Capítulo 01: ¿Te acuerdas?

La Academia Ultimate. La más prestigiosa del país. Es famosa por educar a jóvenes prometedores e hijos de nobles, políticos y de la alta sociedad. Los pasillos estaban algo tranquilos, pero eso cambió rápidamente. - ¡Mirad, es él!

- Es tan guapo...

Un joven peliazul se abrió paso por el pasillo. Se trataba de Marth Lowell, presidente del consejo estudiantil. En un futuro, él heredará "Lowell Foods", la empresa de su padre. Actualmente, ostenta una fortuna que supera el billón de dólares. Además, es el estudiante con las mejores calificaciones de su promoción y muy popular entre las chicas.

Se dirigió a su taquilla a sacar su material para la próxima clase. - ¡Hey Marth! ¡Por fin te encuentro!

Roy Feres es el mejor amigo de Marth y dirige el club de comunicaciones. Su padre es fiscal del distrito. - Oh Roy, ¿necesitas algo?

- Sólo quiero decirte que no podré acompañarte a casa.

- ¿Por? ¿Ha ocurrido algo?

- Sí, resulta que Wolt está teniendo problemas con el blog y tengo que echarle una mano.

- No te preocupes, podré ir solo. De todas formas vivo solo a un par de manzanas.

- Gracias por entenderlo.

Ambos se dirigieron a clase. La clase de matemáticas era algo pesada, sin embargo, para Marth era un paseo corto. Justo cuando el profesor iba a empezar, la puerta del aula se abrió. - Hola.

- Joven Gawain, es la tercera vez esta semana que llega tarde. Espero que al menos haya traído sus apuntes.

- Sí, sí, los tengo.

Ike Gawain. Es el capitán del equipo de béisbol y además el mejor deportista de la academia. Su padre era entrenador y lanzó la carrera de jóvenes promesas del fútbol. Y al igual que Marth, era muy popular con las chicas. Tenía buenas calificaciones, sí, pero los últimos días empezó a llegar tarde a clases.

La clase continuó con normalidad. - Y así, vemos que las funciones derivadas dan el mismo resultado. ¿A qué conclusión llegamos?

Marth levantó la mano. - Joven Lowell.

- Que la función es continua y derivable en ese punto.

- Es correcto. No esperaba menos de usted joven Lowell.

Entonces sonó la campana. - Bien muchachos, no olviden realizar las propuestas de ejercicios que les he mandado por correo ya que el examen será parecido a esos ejercicios.

Dado que esa fue la última clase del día, casi todos los alumnos se marcharon a casa. Sin embargo, se topó con alguien que no esperaba. - No deberías llegar tarde a clase. Te perjudicará mucho.

Ike lo miró. - ¿Oh? ¿El presidente del consejo estudiantil se preocupa por mí? Me siento halagado.

- Lo digo en serio. Si sigues llegando tarde, podrían bajarte las calificaciones.

- Sólo fueron tres días. Además, ¿qué te importa? Deberías meterte en tus asuntos.

- Tu comportamiento va a manchar el renombre de la academia.

Ike lo acorraló contra las taquillas del pasillo. - ¿Crees que por ser el presidente del consejo te da derecho a decir esas cosas?

- Tienes un problema y no puedo permitir que causes más.

El mayor se acercó a su oído. - Mejor preocúpate de no quitarte ese parche que oculta tu olor. Podrías ser tú el que tenga problemas.

Marth se tensó. ¿Cómo sabía Ike lo de los parches? Los únicos que lo saben son su hermana, los miembros del consejo y Roy. Tenía el pulso disparado. — ¿Cómo...sabes eso?

Ike sonrió. - ¿Quién sabe?

Y se retiró. Marth levantó la mirada. - Nos vemos mañana. Presidente.

Marth se quedó algo preocupado. ¿Quién lo habrá contado? No valía la pena pararse a pensar en ello, así que se fue a la sala del consejo.

Nada más entrar, fue recibido por un chico rubio de ojos verdosos. - Hola Marth, ¿estás bien? Parece que no hayas dormido nada.

- Estoy bien Shulk, sólo he tenido un encontronazo con alguien indeseable.

- De acuerdo...bueno te quería comentar que ya tengo el informe mensual de gastos.

- ¿Y qué tal?

- Ha habido un uso apropiado de los presupuestos asignados. Sin embargo, creo que el club de comunicaciones necesita material nuevo. Recientemente ha habido problemas con la difusión de noticias y eventos.

- Ya veo. Entonces habrá que aumentar el presupuesto del club.

Marth le entregó a Shulk un pendrive que había en la mesa. - Asigna el presupuesto que veas conveniente a cada club.

- Entendido.

El peliazul se quedó pensando en lo que Ike le dijo. Tragó saliva y se puso algo nervioso. Pero no podía ignorarlo. - Shulk...

