesto a que, según mamá, habrá una gran tormenta que va a obligarnos a estar encerrados en casa. Todos en el pueblo están haciendo lo mismo, preparándose para que la profecía se haga realidad, pero yo sólo estoy feliz de poder pasar tiempo con Hideki.

Él es, de hecho, muy amable. Frecuentemente lo veo ayudando a los niños o adultos mayores, además de proporcionando apoyo a todo el que lo necesite durante esta época del año. A menudo me preocupa su salud, pero él siempre dice que está bien; prefiero no insistir mucho en eso. Creo que me gusta como son las cosas ahora...

— Bien, esto se está poniendo muy aburrido. — Kisaki habló para sí mismo, pasando las páginas con rapidez. — “Salir en citas” bla, bla, bla, “Creo que me estoy enamorando” bla, bla, bla, “Empezamos una relación” etc, etc, etc. “Matrimonio” “Hijos” “Vida feliz”. ¿Por qué incluía toda su biografía en un libro? ¿Ella realmente leyó todo esto completo?

— ¿Estás hablando contigo mismo? — Hanma le preguntó.

— Calla, voy a saltarme todo esto hasta la parte importante. — por lo menos había pasado unas 50 páginas más cuando encontró algo relevante. — Aquí, por fin.

Primavera.

Hideki ha estado sintiéndose mal estos días, así que llamamos a un médico para que lo revise. Resulta que contrajo una condición muy, muy rara que ni ellos pueden identificar, pero saben que va a morir pronto.

No saben cómo, no saben cuándo, no saben por qué. ¿De qué me sirvió que lo revise un profesional si me iba a decir algo así?

Al hablar con Hideki, me dijo que mi madre le dio la predicción de su muerte el día en que lo conocí. Aparentemente sólo le había dicho 'morirás a una edad temprana', lo cual le pareció muy obvio dadas las circunstancias, así que habían acordado que él haría todo lo posible por ayudarla en lo que necesitara si prometía darle una predicción más detallada. Sin embargo, el poder de mi madre era limitado; no tenía visiones demasiado claras.

Hideki me dijo que no me preocupe, pero, ¿cómo puedo quedarme tranquila sabiendo que la persona que más he amado en toda mi vida morirá pronto? ¡Tenemos hijos! ¡Tres de ellos! ¿Qué les voy a decir? ¿Cómo manejaré las cosas por mi cuenta?

Yo no... no creo que pueda; me niego a aceptar que vaya a morir así. Él debería vivir muchos años más, ester conmigo, ver a sus hijos crecer y tener sus propias familias... no pasar todo el día en cama, contando los segundos para que su fin llegue.

Oré por su bienestar y salud; supliqué con todas mis fuerzas una posibilidad de hacer que las cosas cambien. Porque si pudiera saber cómo va a morir, quizás podría... podría evitarlo; podría encontrar una cura y salvarlo... sólo necesitaba poder saber qué va a pasar con él.

Y mientras lloraba mirando hacia la luna creciente en el jardín de nuestra casa, uniendo mis lágrimas con el agua de la pequeña fuente en el centro del lugar, vi mi reflejo en el espejo brillar.

Me sentí rara; mis ojos ardían. No estaba segura de si era por llorar tanto o si algo malo me estaba pasando.

Me quedé ciega por un momento, y al volver a abrir los ojos, miré mi reflejo de nuevo y... mis ojos eran grises. Antes eran cafés; de pronto cambiaron su color a uno plateado... como el de la luna.”

— Espera, ¿eso es todo? — revisó tres veces que no estuviera saltándose las páginas por accidente, pero efectivamente, no había más historia para contar. — ¿Y qué pasó después? ¿QUÉ DEMONIOS PASÓ DESPUÉS?

— Rayos, Kisaki, no te quiero molestar mientras pareces tan... inmerso en la lectura, pero creo que vas a llamar la atención si gritas así.

— Cierto... — la adrenalina que se había apoderado de él dejó su cuerpo, dejándolo respirar profundo. — Es sólo que, después de esta página, todo lo que hay es el árbol genealógico. ¿Por qué resaltaban tanto la historia de esta mujer si ni siquiera está completa?

— Quizás se murió mientras escribía.

— Eso... es una posibilidad. — a ese punto, y con esas historias tan locas, ya todo lo veía posible. — Voy a revisar el árbol genealógico; tal vez haya algo más...

Nada demasiado relevante. Habían, al principio, dibujos detallados de los ancestros de Mika, que con el tiempo fueron evolucionado a fotografías en blanco y negro, para finalmente pasar a las de color. Cada foto venía con el nombre de la persona junto al nombre de su pareja — o parejas, en plural —; debajo el tiempo de vida de ambos.

Era bastante interesante que cada uno de ellos murió en después que cada una de sus parejas, pero sin tanto tiempo de diferencia; si acaso 5 o 6 años máximo. Uno pensaría que una persona vive mucho más que eso, y aún así todos morían después de haber establecido una relación y que la persona con la que estaban haya muerto; todos ellos dejando al menos un hijo en el mundo. Pensó en el suicidio como una posible explicación, pero que todos lo hayan hecho era ilógico.

