I

Esas figuras se acercaban más a mí y fue entonces que me invadió una sensación extraña, como si me hubiesen anestesiado mientras aquellas siluetas ya estaban alzando las manos. Mi cuerpo se adormecía de poco... para luego sentir lo más similar a una breve descarga recorriendo mi espalda que me trajo completamente de regreso. Toda la luz que llegaba a mis ojos se había hecho tan brillante que no podía verla, millones de sonidos se habían transformado en un zumbido que me hacía eco en los oídos, callando cualquier pensamiento mío. Eso había despertado todos mis sentidos. En otras palabras, no estaba anestesiado. 

Grité, o al menos lo intenté, en cuanto sentí aquella fría hoja de metal en mi rostro, siguiendo una línea seguramente trazada alrededor. Estaba aterrado, temiendo porque seguramente haría con mi cara lo mismo que con las de los doctores.

No se trataba de eso. La hoja del bisturí giraba mientras cortaba. Era una escena demasiado bizarra: desgarraba mi rostro en delgados pedazos de piel, rojos y translúcidos, como si de papel se tratase. Fuera lo que fuera eso, estaba arrancando la piel de mi rostro a pedazos y yo no podía moverme o hacer algo para evitarlo. ¿Iba a acabar como los doctores que vi en ese tétrico montaje?

Por fin, después de varios segundos que a mi parecer se habían transformado en una eternidad, logré por fin escuchar mi voz gritando por ayuda. El sonido de mis propios gritos no tardó mucho en aturdirme antes de despertar. 

Aunque no fue un despertar por completo.

Despertaba en otro sueño. 

O algo así. 

Un cielo cubierto de franjas en esos tonos naranjas del atardecer mezclándose entre azules, grises y violetas; a lo lejos, el sol se ocultaba de a poco dando paso a la profunda oscuridad nocturna en ese borde del atardecer. Caminaba por el muelle, el suelo cubierto en las orillas por alga marina, claramente se podía ver que el agua se podía poner lo suficientemente caprichosa como para intentar subir al muelle de vez en cuando, pues mis pies descalzos sentían la madera ligeramente fría por aquella humedad. Podía sentir la fresca brisa y el olor salado del mar mientras escuchaba como las olas golpeteaban la madera del puente que cruzaba. No recuerdo bien un momento así en mi vida... ¿Por qué se me hacía tan conocido todo esto? ¿Hacia donde estaba caminando? No lo sé, no podía controlar mi caminata mientras me acercaba cada vez más a la orilla. Me detuve. Observé un momento el mar frente a mí y entonces... Me pareció ver algo ahí, se movía en el mar de una forma extraña, desesperada... Una persona. Mi vista se nublo en ese momento, cuando yo mismo me arrojé al mar. 

Quedé incosciente incluso si podía ver ahora como un espectador hasta que nuevamente estaba fuera del agua. Mi respiración estaba agitada y el corazón me latía a mil por hora. Tosí, expulsando un poco de agua salada y quedando con un mal sabor de boca antes de mirar a la persona que había rescatado a mi lado. Esta persona...

Las sirenas de policía empezaban a escucharse por todas partes y veía las luces rojas y azules hacia donde mirara, la gente me rodeaba nuevamente. Volví a ver a la víctima, en un estado terrible. No lo pude salvar... ¿Verdad?

Alguien me sujetó del hombro. 

¿Bae Park?

Asentí. El hombre simplemente me dio la vuelta y empezamos a caminar. 

Lamento decirte que no hay otro culpable. 

Su rostro me parecía terriblemente familiar, pero apenas y pude recordarlo, todo se volvió negro. 

Todo se oscureció hacia donde estaba mirando, nada más que oscuridad. No sentía mis extremidades, como si estuviese suspendido en el aire, flotando. Mi respiración no respondía, pero en absoluto me desesperé, al contrario. A mí, vino esa soberana sensación de una calma increíble. El único sonido que escuchaba era mi propio corazón, un lejano palpitar que se relajaba conforme yo me hacía estos pensamientos que se resumían en "Todo es calma aquí".

Fue tras ese pensamiento que aquellas manos se aferraron a mis pies. 

Si miraba hacia abajo, eran esqueletos. Esqueletos humanos que tiraban de mí para arrastrarme con ellos. Entonces sí me desesperé, tratando de apartarlos como me fuera posible solo para darme cuenta que, efectivamente, mi cuerpo no me iba a responder. Esa sensación de calma incluso cuando no estaba respirando ahora se había tornado directamente en una sofocación mientras, sobre mi cabeza, pude ver los últimos rayos del sol desaparecer a lo lejos mientras ellos me arrastraban a aquella oscuridad. 

Extendí mi mano inútilmente antes de verla convertirse en huesos frente a mí. 

Desperté de golpe. Apenas abrí los ojos, me puse de pie en un salto y miré a mi alrededor, completamente asustado por lo que había visto. Miré mi mano para asegurarme que la carne seguía en su lugar y, efectivamente, así fue, aunque con el detalle que de que ahora en mi muñeca había una marca de un par de dedos huesudos. 

Pero al menos estaba bien. 

Lo verdaderamente importante ahora era saber exactamente en dónde estaba yo y, si era posible, dónde estaban los demás. Contemplé mi alrededor solo para darme cuenta de que esto ya no era la habitación del hospital, o al menos la habitación que yo recordaba. En principio, de verdad hubiera creído que era mi habitación del hospital, si miraba lo que era la réplica de todos esos cuartos de cuatro paredes blancas, camas, la mesita de noche y una repisa pequeña de libros en una esquina. La misma lámpara que colgaba arriba también. Pero más allá de eso nada similar. Si miraba poco más allá de donde debía estar la puerta de la habitación, veía una especie de casa de los espejos: Todo aquello estaba rodeado de paredes de cristal cuyo reflejo se tornaba azul azul celeste, como si fuese un lago alrededor. 

Decidí levantarme de la cama y comencé a caminar. Igualmente no había mucho por aquí, tan sólo el pasillo extendiéndose cada vez más, lo suficiente para perder a uno entre todos aquellos espejos. 

