2. Atrapa la bandera

Desperté temblando. Las pesadillas, otra vez.

Cuando me asomé por la ventana aún era muy pronto. Salí y me dirigí al comedor, desde allí se tenían unas vistas preciosas del amanecer. Me quedé allí durante un buen rato, viendo el sol salir, abrazándome a mi misma, recordando mis primeros años en el campamento y pensando en que, si Annabeth tenía razón, ese podría ser mi último año en la Colina Mestiza.

Me dirigí a la Casa Grande, aún faltaba un  rato para que tuviéramos que ir a desayunar y yo necesitaba hablar con Quirón. 

Cuando llegué no me sorprendió verle jugando a las cartas con el Señor D.

—Siento molestar señor —dije dirigiéndome al centauro—. Pero necesitaba consultar una cosa.

—No te preocupes querida —dijo dejando las cartas, ignorando las quejas del Señor D por haber interrumpido su partida—, ¿qué te parece si vamos a dar un paseo?

Yo asentí siguiéndolo hacia la salida.

—¿Qué te preocupa?, Maya —me preguntó mientras caminábamos en dirección al comedor, el desayuno sería en pocos minutos.

—He vuelto a tener pesadillas —expliqué—, y no dejo de pensar en la profecía. Si Jackson es el elegido yo tendré que ir con él y entonces la profecía se cumplirá y...

—Crees que tú vida peligra por ese chico, ¿no es así? —yo asentí—. Entiendo. Háblame de las pesadillas.

—La mayoría son iguales. Él me habla. Me dice que si le ayudo me perdonará. Como si todo fuese mi culpa...

—Tú no tienes culpa de nada —me interrumpió Quirón muy serio—. Tú no pediste nacer y mucho menos pediste ser mestiza.

Yo asentí y él suspiró.

—Las profecías no pueden tomarse siempre al pié de la letra, Maya, y lo sabes.

Yo agaché la cabeza.

—No obstante —prosiguió posicionándose frente a mi para poder ver mi expresión—. Entiendo tu preocupación. Pero tranquila. Aquí estás a salvo.

Yo le sonreí, reconfortada por sus palabras. No tenía ni idea de lo que se me venía encima.

•••

Caminaba con Annabeth por el campo de entrenamiento mientras me explicaba su plan para capturar la bandera.

—¿De verdad quieres meter al pobre chico a la boca del lobo? —le pregunté desviando mi mirada hacia el rubito de rizos, que estaba con Castellan y Rodrigez.

Annabeth se cruzó de brazos y me miró.

—¿Tienes una idea mejor? —dijo enarcando una ceja, antes de mirar dónde estaba el rubio.

Yo negué antes de que Percy se girara hacia nosotras, percatándose de que le estábamos mirando.

—Por cierto —dijo Annabeth mientras volvíamos a caminar—, ¿que pasó anoche cuando te dejé con el novato?

—Le pregunté que le había contado Grover, le acompañé hasta su cabaña y le di un beso de buenas noches en la mejilla —respondí encogiéndome de hombros, restándole importancia.

Annabeth negó divertida.

—Eres de lo que no hay —me dijo riendo—. A veces pienso que debiste ser reclamada por Afrodita, ¿cómo puedes ser tan coqueta?

Yo reí por su pregunta.

—Lo de coqueta te lo paso pero hay un tal señor del Inframundo que no está de acuerdo contigo.

Annabeth puso una mueca.

—Lo siento.

—No te preocupes.

El ambiente se quedó un poco tenso después de eso. Annabeth y yo seguimos paseando, esta vez en silencio.

—Sabes que tonteo por puro aburrimiento, ¿no? —le dije a Annabeth, haciéndonos reír a ambas.

—Lo sé, pero si aprovecharas ese tiempo en entrenar podrías incluso ser mejor que Luke con la espalda. Y lo sabes.

Yo sonreí. Mejor que Luke, tentador.

—No te voy a negar querida amiga —pasé un brazo por los hombros de Annabeth—, que la idea de humillar a Castellan en un combate es tentadora. Pero gustarle a mestizos estúpidos también es muy divertido.

