II

Aquella voz que habló me resultaba tan familiar como desconocida al mismo tiempo. 

Quien fuera que fuese, solo tiró de mi brazo para lanzarme de regreso junto a los demás en la habitación.

Una figura humana, era más alta que yo. Su cara estaba cubierta por lo que parecía una máscara que simulaba a la cara de una muñeca con botones en lugar de ojos, con la peculiaridad de que un lado de la máscara era blanco y el otro era negro. Un ojo botón color negro en el lado blanco y uno rojo en el lado negro. Tenía una sonrisa hecha con costuras. 

Entonces ambas mitades de la cabeza se separaron, tal y como si se tratase de dos cabezas en un solo cuerpo. Ambas giraron hacia adelante, haciendo una cara completa para cada una. 

La figura extendió sus brazos, como de aquel que está dando una maravillosa bienvenida frente a un público que le estaba aplaudiendo... Al menos en su imaginación. 

-¡Sean bienvenidos a Seinaru Kibou! Todos lo conocerán por ser uno de los hospitales psiquiátricos más famosos del país, pero la verdad es que también nos encargamos de hospedar a gente como ustedes. ¡Los talentosos frutos de la esperanza del mundo! ¡Los maravillosos elegidos que sobresalen en todo lo que hacen! ¡Es por eso que su vida y seguridad son taaan importantes!

Su voz era como un eco, como si dos personas hablaran en una sincronía perfecta. 

Seguro estaba esperando que alguien dijera algo, pero el silencio había caído de golpe apenas dejó de hablar. Se llevó una mano al mentón. 

-—No parecen emocionados... No entiendo por qué. - solo una voz. Sonaba genuinamente decepcionada. —¿No están felices por ser los elegidos?

-—No hay razones para estar emocionados si estamos en un lugar que no conocemos. - sentenció Marian. 

-—¿Que no lo conocen? ¡Pero si es Seinaru Kibou! ¡Ustedes estaban internados en el ala del hospital! 

-—Y nosotros los trajimos aquí. Lamentamos nuestros... Métodos bruscos. 

-—Secuestro.- dijo Knock apenas terminaron su oración. 

-—¡No, no lo malinterpreten así por favor! ¡No vamos a hacerles daño! ¿Cómo vamos a hacerles daño a nuestros amigos? ¿Es que...? ¡¿Es que acaso no se dan cuenta que esto lo hacemos por ustedes?!

Se hizo el silencio de nuevo. 

-—Lo que ella quiso decir es que de verdad queremos que ustedes se sientan como en casa aquí. Están aquí por ser tan importante. A veces, el ser especial en algo en específico suele apartarte un poco del mundo. Puedo imaginarme que, tras ser declarados como "definitivos", sus vidas cambiaron de una forma u otra. Tal vez hasta las personas a su alrededor cambiaron un poco. Y debe ser lo normal. Después de todo, las personas siempre están en un constante cambio. Pero también es peligroso. ¿Cómo sabes que esas personas todavía quieren estar a tu lado como antes?

-—Si están en un lugar muy, muy alto... ¿No da miedo mirar abajo y ver todo el abismo que hay debajo de sus pies? 

¿Hablaban de la confianza hacia nuestros conocidos cercanos?

-—¡Claro que da miedo! Uno no sabe en qué momento podría caer. Y, entre más subas, ¡la caída será todavía más terrible!

-—A veces, las personas son muy crueles. De alguna manera... Hay quienes se creen con el derecho de destruirles la vida a todos aquellos que han logrado algo en sus vidas. 

-—Son escorias. Pero escorias que de verdad saben hacer daño. 

-—¿Qué sentido tendría que ustedes fueran los rayos de esperanza del futuro si son tan vulnerables ante todo lo que el exterior quiera hacerles? Por eso, los cuidaremos aquí. Pueden vivir normalmente aquí, tal y como la vivían antes. Incluso les podremos facilitar lo que necesiten... Con algunas excepciones, claro. Pero cualquier cosa, pueden solicitarlo y lo hablaremos con todo gusto. 

-—¿Qué tanto tiempo nos quedaremos aquí?- preguntó Hikaru. —¿Cómo es eso de "vivir normalmente aquí?

