𝟬𝟯. 𝖳𝗁𝖾 𝖴𝗅𝗍𝗂𝗆𝖺𝗍𝖾 𝖫𝗂𝖿𝖾 𝖥𝗈𝗋𝗆
—C A P Í T U L O T R E S—
La Última Forma de Vida.
SE DICE QUE, EN EL CANSANCIO, LAS MÁSCARAS CAEN. Que la mente, desprovista de energía para elaborar mentiras, deja escapar verdades o reacciones que normalmente se mantendrían bajo llave. Quizás eso fue lo que ocurrió aquella noche en un modesto apartamento.
La sala estaba iluminada por la fría luz del techo, cada rincón del lugar expuesto en un tenso silencio. Shadow permanecía de espaldas a Willow, pero su atención estaba completamente fija en ella. Su cuerpo emanaba una energía contenida, como un resorte listo para soltarse.
Detrás de él, la castaña sostenía un bate de béisbol con ambas manos. No era una postura completamente profesional, pero tampoco parecía inexperta. Su agarre y la leve inclinación de sus hombros revelaban que estaba preparada para golpear si fuera necesario.
Ambos permanecieron en una especie de duelo visual, sus ojos conectados como si el primero en moverse fuera a perder algo. Willow analizaba cada detalle del extraño ser frente a ella, buscando debilidades o señales de agresión. Mientras tanto, Shadow, sin necesidad de mucho esfuerzo, esperaba cualquier indicio de ataque para reaccionar en un parpadeo.
La tensión era palpable, y cada segundo se sentía más denso que el anterior.
Finalmente, Shadow rompió el silencio, su tono seco y condescendiente:
—¿Sabes siquiera cómo usar eso?
La burla implícita en su pregunta fue suficiente para encender una chispa en Willow, quien ya estaba molesta por el insomnio forzado y la invasión de su hogar. Arrugó la nariz y, sin pensarlo demasiado, respondió con un toque de sarcasmo.
—Te sorprendería lo que una puede hacer cuando está molesta... zorrito.
Shadow giró sobre sus talones en un movimiento fluido, su mirada roja fija en ella con una mezcla de enojo y desdén. Sus manos se apretaron en puños mientras una leve mueca de frustración asomaba en sus labios.
—¿Zorro? —repitió, su tono grave y peligroso—. Soy la última forma de vida. No me compares con algo tan insignificante.
Willow arqueó una ceja, su instinto defensivo transformándose en un desafío implícito. Dio un paso adelante, levantando el bate un poco más, como si lo usara para enfatizar su punto.
—¿Última forma de vida, eh? —replicó con tono incrédulo—. Y sin embargo, aquí estás, metiéndote en casas ajenas como un ladrón cualquiera.
Shadow frunció el ceño, visiblemente irritado por sus palabras. Dio un paso hacia ella, su aura oscura pareciendo intensificarse—. No tienes idea de con quién estás hablando.
Willow no retrocedió. A pesar del temor que le causaba la presencia del erizo, su orgullo y terquedad la empujaron a enfrentarlo.
—No, no la tengo. Pero lo que sí sé es que si querías intimidarme, deberías haber pensado mejor tus métodos.
Un destello de algo —quizás respeto, quizás interés— cruzó fugazmente por los ojos de Shadow antes de que volviera a su semblante serio. La habitación parecía contener el aliento, y por un momento, ambos permanecieron inmóviles, midiendo las reacciones del otro.
Finalmente, Shadow relajó ligeramente su postura, aunque su mirada seguía siendo penetrante.
—No estoy aquí para pelear contigo, humana—dijo con un tono más controlado—. Tengo cosas más importantes que hacer.
Willow, aunque aliviada por el cambio en la tensión, no bajó el bate de inmediato.
—Pues más te vale —respondió con firmeza—. La próxima vez, usa la puerta como cualquier otra última forma de vida. Ahora largo, antes de que llame a la policía.
Shadow emitió un leve bufido, una risa amarga y corta.
—¿La policía?—repitió, como si la idea le resultara patética—. No entiendes con quién estás hablando. Ellos no pueden detenerme, y tú tampoco.
La respuesta la hizo apretar los dientes, pero antes de que pudiera responder, él continuó:
—Pero por alguna razón, me detuviste antes. No corriste, no gritaste, no intentaste atacarme como ahora. ¿Por qué?
Willow vaciló. No esperaba que el intruso hiciera una pregunta así, menos con un tono que, aunque firme, parecía genuinamente curioso.
—No lo sé—confesó, finalmente, bajando un poco el bate. Su voz se suavizó sin quererlo—. Supongo que... en ese momento no parecías alguien que necesitara tener más problemas encima.
La respuesta pareció desconcertarlo. Shadow la observó en silencio, sus ojos escarlata examinándola como si tratara de descifrar un enigma imposible. Finalmente, su postura se relajó, aunque su expresión seguía cargada de dureza.
—Estás equivocada—dijo, antes de dar media vuelta hacia la ventana—. No soy alguien a quien ayudar.
Willow lo miró, esta vez con más preguntas que enojo.
