Capítulo treinta y seis


“Y te diré un millón de pequeñas razones por las cuales me estoy enamorando de tus ojos. Dolo quiero estar donde tú estás” - Love me again (V)

Jimin cumplió su promesa antes de tiempo, puesto que Yujiung apareció a mitad de la mañana con sus tan deseados caramelos, una tarta y varias mandarinas jugosas. YoonGi estaba muy contento, casi que babeaba al ver todo sobre la mesa.

Sin embargo, la felicidad le duró hasta que el hombre le comunicó las condiciones que había puesto el rubio. Básicamente, que si se comía todo antes de que el regresara en su descanso entre turnos, no lo llevaría a ver el lago que pasaba por detrás de los frutales en el patio trasero.

Y él quería las dos cosas. Por ende, seguiría de malhumor el resto de las horas del día.

Por su parte, las trillizas habían estado inquietas hasta que comió la primera mandarina cuando Yujiung le entregó la bolsa. Interpretaba que eran ellas las causantes del antojo, y si eso era así y hacia que estuvieran más calmadas en su vientre, tendría que darles lo que sea que pidieran.

—¿YoonGi? ¡Ya llegué!

El omega le escuchó gritar desde el la habitacion, y sin responderle esperó a que se guiará por su nariz y le encontrara.

Efectivamente, Jimin entró caminando despacio mientras se desprendía un par de botones de la camisa. Se quitó los tenis para subir con el a la cama, y al notar el rostro serio del mayor, frunció leve el ceño.

» —¿Conseguí lo que me pediste y aún estás molesto conmigo?—preguntó, ignorando que el peli-negro había colocado una almohada en medio de la cama para tenerlo alejado cuando llegara, colocó los codos sobre la barrera que en cuestión de segundos se volvió inútil—, Yoonie...

—Eres cruel conmigo, ¡¿porqué no podía comerme todas esas cosas?!

—Sinceramente pensé que lo harías igual—sonrió a penas, sosteniendo su mano dulcemente—, solo no quería que te hiciera mal tanto dulce, omega.

YoonGi se sonrojó, apretando la mano del alfa con la suya. En los últimos días no entendía bien sus propias emociones ni las podía manejar, de un momento a otro todo daba un giro... Y había comenzado otra vez a sentirse inseguro, quizás innecesariamente.

Jimin le demostraba a diario cuánto lo quería y respetaba, podía sentir su cariño y las cachorras de igual forma. Pero de repente, cuando le costaba quedarse dormido, se cuestionaba muchas cosas que no había tenido el valor de preguntarle al alfa por temor.

—Jiminie...

—Dime—sonrió, besando su mejilla. Se quedó ahí, cerca de su rostro, esperando a que el mayor hablara.

—¿Alguna vez tuviste un novio?

No era la pregunta que tenía planeada en un principio, sin embargo, aquellas fotos llegaron a su mente de imprevisto.

Jimin suspiró, asintiendo bajo la mirada curiosa del omega que le ofreció un caramelo masticable de los mismos que el le había comprado. El alfa lo recibió gustoso, mordiéndole juguetonamente un dedo.

—Su nombre era Kim Enwoo. Iba conmigo a la escuela. Pero él... Le diagnosticaron cáncer terminal cuando cumplimos un mes de novios... Estuve a su lado hasta el ultimo día.

—Alfa—murmuró, acariciando sus mejillas. Con algo de fuerza se sentó, apoyandose en el respaldo de la cama, y estiró sus brazos para que se acomodara allí y dejarse abrazar. Se sentía culpable de hacerlo llorar—, lo siento mucho, no sabía... No debí preguntar.

—N-no, está bien... De todos modos llevo pensando en contarte sobre él desde hace un par de meses—murmuró, restregando la nariz en la ropa del omega mientras cerraba los ojos por las caricias en su cabello. Se sentía tan pequeño en los brazos del mayor, le gustaba la sensación—. Cuando te conocí, dejé de soñar con él. Se me hizo raro, nunca lo había relacionado contigo pero tiene sentido si eres mi predestinado. La última vez que lo ví en sueños, fue un día antes de que Dahyun te pidiera ir a verme en el departamento. Me dijo cosas que... Yo no sé si era un sueño realmente, estaba muy ebrio, pero creí en sus palabras.

—¿Qué dijo?—acarició su espalda con suavidad.

—Que amar no es algo malo. ¿Sabes porqué te dije que yo no amaba a nadie?

—No, alfa—susurró, recordando aquel día que había llorado entre sus brazos, sin comprender el porqué de aquellas duras palabras.

Jimin suspiró.

—Porque amo a Roseanne, y amé a Enwoo. Ella sufrió por eso, la lastimaron porque la quería con todo mi ser. Enwoo... él enfermó y murió en mis brazos—las lágrimas volvieron, mojando la ropa del omega—. ¿Ahora lo e-entiendes?