Una risa. 

-—Un tiempo indefinido. Por ahora. 

-—¡Se quedarán aquí para siempre!

Por supuesto que a nadie le agradó escuchar aquella afirmación.

-—¿Para siempre? No pueden hablar en serio. - tal vez Nana intentaba tranquilizarse a sí misma. 

Yo tampoco podía creer que realmente decían "Para siempre"... Ni quería creerlo. ¿Qué sentido tenía eso?

-—Por supuesto que hablamos en serio. ¿Por qué mentiríamos?

-—Definitivamente, un secuestro.- dijo ahora Eydis. 

-—¿Ningún contacto con el exterior? Hasta podría entender ese punto de "nadie les debe hacer daño", pero esto ya va más allá de lo normal. ¿Necesidad de tal privación de la libertad? ¿Por qué no solo ustedes tomar medidas en esos casos, específicamente? - inquirió Knock entonces. 

Un silencio en el que todos miramos a la figura bicéfala. Una de sus cabezas se ladeó.

-—Ah... Claro. Esperar a que la tragedia suceda para hacer algo. Suena a la negligencia normal de las autoridades ante cualquier situación que ya había presentado señales. 

Habló con una lentitud inquietante, de forma que resaltó cada una de las palabras. 

-—Suficiente. No más preguntas como "¿Qué hacemos aquí?", "¿Cómo que para siempre?"... No quiero hartarme de ustedes tan pronto. ¿Por qué no se preocupan más por cómo van a convivir durante el resto de sus vidas aquí? Después de todo, establecer reglas es lo principal para que una sociedad exista de la forma correcta.

-—¿Tenemos que inventar nosotros las reglas?- preguntó Hayami. 

-—Algunas.

-—Entonces, ¿hay otras ya previamente establecidas?

-—Oh, buena pregunta. Déjame ver... Sip, hay algunas. Son sus horarios por ejemplo. Ir al comedor a ciertas horas, ir a dormir o a sus habitaciones a ciertas horas, el no tomar cosas que no son tuyas, no salir de la instalación, no matar a nadie...

Su voz se iba haciendo pausada desde que mencionó la última parte sobre que "no matar a nadie". Hizo una pausa completa entonces y miró a la otra cabeza antes de dirigirse nuevamente hacia nosotros.

-—De hecho, ahora que he vuelto a leer las reglas que tenemos... Sí hay una forma de que salgan de aquí. Aunque no les agradará en absoluto.

-—Oye, pero siempre pueden recapacitar... - la otra cabeza no parecía muy convencida al respecto.

-—De hecho... Queremos escuchar,si no es molestia. - dijo entonces Anneliese.

Un silencio nuevamente antes de que la voz que se había estado negando hablara, esta vez un tanto... molesta.

-—Echaremos de aquí a aquel que cometa una genuina atrocidad contra cualquier otro presente.

-—¿Una atrocidad...? ¿A qué clase de atrocidad se refieren?

La silueta se quedó estática. Entonces extendió sus brazos nuevamente antes de pronunciar la oración al unísono.

-—Solo aquel que mate a otro puede irse. 

-—...

Un silencio por parte de todos. Ya nadie se atrevió a pronunciar palabra alguna.

-—Están diciendo que, si alguien muere, ¿Es el asesino quien puede irse?- Naruko parecía confundida con aquella supuesta regla.

-—No, no es que "pueda irse". Deberá irse. 

Hizo mucho énfasis en ese "deberá", como si realmente les enfadase esa idea. Ahora se habían vuelto dos personas diferentes hablando.

-—¿Deberá? ¿Por qué? ¿Por qué no es el asesino quien se queda aquí? - insistió Kuroi.

Ambas cabezas le miraron como si las hubiera ofendido.

-—Sí. ¿Por qué se habría de quedar un asesino con nosotros? Alteró la paz que existe.

—¡No, no, no! ¡No hay manera! ¡Insoportable! ¡Me da rabia tan solo pensarlo! Ugh, ¡¿Cómo se atrevería a arruinar la paz que tenemos aquí?! ¡Debería morir el asesino también, si tan buena le pareció la idea de matar a alguien! Como extrañara tanto allá afuera... Pft, desesperados por huir, hacen de todo. 

