×~Mi Cachorrito~×

El soviético salió de la habitación para darse una ducha, tenía una reunión de negocios con el estúpido capitalista y ya se había quitado el estrés con sus sumisos. Una vez acabó tomó sus pertenencias y se largó con el mismo humor que usualmente, allí de cerca le siguió el mejor sumiso que tenía hasta el momento, México. Sin embargo estaba aburrido de sus putas, quería una nueva, alguien con quien pudiera jugar sin que se rompa fácil. Solía tener a su perfecta zorrita, pero su ex lo descubrió y se lo dió a alguien más debido a lo obsesionado que se volvió hacia él.

Gruñó enfadado al recordar la estupidez que cometió la mujer, gracias a eso la dejó de una vez por todas, cuanto la odio por dar a tan exquisita zorra a un cualquiera, daría lo que fuera por tenerlo de vuelta. Llegó a la mansión del estadounidense listo para tremenda pelea que de seguro se libraría en aquél lugar. La puerta se abrió dejando ver al peruano con escasa ropa invitándolo a entrar, se veía que el estadounidense acababa de jugar con él. Entró de mala gana junto al mexicano para seguir al latino hasta la sala principal del hogar norteamericano donde se encontraban demás dominantes junto a otros sumisos.

-Well, miren quién llegó- inquirió el inglés. El soviético observó al argentino arrodillado entre las piernas del inglés frotando su rostro contra la entrepierna del mismo. Tomó asiento en el lugar mientras observaba a los que se encontraban allí junto a sus zorritas favoritas pues siempre en las reuniones se las presumía y se presentaba a quien era la oficial que no se podía cambiar. Debía admitir que México era el mejor que tenía pero de todas formas era muy frágil y sentimental para él. Al sovietico le gustaba lo agresivo, lo obsceno, lo retorcido, necesitaba a alguien así nuevamente.

-Al suelo- ordenó el eslavo. El mexicano sin rechistar se arrodilló entre las piernas del soviético para permanecer allí quieto observando atentamente al mayor. Se oyó la puerta abrirse acompañado de pasos, supo al instante que se trataba del capitalista así que al instante acarició la cabeza del mexicano acercándolo a su miembro fuertemente. Sabía lo mucho que el estadounidense codiciaba al latino, así que le demostraba como lo usaba para que le envidiara. Había pensado en intercambiarlo por algo que tuviera el capitalista pero hasta el momento no poseía nada de su interés.

-Hey! Communist! Te gusta mi nuevo juguete?- inquirió el estadounidense. La mirada del soviético se clavó en el alemán supremacista arrodillado entre las piernas del norteamericano con los ojos vendados y las manos atadas. La humedad de su camisa blanca dejaba expuesta la fisionomía del alemán a gran detalle esto sumado al sudor cayendo por su cuerpo le daba el toque excitante. Su perfecta y pulcra cabellera ahora estaba desordenada con las manos del capitalista enredadas allí, esto permitía que su cabeza estuviera expuesta a la mirada ajena. El estadounidense al notar la mirada rabiosa del soviético comenzó a frotar su entrepierna contra pa nuca del alemán humillado. Llevó una de sus manos a la boca del pelirrojo y encajó sus dedos hasta su garganta causándole arcadas que sólo lo excitaban más.

El soviético estaba hirviendo en rabia, era él, su preciada y adictiva zorrita alemana, tan obsceno como siempre con el sudor que tanto detestaba sentir. -Te gusta? Es bastante bueno comiendo cuando se le ordena, no importa el tamaño, él se lo traga entero- comentó. Claro que comía todo lo que se le daba, era suyo, estaba acostumbrado a tragar largos y gruesos. -Qué quieres por él?- cuestionó. Estaba dispuesto a dar lo que fuera por recuperar a su modelo pelirrojo, se calentaba con tan sólo verlo tan sumiso pero verlo con el estadounidense lo enfadaba.