—Pues entonces aprende a entrar por la puerta la próxima vez—replicó, con un tono que intentaba sonar ligero, aunque la intrusión aún la inquietaba.
Shadow se detuvo a mitad de su paso hacia la ventana. Había algo en sus palabras que lo hizo girar lentamente para mirarla de nuevo.
—¿Por qué sigues hablándome como si no fuera una amenaza?—preguntó, cruzando los brazos. Su tono era más sereno, pero aún cargado de incredulidad.
Willow dejó escapar un suspiro pesado, dejando finalmente el bate sobre el suelo y apoyándolo contra el sofá.
—No sé... probablemente porque estoy demasiado cansada para pensar en lo que debería hacer—admitió, encogiéndose de hombros—. O porque, por raro que parezca, no creo que realmente quieras lastimarme.
Shadow frunció el ceño, como si esas palabras lo incomodaran.
La castaña arrugó la nariz, sus emociones comenzaban a mezclarse. Entre la irritación y la curiosidad, algo dentro de ella le decía que había más en este ser que arrogancia y amenazas.
—¿Qué demonios haces aquí?—preguntó finalmente.
Shadow guardó silencio. Giró levemente su rostro hacia la ventana abierta, como si estuviera debatiendo si responder o no.
—Busco respuestas, un lugar—admitió al fin, su voz cargada de algo que Willow no esperaba: cansancio.
Willow frunció el ceño, intrigada.
—¿Respuestas? ¿Qué clase de respuestas?
Shadow permaneció inmóvil por un instante, pero luego giró lentamente para encararla.
—No es algo que puedas entender—dijo con firmeza.
La castaña cruzó los brazos, la sospecha mezclada con un toque de empatía.
—Tal vez no, pero ¿por qué estás aquí entonces? ¿Qué tiene que ver todo esto conmigo?
—Tú no huiste cuando me viste por primera vez. No gritaste ni intentaste atacarme. Algo en ti decidió que yo no era un monstruo—dijo, con seriedad—. Y no puedo entender por qué.
Willow apretó los labios, buscando una respuesta que no llegaba. Antes de poder hablar, algo llamó su atención: un pequeño destello de luz que pasó junto a la ventana.
Ambos se giraron hacia el destello y ruido. Desde su posición, Willow pudo distinguir una figura oscura, junto con otras, moviéndose en la calle, algo que parecían buscar o vigilar. Shadow lo notó también, su postura se tensó de inmediato.
—¿Qué es eso?—preguntó Willow, alarmada.
Shadow no respondió. En lugar de eso, se movió hacia la ventana y observó con cuidado.
—Me están siguiendo—murmuró, más para sí mismo que para ella.
La castaña sintió un escalofrío recorrerle la espalda.
—¿Siguiéndote? ¿Quiénes?—preguntó, dando un paso hacia él.
—Las personas de antes, las que no saben cuándo dejar de molestar—respondió, su voz volviendo a ese tono frío y distante.
Willow lo miró, tratando de procesar lo que acababa de escuchar. Algo en su expresión cambió. De repente, el cansancio que sentía se mezcló con una chispa de empatía. Tal vez porque, por un breve momento, vio algo en él que reconoció en sí misma: esa sensación de no pertenecer, de no tener un lugar al cual llamar hogar. Tras la muerte de sus padres, su vida sólo era un constante cambio de vivienda tras vivienda, lo que la hacía sentirse como una persona a la deriva, alguien que no encajaba por más que intentara.
—¿Por qué no te defiendes?—preguntó de repente, cruzando los brazos.
Shadow la miró con una mezcla de sorpresa e irritación.
—Porque no necesito más problemas—respondió con sequedad.
—Eso no tiene sentido. Tú mismo dijiste que eres la última forma de vida, ¿no? ¿Qué te detiene?
El erizo permaneció en silencio, su mirada se endureció, pero no respondió de inmediato. Finalmente, murmuró:
—No todo se soluciona con fuerza.
Willow lo observó detenidamente, su postura se relajó. Bajó la guardia y dejó escapar un suspiro largo.
—Mira, no tengo idea de qué te persigue, pero si esos tipos vuelven y te encuentran aquí, también me meteré en problemas.
Shadow arqueó una ceja, claramente sorprendido por su razonamiento.
—¿Y qué sugieres?—preguntó, con un leve tono de burla.
—Que te largues—respondió a secas.
El tono en la oración generó un extraño sentimiento en Shadow. No dijo nada.
Willow se quedó pensativa por un momento. Miró a la ventana y luego al erizo. Suspiró.
—Te acompaño—dijo finalmente, aunque su tono era firme.
Shadow la miró, incrédulo.
—¿Acompañarme? No necesito compañía.
—No estoy diciendo que la necesites—coincidió rápidamente—. Estoy diciendo que no confío en que estés aquí o en que vuelvas a irrumpir en mi casa otra noche. Así que, si tienes que buscar "un lugar", vamos juntos.
El erizo permaneció en silencio, claramente debatiéndose entre aceptar o rechazar su oferta. Finalmente, dejó escapar un leve suspiro.
—Haces muchas suposiciones para alguien que no entiende nada.