Empezaban a aparecer marcas en el vidrio conforme más avanzaba. Me detuve un momento. ¿Eran esos arañazos? No, no eran arañazos. Eran letras. Pasé mi mano por encima. No había rastro de haber sido trazadas  en la superficie, sino haber sido directamente impresas en el cristal y se repetían en el vidrio frases inentendibles para mí. Me fijé tanto en las paredes, intentando decifrarlas mientras continuaba caminando que casi me golpeo con la pared frente a mí. 

Sí, aquí acababa la habitación por así decirlo. Tan sólo más vidrio y una ventana a una altura bastante curiosa. Apenas y mi cara podía ver a través de la parte más baja de esta. Recorrí un poco las cortinas blancas casi translúcidas y eché una mirada por la ventana.  Una enorme ciénaga se extendía desde los pies del edificio hasta más allá, hacia el interior de la espesa neblina desde ambos lados del sendero de lo que sería ese "jardín": hierba seca y agua del color del té hasta donde uno podía ver, además de montones de piedras apiladas unas sobre otras. Le bordaba un muro de piedra gris cubierto en su totalidad por enredaderas.

¿Eso era todo? ¿Cómo se supone que saldría de aquí ahora?

Volví sobre mis propios pasos, examinando nuevamente las palabras escritas en el vidrio, que parecían verse de manera cada vez más clara. Incluso ahora formaban series de números. ¿Sería algún código? En ese caso, debía haber una salida sí o sí. Estaba a punto de regresar a buscar algún bolígrafo perdido entre la repisa de libros cuando, frente a mis propios ojos, algunas de esas letras en el vidrio habían comenzado a trazarse, era como si algo invisible lo estuviese escribiendo de a poco.

"Bae Park" podía leerse ahora.

Algo sorprendido, extendí mi mano para tocar esas letras. Casi de inmediato noté las grietas que se extendían hasta la parte superior y me alejé hasta topar con la otra pared, cubriendo mi rostro con mis brazos, pues no tardé en escuchar el crujido. El cristal se había roto. Trozos de vidrio salpicaban el suelo, yo los escuchaba caer como una especie de diluvio perfectamente sincronizado y que seguramente se harían todavía más añicos al impactar abajo. 

Tras quedar en silencio el lugar, me atreví a apartar mis brazos, los cuales ni siquiera me molesté en ver si tendrían algún rasguño, sabiendo que por obvias razones lo tendrían. Frente a mí había ahora una puerta blanca, idéntica a las del psiquiátrico. ¿Esta necesitaría un código? No, casi siempre es solo un candado desde afuera que se puede abrir con una llave. Pero no tenía una llave. Igualmente decidí intentar abrir la puerta tan solo tirando del pomo de esta. Para mi sorpresa, cedió.

Ahora estaba en una nueva habitación: un cuarto pequeño, demasiado. Lo supe en cuanto extendí un brazo en busca de algún interrumptor y en lugar de eso terminé tocando una pared. El lugar estaba casi completamente oscuro. La única iluminación que tenía era esa lámpara de aceite que reposaba sobre una mesilla de madera, una lámpara pequeña. Tuve que acercarme un poco más para darme cuenta que tenía algo debajo, un sobre de papel. ¿Una carta? Me acerqué y levanté la lámpara para poder leer lo que la carta decía: 

"Llévala contigo."

Supondré que se refiere a la lámpara, así que...  ¿Por qué no? Hay otra puerta aquí y creo que esta sí necesita llave. Es una habitación bastante pequeña, así que debe estar por aquí... Moví un poco mi brazo para iluminar con la lámpara como su luz lo permitió, notando la llave en uno de los rincones cerca de un pequeño hueco en la pared. La llave estaba realmente fría en cuanto la recogí. No me había dado cuenta de ese pequeño mensaje tallado de forma increíblemente perfecta en la puerta hasta que estaba insertando la llave, pues la lámpara había iluminado. 

"Bienvenido a casa."

La puerta de madera emitió un chirrido terrible cuando la empujé para pasar al siguiente lugar. Ahora me encontraba de pie frente a un corredor oscuro como una tumba. Me quedé estático contemplando las paredes con tapiz rasgado y con alguno que otro perchero que daba todo el aspecto de que habían pieles colgando ellos. Tuve que acercarme mucho más para darme cuenta entonces que no eran más que abrigos o incluso batas blancas que habían quedado convertidas en harapos. 

Agradecí haber hecho caso de la nota y traer la lámpara de aceite, no habría forma de avanzar a oscuras. Era difícil ubicarse en este lugar, casi pareciese que con cada esquina que doblaba en el pasillo surgieran nuevas puertas, balcones, pasadizos y hasta chimeneas; todo el aspecto de ser una especie de castillo en ruinas de hace mil años. ¿Habían ventanas? Alguna que otra al final de los pasillos, pero completamente selladas, como si tan sólo fuesen una abertura en el edificio a través de la que podías ver, más no abrir o salir por ahí. 

Escuché un grito.

Por un momento dudé antes de empezar a correr hacia donde yo presentí que provenía el ruido pero, de un momento a otro ya estaba yo corriendo a través de los oscuros pasillos hasta detenerme frente a una vieja puerta de madera que se abrió, dejando salir a una temblorosa chica de cabello naranja amarrado en dos coletas, quien cerró de golpe aquella puerta. 

¿Nana...?

Me acerqué a la chica, quien seguía temblando y trataba de apoyarse en la pared para mantenerse de pie. Ella apenas se giró a verme, pareció tranquilizarse un poco,pero tan solo fue unos segundos. Estaba llorando. Puse una mano sobre su hombro, dando algunas palmaditas para que se tranquilizara. ¿Le habría pasado algo similar a mí? Seguramente. 

Aunque si lo pensaba un poco más, cualquiera se habría asustado de aparecer en un lugar como este en general, haya tenido sueños extraños o no.

Tranquila, tranquila... Nana, tranquila. Estás bien...

¿D-Dónde estamos...?

Me sentí mal por no saber qué responder y todavía me sentí peor al no saber cómo podría tranquilizarla. Me hubiera dolido demasiado el decir "Todo estará bien" porque ni siquiera yo lo hubiera creído. No quería decir nada incorrecto o que pudiera empeorar la situación, así que tan solo murmuré unas palabras para mí más que para ella mientras seguía intentando tranquilizarla a base de sostenerle la mano. Realmente no sabía qué decir. Entonces escuchamos aquellos golpes en las puertas del siguiente pasillo de la esquina. Algo las estaba intentando abrir de forma violenta, casi como si las forzara. ¿Buscaba algo? O... A alguien. Tiré un poco del brazo de Nana para que nos fuéramos de allí conforme veía una gran sombra acercándose al pasillo en el que nos encontrábamos, seguida por una luz naranja.