¡Exacto! Por eso, tenemos otra regla más y espero que la escuchen con atención en caso de cualquier incidente, toco madera por si acaso...- su mano izquierda se movió en busca de algún objeto con ese material.

No hay aquí. 

Oh... Lástima. En fin, ¿Dónde estaba? Ah, claro, claro, la regla más importante que tenemos. En caso de que alguno de nuestros huéspedes cometa un asesinato, convocaremos a todos a esta habitación para hacer un juicio. 

¿Tendremos que descubrir al asesino por nuestra cuenta?- preguntó Aiiko. 

¡Ni más ni menos! ¿No será increíble poder destruir al verdugo que se creyó lo suficientemente importante como para sacrificar a un inocente por un bien propio?

-—Pft, como si salir de aquí fuera un premio para ustedes.

La dualidad que ambas cabezas tenían y las ideas que compartían eran igual de aterradoras.

-—¿Y qué sucederá si descubrí éramos al asesino? - preguntó Kazuki.

-—Significará qué ustedes le han ganado.

-—Y que pueden castigarlo...

-—... ¿Castigarlo? - fue Sigma quien habló ahora.

-—¡Sí, recibirá el castigo que se merece por haberse creído que su presencia es indispensable allá afuera!

-—Con castigo, ¿a qué se refieren exactamente? ¿Celdas especiales o...?- fue interrumpido. Aunque, a decir verdad, se había detenido desde antes, como si su cabeza hubiera caído en la cuenta de alguna cosa. O algo así, pues sus ojos se abrieron un poco.

-—Por supuesto que no. Así la gente no entiende. ¿Qué clase de sanciones son esas?

-—¡Exacto! Si por robar algo solamente te dieran unos años de cárcel que pueden acabarse mucho antes si te "portas bien" o si pagas tu fianza, ¿crees que la persona habrá aprendido algo? No. Es más, ¡los otros reclusos aprenderán que hay formas fáciles de salir! Por no decir de los que escapan de sus rejas, ugh.

-—Nos gusta hacerlo como es lo mejor y lo más sensato si de verdad quieres que la gente se comporte bien. Aquí, si te descubren como asesino de alguien... Serás ejecutado.

-—Cuando dicen ejecutar...

-—Sí, obviamente nos referimos a cualquier forma de ejecución. Triturarlos, machacarlos, electrocutarlos, desmembrarlos...

-—¡Les cortamos la cabeza!

-—No lo creerán ahora o creerán que hemos enloquecido, pero deben creernos: es la única forma en la que una persona teme hacer algo malo.

-—Pero...

Ni siquiera supe si habían escuchado lo que dije y, en realidad, no me importaba. ¿Qué clase de reglas eran esas? ¿Realmente querían que nos quedáramos aquí? Esas insistencias suyas lo dijeron todo, pero, ¿por qué? ¿Por qué querernos mantener aquí adentro?

Totalmente apartados del exterior... ¿No debería haber alguien buscando? Éramos "Definitivos" después de todo, alguien iba a notar nuestra ausencia... ¿Verdad?

-—Pero no pongan esas caras tristes, por favor. Era un caso hipotético porque preguntaron cómo podríamos salir, ¿o no lo hicieron? Jaja, de nuevo estoy escuchando cosas...

-—Lo hicieron. Pero no los veo capaces. Ellos no.

-—Solo recuerda que los otros...

Detuvieron su charla en seco. Una se aclaró la garganta.

-—Bueno, ¡es momento de retirarnos! Recuerden, aquí pueden vivir perfectamente. Hay un comedor en el que se sirve a las 9:00 am, 3:50 pm y 7:50 pm todos los días, ¡no quieren perder una comida!

-—¿Por qué no vienen a conocer sus habitaciones? Les enseñaremos el camino. Hagan el favor de seguirnos.

Dicho esto, empezaron a correr por el estrecho pasillo por el que habíamos llegado aquí.

Muchos no estaban seguros al respecto, pero bastó ver como unos ya habían empezado a seguirles los pasos para nosotros ir tras ellos.