Llegando al final del libro, finalmente encontró información que le interesaba. Yua Tamashi, la madre de Mika.

Ahora que lo pensaba, ¿por qué Mika seguía teniendo el apellido de su ancestro de hace como mil años? Se hereda el apellido del padre, y esa era una mujer; sus hijos no deberían haber heredado ese apellido. Incluso si hubiera sido un error inocente, Mika no debería tener ese apellido porque lo normal era heredar el de su padre, no el de su madre.

No encontraba explicaciones, así que siguió leyendo.

La madre de Mika vivió hasta los 41 años. Se veía bastante joven en la foto, pero los hechos eran correctos; aparentemente tuvo a su primer hijo, el hermano de Mika, cerca de los 19 años, y a ella la tuvo más o menos a los 29, con 10 años de diferencia.

Falleció 2 años después que su esposo en un accidente de tránsito, en el que su hija menor casi muere también, y además de eso... no mucho más. Decía que el padre de los niños había muerto de una enfermedad y no daban más detalles.

Pasó la página hacia el hermano de Mika, Shikei, de quien se dio cuenta que no sabía demasiado. Hasta donde tenía entendido, el chico tenía fama de atraer mala suerte y que espantan a todo el que se le acercaba, hasta que misteriosamente terminó formando parte de la primera generación de los Black Dragons. La explicación a ese misterio estaba en el segundo renglón; ahí decía que tuvo de pareja a Shinichiro Sano.

Considerando lo interesado que estaba Mikey en Mika, tenía sentido, porque en los encuentros que habían tenido, no paraba de hablar de ella.

Shikei era, sin embargo, el único en la familia que no había dejado ningún descendiente, aún teniendo más que edad suficiente para hacerlo. Curioso, pero no era eso a lo que iba a investigar, y además la razón era evidente.

Ahora la sección de Mika.

Venía su nombre, su fecha de nacimiento... eso debería recordarlo; le serviría para ganarse su confianza más tarde. El libro no mencionaba que hubiera tenido una pareja jamás; era bueno que no tuviera ningún tipo de trauma por ruptura amorosa ni nada.

Y al final, en la última página del libro, estaba escrito lo que se llevó preguntando todo ese tiempo.

“Y a quien sea que mire la persona con la maldición de los ojos plateados, su muerte verá pasar.
Sin importar que quiera o no, al hacer contacto visual, no habrá marcha atrás.
Tendrá la elección de hacerle saber su destino, pero de ser así, habrá grandes consecuencias.
Se recomienda discreción con el tema; revelar detalles de la muerte de forma discreta o indirecta, si se elije hablar al respecto, pero lo mejor es callar la sentencia que la muerte ya tiene preparada.
Esta no se puede cambiar, por mucho que se intente, y tampoco se ha de revelar a nadie de esta habilidad.

La persona con la maldición de los ojos plateados estará condenada a la soledad eterna.
Quien sea que caiga ante el encanto que sus ojos esconden y se enamore de ese ser, morirá de forma repentina, violenta e inevitable.
Sólo podrá contar consigo mismo o los miembros de su familia.
Y una vez muera la persona a la que está destinada a amar, perecerá, de igual forma, no mucho después del fallecimiento de su amor.

Porque la persona con la maldición de los ojos plateados tiene a la muerte a su alrededor, pero también en su interior.”

— Eso no explica nada. — se quejó, cerrando el libro con rapidez. — Suena como un cuento de hadas o algo así.

— A mí me gustó la historia; es como si ella fuera una especie de... — pensó en una comparación adecuada. — ángel de la muerte.

— Sí... es eso, ¿no? Esa es la única explicación razonable. — sonó feliz, lo cual espantó un poco a Hanma, pero lo dejó continuar hablando. — Tamashi está maldita, jamás ha tenido pareja porque sabe lo que le va a pasar, y evita relacionarse con muchas personas porque sabe que puede ver sus muertes y también sabe que no las va a poder evitar.

—...¿Y por qué eso te pone tan contento?

— Porque es una habilidad útil, y si la puedo convencer de estar de mi lado, tendré una ventaja enorme sobre todos los demás.

— Sí, pero ella jamás va a acceder.

— Bueno, creo que tengo razones suficientes para que diga que sí. Ella es inteligente; no dejará pasar la oportunidad de solucionar sus problemas, y resulta que sus problemas y mis problemas vienen del mismo lugar. — Hanma asintió, aunque no había entendido nada, pero a fin de cuentas, pensar era el trabajo de Kisaki. — ¿Qué había en la libreta que te dio tiempo de revisar lo que estaba leyendo?

— Es sólo una agenda, y todo lo que tiene de aquí al próximo año son reuniones de trabajo, un concierto de violín y una especie de... fiesta o algo así.

— ¿No leíste ni las fechas? Déjame ver. — tomó el objeto de las manos de Hanma y lo revisó. En parte, todo era cierto, pero ahora podía ver que el concierto de violín era en unos días y el otro evento era en noviembre. El 10, para ser exactos. — El segundo evento parece importante; dice que es formal... si quisiéramos entrar, necesitaremos una invitación.