-Ten en cuenta que te saldrá carito- dijo. Tras esto llevó sus manos al pecho del germano para estrujarlo en busca de música proveniendo del mencionado. -Precio, ya- exigió. El soviético empujó la cabeza del mexicano contra su entrepierna en señal de que lo excite, estaban jugando a quién caía primero por tener la puta que quería el contrario. -500 millones y México- pidió. El soviético esbozó una sonrisa burlona, sabía por la obsesión que el contrario poseía hacía el mexicano que podía bajar esa cifra.

-México o los 500 millones- dijo. Tomó con vehemencia la cabellera del latino y lo estrujó contra su miembro vilmente haciéndolo jadear. El norteamericano río al ver la escena, él también podía jugar de la misma forma y gracias a lo sensual que era el alemán corría con ventaja. -Arriba, bunny- ordenó. El germano se paró bajo la atenta mirada de todos los dominantes presentes, sus piernas temblaron antes de poder acomodarse en el regazo del estadounidense.

-Que pervertido eres, tan adicto a estar sobre mí~- canturreó. El alemán tembló levemente de manera involuntaria, medía lo mismo que el estadounidense pero su fisionomía era más adictiva que la del contrario. -Comprenderás que esta belleza no se puede ir gratis- dijo. El soviético observó con celos como el estadounidense jugaba con un pequeño control remoto que cada vez que un botón era presionado el alemán se retorcía levemente.

-100 millones y lo puedes venir a ocupar cuando quieras- ofreció el sovietico. El latino comenzó a lamer por sobre la tela el miembro del eslavo mientras sentía como su cabello era jalado por la gruesa mano del soviético. -Ten en cuenta que darte a México ya es mucho debido a que ese cachorrito es mío- replicó. El estadounidense sonrió soberbio, acarició la figura del alemán causándole escalofríos al mencionado pero ni se inmutó. -Hagamos esto, si pruebas que esta putita es tuya aceptaré que te lo lleves a cambio de México- propuso.

-Razonable- respondió. Tras esto dirigió su mirada al alemán sobre el regazo del estadounidense y lo miró extrañando esos ojos con ese brillo que siempre tenía. -Párate- ordenó el soviético. El alemán sin rechistar se paró con las piernas temblorosas por la vibración en su interior, pero de todas formas se mantuvo firme. -Ponlo al máximo- pidió al estadounidense. El mencionado aceptó complacido aumentando la velocidad, esto se notó al instante pues las piernas del alemán comenzaron a temblar con más intensidad.

El sudor comenzó a deslizarse por su cuerpo de manera lenta mientras su cuerpo exigía contacto. Al soviético le obsesionaba la mirada del alemán más si se perdía por la habitación mientras jugaba con él, necesitaba verla nuevamente. Su mirada se fijó en la húmeda entrepierna del pelirrojo la cual hace unos momentos estaba impecable y ahora estaba mojada sólo por él. Por eso le obsesionaba, cualquiera se mojaba con el mínimo contacto en cambio el alemán era más difícil de excitar y humillar.

-Correte para mí- ordenó. Ante el permiso el pelirrojo acató la orden corriéndose al instante bajó la atenta mirada del soviético y las miradas impresionadas de los dominantes. -Necesitas más?- replicó mirando al estadounidense. El mencionado asintió levemente y le hizo una seña dando a entender que el alemán volvía a ser de su propiedad. El eslavo empujó levemente la cabeza del mexicano impulsándolo a ir con su nuevo dueño. -Ven- ordenó el ruso. El pelirrojo se dejó caer de rodillas al suelo y con las manos atadas atrás juntamente con sus ojos vendados se arrastró cuan alimaña hasta el soviético.

El mayor lo observó lujurioso arrodillado frente a él, le quitó la venda de los ojos y observó la mirada desorientada del europeo. -Olfatea cachorrito- ordenó. El alemán acató la orden y enterró su nariz en el miembro del mayor olfateando de forma constante. -Arriba- ordenó nuevamente. El alemán sin rechistar obedeció para pararse frente al ruso, este lo volteó con fuerza teniendo su trasero a disposición. Sin vergüenza alguna metió su mano en la ropa del europeo para arrancar con fuerza el juguetito del estadounidense.