N-Nana, hay que irnos. ¡Ya!

Me miró por un momento y luego hacia la esquina, fue entonces que asintió. Ambos empezamos a correr hacia el otro lado del pasillo y fue justamente allí que escuché como pasos detrás de nosotros empezaban a acelerar también. Cada vez más rápido, cada vez más cerca... Mi corazón no dejaba de hacerme eco en los oídos y estaba perfectamente consciente de que mis pulmones seguro no aguantarían más huir, mucho menos mis piernas, que parecían tensarse conforme más cerca escucharan los pasos. Pero de alguna manera, todavía continuaba avanzando. 

El pasillo pareciera no terminar nunca. Cada nuevo paso que dábamos, esperanzados de que topáramos pared o algo así para saber a donde ir, si te acercabas te dabas cuenta de que se trataban de más corredores que te faltaban por recorrer, incluso series de escaleras. Aquella sombra, o ya no nos perseguía, o bien, había decidido seguirnos a una distancia considerable. La verdad, no me agradaba ninguna de las dos ideas, ambas me dejaban intranquilo de alguna manera. 

Nana... Disculpa preguntártelo ahora, pero... ¿Cómo era el lugar donde apareciste? ¿Soñaste algo raro?

Ella se quedó callada un buen rato. 

No sé ni por qué le hice esa segunda pregunta. Si había sido similar a algo que me había sucedido, dudo que alguien vaya a confiarle a algún extraño un sueño donde, al parecer, causaste la muerte de alguien, ¿verdad?

C-Creo que lo vi a él... T-También estaban... Pensé que solo eran flores... Las flores salían de ellos... E-Están... 

Su voz se había transformado en un murmullo casi inaudible al responder la pregunta. 

¿A quién viste? ¿Qué pasó?

Ella ya no dijo nada más. Su mirada todavía se veía perdida, estática, no iba más allá de ver frente a nosotros, el camino iluminado por la lámpara de aceite que yo sostenía en mi mano, cuya flama danzaba débilmente a cada paso que dábamos, como si estuviese haciendo un esfuerzo por mantenerse iluminando nuestro camino.

Entonces una de las puertas a lo largo del pasillo empezó a sonar, como si alguien la golpease. Luego, la perilla se movía de forma agresiva, un gran esfuerzo por abrirla. Ni siquiera tuve que tirar demasiado de la mano de Nana para que se detuviera, pues, a pesar de la expresión de su rostro, tampoco estaba totalmente apartada de lo que sucedía. Nos detuvimos, dispuestos a retroceder, solo para que la puerta por fin cediera y aquella parte del pasillo quedara iluminada con esa luz anaranjada de una lámpara de aceite con una llama más vivaz que la que nosotros teníamos. 

Casi no lo reconozco por la ropa que llevaba, que en absoluto era el uniforme del psiquiátrico: su sudadera amarilla con las letras "YM" en negro y una chaqueta negra de cuero encima. Sus pantalones negros tenían rayas blancas en el dobladillo, a la altura de sus tobillos. Sus zapatos de vestir y un gorro de pescador negro con argollas en los lados, además de esa mochila negra con cadenas en los cierres que colgaba de su espalda. 

Él cerró la puerta a sus espaldas mientras movía el brazo que sostenía la lámpara de aceite hacia un lado, directo hacia nosostros. Se quedó mirándonos un buen rato, como si de verdad no creyera que estuviéramos ahí. 

Ah... M-Masahiro... Yuuta, ¿Verdad?

Por fin me había atrevido a hablar. La tensión en su rostro disminuyó, literalmente pasó a estar notablemente aliviado, con esa sonrisa formándose de a poco en sus labios. 

Sí.

No tardó en acercarse a nosostros. Realmente parecía más tranquilo y preferí no preguntar nada por aquel ligero brillo en sus ojos. 

—Ustedes... Están ustedes dos. ¿Hay más personas?

No lo sé. Solo los he visto a ustedes... Al menos ahora. ¿Estarán bien los otros?

Eso espero. 

En realidad, no esperaba tal confianza por parte de otros sobre mí, a este punto. Digo, incluso para mí me había vuelto un extraño. Sinceramente, le hubiera tenido más confianza a cualquier otro, por eso me había tranquilizado tanto encontrarme con alguien más. Tal vez él tamién estuviese asustado, no lo niego, pero parecía todavía más tranquilo que yo en este momento. 

Mucho más tranquilo...

Eras Noah, ¿verdad? 

A-Ah, sí. Y ella es-

Nana Hideki si mal no recuerdo, ¿cierto?

Ella se limitó a asentir con la cabeza. 

Yuuta sonreía con alivio mientras continuábamos caminando. Tal vez a todos nos tranquilizó el encontrarnos con más personas que conociéramos al menos un poco. 

Es un lugar terrible, ¿no? Inmenso, todo a oscuras y apenas hay ventanas. Cada pasillo es igual. Pareciera una especie de laberinto, ¿no creen? 

Me gustaría hablar con la misma naturalidad para relajar las situaciones tanto como él. 

Un poco.- Nana se atrevió a hablar.

La afirmación de Yuuta no estaba demasiado lejos de ser real. ¿Cuántos pasillos habremos recorrido? Era difícil saber cuándo había terminado un pasillo y empezado otro, realmente era como estar en una especie de casa de espejos entre toda la oscuridad y el olor a un edificio envejecido por varios años transcurridos. Lo único que te indicaba que ya no podías continuar con tu camino era simplemente una pared. 

Mientras tanto, hice lo posible para desviar mi atención sobre los interrogantes que me surgían por el sueño que tuve en aquella habitación blanca con cristales por paredes, haciéndome entonces la pregunta de "¿dónde están los demás?" 

¿Dónde están los demás? ¿Estarían bien? ¿Qué sucedió exactamente? ¿Qué es este lugar? ¿Por qué estamos aquí? ¿Hicimos algo que no debíamoas?