Atravesamos una nueva puerta, ahora abierta, que nos condujo a lo que parecía una sala de estar enorme, con una mesa de centro adornada con velas y flores, más libreros llenos, repisas, baúles y muchos más muebles esparcidos por ahí. Habían un par de puertas al fondo.

-—A la derecha, van de nuevo al comedor.

-—A la izquierda, es hacia sus habitaciones.

Se acercaron a la puerta izquierda con una llave en mano, dispuestas a abrir y... Fue entonces cuando escuchamos el ruido.

Escuchamos un estruendo... Un disparo. ¡Había sido un disparo!

Nos agachamos, pero las siluetas enmascaradas soltaron un grito. En su antes impecable vestimenta blanca, ahora había una perforación manchada en sangre situada en su hombro derecho.

-—¿Q-Quién...? ¡¿QUIÉN ME HA HECHO ESTO?!

Caminó hacia nosotros y nos miraba fijamente, yendo de uno en uno.

-—¡Extiendan todos sus manos!

Nada. Si bien a algunos les temblaban las manos, seguramente había sido por el shock del disparo.

-—Quiero deshacerme de t-

-—Lo dejaremos pasar esta vez. No vamos a buscar culpables, mira, están tan asustados como tú. - entonces se dirigió a nosotros. Esa amabilidad en su tono hacia la otra cabeza se volvió más bien una voz severa apenas nos habló. -—Por favor, les pedimos no atenten contra nuestra integridad. Después de todo... No quieren ser ejecutados por un motivo tan estúpido como una rebeldía hacia su autoridad, ¿no creen?

-—No quiero volver a verlos... ¿Quién habrá sido...? ¡Si hay alguien con un arma de fuego este lugar no es para nada seguro! ¡No lo es!

Comenzó a sollozar.

-—Estaremos bien... Ellos seguramente encuentran al culpable. A menos que actúen tarde...

Mientras hablaban, se habían comenzado a dirigir hacia la puerta.

-—Son casi las siete. Asegúrense de ir a la cena o, en su defecto, informar que no irán, ya sea que no tengan hambre o que quieran la comida en su habitación. Los botones para tales anuncios están en sus habitaciones. Les recomiendo irse instalando en sus ahora únicos refugios.

Y con ello, se fueron por la puerta. Ya nadie se atrevió a moverse de donde estaba.

-—Hay alguien aquí... C-Con un arma de fuego... - había comenzado Anneliese.

-—¡Deberíamos hacerlo desaparecer! - dijo entonces Aoi.

-—No es momento de empezar a buscar culpables. - habló Sigma. -—Si lo dejaron pasar así y luego dijeron que era una norma grave...

-—Quiero creer que entendí lo que piensas. ¿Crees que orquestaron eso solo para asustarnos? - se dirigió a él Kazuki.

-—Solo una suposición mía.

-—D-De todas las personas que estábamos alineadas...- comencé a hablar. -—Sólo un disparo... No era para ninguno de nosotros. De haberlo querido... Hubiera elegido al más cercano a él.

-—Igualmente, no podemos descartar la idea de un disparo a quemarropas cortesía de alguno de nosotros, ¿no creen?

Todos miramos a Valka.

-—Eran insoportables con sus cambios de humor y con sus amenazas, ¿no sería lógico intentar aprovechar un descuido suyo para intentar atacar?

Tenía, en cierta forma, un punto.

-—Pero esa teoría tuya no quita el hecho de que hay alguien aquí con un arma de fuego. Y mucho menos nos tranquiliza. - respondió Eydis.

También tenía razón.

La verdad, desembocásemos en cualquiera de las teorías que cada uno ofrecía, tan sólo nos causaba la inquietud: verdaderamente había alguien dispuesto a matar entre nosotros.

-—Entonces... Nadie optará por asistir a la cena supongo.

El comentario de Luca obviamente fue para intentar romper el silencio sepulcral que llevaba minutos sobre nosotros. Algunos ni siquiera levantaron la mirada para negar con la cabeza.

-—En todo caso...

-—A nuestras habitaciones. Buenas noches a todos.

Sigma no perdió tiempo en levantarse y dirigirse hacia la puerta que conducía hacia estas.

