III

Lo último que esperaba al despertar era recibir agua fría en su cara. Con dificultad abrió los ojos para encontrarse con su hermano mayor, el cual le lavaba la cara con la fría agua del río, supuso que el que habría visto anoche al pie de las colinas.

--Despertaste, ya era hora. Mírate esa cara, seguro no dormiste bien. ¿Dónde estuviste anoche? Kairi casi se vuelve loca cuando vio que no estabas.

--... ¿Qué tiene mi cara?

--Pareces un esqueleto. Y lo pálido no te ayuda.

--Ni los moretones.

--Al menos ya no sangra. Y su ojo ya no está hinchado.

--¡Pero se ve hundido ahora! Espera, todavía se ven un poco hinchados...

--¿Estabas llorando?

--Déjenlo, ya discutimos eso antes.

Su hermano no ocultaba su desaprobación hacia los otros, pero nunca apartó la mirada de él. Al final, le entregó un paño para secarse, que se trataba más bien de un pedazo de manta rasgado.

--¿Sucedió algo, Tokei?

Era demasiado obvio en cuanto a sus emociones, siempre lo había sido y no era de extrañarse que, en general, sus hermanos lo notaran. Pero esto era diferente.

¿Cómo les afectaría a ellos el que les confesara aquello por lo que había llorado anoche?

No era como si a ellos no los hubiera visto llorar también poco tiempo después de escapar de casa. Incluso si no lo decían con palabras, él ya estaba seguro que incluso a esas alturas, todavía podían darse un tiempo para pensar en casa.

No quería decirles, pero tampoco quería mentirles.

--Extraño a mamá, Tsuguo.

Había hablado con la voz más baja que pudo y, aun así, a juzgar por lo que sus ojos alcanzaban a ver, Keiji y Kairi lo escucharon. Esas expresiones tensándose en sus rostros y esa forma de apartar la mirada lo decían todo

Tsuguo no dijo nada más. Simplemente tomó entre sus manos más agua del río para remojar la cabeza de su hermano menor y acomodarle algunos cabellos. Mantuvo su mano en la cabeza contraria para asentir ligeramente y empezar a caminar hacia arriba de las colinas.

El pequeño se encogió un poco en su sitio, algo avergonzado por haber tocado fibras sensibles para todos en general.

Extrañaba no sólo a su madre. También extrañaba su casa en general. Tal vez incluso se atrevía a decir que extrañaba ver a su padre. Se preguntó si se olvidaría de eso algún día. Si bien a veces quería olvidarlo todo para no llorar, una parte de él le decía firmemente que no.

Al salir de aquellos pensamientos suyos, se dirigió camino arriba de la colina, hacia el viejo vagón donde todos se encontraban.

--¿Tsuguo?

Su hermano estaba de pie, inmóvil frente al vagón, cuyas puertas estaban abiertas de par en par. Él se preguntó si estaba teniendo ideas similares a las suyas, añorando todo lo que habían dejado en casa. Pensó en regresar un rato más al río, pues de todos modos él era el responsable de generarle esos recuerdos a su hermano.

Pero Tsuguo fue retrocediendo de a poco, sin mover su vista del vagón.

¿Había algo allí?

Se acercó al lado de su hermano para responder su duda. Además, no era normal ver a su hermano de esa manera.

--Tsuguo...

Tendría casi su edad. Un niño pequeño y de un aspecto tan frágil y enfermizo igual al de él. Bueno, tal vez el niño parecía un poco más enfermo, con su cara teniendo muy marcados los círculos alrededor de sus ojos y las mejillas hundidas. Él realmente parecía un esqueleto.

No había quien desconociese que el niño estaba enfermo. Todas las noches tosiendo, disculpándose con aquellos a los que despertaba. Incluso llegó a escuchar cómo alguno que otro descarado decía el "cómo deseaba que esa tos terminase de una vez."

Y así fue.

Los demás no tardaron en ir para darse cuenta de aquel cuerpo inerte del niño, en uno de los rincones del vagón. Para cuando lo sacaron a la luz, su piel tenía ese tono grisáceo. Seguía en la posición fetal en la que solía dormir, hundiendo su cabeza contra el resto de su cuerpo para evitar hacer demasiado ruido al toser. Sus ojos todavía estaban cerrados, como si todavía estuviera dormido... Así lo habían creído todos esa mañana.

Ahora mismo se encontraban echando tierra sobre él, sobre el hueco que habían escarbado entre la tierra, cerca de la zona donde empezaban los árboles.