Un escalofrío me recorría la espalda y me hacía tensar las extremidades cada que iluminaba hacia alguna de las puertas del sinfín de habitaciones dispuestas por el lugar, con un número en cada una que parecería seguir y seguir hasta no terminar nunca. Yo creía que esto era cualquier lugar menos un psiquiátrico, pero cada detalle que se iba captando tras iluminar los pasillos solo me hacía pensar en el hospital en el que habríamos estado antes. 

Yuuta y yo intentamos abrir unas cuantas en algún momento, pero las puertas no cedían. Estaban trabadas desde adentro. Recordaba que yo había necesitado una llave para salir de la habitación blanca. ¿Será que hay alguien adentro que no puede salir porque no ha encontrado la llave o...?

Escuchamos una puerta siendo golpeteada desde adentro. Los tres coincidimos en mantener la distancia y solo alumbramos hacia el lugar donde la perilla de la puerta empezaba a moverse de a poco hasta que la perilla giró por completo, cediendo por fin a la insistencia de la persona dentro de la habitación. 

La puerta se abrió entonces, dejando salir a aquella chica de cabellos color menta y el trenzado de corona perfecto adornado con su broche dorado de mariposa sobre el listón rojo.Ella estaba pálida. Sus ojos estaban poco más abiertos de lo normal y su expresión se notaba relativamente tensa, no miraba a ningún punto en especial, ni siquiera a nosotros. Sostenía una caja de madera adornada con un listón en sus manos rígidas. 

Ella tampoco llevaba el uniforme en blanco y negro del psiquiátrico, sino que una camiseta de manga larga blanca en cuyo cuello había amarrado un cintillo de color azul rey, una chaquetade tres botones de color rojo con dos bolsillos y un broche con el dibujo de una mariposa en color dorado, igual a la de su moño. Su falda corta era color rojo con líneas horizontales y verticales en azul rey, negroy blanco. Usa medias largas que le llegan por debajo de la rodilla de colornegro y zapatos escolares de cordón del mismo color que las medias. 

Sus manos se aferraban con fuerza en tirar de la puerta, como si no creyera que  estaba cerrada todavía.

¿Hessashimiza...?

Fue en instantes que ese brillo tembloroso en sus ojos se condensó por fin en el profundo color dorado sólido y firme que todos habíamos conocido en la sala del psiquiátrico. Nos observó uno a uno.

¿Y bien? ¿Hay una salida por aquí?

Me temo que todavía no hayamos nada. 

Está bien. Los acompañaré a buscar.

Nadie hizo más preguntas. 

Por más curiosidad que me generaba aquella caja que sostenía en sus manos y que aferraba con fuerza hacia sí, no quise preguntar. Tampoco esperaba una respuesta la verdad, no sé si Nana o Yuuta tampoco. Naruko tampoco dijo algo. 

Al menos una nueva duda distrajo mi mente de todo aquello: ¿Por qué ella tampoco tenía una lámpara de aceite?

Hessashimiza, ¿había alguna lámpara de aceite en donde tú estabas?

Ella nos miró y pareció analizar un momento la pregunta antes de asentir. 

Había una. Quería llevármela en caso de que todo estuviese tan oscuro como en la segunda habitación, pero estaba pegada a la mesa. Imposible desprenderla. Se cayó la mesa y tuve que abrir la puerta a prisas para no quemarme.

¿Y un incendio así no se extendería por el edificio?

Así lo pensé yo también, pero... Es como si esa habitación fuera completamente aparte del resto de este edificio. Quiero decir, ¿Acaso alguno percibió un aroma a quemado o algo así cuando estaban cerca de la habitación en la que estuve?

Estuvimos de acuerdo en regresar sobre nuestros pasos y buscar la habitación de la que Hessashimiza había salido, haciendo un esfuerzo por recordar los números en la parte superior de cada una de las puertas. Tras casi pensar que parecería imposible volver a aquel punto, al final estuvimos de nuevo frente a aquella puerta, según ella. La habitación número 75.

Ella acercó la llave a la perilla para retirar el seguro que al ceder, permitió abrir la puerta con su característico rechinido. Yuuta acercó su antorcha para iluminar la estancia. 

El terrible olor a quemado invadió nuestros sentidos apenas nos asomamos a aquella puerta. Toda la pintura de las paredes de adentro había sido consumida, se había rasgado entre cada ascua que se había encendido allí y las cenizas todavía se acumulaban en los rincones. Cualquiera podría pensar que la causa de que el incendio no se haya expandido por el resto del edificio podrían haber sido rociadores a prueba de incendios, pero no había por ningún lado, además de que el olor era todavía bastante reciente. 

Era como si, apenas consumió todo lo que se había quedado dentro de aquel pequeño cuarto, las llamas habían desaparecido en el aire, o se habían consumido a sí mismas. 

Entonces miré a mayor detalle aquel cuarto quemado. Si era ese el cuarto donde Hessashimiza había visto la lámpara de aceite, era muy diferente al cuarto en el que yo había encontrado la que yo llevaba ahora mismo: este era todavía más amplio, extendido, como si de una sola habitación se tratase, a diferencia del pequeño cuarto en el que yo había estado tras pasar de la habitación en la que estaba rodeado de cristales. Y esa habitación no tenía otra puerta. No daba indicios de que Hessashimiza estuvo en el cuarto de cristales como estuve yo, o algo similar. Pero los múltiples restos de muebles quemados también indicaban que aquella habitación había estado bastante llena en realidad. 

Esto se parecía un poco a mi habitación. Por un momento creí incluso que estaba en casa y todo fue un mal sueño.

Un mal sueño... A mí también me hubiese encantado que fuera así, pero no dejaba de pensar en la marca de los dedos esqueléticos que rodeaban mi muñeca. Quise aprovechar que la situación de las habitaciones y los sueños había salido a la luz para preguntar. 

¿A-Alguno de ustedes tuvo un sueño?

—¿Un sueño?

—Sí. E-Estaban inconscientes, ¿no? Cuando aparecieron en las habitaciones. 

Los tres me miraron. Hessashimiza fue la primera en responder. 

Estuve inconsciente, pero como ya dije, solo desperté y todo esto parecía mi habitación. No soñé nada más, solo desperté. 