-—Bueno, ya es tarde... - habló Aiiko. -—Me despido por hoy. Buenas noches a todos.

Arrastrando su baúl, se dirigió a su habitación.

Algunos nos quedamos en la sala.

-—¿Qué había en el baúl de esa chica? Seishin, ¿no? - dijo Eydis de repente.

-—Creo que aparatos de costura y eso.- respondió Yuuta.

Su respuesta causó que varios se dieran vuelta hacia él.

-—¿Instrumentos de costura, dices?

-—...

-—Bueno... ¿No es que hay tijeras entre los instrumentos indispensables para la costura?

Habían comenzado a murmurar entre ellos. Quise intervenir.

-—O-Oigan esperen-

-—Tranquilo. No la estamos acusando de posible asesina. - Himari suspiró pesadamente. -—Pero es normal que no lo pasemos por alto. Como ese kit médico de Savelieva, ¿me explico? Después de todo... ¿No la prioridad es mantener seguro al grupo?

Nadie dijo nada más, pero no es siquiera necesario mencionar cuántos terminaron por concordar con Himari.

-—Yo también voy a retirarme... Buenas noches a todos.

Me despedí con un gesto de mano mientras caminaba hacia la puerta.

La placa de la tercera habitación.

"Bae Park"

La puerta a mis espaldas se había abierto. Intenté cerrarla, aunque sin mucho éxito. Se abría cada vez que yo intentaba cerrarla. Es raro que las puertas no funcionen... ¿o sería solo el caso de mi habitación? Dada la situación en la que nos habían puesto, no tardé en hacerme ideas terribles sobre la ventaja que significaría que alguien intentara atacar de noche. El momento perfecto... Entonces vi aquella nota pegada en la puerta. 

"Recuerden ir temprano a sus habitaciones. Por normas del lugar, las puertas no tienen un seguro. Pero no teman por intrusos inoportunos, ¡nosotros nos preocupamos por ustedes como no se lo imaginan! Por eso mismo, les hemos asignado a un vigilante de pasillos durante las noches. Asegúrense de que no los atrape estando fuera haciendo algo sospechoso... O no. En realidad, ¡el no sabe cuando alguien es sospechoso o no! ¡Tan solo te castigará si te atrapa! -Jakku."

Eso, ¿se suponía que ya podía estar tranquilo? Suspiré con resignación y me dediqué a conocer la habitación. 

Igual a la habitación del psiquiátrico. Blanca, impecable, con una cama... Cuando quise remover las sábanas, me sorprendió que estas parecían cosidas directamente a los bordes de la cama. La única parte suelta de estas era la que se hallaba bajo la almohada, así que parecía más bien un saco de dormir si necesitabas taparte. 

En el armario no había demasiadas cosas, tan solo cajas con ropa del hospital, zapatos y así. Ninguno de los zapatos contaba con agujetas. Me fijé en que había calefacción y aire acondicionado, aparentemente funcionando por cables... Estos mismos cables estaban atornillados a la pared, de modo que lo más que podías hacer era conectarlos a sus respectivos tomacorrientes, que estaban cubiertos por un plástico de modo que tan solo entrara el enchufe dentro. Había una mesa de noche sencilla, que apenas y contaba con un par de cajones en los que había portapapeles y una pequeña libreta, además de un frasco de tinta y una pluma. ¿Se supone que escribiera algo?

Las ventanas no tenían cortinas, por lo que podía ver el jardín desde la habitación. 

Había un cuarto de baño completo: regadera, incluso bañera, lavabo y excusado. La puerta de la regadera se deslizaba, medianamente translúcida. La regadera se manejaba mediante botones de agua fría y caliente como marcaba en el indicador: debías subir los botones hasta que el agua estuviera a la temperatura a tu gusto. El lavabo también funcionaba con botones de la misma manera, más allá de eso, todo era muy normal. 

Si lo pensábamos así... Había pocas cosas que pudieran ser consideradas armas en la habitación y... De ser así las intenciones de alguien...

Debía cometer el crimen con sus manos.

Ese pensamiento no me dejó conciliar el sueño en cuanto las luces se apagaron.

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