Habían ido más lejos de lo esperado.

--Touma...

El único recuerdo que le quedaba sería el de ese niño de cabellos negros con ese aspecto de alguien que dormía en paz. Pero se cuestionaba demasiado si realmente se había ido de esa forma tan pacífica.

--Touma...

Volvía a murmurar, mirando hacia la tierra, sabiendo que no habría respuesta.

Su hermana entonces le extendía la flor para que la depositara sobre el pequeño montículo de tierra rodeado por rocas.

--Era algo que tenía que pasar. Creéme, no eres el único que lo extrañará. Mira, si lo vez de esta forma... Él seguramente habría sufrido mucho, mucho más.

Quiso creer en el consuelo de su hermana. ¿Qué le aseguraba que él sufrimiento de Touma había acabado en el momento en el que murió? Además, ¿sufrimiento?

Touma sólo tosía. No se asfixiaba ni nada similar. Seguramente era alguna gripe contraída antes de llegar al vagón y que ya no podría ser tratada. Si ya era difícil dejar su hogar atrás, de inmediato pensó en cómo esas emociones pudieron afectarle a Touma todavía más.

Incluso si se veía todavía más demacrado que él, siempre lo veía de pie, tan enérgico como cualquier niño a su edad, hablando con esa voz tan baja típica de él pero sin es fumar en ningún momentos aquella sonrisa que le regresaba la vida a su cara por instantes.

Si a los muertos se les pueden cerrar los ojos para que descansen, él deseó poder haberle acomodado la expresión del rostro a Touma en una sonrisa.

Todavía sentía como si algo se retorciese dentro de él.

--Mi estómago se siente raro.

Su hermana lo miró un momento en silencio. Pareció pensar un poco antes de responderle con un pequeño suspiro.

--Hace mucho no comes. Para cuando Tsuguo y los otros regresen de la recolección, seguro traerán algo bueno está vez. No te preocupes.

Pedazos de pan. Pero no era pan duro como las últimas veces. Este incluso se sentía cálido todavía. Ni siquiera se detuvo a preguntarse dónde y cómo lo habían conseguido. Tal vez Kairi tuvo razón al final: estaba hambriento.

Pero aquella sensación todavía sacudía su cuerpo, incluso se vio temblando un poco.

--¿Sucede algo?

--Tsuguo... ¿Pudimos hacer algo por Touma?

Los ojos marrones pigmentadas por destellos verdes se fijaron en él un buen rato. No había visto a Tsuguo a los ojos con tanto detenimiento: sus ojos parecían ensombrecidos en ese momento. Incluso le pareció ver tblar sus pupilas.

--Por favor, no te deprimas así. Estas cosas pueden seguir pasando, ¿qué harás en esos momentos? 

Más que tristeza, sintió rabia al respecto. ¿Realmente ya no se podía hacer nada por ninguno? Si lo pensaba en cierta forma, los únicos que podían evitar que los otros murieran de hambre o algo similar eran aquellos que acudían a la recolección. Pero sabía de alguna que otra vez donde alguno no había regresado. Y Tsuguo también lo sabía, mejor que nadie.

No, no tenía idea. No tenía idea de qué haría donde alguien más muriese.

Realmente no sabía que haría. Llorar ya no le iba a servir de nada, era cierto. ¿Era justo tomarle afecto a esas personas que lo rodeaban pero no hacer nada más que llorar sus muertes? Ahora ni siquiera estaba seguro de que todos despertarían mañana.

En ese momento, tan solo logró aferrarse a su hermano mayor en un abrazo mientras se secaba unas lágrimas que no permitió que saliesen.

--Tranquilo. Realmente estás mal hoy.

--H-Hoy no ha sido un buen día...

--Estoy de acuerdo.

Se preguntó si era el único despierto en ese momento. Todo era tan silencioso que le resultaba bastante inquietante. Bien, la mayoría cayeron rendidos ante el cansancio. Y realmente deseaba hacer lo mismo, pero le fue imposible.

Incluso con todo el cansancio que sentía y su ahora presente dolor de cabeza y ojos irritados, no logró si siquiera pegar un párpado. No sentía justo el dormir tranquilo esa noche.

No mientras su consciencia le recordara que ese silencio que los rodeaba en un arrullo había sido al costo de una vida.

Al parecer, sería una noche igual que la anterior. ¿Cuántas más noches podría soportar así?

Tal vez él fuera el siguiente en acompañar a Touma.

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