Yo también. Aunque en la habitación en la que estaba había títeres por todas partes, máscaras y esas cosas. Creo que un sueño era lo que menos me preocupaba, literalmente estaba colgando sobre el suelo en unos hilos. 

E-Eso sí es extraño...

Yo... Ya te dije de las flores, ¿verdad?- Nana por fin pudo articular su voz en un tono más natural. 

Sí...

No solo eran flores. Había fotografías esparcidas por todas partes, por las paredes y el suelo. Fue... Inquietante. Demasiado. Mucho más porque esas fotografías parecían haber sido tomadas en días casuales, pero por alguien completamente ajeno a los que estábamos en esa foto. 

¿Eran fotos tuyas?

—Y de gente que conozco. En la escuela, en la calle, en alguna cafetería... I-Incluso en la puerta de mi casa. 

—Hideki, no es obligatorio que continues. 

Yuuta le dio la mano. Ella continuaba tensa y se le notaba. Era lo mejor para Nana, no continuar recobrando ese recuerdo. Realmente debió ser algo perturbador. Yo mismo estaba asustado tan solo de escuchar aquello. 

Deberíamos continuar. Tal vez alguien siga perdido por aquí, igual que nosotros al principio. 

Asentí a lo que Yuuta dijo y continuamos nuestro camino por aquellos pasillos. 

Hey, Noah, ¿cómo era tu habitación?

¿En la que aparecí? Bueno, desperté en lo que me pareció la habitación del psiquiátrico en el que normalmente estaba, pero en lugar de puerta, había un pasillo muy largo, cubierto de espejos en las paredes. Aunque al fondo había una ventana pequeña, muy por encima de mí. Aunque pude ver algo. 

¿Viste afuera?

Sí. Era una especie de pantano. Un pantano cubierto de maleza y neblina que no dejaba ver más allá de ahí. 

Entiendo. Qué raro. ¿Dijiste que tuviste sueños extraños?

Sí. Despertaba de uno a ot-

Nos interrumpió el ruido de unos pasos. Pero no unos pasos frente a nostortos, no. Eran pasos por encima de nosotros. Golpeteos en el techo. 

Arriba..

¿Hay escaleras aquí tan siguiera?

¡Cuidado!

La advertencia de Nana nos hizo movernos a tiempo, pues un pedazo del techo se había desprendido, exponiendo un hueco por encima de nuestras cabezas. Se escuchaban todavía algunos pasos, pero también voces y murmullos. 

¿Son ellos? 

—Son ellos. Creo. 

Reconocía vagamente alguna que otra voz. 

¿Alcanzan mi mano?

.          .          .

Apenas nos terminó de ayudar a subir, Hikaru nos ofreció una sonrisa tranquila, tan característica suya. 

Me alegra que estén bien. 

El lugar de aquí arriba era muy diferente a lo que habíamos visto abajo. Para empezar, el suelo cubierto por una extensa alfombra que había sido recorrida para abrir la trampilla que daba al piso de abajo, de done nosotros acabábamos de subir. De resto, habían muebles repartidos por el lugar, desde sillas hasta estanterías repletas de libros, aunque lo más destacable era ese largo comedor que abarcaba gran parte de la habitación, tenía sillas dispuestas alrededor y velas acomodas en hilera sobre él. Arreglos con flores marchitas adornaban los rincones, donde se había impregnado permanentemente el perfume de la muerte que la flor había dejado a su paso, aunque era todavía un olor agradable para mi sorpresa. Tal vez lo más maravilloso fue mirar hacia arriba. Por techo, había una enorme cúpula de cristales rojizos por los que se filtraba la luz blanquecina del exterior, fundiéndose en una capa de carmesís y escarlata que bañaba por completo el salón en el que estábamos. Las estructuras simulaban la figura de un ángel en aquellos cristales: el vitral de un ángel. 

No tardé en darme cuenta que todos los demás tampoco llevaban el uniforme del psiquiátrico, sino ropa más bien casual, mucho más a sus estilos si me lo preguntan a mí. Desde sus sudaderas y chaquetas con inscripciones en estas, personalizadas con pines o cadenas, hasta aquellos con ropas poco más extravagantes, pero que a ellos seguramente les gustarían. No me iba a molestar en hacer comparaciones entre aquellos que directamente se veían formales y los que iban más casuales. 

¿Qué pasa, Noah?

A-Ah... No, no es nada importante en realidad. Solo es una pregunta que tengo... 

Adelante entonces. 

Bueno... ¿Cómo se cambiaron todos de ropa?

Oh, pues había una caja para nosotros en la habitación donde despertamos. 

Qué raro... En mi habitación no había casi nada destacable. 

Descuida, tal vez encontremos una caja con ropa de regalo para ti más adelante. Aunque es curioso, porque algunos recibieron otra caja extra. 

—¿Caja extra?

Sí. Creo que... Savelieva, dijiste algo de una caja extra, ¿no?

La muchacha de cabello bicolor se acercó apenas escuchó su nombre. 

Ajá... Unas cuantas jeringuillas y eso. Parecía un kit de herramientas médicas que le darías a un niño en su cumpleaños, pero estas son reales, claro. 

¿Herramientas médicas? ¿Por qué?

M-Me parece que Hessashimiza también encontró otra caja. 

Las miradas entonces se dirigieron a la muchacha de cabellos mentas quien se limitó a retirar la tapa de su caja y mostrar el contenido a los presentes. 

Mis patines.

También tenían figuras de mariposas doradas y una bonita mezcla entre las tonalidades azules y verdes pastel que se tornaban en una capa de color menta sobre aquellas cuchillas tan plateadas que parecían blancas. Definitivamente unos patines hermosos. No me sorprendería que ella les tuviese tanto cariño, incluso si no nos lo decía directamente: era fácil de suponer por cómo la había visto abrazar la caja cuando nos topamos con ella allá abajo.

¿Nadie más obtuvo nada extra?

Nada interesante. Ropa bonita y muchas llaves. 

El muchacho de cabellos rubios desaliñados me sonreía desde el otro extremo de la mesa, donde jugaba.

¿Y de qué son las llaves, puede saberse?- preguntó Hessashimiza. 