Llevó el objeto a su boca sin inmutarse bajó la atenta mirada de los dominantes quienes admiraban lo domado que tenía al alemán. -Bueno, si me disculpan, debo retirarme- replicó el eslavo. Nadie respondió más dejaron que el ruso se marchara junto a su sumiso sin propinar alguna otra interacción. El alemán siguió sin reproche al ruso mientras sentía las demás miradas de los dominantes sobre él asqueado, no necesitaba que nadie más lo mire además del soviético. -Ven aquí cachorro- ordenó. El germano obedeció parándose frente al soviético ya fuera de la sala y mirada ajena.

Sintió las pesadas manos del soviético atar un collar a su cuello acompañado de una correa, sus ojos se encontraron con los del mayor luego de tanto tiempo. -Buen chico- comentó. Las manos gruesas del mayor acariciaron su cabeza lentamente para entonces deslizarse hasta su mentón, así ejerció presión sobre éste mismo obligándolo a ver. URSS sonrió esos ojos nuevamente, esa mirada retadora que tanto le prendía, era único en su forma por eso le encantaba. -Vamos a casa cachorrito- anunció. El alemán le miró a los ojos con un brillo singular, esa emoción de volver a donde correspondía era única.

El mayor tomó el juguete en su boca y lo arrojó al suelo para seguidamente pisarlo sin piedad destruyéndolo al completo. -Extrañas que te trate así?- inquirió con la voz ronca. El pelirrojo sufrió un escalofrío al ver como destrozaba al completo el juguete con su pie recordando como solía pisar su miembro de esa manera. -Sí señor- respondió. El mayor tomó la mandíbula del contrario con firmeza y sonrió al ver que ni se inmutó cuando hizo aquello, otros se hubieran estremecido ante su toque pero él no. -Camina- ordenó. El alemán acató la orden y caminó fuera de la mansión estadounidense para volver a la mansión del soviético.

Sabía como regresar a casa y se lo demostraría a URSS pues quería volver a ganarse su puesto como el favorito, destronar a quien fuera que estuviera en su lugar montando al soviético. URSS por su parte observó deleitado como el europeo caminaba exactamente por donde siempre solían ir para ir a su casa, era como si lo tuviese grabado en su cabeza. No tardaron mucho en llegar pues muy lejos no vivía, pero el soviético se sorprendió al ver como el europeo al llegar a la puerta de su hogar se sentaba recto esperando a que le abra la puerta. Era un error común que los sumisos favoritos tomaran por hecho que podían abrir las puertas sin permiso pero su cachorrito alemán no, él sabía ser un sumiso obediente.

-Buen chico~- canturreó. Esto excitó al menor ya que el soviético no solía ser alguien que felicitara a los sumisos y mucho menos dejarse tocar por ellos, cosa que él sí podía hacer pero para mantener ése privilegio debía se obediente. El mayor abrió la puerta siendo recibido por sus demás sumisos arrodillados frente a la puerta pero nadie habló como el sovietico siempre había enseñado. El alemán observó como el ruso le ofrecía la mano para que se parara del suelo, ahora venía la presentación de prioridades, esto le fascinaba pues les hacía a entender a los demás sumisos quién mandaba.

-Zorras, él es mi cachorrito y ustedes lo van a respetar como tal- explicó. El alemán se paró frente a los demás sintiendo como el ruso le abrazaba la cintura con vehemencia para pegarlo contra él. -Les queda claro?- inquirió. Todos los sumisos agacharon la cabeza en respuesta y posaron sus manos en el suelo para seguidamente responder: "sí señor" al unísono. -Ahora lárguense de mi vista- ordenó. Todos acataron la orden del mayor y se fueron cada uno a donde debían estar dejando al señor junto a su cachorrito solos.

