32 "Lo prometo"

Día cinco.

Has venido a hablar conmigo.
Pude volver a oir tu voz y abrazarte, antes de que salgas corriendo, de nuevo, por mí culpa.
Dudé en decirte lo de la foto, solo se me escapó cuando traté de recuperarte, pero tenía que ser sincero contigo, ¿no?

Empezar de cero, sin mentiras.

¿Estabas dispuesto a perdonarme? ¿Y te has ido corriendo?
¿Ya no me quieres ver? ¿Ya no me amas? ¿Lo nuestro se acabó? ¿Eso es verdad?

Pues no lo creo. Has dicho que soy tu lugar seguro, eso no se deshace de un momento a otro. Tu amor por mí no se irá tan rápido.

Día seis.

Busqué una excusa solo para verte. Para sentir tu voz cerca una vez más porque te extraño y nunca he extrañado a alguien como lo hago contigo.

Llevo una vez más el pico de la botella de cerveza hacia mis labios, bebiendo el último sorbo.

"Se acabó".
"Ya no te amo".
"Déjame ir, Jisung".

Sí, tus palabras siguen en mi mente, al igual que tu imagen expresándolas y hay algo en el cual concuerdan, nunca me miraste a los ojos.

—¿Quieres dejar de beber? —Hyunjin interrumpe mis pensamientos.

Dejo la última botella encima de la mesa del centro de la sala, pasando por mi mente la imagen de aquel idiota, tomando tu brazo solo para molestarte.
Me levanto del sofá, tratando de borrar ese momento de mi memoria...

Porque lo que dijiste en ese baño, no es lo que sientes.

Busco en mis bolsillos, encontrando las llaves de mi auto y me coloco la chaqueta.

—Iré al supermercado —aviso, con un tono de voz ronca y que apenas se oye.

—Deberías dejar de beber, ¿cuántas botellas de cerveza has tomado?

—¡Es lo único que tengo para afrontar la realidad de que Minho ya no está, que dice no quererme y de que soy una mierda por haber arruinado todo! —revuelvo mi cabello, largando un suspiro—. Si no quieres estar aquí, Hyunjin, puedo estar solo.

—Pues no lo estarás, me quedaré las horas que sea necesario.

—Haz lo que quieras.

Día siete.

He vuelto a ir. He vuelto a tomar de tu café y mi corazón ha vuelto a latir con desesperación.
Me has dicho que no deje de llamar, que no te deje ir, pero luego tú saliste rápidamente de ahí y esta vez, yo hice lo mismo.

Perdóname por no quedarme, perdóname por ser un cobarde.

Pero te he dejado una nota; no he dejado de amarte y tú no has dejado de amarme.
¿Falta poco para tenerte entre mis brazos? es lo único que quiero en este momento.

Iré por tí.

Si estoy equivocado, y si ya no me quieres, he escrito una carta para tí, y con todo el dolor del mundo, me alejaré para que seas feliz.

Día ocho.

Aparto la vista del libro, sí, el último que Minho a dejado y me levanto del sofá, están tocando la puerta.
Respiro profundamente antes de abrir, pero es la persona que menos esperé.

—Changbin —miro a su rostro, quien tiene una expresión seria.

—Vengo en paz, siento haberte golpeado, pero lo merecías —se cruza de brazos.

—Sí lo sé, merezco más, supongo.

—No, ya aprendiste tu lección.

—Definitivamente.

—Escucha, no lo hago por tí, sino por Minho. Entiendo su dolor, pero no me gusta que diga tu nombre a las tres de la mañana cuando tiene pesadillas —siento como un nudo en la garganta se forma y mis ganas de llorar aumentan.

¿Ha tenido pesadillas por mi culpa?

—Sabes dónde está y sabes donde queda nuestro departamento, solo ve, estarán solos, hoy es...

—Tercer lunes del mes, su día libre —Changbin asiente y baja los pocos escalones de la entrada.

—Ve y no vuelvas hasta obtener su perdón, no quiero que se sigan lastimando solo porque ninguno de los dos se anima a hablar.

—Gracias.

—No lo hago por tí, Han —sube a su auto y se marcha.

—Lo sé —susurro.

Iré por tí, amor.

No sé que es lo que tengo que decir con exactitud para que me beses, me acaricies, me mires como antes, tal vez solo diré que tienes que recordar.
Recuerda nuestra primer cita, en aquel río. Recuerda mi primer te amo, debajo de las estrellas y de la luz de la luna. Recuerda mis caricias... solo recuerdo que nada de lo nuestro fue mentira.

Dejo el auto enfrente del edificio y me adentro allí. Marco el piso el nueve, con mí corazón latiendo a mil por hora y con todo mi cuerpo temblando.
Las puertas se abren e inhalo fuertemente antes de salir.
No tengo nada preparado para decirte, solo tengo ésta carta.
Me detengo en el departamento, con el número treinta y ocho. Inhalo una vez más, sintiendo como mi corazón está a punto de salirse de su lugar y golpeo la madera unas tres veces. Cierro mis ojos por un instante y los abro cuando siento que la puerta es abierta.
Y él está ahí. Con el cabello que cubre sus ojos, con su carita de dormido, pero solo un poco.
Mi sonrisa se deshace cuando la puerta es azotada en mi rostro. Muerdo mi labio y apoyo mi frente en la fría madera.