Una abrió la puerta que daba con este lugar, la otra nos ayudó a sacarlos de allí abajo. 

Bueno, también nos parecieron curiosas las habitaciones. La mía era realmente extraña, aunque no puedo negar que me gustó un poco su temática de fiesta. Un verdadero salón de fiestas maravilloso.

Por el tono de voz de Luca en ese momento era difícil saber si de verdad no había tenido ningún peligro en la habitación en la que despertó, pero me pareció ver su expresión cambiar completamente por un momento antes de ese murmullo suyo a continuación. 

Pero los esqueletos...

¿Tu habitación tenía esqueletos? 

 No había escuchado mucho hablar a Seishin, si mal no recuerdo su nombre. Sus pulseras de colores seguían en sus manos, la verdad, hacían un bonito contraste con el resto de su ropa:  una blusa de tela oscura translúcida que le dejaba hombros y brazos descubiertos, sobre la que llevaba un suéter que también descubría los hombros el cual se dividía en tres colores: la mitad vertical lila, mientras en la mitad restante se dividía nuevamente a la mitad aunque de forma horizontal, la parte superior en verde pastel y la inferior azul pastel. Su falda azul marina de tablones tenía una linea gris oscuro en la parte inferior y sus botas grises con correas blancas le llegaban poco más por debajo de la rodilla. 

... ¿Qué había en la tuya?

Piel. Pieles remendadas... Era asqueroso.

Su rostro empalideció tan solo hablándonos de aquello mientras abrazaba sus propios hombros para reprimir escalofríos propios, murmurando algo.

Estaré bien, lo prometo. Gracias por preocuparte.

 Era difícil saber si realmente nos lo decía a los presentes, pues su mirada perdida parecía no dirigirse hacia nadie en específico, dando la impresión de que las correas de sus botas y sus pulseras eran más interesantes en ese momento.  

¿Tú no encontraste cajas extra?

Era un baúl en realidad. Tenía mucha tela y todo eso. También una máquina de costura. Tuve que arrastrarlo para salir porque pesaba demasiado. 

—Te queríamos ayudar.- dijo entonces Hikaru.

—Y lo agradezco. Pero no quería molestarles.

—No lo hacías, descuida.

Los demás parecían interesados en pláticas más bien con alguno otro de los que están allí. Entre ellos, Nana y su amiga.

Ella usaba un vestido azul marino precioso, con unos tirantes delgados y que le llegaría hasta poco más por debajo de las rodillas, terminando en holanes del propio vestido, donde también aparecían bordados de lirios blancos. Usaba medias oscuras y zapatillas negras de broche con un tacón ligero. Encima de su vestido, llevaba un ligero suéter rojo que permanecía abierto, dejando ver un collar dorado reposar sobre sus clavículas. Su cabello oscuro corto hasta casi la altura de la barbilla iba bien peinado, recogiendo una parte en un lazo rojo del mismo color que su abrigo.

Haruka Hayami.

Nana parecía todavía más calmada junto a ella. Bueno, eran amigas después de todo, claro que iba a estar más tranquila en compañía de alguien a quien conocía y a quien le tenía confianza. 

Nanahi, ¿es que no había una caja de ropa en donde tú estabas?

Bueno... Había muchas cosas muy extrañas y... Me asustó todo eso. Me fui de ahí apenas pude, Ruka-chan. 

Entiendo. No te preocupes. Es normal asustarte en un lugar así. 

Pero... Vi fotos nuestras. Tú aparecías en algunas por obvias razones, esas en las que salíamos con las demás en la secundaria. Y... luego... Esa foto de camino al huerto... Incluso una ahí.

Haruka mantuvo aquella inexpresividad en su rostro, pero se había tensado de una manera que casi alcanzabas a escuchar el último suspiro que dio para luego contener la respiración brevemente tras escuchar aquello que Nana le había dicho. 

¿Fotos como si estuvieran siguiéndote?

Rápidamente aquel comentario había enviado cada par de ojos en ese lugar hacia ellas. Los brazos de Haruka se aferraron más a Nana mientras posaba una de sus manos sobre su cabeza. 

Tranquila. 

¿Que esté tranquila? Bueno, al menos alguien nos dio por fin algo decente. 

El muchacho de cabellos rojos había hablado. Eydís si mal no recuerdo. 

Su camiseta sin hombros de tirantes delgados color negra era delgada y se ajustaba bien a su delgado cuerpo. Acompañado de unos jeans apretados de color azul marino y unos botines negros con tacón grueso. En sus manos habían brazaletes de oro y llevaba un sombrero negro plano bastante amplio en su cabeza. El aspecto vintage que ahora llegaba le había dado incluso una tonalidad diferente a su cabello rojo, o al menos esa fue mi impresión. Tal vez todavía tenía muy presentes esas cosas de la colorimetría en cuanto a tus accesorios.

Piénsenlo, al menos ahora sabemos que puede haber algo más detrás de todo esto. Algo realmente grande.- hablaba haciendo alguna que otra pausa, como si quisiera dejar un efecto que generase más inquietud por escucharlo hablar entre todos los presentes, quienes lo escuchábamos con la atención que él mismo seguramente habría previsto desde que comenzó con ese discurso suyo.  —De todas formas, nuestra aparición en este lugar-

—¿Aparición?

Ni siquiera reconocí la voz de esta persona porque, si era sincero, apenas y lo escuché hablar en el psiquiátrico. Fue de los que menos habló y apenas se presentó en el intento de terapia que tuvimos allí. 

Sigma ahora vestía una camisa de botones blanca, llevando por encima una chaqueta sin mangas que iba abotonada hasta la altura del pecho, aunque de resto era larga hasta sus pantorrillas. Su pantalón de vestir era de aspecto formal, al igual que los zapatos bien boleados que lleva y esos guantes que tan solo cubrían sus manos hasta la mitad, que eran una mezcla de una tonalidad malva oscuro al igual que la vista interior de la chaqueta que llevaba, la cual podía verse en la parte que se extendía hasta sus pantorrilas. También usaba una gargantilla negra. 

