ᴏᴄʜᴏ


—¡Enserio! ¡No te creo!

—¿Tan difícil es creer que tengo una novia?

—No es eso—trató de explicarse mejor—Simplemente es raro. La Kim Jisoo que yo alguna vez conocí solía ser una chica callada, insegura y miedosa. Ni que decir de como ocultabas tu sexualidad a todos.

Sólo pude reír por su comentario. Solía ser todo aquello antes de que entrara a la universidad y antes de que papá muriera.

Pero no, ya no lo era más.

El mundo tenía que ver a la nueva yo.

—¿Y tú? ¿Qué ha pasado con el viejo Kim SeokJin que conozco?

—¡No soy tan viejo!

—Ajá.

Después de comer aquel delicioso plato preparado por mi amada madre y después de aburrirme por completo del jardín, Jin me habia invitado a su casa. Lucía tan cambiada y llena de vida por las distintas plantas que tenía, que no pude evitar sorprenderme.

Después de todo, mi amigo no era diseñador de interiores por nada.

—Bueno, no he cambiado tanto desde que te fuiste de aquí. Simplemente seguí con mis desastres amorosos, cocinando postres para la pastelería de Irene y decidí darle una buena remodelación a la casa. ¿Qué tal eh?

—Oh, vaya.

—Sí, «oh, vaya». ¿Estás decepcionada?

—Realmente no—me encogí de hombros—Es bueno saber que no han habido grandes cambios, me asustan un poco.

—Lo sé. Umh, te gusta ese muchacho, del que me has hablado hace un momento, ¿cierto?

—¡No! ¿Por qué dices eso?

Aquello me tomo desprevenida.

—Sólo decía, aunque, parece que lo tomaste tan enserio que ahora pareces una fresa de la granja donde mis abuelos trabajan.

Soltó una carcajada algo extraña. Definitivamente no era divertida aquella broma y me había asustado mucho. ¿Por qué? Ni yo lo sabía.

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