—Yo no he dicho que lo humilles... —dijo Annabeth, siendo interrumpida por mi.

—Ta-ta-ta-ta —interrumpí poniendo mi dedo índice sobre sus labios—. Volviendo a lo más importante, ¡tú también les gustas, Ann! ¡Pero estás demasiado ocupada siendo una sabelotodo que no puedes aprovecharte para reírte de ellos!

Annabeth me miró ofendida.

Sinceramente solo era verdaderamente coqueta cuando me sentía cómoda con alguien y podía mostrar mi verdadera personalidad. Con la mayoría de personas era todo una baja autoestima disfrazada de ego. Por eso cada vez que un mestizo se fijaba en mí, hacía lo que fuera para que me prestase atención hasta que tenía el ego lo suficientemente alto y me cansaba de él. Muy egoísta, tenéis derecho a juzgarme.

Me puse frente a Annabeth, que me miraba con los brazos cruzados. Me giré finjiendo que seguía andando cuando cogí una espada y la choque contra la que sostenía Annabeth, a punto de atacarme.

—¿Te crees que no te conozco?, Chasse —le dije sonriendo mientras dábamos un par de estocadas.

Los campistas que estaban alrededor dejaron sus ocupaciones para prestarnos algo de atención.

En un par de estocadas Annabeth tenía el filo de su hoja en mi cuello y yo el mío en el suyo. Nos separamos riendo y miramos al resto de campistas, que aplaudían. Puse divisar a Percy y a Luke entre ellos, guiñé un ojo en su dirección.

•••

Hora de atrapar la bandera.

Esto va a ser divertido.

Las normas eran las de siempre: no matar, no mutilar, bla, bla, bla.

Me encontraba junto a Annabeth, Luke y Percy cuando el juego se dio por comenzado.

—¿Tenéis claro el plan? —nos preguntó Annabeth a Luke y a mi.

—Si mi señora —dije yo adoptando una pose militar, llevando mi mano derecha a mi frente.

—¿Tenéis la sensación de que vamos a ganar?

Luke asintió sonriendo antes de dar la señal para que nuestros "soldados" le siguieran. Frené a Percy poniendo mi espada frente suya cuando hizo ademán de avanzar.

—Alto ahí, rulitos. Tú —le señale con la punta de mi espada y luego me señalé a mi—, te vienes conmigo.

Pobre chaval.

Percy y yo caminábamos hacia la parte del río más cercana al bosque, donde él debía vigilar. Si el plan de Ann salía bien sería genial para nosotros, pero no tanto para él.

Un ruido me sacó de mis pensamientos. Me giré hacia Percy que estaba tirado en el suelo. Se tropezaría con una rama, supongo.

Me reí de él bajito antes de extender mi mano para ayudarle. Sorprendente el rubio rechazó mi oferta. ¿Qué bicho le había picado?

—Estoy bien —dijo limpiando sus pantalones mientras seguíamos nuestra marcha—, puedo hacer esto.

—Vale —respondí encogiéndome de hombros y reanudando la marcha. 

Entonces empezó a divagar sobre que obviamente eso se me daba mejor a mí que a él, que necesitaba que saliera bien para que su padre le hiciera caso... El típico discurso de mestizo desesperado por la atención de su padre divino, o de cualquier olímpico. 

Me puse frente al rubio suspirando y él me miró confundido.

Ni ponerse bien la armadura sabe el bobo.

Le abroché bien la armadura y le miré con una sonrisa pequeñita, en un intento bastante horrible de reconfortarlo.

—Lo harás genial —le dije—, tienes que confiar en ti mismo.

—Espera, ¿hacer qué?

No pude responder ya que sonó la siguiente señal. El juego comienza.

—Bien —dije al escuchar el ruido—, al lío.

Me alejé un par de pasos de Percy y me puse la gorra de Annabeth, que le regaló su madre cuando cumplió doce.