- ¿Qué pasa?

- Tengo que pedirte un favor personal.

Mientras tanto, Ike estaba volviendo a casa acompañado de uno de sus amigos más confiables. - ¡Tendrías que haber visto su cara!

- Eres un descarado Ike.

- Oh, vamos Link. Quería ver cómo reaccionaba el presidente del consejo ante una situación así.

- ¿Te llevarás bien con Marth algún día? Los alumnos empezarán a esparcir rumores.

- Me dan igual los rumores. Pero debo admitir que últimamente Marth me resulta muy interesante.

Ambos chicos se detuvieron en frente de un bloque de pisos. - Lo que tú digas, pero intenta no espantarlo.

- Cómo quieras. Nos vemos mañana.

Link entró en el edificio. Mientras Ike continuó su camino hacia casa, se sacó una foto del bolsillo de la camisa. En la que salían él y otro chico peliazul de pequeños. Y esbozó una sonrisa. - Veo que no te acuerdas de mí, ¿eh?

[•••]

Marth salió de la escuela tras entregar los informes al director. Para él, era un orgullo no sólo ser el presidente del consejo, si no también el mejor estudiante de la academia. Sin embargo, había algo que todavía lo tensaba. Y era su casta. Cuando se enteró que era un omega, su mundo se vino abajo, puesto que era la casta más perjudicada. Al menos en su opinión.

A Marth le resultaba muy sencillo ir a la escuela, puesto que vivía a un par de calles de la academia. Cuando entró a su casa, observó que su hermana aún no había vuelto, peo dejó una nota en la mesa:

"Hola Marthy, he quedado con unas amigas. Te he comprado unos fideos instantáneos. Ten cuidado cuando hiervas el agua.

Con cariño, Elice."

- Bueno...supongo que estaré solo esta noche.

Se fue a su cuarto y se quitó el uniforme escolar. Se puso una camiseta verde lima y un pantalón chándal amarillo. Cuando bajó, escuchó que tocaban a la puerta.

- ¿Quién será a esta hora?

Cuando abrió la puerta, se quedó impresionado. - Buenas tardes.

- ¿Qué haces aquí Ike?

- Nada. Es que vivo cuatro casas más abajo y quería visitar a mi vecino.

- Lo que me faltaba. Bueno, ya que has venido a visitarme podrías hacerme compañía.

Ike aceptó la oferta y cerró la puerta tras de sí. Colgó su chaqueta en el perchero y se sentó en el sofá de la sala. - Y dime, ¿qué haces solo en tu casa?

- Mi hermana ha salido con unas amigas y no sé cuándo va a volver. Así que probablemente tenga que hacerme la cena.

- ¿Me permites?

- ¿Qué vas a hacer?

Ike se dirigió a la cocina y sacó del armarito un paquete de arroz, el aceite de girasol y la soja. — ¿Dónde están las verduras?

— En la despensa, pero…

El mayor no hizo caso y se dirigió a la despensa y sacó un tomate, una cebolla y una ramita de perejil. Luego fue a la nevera y sacó un huevo. — Creo que esto es todo.

Agarró una sartén, echó el aceite y lo puso al fuego. Marth estaba algo confundido con lo que estaba haciendo. Mientras el aceite se calentaba, Ike empezó a lavar el arroz. Lo escurrió y empezó a preparar las verduras.

Marth quedó impresionado por como su invitado preparaba los ingredientes a tanta velocidad. Pero aún no sabía que estaba haciendo. Cuando ya tenía todo listo, fue echando los ingredientes en la sartén.

A Marth se le hizo la boca agua al oler el aroma del arroz cogiendo el sabor de la salsa de soja. Ike empezó a saltear y remover el arroz para absorber toda la salsa. Después, apagó el fuego y sirvió el arroz en dos platos. — Toma, es arroz frito tailandés.

El peliazul más bajo dudó. — Vamos, pruébalo.

Marth no estaba convencido. Pero dada la hora y el hambre que tenía, decidió darle una oportunidad. Cogió una cucharada de arroz y comió. Para su sorpresa, estaba delicioso. — Está…muy rico…

— Me alegra que te guste. Fue la primera receta que me enseñó mi madre.

— Eso suena increíble. A veces ceno poco porque mi hermana tiene que ocuparse de la empresa familiar y llega muy cansada.

— Creí que serías tú quien dirigiera la empresa.

— Primero quiero acabar mis estudios. Y luego podré ocuparme del negocio.

— Eso está bien.

La conversación llegó a un punto en el que ninguno sabía qué decir. Y Marth empezó a sentirse incómodo. — ¿Cómo…cómo sabes que uso parches para ocultar mi aroma?

— Eres un chico listo. No quieres meterte en líos y siempre estás dispuesto a ayudar a los demás. Además se nota que quieres mantener tu reputación y no quieres que sepan que eres omega.