YoonGi sintió una opresión en el pecho, su lobo estaba triste y con las orejas bajas al escuchar el relato. Comprendió que Jimin tenía miedo, porque según su criterio, era su culpa que a quienes más quería les ocurrieran cosas malas.

—Pero estoy contigo, Jiminie, y tres cachorras en camino también están contigo—lo arrulló, besando sus cabellos rubios—. Tú amor no fue la razón de nada de lo que pasó con ellos, estoy seguro de que Enwoo fue el más feliz y eres lo más preciado que tiene Rose.

Jimin sollozó más fuerte cuando sintió a las cachorras moverse bajo la mano que reposaba en el vientre de YoonGi.

» —Y yo no podría estar más agradecido con el destino por ponerme en tu camino.

—G-gracias por aguantarme, omega. Prometo que no vas a arrepentirte nunca.

YoonGi lo abrazó hasta que cayó dormido, y poco después, él también sucumbió en un profundo sueño. Deseando estar así por mucho tiempo más.

YoonGi estaba ansioso. Se había despertado con la alarma que el alfa usaba para recordar que debía volver al trabajo, y luego de cerciorarse de que Jimin se encontrara bien en todo sentido le dejo irse. Pero lo extrañaba mucho, a pesar de que no hacía tantas horas habían estado juntos, besandose un largo rato.

—Yun, me voy a volver loco—le dijo al hombre que pasaba la aspiradora por la alfombra.

Yujiung lo miró, sonriendo con gracia. Entendía cómo se sentía el menor, recordaba a su hijo desesperado cada que su omega debía volver a su casa. Era algo común con los destinados, o aquellas parejas con un lazo recién formado. Y el embarazo de YoonGi también afectaba a la causa: mientras más cerca de dar a luz se encontrara, más necesidad de tener al alfa a su lado iba a sentir.

—¿Quieres que te prepare algo dulce? Tal vez eso te calme. ¿O quieres que vayamos a patio a tomar aire?

El omega dejó de morder sus uñas, y pensó un momento entre las opciones. Algo dulce de comer sonaba apetitoso, fuera lo que fuera porque el hombre preparaba todo delicioso, pero había prometido que por el resto de día solo solo comería las mandarinas que le quedaban y algún caramelo.

Además, no había salido fuera desde el día anterior cuando quiso tomar un poco de sol, por lo que le pareció buena idea.

—Po-podríamos salir un rato. Y caminar.

El hombre asintió.

Un par de minutos después, Yujiung termino de aspirar la alfombra y tras guardar las cosas que había estado usando, ayudó al omega a colocarse un calzado cómodo y ligero.

Caminaron despacio hasta la puerta que daba a la parte de atrás, y con cuidado YoonGi bajó los dos escalones. Una brisa de aire caliente movió los cabellos de ambos, provocando sonrisas en sus rostros.

YoonGi estaba encantado con el lugar donde vivían, y no iba a cansarse de repetirlo. Le recordaba en parte a su infancia, rodeado de árboles, paz y naturaleza. El aroma a flores que traía el viento era agradable, el sonido de los pájaros y del agua del misterioso río que aún no conocía eran relajantes para el omega.

—Ojalá mis amigos pudieran venir algún día—suspiró, mirando hacia el sol que le faltaba poco por esconderse.

—Seguramente vendran, omega—apoyó el hombre, caminando a su lado—. Deben quererlo tanto como tú.

Se movieron silenciosos hasta el primer frutal. Era un manzano enorme, cargado en su totalidad de fruta; el aroma era delicioso. YoonGi estiró un brazo para tomar una fruta y está fácilmente se desprendió del árbol, la acercó a su nariz, y olía tan dulce que cortó un par más para pedirle a Yujiung que le preparara una tarta luego.

—YoonGi, creo que deberíamos volver, está oscureciendo mucho. Jimin debe estar a punto de llegar y nos va a matar por no traer ninguna linterna.

El omega asintió, había comenzado a sentir dolor en sus pies y tampoco quería que Jimin los regañara.

Sostuvo las cinco manzanas sobre su panza con los brazos, como si fueran un bebé, y emprendieron el camino de regreso. El sol ya no era visible, pero aún su resplandor anaranjado les mostraba perfectamente el camino.

—¿Que se puede hacer con manzanas, Yun?—preguntó, mirándolo de soslayo—, para no comerlas así al natural.

El hombre se acercó para caminar a su lado por precaución y pensó unos cortos segundos antes de responder.

—Cuendo era pequeño, mi madre me las preparaba al horno. Las ponía en una bandeja a baño maria, y solo las cortaba para que pareciera una tapa. Les colocaba edulcorante porque le daba un sabor especial, y después, había que comerlas con una cuchara pequeña...