Nunca hubiera imaginado que unos ojos realmente podían verse amenazantes, pero en definitiva me sentiría más seguro si tuviera un cuchillo en la garganta que observando directamente esa mirada gris que, con todas las luces rojas en la oscuridad, se había tornado en tintes similares al óxido de una hoja plateada en una guillotina que recién terminaba de hacer su trabajo. Sigma mantenía esa expresión calma en su rostro, pero sus ojos no estaban expresando lo mismo. 

Llámalo secuestro. Es lo que es esto, ¿no? Dices de las fotos que Nana encontró en la habitación en la que despertó. Tomadas en momentos en los que ella solamente estaba haciendo su vida normal y cosas así. Si seguimos ese hilo, entonces esas fotos eran más bien una forma de vigilancia. Un monitoreo. En lo personal, eso es suficiente para pensar en que quien sea que nos haya secuestrado, directamente estuvo investigando desde hace tiempo nuestras actividades y todo eso, ¿no? Que no hayan aparecido en las habitaciones donde estuvimos no quiere decir que no existan fotos así de cada uno. Presiento que es algo que llevó demasiado tiempo planeándose, algo verdaderamente grande que va mucho más allá de un secuestro normal. Dudo que realmente podamos escapar.

¿Es un reto?

Knock había alzado la mano, dirigiéndose a Sigma con un tono infantil como si realmente no le hubiese importado nada más allá del "Dudo que realmente podamos escapar".

Solo expresé mi punto de vista.- Se encogió de hombros como si aquel gesto fuera capaz de reducir el peso de todo lo que ya había dicho antes. Su mirada se había suavizado conforme hablaba, pero el filo natural de sus ojos no se redujo en absoluto. 

Me tomaré eso como un desafío personal.- el muchacho rubio sonrió, guiñando ligeramente su ojo. 

Muy descarado de tu parte todo eso, sin pensar en cuántos pudieron alterarse. Decir "secuestro" tan a la ligera... Inesperado de ti, gerente.-  Eydís se dirigió entonces a Sigma casi de forma instantánea. —Eras gerente de un casino o algo así, ¿verdad? Bueno, al menos sabes comunicar tus ideas con tanta facilidad. Lástima que hayas sido descuidado ahora. 

En lo personal, si me hubieran hablado a mí con ese tono, y todavía más, con una sonrisa como la que Eydís tenía en ese momento, seguramente yo estaría tembando avergonzado. 

Pero Sigma apenas parpadeó. 

 —No me malentiendan, pero eso del secuestro era la opción más segura y siempre fue así, desde el principio. De otra forma, ¿por qué se esforzarían en hacer una habitación para cada uno de esa manera? Y en una instalación así. 

 —Y pensar que diste una primera buena impresión a todos cuando nos conocimos en la sala... Tal vez lo mejor sea que te ahorres tus comentarios si vas a continuar alarmando a los demás. 

No decir más verdades, entendido. 

La tensión era palpable y se había hecho un silencio terriblemente incómodo cuando ambos continuaron cada uno por su lado. Nadie más dijo nada en un buen rato hasta que por fin alguien pareció lo suficientemente incómodo por aquello. 

Oh, ¿debería investigar un poco más en lugar para hacerles un favor a todos?- Knock había hablado de nuevo. 

De hecho... Me gustaría saber si podemos remover poco más la alfombra o buscar huecos en las paredes.- Haruka habló entonces  —No sería tan descabellado pensar que hay otra puerta escondida por aquí, como vimos con la trampilla.

Estoy de acuerdo con eso.- Himari no tardó en levantarse de su asiento. 

Ahora que lo pienso, fue de las últimas personas con las que hablé antes de que todo esto pasara. Fue ella la que me envió al lugar donde estaban los expedientes de cada uno. No sé si es algo apresurado, pero decidí conservar para mí la teoría de que ella podía saber más de lo que en realidad decía y no pensaba contarlo hasta el momento. 

Tal vez es porque ella estuvo de acuerdo que no se me hizo ni extraño que, tras apenas unos pocos minutos que transcurrieron desde que iniciamos la búsqueda, encontramos aquella forma de remover parte de uno de los tablones de madera que adornaban la pared. Hizo falta empujar una repisa repleta de libros para despejar completamente la pared y remover más tapizado con textura de madera, revelando así una puerta frente a nosotros. 

¿Tendrás una llave para esta puerta, Knock?

Oh, no tengo idea. Sería un tormento tener que buscar una sola entre tantas llaves...

Entre el tono exagerado y teatral de su voz su sonrisa destacaba todavía más mientras se acercó a la puerta con una de las llaves destacando de aquel llavero en donde, a mi parecer, todas eran iguales y no había mucha diferencia a la vista. Pero el candado cedió al primer intento. 

El como tras cada puerta todo era un mundo completamente distinto se acentuó todavía más en cuanto pasamos por esta puerta. Las antorchas cuyas llamas tambaleantes se mecían débilmente apenas eran suficientes para darte cuenta que ahí se ergía una pared de piedra de un negro sólido, tan bien pulida que al pasar había un reflejo borroso tuyo con lo que la luz alcanzaba a permitir. La impresión de haber entrado a un templo antiguo se acentuaba conforme más avanzábamos por aquel pasillo de paredes frías hasta llegar a un lugar amplio que genuinamente tenía el aspecto de un templo: varias figuras talladas en pilares, por no mencionar aquella curiosa edificación en el centro... Era como una piedra de sacrificios. 

Conforme más personas llegaban a esta parte, más antorchas se encendían.

Las paredes a nuestro alrededor casi empezaban a tener un brillo propio, pero se trataba de un brillo oscuro, como si de ellas no emanaran más que energías que te hacían pensar inmediatamente en que algo iba mal. Un brillo que iba entre amarillo y naranja, idéntico al de las lámparas de aceite que alguno llevaba todavía en mano o que se habían quedado en la mesa de centro.

Pronto, empezaron a dibujarse líneas rojas. Rojas brillantes, rojas opacas, rojas carmín... De todos los tonos de rojo imaginables e incluso que yo desconocía por completo. Todas estas líneas cubrían las paredes, empezaban a subir por ellas hasta captar nuestra atención sobre nuestras cabezas, en el techo. Hacían dibujos por el techo... Dibujos horribles.