Marth tragó nervioso. — Por favor, no se lo digas a nadie.

— Tranquilo. Me llevaré el secreto a la tumba.

Aunque esas palabras le dieron un respiro a Marth, aún se preocupaba de que alguien más lo descubriera. Sin embargo, eso no impidió que disfrutaran de una agradable charla. Cuando terminaron de cenar, Ike se dirigió a la puerta para marcharse. — He disfrutado mucho la cena.

— Si quieres puedo traerte algo de vez en cuando.

— Eso estaría genial. Lamento como te he hablado en la academia.

— Y yo siento haberte hecho sentir incómodo.

Hubo un silencio incómodo. Ninguno sabía qué decir. Hasta que Ike decidió romper dicho momento. — Entonces…¿nos vemos en clase mañana?

— ¿Eh¿ O-oh, claro…no hay problema.

— Buenas noches.

Y se marchó. Marth se quedó mirando cómo Ike se marchaba. Algo en él le resultaba extrañamente familiar. Algo que le decía que se conocían de antes. Dejó de pensar en ello y decidió darse una ducha.

A pesar de pertenecer a una familia acomodada y vivir en una gran casa, Marth pasaba la mayor parte del tiempo solo. Sus padres iban a muchos viajes de negocios y su hermana tenía que encargarse del marketing de la empresa.

El joven peliazul fue al baño y se desnudó para después meterse en la ducha. Se sentó y se abrazó las rodillas. — ¿Por qué tengo la sensación de haberlo visto antes?

A pesar de decidir dejar de pensar en eso, era algo que todavía lo carcomía por dentro. Salió de la ducha con una toalla en la cintura y otra para secarse el pelo. Luego se puso su pijama y se acostó. Mañana iba a ser un día bastante movido.

Ya era viernes. Las clases transcurrieron con normalidad y llegó el descanso. Marth aún seguía pensando en lo de anoche.

— Hey Marth, despierta.

— ¿Eh?¿Qué pasa?

— ¿Estás bien? Hoy estás algo distante, incluso te pusiste algo tenso cuando el profesor te llamó a la pizarra.

— Estoy bien Zelda, no te preocupes. Sólo que no dormí bien.

— ¿Otra vez te desvelaste organizando los eventos del mes?

Marth desvío la mirada. — No, es…es por otra cosa…

Unos pasos se acercaban hacia ellos y se dieron la vuelta. Era Ike. — Vaya, vaya, menuda sorpresa. El presidente y la vicepresidenta juntos en el pasillo.

— Hola Ike, ¿dónde está Link?

— Oh, tu novio me está sustituyendo en el entrenamiento. Hoy tengo que cuidar a mi hermana, la canguro no puede venir hoy.

— Deberías solucionar esto. Te puede afectar en las clases y en el entrenamiento.

— Lo sé, lo sé…

Zelda suspiró. Luego miró a Mary y de la nada se le encendió la bombilla. — Marth puede hacerlo.

Marth se quedó confuso. — ¿Cómo dices?

— Vamos, siempre estás solo. Además, es matar tres pájaros de un tiro. Ike puede entrenar a su hora, yo salgo con Link y tú tienes algo de compañía.

— ¿Me harías ese favor Marth?

El joven dudó un momento, pero al ver los ojos de Ike, notó la emoción al pedirle ese favor. — C-claro, no hay…problema.

— ¡Gracias Marth!

De repente, Ike levantó en volanzas a Marth, lo que hizo que el joven se sonrojara y sorprendiera por el gesto repentino. Tuvo que agarrarse a los hombros de Ike. Luego lo soltó. — P-por favor, n-no lo vuelvas…a hacer…

— Lo siento. Es sólo…me tranquiliza que vayas a cuidar de mi hermanita.

— Confías mucho en mí, ¿no?

Zelda hizo una señal. — Bueno, como veo que tres son multitud, me voy a encargar de la organización del evento de primavera.

La rubia se marchó. Los dos chicos se quedaron solos y eso hizo que Marth se sintiera incómodo. — Bueno…¿por qué no vienes a comer conmigo y con mi hermana? Así no estás solo.

Marth se puso rojo. — ¿Quieres…que vaya a tu casa?

— ¿Por qué no? Me gustaría compensarte por lo de ayer.

El omega se lo pensó. — Vale, sólo…déjame mandar un mensaje. Tengo que avisar a Elice de que llegaré tarde a casa.

Marth sacó su teléfono y tecleó el mensaje para enviarlo. — Listo.

— Je, no has cambiado nada…

— ¿Mm? ¿Has dicho algo Ike?

— No, nada. Vámonos, se hará tarde.

Ambos chicos salieron del edificio. El sol ya se estaba ocultando en el horizonte. Marth no podía dejar de pensar en que conocía a Ike de antes, pero no podía recordarlo. Sea como fuere, averiguaría por qué.

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