URSS le quitó el collar y la correa al alemán para tirarlas por ahí, seguidamente estampó su palma contra el trasero del menor en señal de que camine. -China!- exclamó el mayor. El mencionado asiático no tardó en aparecer para arrodillarse frente al soviético siendo completamente ignorado por el alemán quien continuó mirando al frente inmutado. URSS se acercó al mencionado asiático dejando su miembro frente al rostro del asiático, éste también era muy obediente pero había algo que no llegaba a igualar al alemán.

-Cuando lleguen los empresarios avísame antes de hacerlos pasar a la sala de reuniones- ordenó. El chino asintió sin rechistar mientras observaba al suelo como buena zorra obediente, él no tenía el privilegio de poseer un apodo. -Cachorrito, ya sabes donde ir, te quiero esperándome como sólo tú sabes- ordenó. El alemán sin responder se dirigió a la sala de reuniones donde esperaría al soviético como solía hacerlo antes de que se lo llevaran. -Zorra, quiero que lleves a los sumisos fuera de la sala de reuniones para que aprecien el espectáculo- ordenó al chino. Este asintió ante sus palabras y se dirigió a cuatro patas donde los demás sumisos para avisarles.

URSS se encaminó hasta la sala de reuniones emocionado por tener a su alemán de vuelta, ahora que él estaba las cosas cambiarían y los demás sumisos pasarían a ser menos importantes debido a que su juguete favorito estaría siempre a su disposición. Entró a la sala con ventanales dando al pasillo, allí dentro había una larga mesa con múltiples sillas y frente a la silla más grande estaba su cachorrito esperándolo arrodillado pacientemente sin ropa alguna. -Buen chico~- volvió a canturrear caminando hasta el alemán. Acarició su cabellera mientras acercaba su miembro al rostro del germano demostrándole la erección que causó en él.

-Sé lo mucho que te encanta que te miren, cachorrito, por eso jugarás mientras mis zorritas babean por estar en tu lugar- avisó. El alemán sonrió para su dueño mientras posaba sus manos al suelo entre sus piernas como un verdadero cachorro. -Esto duele- comentó. El pelirrojo comprendió la orden y se dispuso a quitar el cinturón del pantalón con la boca mientras sentía la mirada de los demás sumisos que iban llegando. -Eso es, buen chico- felicitó el soviético. El alemán se mantuvo en su posición de cachorrito mientras sentía el erecto miembro cubierto por su ropa interior palpitar en su rostro.

URSS observó a los demás sumisos observarlos juntamente con China, quería dejarles más que en claro quien era el único con privilegios allí. -Cachorrito, a comer- ordenó. El alemán sin pena y mucho menos asco arrancó con los dientes la ropa interior del mayor sintiendo como el miembro golpeaba su rostro repentinamente. Sin miedo metió el mencionado trozo a su boca para tragárselo completo mientras acariciaba la base con sus dientes. -Buen chico, mi amor~- felicitó. Los sumisos se retorcieron en sus lugares al oír como el soviético le llamó al alemán, la envidia y los celos comenzaron a abundar excitando al cachorrito del señor aún más.

El ritmo agresivo de vaivén comenzó de forma repentina, el glande del soviético golpeando su garganta provocó que más saliva escape de su boca. -Eso es, come cachorrito, come- dijo el mayor. Su gigantesca mano acarició el cabello del contrario deleitado por la felación del europeo, una sonrisa se pintó en sus labios cuando observó al alemán menear su trasero cuan canino animado. Sintió la calidez de la garganta del alemán deleitado, con el paso del tiempo y las veces que su cachorrito comió había aprendido a no hacer ruido cosa que le encantaba aunque a veces quería escuchar su desesperación.