—Espera, Minho —respiro profundamente una vez más—. Escúchame, por favor —me deslizo, hasta quedar en el suelo—. Al principio, sí, todo era un juego, traté de convencerme a mí mismo de que así lo era. Pero más trataba, más me enamoraba de tí sin saberlo. Te amo... tú... tú eres la primer persona que amé en mi vida. Yo no sé una mierda del amor, tal vez por eso reaccioné de aquella manera, te lo oculté, porque aún no sabía lo que era perder. Perder a una persona que amo más que a mi vida y que sin ella no soy nada. Lo siento, ¿sí?, siento haberte traicionado, romper tu confianza. Lo siento por haberte mentido, por sacar una foto, cuando me entregabas tu cuerpo. Lo siento por haberte perdido, por no buscarte antes. Minho, lo siento por tantas cosas. No sé que más decir, ni tampoco sé si estás escuchando esto. Amor, lo nuestro nunca fue una mentira, jamás me he burlado de tí. Todo lo que hubo de mí, para tí, fue real. Estar estos ocho días sin tí, me ha demostrado que tú eres lo único bueno que la vida me dió. Y siento que, cada parte de mi, de mí cuerpo, de mí alma, te pertenece —dejo de hablar por unos segundos para buscar la carta en mi bolsillo y limpio con las mangas de mi sudadera las lágrimas en mi rostro—. Me enamoré de tí, perdí la cordura y me duele, me duele haberte hecho tanto daño, causarte pesadillas y no estar ahí para abrazarte. ¿Recuerdas nuestro primer beso? yo estaba loco por probar tus labios, sentir la delicadeza con la que besas, es lo mejor que he sentido. Por favor, perdóname —miro una vez más el sobre blanco en mis manos y la pongo en el suelo—. He escrito esto, no sé si estaba ebrio o sobrio, pero de las dos formas, siento lo mismo por tí —paso la carta por debajo de la puerta, dejándola por la mitad, para ver si es tomada, y lo es. Veo como desaparece y yo me levanto del suelo, sin despegar aún la frente—. Léela, por favor, sino me quieres de nuevo, lo entenderé y me alejaré, solo quería darte eso y decirte las cosas que no salen de mi boca. Adiós amor —me aparto y vuelvo a caminar por el pasillo, para llegar al ascensor.

—¿A dónde crees que irás? —escucho su voz y me detengo rápidamente.

Me doy la vuelta y veo a Minho, quién guarda el sobre blanco en el bolsillo de su pantalón, con la vista pegada al suelo. Ahora, sus ojos suben lentamente hasta encontrarse con los míos y sonríe. Trago saliva y largo todo el aire que estaba conteniendo, tratando de calmar mi corazón.

—Ven aquí idiota y vuelve a repetir lo que dijiste.

una sonrisa se forma en mis labios y camino nuevamente los pocos pasos que hice hacia él.
Tira de mi brazo y me mete al departamento, cerrando la puerta detrás de mí.

—¿Vienes a disculparte y te vas como si nada? eres un idiota.

—Lo sé.

—Te extraño, Hannie, como no tienes idea —me acerco a él y tomo de su cintura, mientras que sus manos rodean mi cuello.

Mierda, lo tengo conmigo, en mis brazos, como tanto lo deseé.

—¿Podemos empezar de nuevo, Minho?

—¿Puedo dudar? —lo abrazo un poco más, frunciendo mi ceño.

—¿De qué?

—De tu amor —niego lentamente, sin dejar de mirarlo.

—Sé que he cometido errores del cual no estoy orgulloso, y mucho más antes de conocerte. Una vez me preguntaste sobre mí y yo solo te dije una parte, pero no quiero que conozcas mi otro yo, me gusta esta persona, como soy cuando tú estás conmigo —acerco mi rostro al suyo, un poco más—. Por favor, nunca dudes del amor que siento por tí, es lo único que te voy a prohibir, ¿entiendes? —asiente—. Te amo demasiado —sonríe.

—Te amo también —sus manos empujan mi cuello, logrando que nuestras bocas se unan y formen un delicioso beso.

El cosquilleo que extrañé, se vuelve a producir en mí interior al sentir sus suaves labios sobre los míos.
¿Cómo describir esta sensación después de mucho tiempo? no lo sé, es especial.

Así como él lo es para a mí. Aunque sea mucho más que solo eso.

—¿Me amas? —pregunto al separarnos por falta de aire.

—Te amo.

—¿Me darás otra oportunidad?

—Prométeme que no me vas a mentir.

—Lo prometo.

—Prométeme que siempre me dirás lo que está pasando.

—Lo prometo.

—Prométeme que nunca me dejarás ir por más que te lo pida.

—Lo prometo —poso mis dedos en su barbilla y pego mis labios a los suyos.

Vuelvo a ser yo. A una persona que extrañé y sobre todo, sin ningún secreto.

