02 | EL OJO QUE TODO LO VE

  ─── ☪️ ───

— Cuando me enteré que vendrías, preparé tu habitación. — comunicó Thomas, caminando por el pasillo de la casa, con Amelia detrás suya.

Él abrió una puerta, enseñándole un cuarto, con una cama individual, una ventana con cortinas antiguas y lámpara colgante. Se paró en medio y miró arriba, notando los stickers en forma de luna que estaban pegados al techo. Tomó asiento en el colchón, pasando su vista alrededor.

— Cuando eras bebé, antes de mudarte con Hargreeves, tu madre las puso en tu cuarto, te quedabas viéndolas y caías dormida. — dice el mayor, refiriéndose a los stickers. — No es la gran cosa, pero quise hacer tu estadía más cómoda con un lugar agradable. —enciende con su dedo las velas que reposaban en el tocador.

— Aquel hombre que vino... Lucifer... Mencionó que cuidabas las noches de luna ¿Ese es tu trabajo? — preguntó curiosa.

—¿Por qué crees que la mayoría de personas prefieren la noche? me encargo de que sea mágica. Además, con la luna puedo ver lo que pasa en la tierra así que me entero de casi todo.

— ¿"Casi"? — frunce su ceño.

— Como sabes, la luna solo ilumina la mitad del planeta tierra. La otra mitad la tiene el sol, y bueno, Helios es muy... Brillante para trabajar con alguien así de alegre — bromea, ella simplemente parpadea un par de veces. No se sentía cómoda todavía, o quizás no tiene la suficiente confianza, así que el deber de Tom es ganársela, y sabe cómo hacerlo. — también me doy cuenta que Cinco y tú son muy unidos.

— ¿En serio?

— Sí, más de lo que pensaba... — dice entre dientes. Obviamente vigila el mundo de los vivos todo el tiempo y, lógicamente, también a su hija, así que ha visto "cosas" entre ellos que no le convencen demasiado. — es buen chico, sin embargo, no me cae del todo bien. Es arrogante.

Amelia ríe levemente — él tiene ese efecto.

Thomas sonríe de lado y se da la vuelta, tomando la perilla, pero, antes de irse, mira a su hija por última vez.

— Buenas noches, mi pequeño demonio.

Se retira de una vez por todas.

Amelia continúa examinando la habitación, un tanto insegura. Se acerca hasta el armario, el cual abre, encontrando algo de ropa. Prendas básicas, todas de colores oscuros, más que todo negro. Decide cambiar su vestimenta (que huele a como si algo se hubiese quemado), poniéndose una bata larga de algodón.

Una vez lista, regresa a la cama y se acuesta, tapándose con las sábanas. La luz tenue entraba por la ventana y traspasaba por las cortinas, al igual que una brisa fría soplaba haciendo sonar los árboles afuera. Dió vueltas en la cama, no podía conciliar el sueño, le era difícil, especialmente por lo todo lo que estaba pasando.

Se puso boca arriba, cansada, su vista cayó en los stickers de lunas y estrellas que iluminaban en la oscuridad. Extrañamente, se sentía tranquila con sus ojos en ellos. Lo sentía familiar.

Bostezó y, en cuestión de segundos, se quedó dormida.

(—☪️—)

Amelia abrió los ojos, escuchando voces fuera de la habitación. Tomó asiento, colocándose sus chanclas. Abrió la puerta y paró en seco al ver a Thomas y Atlas hablando, quienes se quedaron callados al notar su presencia.

— Buenos días, mi cielito tenebroso. — saludó el mayor con una sonrisa alegre— ¿tienes hambre? te hice tu comida preferida: pancakes de miel con salchichas. Atlas se ofreció a darte un recorrido por el inframundo, puedes desayunar y luego irte con él.

— Estarás aquí un tiempo, así que necesitas conocer el lugar, en caso de alguna urgencia, tengo varios escondites. Conozco a mi padre y sé que sospecha totalmente de mi tío. Es cuestión de tiempo para que nos empiece a vigilar de cerca. — explica el chico.

— ¿Crees que es buena idea? ¿los demás habitantes no se darán cuenta de mi presencia? — pregunta precavida.

— Nadie sospechará a menos que sigas vistiendo así. — la miró de arriba a abajo, analizando su vestimenta, la cual era uno de sus vestidos cortos, medias altas y zapatos femeninos de tacón.— puedes vestirte como nosotros y creerán que eres una más. Amaris y tú tienen diferentes vibras, por lo tanto, tampoco te confundirán con ella.

— ¿Debo vestirme como emo? — Atlas alzó la ceja — perdón.