-Cachorrito, demuéstrame cuanto me extrañaste- ordenó. Era un comando nuevo pero sabía que su alemán entendería al instante a qué se refería, por algo era su favorito y efectivamente le entendió. El constante sonido de ahogamiento comenzó a resonar en el lugar, el líquido preseminal brotando del glande del soviético demostró la excitación de escucharlo así. -Lame, cachorrito- ordenó. Ante la petición el alemán paró con la felación y dirigió su larga lengua a la punta del trozo listo para recibir su recompensa por ser un chico tan bueno. -Mngh~- gruñó el soviético.

Esperma se disparó desde la punta cayendo directo a la lengua y labios del alemán quien permaneció quieto hasta recibir la orden de que podía comer. -Miren y aprendan, no se come sin permiso- mostró el mayor. Todos observaron atentamente al cachorrito del señor con la boca abierta y la lengua afuera esperando a poder lamer todo el esperma. -Adelante cachorrito, te lo ganaste- permitió. Tras sus palabras el alemán pasó su larga lengua por sus labios y tragó todo el esperma para luego enseñarle a su dueño como se tragó todo. -Que cachorrito tan obediente- felicitó.

-Largo!- exclamó enfadado. Todos los sumisos se fueron gateando cada uno por su lado, esto debido a que URSS no permitía que ninguno de sus sumisos camine correctamente. -A la mesa- ordenó. El alemán obedeció y se subió a la mesa abriéndose de piernas frente a la silla del ruso. Observó con lascivia como se sentaba frente a él observándolo con esa mirada fría y seria, le excitaba todo de aquél hombre. -Mastúrbate para mí- ordenó. El pelirrojo acarició su cuerpo descubierto para deslizar sus manos hasta su miembro y comenzar a autoestimularse. Otra de las cosas que le gustaba a URSS era ver como el germano se daba placer pensando en él y sólo en él, como si fuera el único en su vida.

-Mírate, tan obsceno, tan pervertido- recriminó al menor. Este sufrió un escalofrío satisfactorio al oír como el soviético hablaba de él, le gustaba que lo trate así, lo calentaba más que cualquier acción física. -Mira como te retuerces ante mí encima de la mesa de reuniones, qué dirán los empresarios si te ven así?- atacó al menor. El mencionado comenzó a jadear cuan cachorro mientras se estimulaba con vehemencia y agresividad. -Pero no te importa quién te vea, tú quieres actuar como una puta para mí, quieres calentarme y que te parta a la mitad- espetó. El alemán comenzó a gemir excitado mientras oía las palabras del mayor, sus ojos desorbitados y el sudor cayendo por su cuerpo exponían cuanto lo calentaba que le hable así.

-Anda Reich muéstrame lo que sientes por mí- ordenó. El alemán comenzó a sufrir espasmos y retorcerse constantemente mientras apretaba su propio miembro gritando de placer. -URSS!~ Rómpeme!~ Ah~ Te lo suplico! He sido un chico malo!~- exclamó cegado en placer. Dirigió sus dedos hasta su entrada comenzando a penetrarse a sí mismo frente al soviético que observaba morboso al europeo gritar por él. El pelirrojo continuó retorciéndose en la mesa mientras se daba placer a si mismo tratando de alcanzar el orgasmo con recuerdos de como el soviético llegó a castigarlo. URSS mordió su labio inferior conteniendo las ganas de romperlo a la mitad allí mismo en la mesa, también recordaba fascinado aquél castigo.

Los dos anhelaban volver a jugar de aquella peligrosa manera, ése castigo despiadado y vil que los dos disfrutaron sin parar a descansar. Latigazos, embestidas, arañazos, las manos del soviético golpeando sin piedad su trasero hasta hacerlo sangrar, como jugó con él sin dejarle llegar al orgasmo, necesitaba volver a vivir lo mismo. En un arranque de calentura el sovietico se paró de su sitio y apretó el miembro del menor causando un grito placentero en el mencionado. -Ponte en cuatro cachorrito- ordenó. El alemán sin rechistar obedeció, su miembro temblaba mientras líquido preseminal brotaba de la punta, si URSS volvía a tocarlo juraría que explotaría.