Percy me miró con los ojos muy abiertos al ver que desaparecía y volvía a aprender como si nada.

—Un regalo de Atenea para Ann —expliqué—. Nunca quiere prestáremela, pero esta es una ocasión especial.

Percy quiso decir algo pero, al verme desaparecer, decidió callarse. 

Me quedé allí por un rato, viendo a Percy perder el tiempo y hacer un poco el tonto. Tal vez no me necesitaba, o eso pensé. Me alejé de allí y corrí en la dirección donde debía estar mi equipo atacando. 

Cuando encontré al grupo de Luke me aguanté las ganas de burlarme en su cara pero, nos superaban en número, debía ayudar a mi equipo. Me uní a la batalla, derribando a hijos de Ares y de Afrodita uno tras otro. 

—¿Qué haces aquí?, Thompson —preguntó Luke mientras chocaba su espada con la de un hijo de Ares. 

—Sabía que no sobreviviríais sin mí, Castellan —respondí burlona, dándole una patada en el pecho al chico contra el que luchaba.

—¡Está bien! —gritó el chico que luchaba contra Luke—. ¡Nos rendimos! 

Escuché como Chris se acercaba a Luke para hablar de dónde debían atacar. 

—Tranquilo, Percy se ocupa —le dijo el moreno a su amigo—. Annabeth tiene un plan y confío en ella, y en él.

Yo abrí mucho los ojos. Mierda. 

Te mandaron cuidar al rubito y ni cuidar de ti misma sabes.

Empecé a correr hacia el río. No sé porque pero mi intuición me decía que allí encontraría a Percy. 

Cuando llegué la escena no era demasiado agradable. Percy estaba tirado en el suelo y Clarisse sostenía la lanza eléctrica que le había regalado su padre, ahora rota. Me interpuse entre ella y el rubio, con mi espada en alto, cuando trató de alcanzar a Percy. 

—Mira princesa Percy, tu caballero de brillante armadura a venido a salvarte —dijo burlona hacia el chico detrás de mí, mientras que yo le apuntaba con mi espada—. Aparta, Thompson. Esto es personal. 

—Ya —le dije sin apartar mi espada—, me parece que no. 

Clarisse me miró enfadada. La morena dio un paso hacia delante, provocando que el rubio y yo retrocediéramos. 

Por suerte, nuestro equipo apareció con la bandera del equipo contrario, dando el juego por finalizado. Yo me giré hacia Percy sonriendo, pero su semblante era serio. 

—¿Y tú de donde has salido? —me preguntó molesto. 

—Lo siento —dije yo—. Se suponía que debía protegerte pero... 

—Pues lo has hecho de maravilla —me interrumpió con un tono sarcástico. 

Yo fruncí el ceño, a punto de protestar. ¿Qué diablos le pasaba? Me giré en otra dirección, no merecía ni que posara mis ojos en él. Vamos, ¿quién se creía que era? ¡Acababa de salvarlo ni más ni menos que de Clarisse! 

Mi mirada chocó con la de Annabeth, que hablaba alegremente con unos chicos de su cabaña. La morena me hizo una señal y yo asentí. 

Se daba por comenzada la parte dos del plan. 

 —Percy —llamé al rubio a pocos metros de mí, mintras me acercaba a él lentamente. 

—¿Qué? —me espetó molesto. 

Primero de todo, a mi me hablas bien.

—Que te den —le dije mientras lo empujaba para que cayera al agua. 

—¡¿Pero a ti que te pasa?! —me gritó, provocando que todos los presentes nos prestaran atención.

—Tu papi te llama —dije cruzándome de brazos, señalando con la cabeza el tridente que flotaba sobre la cabeza de Percy. 

 Percy miró hacia arriba. Los campistas comenzaron a arrodillarse ante él, incluida yo. 

—Poseidón —anunció Quirón—. Sacudidor de tierras, portador de tormentas, padre de los caballos. Salve, Percy Jackson, hijo del dios del mar. 

Bạn đang đọc truyện trên: AzTruyen.Top