ℕ𝕠𝕣𝕞𝕒𝕟𝕕𝕚𝕒

—¿Y tenemos que ir de vacaciones a Normandía? —se queja James y Lily asiente.

—Es lo más barato que he encontrado fuera de Inglaterra, además quiero ver el monte Saint-Michel y tengo el horario perfecto para que podamos entrar y estar allí mientras que la marea está alta y esté en modo isla.

—Pero es Francia, Lily, Francia. No hablamos francés.

—Para eso nos llevamos Sirius —responde ella y parece que James se anima— y también a Remus para que le controle.

—¿Y los dos saben que vamos a Francia como vacaciones de verano? —pregunta James, mirando la puerta de la habitación.

Lily todavía no se ha mudado con ellos, pero después de ese viaje lo va a hacer. Eran tan solo un par de días en Normandía ya que tenían la misteriosa reunión de Dumbledore poco después y era lo que les daba tiempo a irse. Luego tendrían la mudanza de Lily y lo que sea que Dumbledore quería de ellos. Aunque Lily ya tenía una idea, no por nada había ido a preguntar a Alice sobre el tema y ella no había dicho nada, solo que le encantaría tenerla de compañera.

—¿Y tú que crees que van a decir Marlene y Dorcas sobre Francia? —pregunta James y Lily se ríe.

—Ellas también quieren ver Saint-Michel, bobo, como Mary.

—Ah, o sea que nos lleváis solo porque necesitáis a Sirius.

—Pensaba que era obvio —responde ella antes de besarle.

Son raros los momentos que tienen a solas en el piso porque Remus y Sirius también pasan allí mucho tiempo, pero gracias a que Remus quería ir a recoger más de sus cosas a su casa tenían esa oportunidad de estar a solas. Tienen la puerta cerrada, sabiendo que no va a servir de mucho si llegan, pero al menos no van a darles un infarto si abrían la puerta de golpe.

—Traicionado por mi propia novia —se queja James, añadiendo un poco más de drama en su tono para que Lily le bese.

La cosa es que funciona y pasan la tarde tumbados en la cama hablando de lo que les puede dar tiempo a hacer en Normandía o no. Saint-Michael es una parada obligatoria, al igual que los acantilados de Étretat y Giverny, el pueblo donde vivió Monet. James la escucha hablar de las tres cosas con emoción y, al final, acaba contagiandose.

No pasa lo mismo cuando llegan Remus y Sirius, acompañados de Peter. Remus se queda callado, listo para protestar porque lo primero que menciona James son los acantilados. No tiene ningún interés en unos acantilados, pero por lo visto si los tiene en el pueblo de Monet. Luego Sirius es quien se queja porque dice que eso es una tontería y entonces Lily menciona Saint-Michael y Sirius de repente se calla y empieza a murmurar cosas.

—Una noche es en Saint-Michael si queréis que sea vuestro guía —dice y todos se quedan mirándole con la boca abierta—. ¡Uno de los mejores bares mágicos está allí! Mi tío Alphard siempre me ha hablado de él, es el club La fin du mond.

—No había oído hablar de él nunca —dice Lily, pero ella y Mary deben de ser las únicas porque James parece emocionando de repente al igual que Peter y, cuando se enteran Marlene y Dorcas no hay discusión posible, así que toca buscar una consigna donde poder dejar el equipaje mientras ellos van de fiesta.

Los últimos días antes de irse son caóticos. Lily casi no pasa por casa a no ser que sea para coger algo de ropa limpia e irse a casa de James —va, poco a poco, dejando sus cosas allí para tener menos que llevar cuando vuelvan— y cuando tiene que volver porque la maleta no se va a preparar sola discute con Petunia, así que la maleta sí que se hace sola mientras ellas dos se gritan en el pasillo porque Lily está haciendo magia.

—¡Bicho raro! —grita Petunia y Lily se ríe.

—Al menos mi novio no es una morsa —contesta ella antes de meterse en su habitación y cerrar de un portazo.

Si a Petunia le duele que se meta con Vernon que no la llame bicho raro.

Lo mejor llega la noche de antes de irse de viaje. James tenía que ir a cenar a casa de los Evans ya que Lily iba a irse a dormir con él para poder coger al día siguiente el autobús que les dejaría en una montaña, donde ya tenían un traslador esperando. Los señores Evans solo habían aceptado eso sí James iba a cenar y luego podían llevarles de vuelta al apartamento, así que ambos habían aceptado rápidamente y por eso se encontraban poniendo la mesa mientras que oían a Vernon hablar con el señor Evans sobre taladros.

—¿No se cansa de hablar siempre de lo mismo? —pregunta James y esta vez se ríe incluso la señora Evans.

—No, James, no se cansa, ya lo sabes.

—Pensaba que le habíamos asustado la última vez —responde el chico, pero Lily solo niega.

—Por lo visto no podemos contárselo todavía —dice, mirando a su madre que solo suspira.

—La próxima vez, cielo, ¿le has enseñado algo más sobre el fútbol a James?

—Sí, y no lo entiende, deja que hable de quidditch y, con un poco de suerte, nos liberamos de Vernon —suplica Lily, pero eso no convence a Susan Evans, que le lanza a su hija una mirada de no te atrevas.

El problema está en que, una vez el tema de los taladros termina, Vernon empieza a hablar de la selección nacional de fútbol y Lily está tentada de darse cabezazos sobre la mesa.

—¿Tú qué piensas de la selección nacional, James? —pregunta Vernon y parece que a James se le iluminan los ojos.

—¡Son espectaculares! Creo que este año podemos llevarnos la copa, ¿no crees?

—¿Qué? —Vernon parece que no se cree lo que está diciendo James, que solo asiente emocionado.

—El partido contra Bulgaria fue sencillamente alucinante, nunca había visto una snitch más rápida que esa.

—¿Snitch?

La explicación de James no tarda en llegar y Vernon se queda mirando a Petunia como si todo fuera una broma, incluso se ríe a carcajadas cuando la explicación de James termina y entonces él se indigna porque se está riendo del quidditch. Mientras tanto Lily tiene que aguantar la risa, los señores Evans no saben dónde mirar y Petunia está a punto de explotar.

—¡Siempre tienes que estropear todo! —grita, antes de coger a su prometido y llevárselo de la casa.

—Se lo tendría que haber contado hace siglos —dice Lily a sus padres, viendo las miradas que lanzan—. ¿Me ayudas, James?

Hace un gesto hacia los platos vacíos y el chico asiente rápidamente. Entre los dos llevan los platos a la cocina y en cuanto dejan los platos en la encimera Lily vuelve para cerrar la puerta de la cocina y luego besa a James con ganas.

—¿Y ese beso? —dice el chico, sonriendo.

—Sabes por qué, Potter, no te pega hacerte el tonto.

Porque claramente no se le ha escapado la palabra snitch, al igual que tampoco se le escapa preparar una pequeña escapada en Normandía solo para ellos dos mientras caminan por Giverny.

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La verdad es que este momento está patrocinado por los idiotas de mis amigos que les pedí palabras y dijeron cosas como Normandía, pelirrojo, estupefacción, valle, Numancia y acerba. Luego ya preguntaron para que era JAJAJAJAJAJA

Y la cuestión es que esto era un relato de cumpleaños para ohmyweirdo y que ahora está aquí porque el Jily se comparte y eso.

Espero que os haya gustado verlos vivos de nuevo❤️

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