Sintió como el mayor pegó su trasero contra su miembro erecto, jadeó cuan cachorrito aguardando excitado que el mayor entre en él de una estocada. El mayor comenzó a frotarse allí mientras veía como tan sólo con un pequeño frote el alemán se estaba estremeciendo. -Así que quieres que te rompa otra vez?- inquirió. Tomó su cintura para apoyarse en su espalda y estar justo al lado del oído del europeo excitando al mencionado aún más. Comenzó a moverse en un vaivén constante sin penetrarlo tan sólo frotes que avivaban la calentura del alemán aún más.

-Quieres que te destrocé por dentro y te vacíe el pecho?- inquirió. El alemán comenzó a gemir mientras recordaba las manos del soviético apretar sus sobresalientes obligándolo a lactar. Se estremeció notablemente cuando las manos del mayor acariciaron muy levemente sus pechos, líquido no tardó en comenzar a salir de ellos. -Mírate, ni siquiera te estoy apretando mucho y ya estás a punto de venirte- recriminó. El alemán sintió la saliva deslizarse por sus comisuras por el constante calor que emanaba del trozo del mayor acompañado del bombeo.

-Quieres correrte?- inquirió. Tras sus palabras acercó su mano al miembro del menor causando ese anhelo por que lo toque y maltrate el mencionado lugar. -Ah!~ Sí! Sí! Sí!~- repitió. El soviético observó deleitado como el germano anhelaba su toque, adoraba tenerlo de vuelta, era su perfecta zorrita alemana. -Ladra cachorrito- ordenó. El alemán comenzó a ladrar con una voz ronca y excitada sintiendo como el contrario al fin apretaba su miembro despiadadamente dejándolo llegar al orgasmo.

Jadeó audiblemente mientras meneaba su trasero semejante a un canino feliz, el soviético gruñó excitado al sentir el frote constante del alemán. Se reincorporó en su sitio y acto seguido tomó asiento en su silla observando al alemán disfrutando de su orgasmo con el trasero en alto. -Ven cachorrito- ordenó. El mencionado se reincorporó en su sitio para entonces ir hasta el soviético a cuatro patas deleitando al mayor con la imagen. -Te lo ganaste- comentó. Los ojos del germano resplandecieron al ver como el soviético palmeaba su regazo levemente dándole entender que se podía sentar allí.

El pelirrojo animadamente se sentó en su regazo y observó al soviético intensamente recibiendo una nalgada en respuesta. -Eres un chico tan bueno- replicó. Tras esto acarició su mejilla suavemente causándole un escalofrío al mencionado y sin pronunciar palabra besó al menor con dulzura. -Ya me demostraste porqué eres mi favorito, ahora demuéstrame porqué te amo- ordenó. El alemán sonrió con lascivia y al instante se aferró al cuello del soviético para besarlo con lujuria. Sintió las manos del mencionado acariciar su espalda y tomar su cintura, también lo había extrañado por aquello.

Quizás ese fue el porqué del enojo de su ex.

-Señor, ya llegaron los empresarios- avisó el chino. El soviético se separó del alemán para voltar a ver al asiático como usualmente. -Limpia esto y hazlos pasar- ordenó. China asintió levemente para actar su orden observando de reojo las caricias del mayor al alemán, sus manos acomodando su cabello y acariciando su mejilla dejaban en vista la preferencia por el europeo. -Mi cachorrito...- expresó. El pelirrojo meneó su cola al oír aquello y se acercó para comenzar a lamer la mejilla del soviético haciendo honor a su apodo. -Si ya limpiaste todo hazlos pasar- repitió enfadado el mayor.