Sus dibujos mostraban lo que parecía ser un bebé arrancado de los brazos de su madre. No... No era eso... ¡Le estaban arrancado al bebé del útero! Espera, ni siquiera era un bebé como tal. Conforme más avanzaba el dibujo, más detallado se hacía y era casi de inmediato que te dabas cuenta de que ese "bebé" no era más que una sanguilonenta masa, diminuta en comparación a las manos de su madre, que apenas y tendría algo similar a brazos y piernas, pero que no estaban ni cerca de ser ello. Un feto. Y su madre, impotente e inmóvil por unas manos que la sostenían, ya no podía hacer más que extender los brazos entre esas dolorosas lágrimas rojas que bajaban por su rostro completamente desfigurado por el horror y la tristeza.

Un escalofrío recorrió mi espalda y casi de inmediato miré a los demás para tranquilizarme un momento, pero todos parecían estar casi en el mismo estado de shock o continuaban mirando como las líneas trazaban un nuevo dibujo.

Se trataba de un hombre sentado en una silla. Por unos segundos, nada impresionante o fuera de lo común, pero estaba seguro de que no era así y, efectivamente, tuve razón. El hombre también tenía esas lágrimas rojo brillante y una expresión un tanto extraña, casi indescriptible; era difícil saber si era esa una sonrisa o tan solo una mueca, pero en realidad poco me importaba decifrarla. Y me fue importando menos mientras se notaban tonos rojos más oscuros apareciendo a modo de manchas por todo su cuerpo. Quemaduras... Era una silla eléctrica en la que lo estaban friendo vivo. Realmente lo estaban friendo.

Ese espantoso y perturbador mural ahora formaba al centro una silueta en todos los tonos rojos que extendía sus manos como si realizase una plegaria. Pronto, en cada una de sus manos, aparecían letras. A la izquierda estaba la escena de la madre y su feto, a la derecha el hombre en la silla. En cada lado aparecían las oraciones correspondientes.

"ARRANCANDO EL PROBLEMA DE RAÍZ"  "NO MATARÁ MÁS"

Entonces las pinturas rojas crecían sobre nuestras cabezas, destilando como agua hasta llegar a lo que parecería una estatua de mármol detrás de nosotros en la que nadie había reparado hasta ese momento. 

Mármol blanco, un blanco perfecto y pulido hasta los más mínimos detalles: representaba a una mujer ataviada con una túnica blanca, el cabello recogido por encima de las orejas en un trenzado que adornaba con laureles... Y luego esa venda en los ojos. En su mano derecha, extendida detrás de su cuerpo, sostenía una espada desenvainada con su puño cerrado, como dispuesta a clavarla en tan solo un instante cuando fuera el momento; mientras que en su mano izquierda, la que estaba levantada sobre  su cabeza como si quisiera que todos observáramos, estaba esa balanza. 

Las gotas de la pintura fueron tiñiéndola de rojo. Entonces, leí la inscripción al pie de su base. 

"SI DE VERDAD QUIERES JUSTICIA: En el juicio, todo crimen debe salir a la luz para recibir el castigo más justo."

Sentí un nudo en mi garganta y casi un pinchazo en el estómago. Estaba temblando. Ya ni siquiera podía ver con claridad mientras caminaba tambaleándome intentado buscar una salida. Mis ojos no parecían encontrar nada por el momento. Presa del pánico, iba a correr, tan solo bastó darme la vuelta para acabar siendo detenido por una mano.

¿No crees que es temprano para irte, Noah? ¡Nuestra diversión apenas empieza!

▃▃▃▃▃▃▃▃▃▃▃▃▃▃▃▃▃▃▃▃














HOLA, ME EXTRAÑARON? 

Seguramente no. Seguramente ni se acordaban de mí a menos que estuviera yendo a joder a diario en sus tableros, por el buzón o por Discord. Me compadezco de quienes me soportan, que les prometí actualizar hace tres meses atrás-

Perdonen la tardanza ae

Pasaba que no tenía inspiración para escribir, luego tenía inspiración pero no tiempo, luego que había inspiración y tiempo pero no ganas de escribir o hasta había inspiración, tiempo y ganas de escribir, pero acababa avanzando un libro completamente diferente jajan't

O luego que me da el impulso de "Vamos a borrar, total, nadie lo lee, qué cringe me doy" y así borré como 5 libros que tenía, pero x, ahí los avanzo cuando tenga inspiración, tiempo y ganas de escribirlos a ellos. 

Perdonen haberme tardado casi nueve-diez meses, la verdad ni enterada que había pasado tanto tiempo desde la última vez que actaulicé, según yo íbamos apenas por el tercer mes o máximo el quinto--- En fin, trataré de ser poco más constante en esto. El reto es tardarme menos de seis meses antes del próximo capítulo que suba por aquí, sinceramente me motivaría mucho si vinieran al buzón de mensajes así un día random y me dijeran: "Oye Shadow, te puedo contar x cosita de mi personaje?" ¿Por qué? Porque a estas alturas seguramente le cambiaron hasta el alma a su OC o simplemente le añadieron un detalle que puede terminar siendo algo importante, de todos modos yo muy bien y edito lo que tenga que editar, no me molestan en absoluto con esas cosas... Además de que yo me siento más en confianza para deselvolverme con sus personajes jajan't

Eso sí, si ven a un personaje que les interese por aquí, pueden hablarme de qué opinión tendrían sus OCs en general con respecto a ese personaje, si no les molesta. Quiero desarrollar las relaciones lo mejor posible, así que...

Manden mensajes al priv o los mato en el siguiente capítulo 🤬

No, ni tanto, pero piénsenlo, menos tiempo de aparecer porque no se sabe un pepino de él y cómo convive con los demás. Y no creo salvarlos a todos con tremendo plot twist a todo asesino y víctima.

Bueno, eso es todo lo que tengo que decir hoy por hoy, creo. A la próxima pondré más inciensos a quemar para escribir más rápido. 

Se les ama, aunque tal vez no parezca ❤❤❤❤❤❤❤❤❤❤❤❤❤❤❤

Mentira, no es el final, todavía tengo un mensajito especial para alguien igual de especial que ese mensajito especial en forma especial de verso.

El mensajito especial  es para: _Utsukushi-uso

JA, CHÚPALA NIR

HE ACTUALIZADO YO

 TE TOCA A VOS

-Fin del mensajito especial 

Shadow se despide hasta el siguiente verano









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