Tom va al cuatro, busca en el armario y regresa con algunos ganchos, los cuales le entrega y la empuja para que vaya a cambiarse. Amelia vuelve unos minutos después, esta vez, con medias negras, vestido color negro y botas de cuero. Se sentía bien, a pesar de ser un estilo diferente al que estaba acostumbrada.

— Esto servirá, pero colócate la capa, te podrás cubrir. — el mayor le pone la capucha con sus poderes y sonríe con orgulloso — ahora sí pareces toda una Moon.

Después del desayuno, Amelia salió junto a Atlas. Era una ciudad como cualquier otra, pero tenía una vibra bastante oscura, los edificios brillaban con sus ventanas y casi todo era de tonos oscuros: negro y gris. Las calles eran de ladrillos y las personas eran algo calladas, ocupándose de sus propios asuntos.

— No te angusties mucho. Esto es el infierno, es obvio que estamos llenos de egoísmo. Por eso no nos interesa lo que otros estén haciendo. — le comenta Atlas.

— No creo que todos sean igual de egoístas — dijo, refiriéndose a él y su "padre", pues una persona egoísta no ayudaría a otra de la forma en la que ellos lo están haciendo. — ¿puedo hacerte una pregunta?

— ¿Siempre te gusta hablar tanto?

— Solo cuando tengo curiosidad. — él sonrió de lado, acción que ella tomó como un gesto positivo para empezar a conocerlo mejor. — ¿qué edad tienes?

— 1783 mil. — la castaña abrió los ojos sorprendida. — en edad humana y física, diría que 28.

Atlas, al notar guardias del castillo de su padre, la tomó de la muñeca y se escondieron en un callejón, esperando que dejaran el camino libre.

— Mi padre empezó a tener más seguridad en el perímetro. Hay que tener cuidado.— Ella asiente, y lo sigue, a continuar su camino.

Amelia aún no entendía por qué Atlas se interesaba tanto en ayudarla. Quizás era por su tío y que en cierta parte ella es su familia, no obstante, no la conoce, así que no le parece razón suficiente para ser tan amable, pero tenía una extraña corazonada.

— ¿Amaris y tú eran amigos? — le preguntó, haciéndolo detenerse, sin verla.

— Algo así. — susurró, siguiendo la caminata.

Ambos comenzaron a alejarse de la ciudad, empezando a acercarse a la zona muerta, como le llaman al vacío que rodea el lugar, donde no hay más que neblina y árboles viejos. Atlas se detuvo y se hincó, abriendo una puerta en el piso.

— Adelante. — la invitó a pasar. Amelia dudó un poco. — créeme, si quisiera matarte ya te hubiese entregado con mi padre desde el primer momento en que llegó a la casa de mi tío.

Amelia suspiró y decidió bajar, llegando hasta lo que al parecer era una habitación subterránea. Las paredes de piedra y el piso de madera lo hacía ver acogedor, siendo iluminado por velas. Atlas llegó a su lado, cerrando la puerta, y encendió el candelabro de cerámica que reposaba al lado de la cama individual.

— ¿Qué es este lugar? — cuestionó confundida.

— Mi guarida, bueno, así la llamo... No me gusta mucho estar en el castillo, por lo general mis padres pelean mucho, así que vengo aquí a relajarme. — contesta, quedándose de pie en medio del lugar, posicionando sus manos detrás de su espalda.

— Se ve cómodo. — alaga.

— Si deseas puedes quedarte aquí. La puerta está hechizada, así que solo pueden verla las personas que yo desee. Es un gran escondite.

Amelia pensó. Obviamente que quería alejarse de todas esas personas y mantenerse a salvo, pero algo en ella le impedía hacerlo, y era Thomas. Se ve muy contento estando cerca de ella, entonces, en parte, sería como abandonarlo y quitarle esa emoción. Eso la hacía sentir mal.

— No te preocupes, puedo seguir quedándome con Tom, pero gracias por tu amabilidad. — agradece con una pequeña sonrisa.

Atlas le da un movimiento de cabeza en señal de afirmación — veamos en mi biblioteca si hay algún libro que tenga una solución para ti.

Amelia asiente y estaba por seguirlo, hasta que se dió cuenta de una piedra pintada con sangre las iniciales "A+A", reposando encima de un tocador. Ladeó la cabeza confusa, sin entender qué hacía allí, pero teniendo una nueva sospecha sobre la verdadera relación que mantenían Atlas y Amaris y que todavía no le querían contar. no

Bạn đang đọc truyện trên: AzTruyen.Top