—Su-suena delicioso—se apresuró a decir, estaban a nada de llegar a la casa y se le había hecho agua la boca—, ¿crees que si me das las indicaciones, mañana pueda prepararlas así?

—Claro, no hay problema—sonrió.

Yujiung se adelantó para abrir la puerta, encontrándose con que Jimin se dirigía a pasos firmes hacia allí. Rápidamente volvió sobre sus pies y con una seña pidió al menor que le entregara las manzanas. YoonGi sintió el aroma del alfa, con sutiles tintes de molestia, por lo que comprendió lo que Yun pretendía.

Al entregarle las frustas, ingresó para escabullirse a la cocina justo cuando el rubio llegaba a la puerta.

Yujiung sabía que el omega haría que Jimin no se molestara, diferente de si el se quedaba porque los dos se llevarían un sermón de por qué era peligroso estar fuera de la casa tan tarde.

—Hola, Jiminie—saludó moviendo una mano, fingiendo inocencia.

—¿Qué hacian fuera?—se cruzó de brazos, queriendo lucir amenazante desde los dos escalones más arriba—, no me gusta que vayas tan lejos sino estoy en la casa, sabes que hay animales salvajes como ciervos y serpientes, pero siempre eres muy desobediente.

—¿Y qué, alfa, vas a castigarme?

—Si, pero no como a ti te gusta.

Tras aquellas palabras, con una sonrisa ofreció ambas manos al omega para ayudarle a subir. Entraron a la casa, observando a Yujiung preparando la cena mientras silbaba una canción, fingiendo demencia a tal manera que YoonGi soltó una pequeña risa y se sostuvo con las dos manos de uno de los fuertes brazos del rubio.

Con calma subieron las escaleras, Jimin iba detrás por seguridad, pensando un castigo que no tuviera nada que ver con sexo, porque de hecho, llevaban largas semanas en abstinencia por las cachorras. Pero con rapidez recordó algo, y sonrió de lado.

Entraron a la habitación, y la primer reacción del omega fue fruncir el ceño. Sobre la cama, justo en el lado que ocupaba para dormir, había una caja cuadrada, blanca y alta, con un listón. Miró a Jimin, pero este no dijo nada, por lo que con curiosidad se acercó y la abrió.

Era un oso de peluche de edición limitada, hecho con un material caro y que llevaba un accesorio de oro para el dueño; el mismo había salido a la venta cuando tenía once años. Siempre lo miraba en los periódicos y le preguntaba a su madre si algún día podría comprarselo, a lo cual ella solo le respondía que cuando creciera su alfa podría conseguirlo.

Difería de ese opinión, claro, puesto que si el hubiera podido conseguir el dinero, ya lo habría comprado por sí solo. Sin embargo, se volteó hacia el alfa mirándole con sorpresa.

—¡¿Cómo sabías que me gustaba?!

—La vez que fuimos a la ciudad juntos te quedaste mirando por un rato algo en una tienda, parecías muy feliz... Pero no lo compraste, creí que era por el valor hasta que hoy volví a pasar por el mismo lugar y me di cuenta de que no pida ser eso.

—E-es que era algo innecesario, Jim—susurró, acariciando las orejas del oso. Eran tan suaves y delicadas, nunca había tocado una textura igual en los pocos peluches que su madre le conseguía.

Jimin se acercó para abrazarle por la espalda, dejando un beso en su cuello, justo donde la marca falsa comenzaba a ser menos notoria. Su lobo alfa aulló en su interior, deseoso de unirse a su omega de una vez por todas.

—Para mi es necesario que siempre sonrías—susurró, observando que el mayor seguía descubriendo cosas en la caja. Un brazalete de oro puro y un collar con un pequeño dije del osito—. El oro en tu piel se ve hermoso, Yoon. Solo no te acostumbres, ¿eh?

—Hubieras iniciado tu cortejo con flores, tontito—el omega soltó una risa, dejando caer su cabeza hacia atrás, y Jimin aprovechó para besarlo un poco más hasta terminar haciendo que se volteara.

Lo bueno era que se lo tomaban en broma, en vistas de que habían superado aquél momento donde uno se sentía insuficiente con el otro por los pocos Miles de billetes en su bolsillo, pero YoonGi no necesitaba nada de eso ya. Era feliz con el alfa y sus trillizas, mientras se mantuvieran juntos.

Sin embargo, tanta paz ya era abuso.

Quiero llorar de lo tiernos que son, basta😭

Hoy ando inspirado así que probablemente suba otro capítulo por la noche jijiji♡

©ʏᴏᴏɴɴɪᴇxᴊɪᴍɪɴɪᴇ5

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