03.

EXTRA TRES
TWITTER PUEDE ESPERAR

DEBIDO A QUE REBECCA PALACIOS, en las últimas semanas, pasaba más tiempo en sus entrenamientos de vóley que en casa, Aldo se sentía solo. Rebecca sale desde las 9 de la mañana y regresa hasta la 1 de la tarde, aunque los fines de semana solo entrena 2 horas, no es lo mismo.

Cuando la rubia sale a sus entrenamientos, Aldo se queda en casa. En realidad, casi no sale. Y cuando llegan los fines de semana y Rebecca por fin puede estar en casa, Aldo se vuelve cariñoso... muy cariñoso.

La menor de los Palacios lo quiere en serio, pero el chico es una maldita máquina de atención.

Por eso, cuando Rebecca regresó de su entrenamiento el sábado, se metió a bañar para quitarse el sudor de encima y se dirigió a su novio acostado en el sillón. Este la tomó por la cintura, haciendo que la rubia se sentara a horcajadas sobre él para que lo ayudara a tomarse una foto para Twitter.

—¿Se ve bien si los bajo así?—dijo Aldo mientras se ajusta por milésima vez sus lentes. Llevan una hora así.

—No, ¡como estaban, estaban bien!—El chico miró detenidamente a su novia, molesto.

—Ni siquiera sé por qué te pedí que me ayudes.—refunfuña, tapándose los ojos y la nariz con las manos.

—Bueno —le quitó las manos e intentó arreglarle su cabello desordenado—,tú tienes la culpa, tú me arrastraré contigo.

—Pero bien que te dejaste—contraatacó, frotando sus manos por los muslos de Rebecca.

La rubia no le daría la satisfacción de decirlo en voz alta, pero disfrutó de la tranquilidad del gesto y dejó el teléfono a un lado.

Aldo ladeó la cabeza, confundido, pero enseguida se relaja cuando le pasa los dedos por el cabello, masajeando su cabeza. Sus ojos se cierran de par en par ante la acción, y las manos del de lentes pasan de los muslos a las caderas de Rebecca, donde frota suavemente la piel expuesta con los pulgares.

Momentos como estos son los que más disfrutan en el mundo. Aldo tiene mucho sobre sus hombros: siempre asegurándose de publicar el mejor contenido que puede, lidiando con haters que no tienen nada mejor que hacer y las luchas diarias de una persona normal. Es agradable verlo relajado y despreocupado, aunque solo sea un rato.

—Me gusta cuando haces eso.—tararea, con los ojos cerrados.

—¿Cuando juego con tu pelo?

—Mmhm. Me tranquiliza.

—Me alegro.—la rubia le da un beso en la frente, en la nariz y, por último, en los labios dejando su labial por toda la cara de su novio.

Aldo tomó su teléfono, al sentir la sensación de pintura sobre su cara, abrió la cámara y soltó un quejido al ver que los besos de Rebecca se habían quedado marcados sobre su piel.

La rubia no pudo evitar reírse y limpiarse el exceso de labial que se había corrido por su mentón y la parte superior de su labio.

—Pues ya lléname toda la cara de besos.—dijo Aldo, mientras se sacaba una foto con los, por ahora, únicos tres besos que la menor de los Palacios había dejado.

—¿Seguro?—preguntó la rubia, con una ceja levantada.

—Ándale, antes de que me arrepienta.

Rebecca se paró del regazo de Aldo, y regresó corriendo a la habitación que compartían, para buscar en su cosmetiquera el labial que traía puesto.

Y antes de salir, tomó su desmaquillante y unos algodones para poder quitarle el labial a su novio de la cara. Regresó a la sala y se sentó de nuevo a horcajadas sobre él y comenzó a aplicarse el labial.

Cuando la rubia tomó a Aldo por la cara y comenzó a repartir besos por este, no pudo evitar sonreír, disfrutando de la presencia de Rebecca y apreciando el hecho de que ahora no tenía nada de qué preocuparse. Bueno, casi nada.

Cuando la rubia terminó de llenarle la cara de besos a su novio, Aldo llevó su dedo pulgar a los labios de esta para tratar de limpiar el exceso de labial que, por segunda vez, manchaba su piel blanca.

El gesto provocó que las mariposas en el estómago de Rebecca revolotearan, como siempre que el de lente hacía algún bonito por ella.

La rubia aún no sabía qué había hecho para que Aldo se quedara con ella después de tanto tiempo.

—Una foto te durará más.—dijo Aldo, mientras levantaba de nuevo el teléfono, y se lo extendía a la rubia.

—¿Tanta prisa tienes?—Rebecca tomó el teléfono y lo encendió mientras abría la aplicación de cámara.—¿Tienes algo más interesante que hacer, AldoGeo?

El de lente puso una cara pensativa antes de llevar sus manos a las caderas de rubia y mirarla finamente.

—Sí, contigo.

Los ojos de Rebecca se abren de par en par, mientras su cara se calienta.

¿Qué esperaba de él?

—La foto puede esperar un par de horas. ¿No crees? —Las manos de Aldo recorren la figura de la chica hasta llegar a la parte trasera de sus muslos, haciendo que la cara de la rubia se ponga aún más roja. Si es que eso es posible.

—Eres un provocador.—dijo intentando mirar a cualquier parte menos a él.

—Y te encanta que sea así.—dijo el lentes, mientras una sonrisa encantadora y egocéntrica se formaba en su cara.

—Claro que sí.—Rebecca terminó por sonreír, mientras ponía los ojos en blanco.

Esta tomó la iniciativa, y se inclinó hacia el de lentes, mientras botaba el teléfono de este por el sillón. Twitter puede esperar un par de horas... ¿o hasta mañana?





















@rebeccapal_1 via twitter














































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rebepal 10 m
Ningún Nahual fue amenazado en este video 💋

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