China asintió y se retiró del lugar para permitir que los demás hombres pasen a la sala de juntas mientras que el soviético continuaba disfrutando de su alemán. -Vete a bañar y regresa demostrando lo hermoso que eres- ordenó. El alemán asintió levemente y se dispuso a levantarse de su sitio siendo parado por el mayor quien no lo dejó retirarse sin antes besar sus labios nuevamente. Tras esto el germano se paró y nuevamente recibió una nalgada por parte del mayor para entonces retirarse al baño que estaba en la habitación del mencionado ya que él tenía privilegios.

[...]

La junta iba con total normalidad, los empresarios y URSS discutían seriamente el futuro de su negocio aunque a veces las miradas se desviaban a los sumisos que pasaban por el pasillo. Esto a URSS no le importaba ya que para eso los tenía de un lado para otro, para que causen morbo en los demás dominantes y estos le envidien por ser superior. Repentinamente la atención fue robada por el alemán pelirrojo quien entró a la sala de reuniones con una camisa blanca larga, cabellera bien peinada y debajo sólo traía unos cinturones en sus muslos que forzaban la camisa hacia abajo cubriendo su trasero junto a su entrepierna.

El soviético le hizo una seña al alemán para que se sentara en su regazo, este obedeció al instante y bajo la atenta mirada de los allí presentes tomó asiento en el regazo del soviético. -Me decían muchachos?- inquirió el soviético. Esto trajo de vuelta el tema del cual estaban hablando previamente a la llegada del europeo quien ahora estaba recostado en el pecho del mayor. URSS dirigió una de sus manos al busto del alemán para estrujarlo con firmeza, esto fue bien recibido por el alemán quien se retorció al sentir el apretón en su pecho.

Los empresarios quedaron perplejos desde luego ante la acción del mayor pero continuaron hablando antes de que el soviético se enfade debido a que no decían nada. -Mis ojos están arriba muchachos no abajo- replicó molesto. Tras sus palabras señaló el pecho del alemán golpeándolo con fuerza y ante esto todos miraron directamente a sus ojos a pesar de que fuera difícil teniendo al alemán retorciéndose de placer frente a ellos. El busto del pelirrojo comenzó a gotear debido a la fuerza que ejercía el soviético en ellos, sintió su miembro temblar debido a esto.

-Ya veo y qué hay de esto?- preguntó el ruso. Tras sus palabras estampó una carpeta de archivos contra la mesa y comenzó a estimular el pecho del menor con las dos manos. URSS mantuvo la compostura en todo momento a pesar de tener al germano retorciéndose en su regazo por la estimulación a su pecho. Así continuó la junta por unos momentos más debido a que los empresarios no pudieron aguantar más tiempo allí dentro y accedieron la solución que propuso el mayor. -Bien, por esto doy por concluida la reunión y desaparezcan de mi vista- ordenó. Los empresarios se retiraron rápidamente del lugar mientras el alemán continuaba a la merced del soviético.

-Buen trabajo cachorrito- felicitó el soviético. El alemán sonrió jadeante mientras observaba las manos del mayor continuar estrujando su pecho sin piedad. -Haz sido un chico tan bueno hoy que te daré una recompensa- replicó. El germano se estremeció notablemente pues el soviético estiró sus sobresalientes al decir eso y se acercó peligrosamente a su oído. -Hoy podrás montarme todo lo que quieras- recompensó. El alemán volvió a menear su trasero sobre el regazo del mayor causándole una sonrisa al contrario y entonces sufrió un escalofrío al oír como el germano ladraba cuan cachorrito feliz.

-Mi cachorrito-

→Una patata XD se ha conectado←

Hoal-

Aquí sólo va a haber sexo, no esperen nada puro y santo aquí se viene a pecar. Si deciden quedarse les advierto que cada shot será más horny que el anterior. Ninguno de estos shots será canon, todos son diferentes AU's, ya sea omegaverse o cualquier otro.

Advertencia de:

- Fetiches
- Masoquismo
- Sadomasoquismo
- Versatilidad
- Exhibicionismo

Que empiece el juego.

→Una patata XD se ha desconectado←

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