— Entonces... ¿qué hacemos ahora? — su conocimiento llegaba hasta ahí. Ya no tenía idea de qué más podía hacer.

— El plan básicamente es hacerme cercano a Tamashi; lo suficiente como para que esté dispuesta a trabajar conmigo y que nos dé invitaciones para el evento tan importante que tiene. Tendremos que ir ese concierto de violín.

— Eso es aburrido.

— Te aguantas. — dejó la libreta en su lugar. — Ahora hay que movernos antes de que ella llegue.

— Ya llegué. — al oír la voz de Mika, quien apenas iba entrando, Kisaki empujó a Hanma lejos del escritorio. — ¿Qué demonios están haciendo? ¿Estaban revisando mis cosas? Literalmente fue lo único que les pedí que no hicieran.

— Fue curiosidad. — se justificó Kisaki rápidamente. — Ya no hay vuelta atrás; leí el libro sobre tu escritorio y ahora me debes explicaciones.

— ¿Por qué debería?

— Porque estoy bastante seguro de que es un secreto, y si no me explicas, tendré que preguntar por ahí sobre como estás maldita o algo así.

— Sí, en realidad me da igual que lo hagas. — se rió. — Es decir, adelante, dile a todo el mundo como conociste a una persona que tiene los ojos malditos y quieres saber si es cierto. Eso definitivamente no te hará ver como un loco.

— No había necesidad de usar sarcasmo. — se quejó en voz baja. — Bien, hagamos esto. Trabajemos juntos por un bien común y me cuentas lo que quiero saber.

— ¿De qué bien común estamos hablando?

— Dijiste que Takemichi había hecho algo que interfiere con tu trabajo; yo estoy buscando detenerlo de hacer muchas cosas también porque siempre me arruina los planes.

— ¿Y? Somos amigos, no le haría daño. Me siento ofendida de que me hayas dicho eso.

— No le haremos daño; sólo pienso detenerlo de hacer eso que me causa tantos problemas. Él te detiene de hacer tu trabajo y arruina mis planes, y creo que todo se da por una misma razón, así que... tú me dices lo que sabes y yo te digo lo que sé y todos felices.

— Sólo dile que sí; no va a dejar de insistir. — interrumpió Hanma.

Si dijera que colaborar con Kisaki no le traería beneficios, estaría mintiendo, pero podía percibir el tipo de persona que era; no podía aceptar una propuesta que viniera de él a la ligera.

— Entonces, ¿dónde está el truco? — preguntó.

— No hay truco.

— Siempre hay un truco.

— Lo sé, créeme, pero no lo hay. Los dos salimos ganando si unimos fuerzas, y aunque me cueste admitirlo, no puedo tratar como a un peón a alguien con un nivel de inteligencia que por lo menos se asemeje al mío. No eres manipulable ni estúpida; no como Hanma.

— Él está hablando de mí; yo soy el peón. — el mencionado resaltó.

— Puedes pedir lo que quieras de mí; lo puedo hacer si está a mi alcance. — Kisaki siguió hablando.

— Hmmm... — consideró la propuesta por un momento. No era mala idea, pero había un par de cosas que le preocupaban.

— A cambio-

— Sí, ya lo venía venir. ¿Qué es lo que quieres?

— Sólo una cosa... una pregunta. Mientras leía el libro, no pude evitar notar que eres la única en toda la historia de tu familia que jamás ha tenido pareja. ¿Hay alguna razón para eso?

— Si leíste el libro, deberías saberlo. — ignoró el hecho de que la pregunta le parecía muy tonta y decidió responder. — La gente que se empareja que con los miembros de mi familia termina muerta, así que prefiero evitar eso no teniendo pareja.

— ¿Y cómo vas a hacer para tener hijos?

— No lo sé, ¿inseminación artificial? O conseguirme a alguien a quien no le importe  estar conmigo sólo para tener hijos y sin ningún interés romántico de por medio, pero, me inclino más por la primera opción. Si llegara a estar con alguien, tendría que cumplir con estándares muy específicos; tendría que valer la pena.

— ¿Y yo? — la contraria lo miró confusa. — Si yo te demostrara que valgo la pena, ¿estarías con alguien como yo? — una sonrisa maliciosa se asomó en el rostro de la fémina.

— ¿Es una pregunta o una propuesta?

— No lo sé, ¿qué quieres que sea?

Y por un momento, sólo se quedaron así, viéndose fijamente como si estuvieran tratando de analizarse el uno al otro. Hanma miraba todo sin saber qué hacer o si era correcto intervenir, pero, joder, la tensión era enorme.

—...Como sea, — Mika rompió el silencio por fin. — creo que puedes entender la situación en la que estoy; la decisión es importante. Por eso me parece que sé qué es lo mejor para hacer.

🌙 Tardé mil años; no sé escribir tensión y además tuve que replantear todo lo que iba a revelar y cómo.

Ya volveré otro día para escribir el resto.

Besitos en las manos, cuídense y tomen mucha agua.

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