—¿Minho? —lo miro a los ojos y sonrío—. ¿Quieres ser mi novio? —vuelve a unir nuestras bocas.

—¿Te sirve cómo respuesta? —asiento aún sonriente y dejo un pequeño beso en la punta de su nariz.

—Te he extrañado mucho —acaricia suavemente mi cabello.

—Y yo a tí, Hannie —me mira por unos segundos y larga una carcajada—. Así que, ¿me has escrito una carta? —me sonrojo un poco y sonrío nervioso—. ¿Puedo leerla en voz alta?

—No, eso no —aparto la vista, mirando hacia la sala y a las habitaciones por detrás—. ¿Hay algún lugar dónde podamos follar? —sonrío y él golpea la parte posterior de mí cuello—. Bromeo.

—No te he dicho que no.

—¿Entonces...?

—¿Quieres café?

—Claro que sí.

Sonríe una última vez y toma mi mano de su cintura y me conduce hacia la cocina.
Me siento en una de las sillas mientras lo observo hacer su delicioso café.

Volví a respirar. Me deshice del vacío en todo mi corazón. Me deshice de todo lo malo y he vuelto a ser feliz.
¿Es absurdo si digo que quiero llorar? ¿Se puede llorar de la felicidad?

Pues si, pero eso me lo guardo para mí.

¿Qué hubiera sido de mí, si habría dicho que no me quiere ver más? creo que estaría muerto en vida.

—Aquí tienes —deja dos tazas rojas sobre la mesa y se sienta enfrente.

Bebo un sorbo del café. Siento como el liquido negro con un poco de espuma, cae por mi garganta, recordando que hace tanto no lo sentía de esta manera.
Minho aparta la vista de mí, sonriendo, saca el sobre y lo comienza a abrir.

—¿Qué es lo que estás haciendo?

—Voy a leer la carta.

—No delante mío —bebo un poco más.

—¿Por qué no? —aparto la vista y siento como mis mejillas empiezan a calentarse.

—Por... porque... porque me pongo nervioso —susurro.

—¿Qué cosa? —sonríe.

—Nada, solo no la leas delante mío ni en voz alta —larga una pequeña carcajada y bebe de su café.

—Ahora, escribeme una canción.

—En eso sí que no soy bueno, pero por tí, lo haría —sus mejillas se tornan de un color rosita.

—No, solo bromeaba.

Lo miro a los ojos por un momento pero desciendo mi vista al ver algo que me parece conocido.

—¿Esa es mi camiseta? —señalo con el dedo a su pecho.

—¿Qué? —baja su cabeza para ver de lo que estoy hablando—. No—sube el cierre de su chaqueta—. Viste mal —una vez más, sus mejillas están rojas y lo trata de ocultar bebiendo de la taza.

Ha tenido mi camiseta todo este tiempo, así como yo tuve la suya.
¿Me has extrañado con la misma intensidad que yo? parece que sí.

Lo he extrañado tanto. He extrañado su aroma, su voz, el sonido de su risa, sus mejillas sonrojadas... he extrañado todo de tí.

—Escucha... —digo, mientras me alejo del respaldo de la silla y apoyo mis brazos en la mesa—. ¿Te vienes conmigo a casa? me gusta despertar junto a tí y no he dormido mucho en estos días, al igual que tú.

—Sí —toma de mi mano y acaricia el dorso de ella—. Iré contigo.

—Ni Félix ni Changbin me matarán, ¿verdad? —larga otra carcajada.

—No lo sé, si es así, te defenderé.

—Ahora me quedo tranquilo —arqueo rápidamente una ceja.

—¿Vamos? —lo miro a los ojos nuevamente—. ¿Qué? ¿No mencionaste tú que hay que disfrutar del día libre?

—¿Eso tiene doble sentido?

—No... puede ser —se levanta de su silla y tira de mi mano—. Ven, ayúdame.

Se suelta de mí para rodear la mesa y vuelve a tomar de mí mano. Me conduce hacia una habitación bien iluminada y ordenada.

—Alcánzame eso —me hace seña con su cabeza para que tome el bolso de una silla, aún con ropa.

Lo dejo arriba de la cama, mientras que él guarda algunas camisetas que ya estaban sobre el colchón, bajo mi atenta mirada.
Le tomo de las mejillas y lo miro.

—Te amo, Minho —sonríe, inspeccionando un poco más mis ojos, sin responder—. ¿No vas a decirme nada?

—Cállate idiota y déjame mirarte —sonrío, tratando de no perderme en sus ojos—. Te amo demasiado, Hannie.

—¿Por qué me miras tanto? mejor bésame, ven —acerco su rostro al mío y lo beso.

Al sentir el sabor dulce, combinado con el delicioso café de su boca, me doy cuenta que por fin estoy completo.

Te voy a amar por el resto de mi vida, lo prometo.


Yo no soy de pedir esto, pero, voten en las historias por favor, es la única manera de saber si les gusta o no esta historia. 🙏
Y a los que ya lo hacen y comentan tambien, les agradezco, a veces no contesto pero me la paso leyendo sus comentarios❤️

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