—Y tú haces muchas visitas nocturnas para alguien que dice no necesitar a nadie—respondió ella, encogiéndose de hombros.
Shadow rodó los ojos, pero finalmente asintió.
—Muy bien. Pero no te metas en mi camino.
Willow esbozó una leve sonrisa, la primera de la noche.
—Lo intentaré, zorrito.
Shadow bufó, claramente irritado, pero sin decir nada más, ambos se dirigieron hacia la habitación de la chica cuando esta le hizo una señal para que la siguiera.
Cuando Willow se cambió y regresó del baño, encontró a Shadow junto al estante de libros, su figura recortada contra las primeras luces del amanecer que se filtraban entre las cortinas. La diferencia de altura entre el mueble y el erizo le arrancó una sonrisa involuntaria, como si aquel ser tan solemne y amenazante se viera fuera de lugar en su habitación.
Shadow, al percibirla, giró ligeramente su cabeza. La castaña carraspeó, incómoda, y desvió la mirada mientras buscaba algo en la habitación.
—¿Cuánto tiempo más me harás perder?—preguntó Shadow, con los brazos cruzados y su tono lleno de impaciencia.
Willow dejó escapar un suspiro, más cansada que molesta.
—Tranquilo, zorrito—respondió con desgano. Shadow gruñó por lo bajo al apodo, pero no replicó—. Solo necesito guardar unas cosas en esta mochila—Willow la levantó, mostrándola—, dejar una nota y nos marcharemos en búsqueda de tu "lugar".
—Pues más vale que te des prisa o te dejaré atrás—advirtió el erizo, con dureza.
La joven le dirigió una mirada entrecerrada, dejando clara su irritación. Sin duda, la paciencia iba a ser un recurso escaso en ese extraño viaje.
Entonces, una idea cruzó su mente, una chispa de curiosidad que no pudo ignorar.
—Oye, ya que estaremos juntos en esta aventura...
—No es una aventura—interrumpió Shadow, categórico.
Willow rodó los ojos, exasperada.
—Lo que digas. "Misión", "búsqueda del lugar y respuestas", como quieras llamarlo—dijo, imitando comillas con los dedos—. ¿Puedo saber tu nombre y cuál es tu especie?
—¿Para qué?—replicó Shadow, sin molestarse en ocultar su desconfianza.
—Porque necesito saber qué eres y cómo llamarte—respondió ella, encogiéndose de hombros—. No voy a ir por ahí diciéndote "última forma de vida".
El erizo guardó silencio unos segundos, evaluándola con una mezcla de recelo y desinterés.
—Shadow. Shadow el erizo.
Willow dejó lo que estaba haciendo y lo miró, parpadeando un par de veces como si procesara la información. "Entonces si era su nombre". Se dijo a sí misma recordando la conversación de aquel trío colorido y el comandante.
—¿De verdad? "Shadow el erizo, la última forma de vida"—repitió, imitando una voz exageradamente dramática.
Shadow entrecerró los ojos, claramente irritado.
—Cállate y apresúrate—espetó, aunque esta vez su tono carecía de la usual amenaza.
Willow sonrió para sí misma, satisfecha por haberlo molestado lo justo.
—Willow—dijo finalmente—. Willow Marlene Dragoste, para servirte—añadió con una reverencia teatral.
—Qué nombre más extraño—comentó Shadow con indiferencia.
—¡Mira quién lo dice!—replicó ella, ladeando la cadera y sacándole la lengua.
Shadow la miró con desdén.
—Infantil.
—Amargado.
El erizo suspiró, pasándose una mano por el rostro, claramente perdiendo la paciencia.
—¿Quieres darte prisa?—preguntó con irritación.
—Ya voy, ya voy—respondió Willow, levantando las manos en señal de rendición antes de sentarse frente a su tocador. Abrió un cajón y sacó un plumón, comenzando a escribir en una hoja de papel.
Los rayos del amanecer se colaban por la ventana, bañando la habitación con una calidez que contrastaba con la tensión en el aire. Shadow se acercó sin que Willow lo notara, y cuando habló, ella dio un pequeño salto en su asiento.
—¿Qué estás haciendo?
Willow lo miró mal, llevándose una mano al pecho.
—¡Por Dios! ¿Siempre tienes que moverte tan silenciosamente?
Shadow la ignoró, mirando de reojo el papel que ella escribía.
—¿Le estás dejando una nota a tu hermana?
Willow asintió, sin levantar la vista.
—Sí, algo para que no se preocupe.
—¿Y piensas mentirle?—preguntó, con un tono más acusador que curioso.
Willow soltó una risa sarcástica, dejando el plumón sobre la mesa.
—¿Y qué quieres que le diga? "Hermana, voy a acompañar a un erizo que casi me aplasta con un vehículo, que se coló en nuestra casa y que parece ser perseguido por tipos con armas". ¿Eso quieres que le diga?
Shadow frunció el ceño, su mirada desviándose hacia la ventana.
—Eres tú quien insiste en venir conmigo. Yo no te estoy obligando.
Willow lo miró de reojo, con una leve sonrisa burlona.
—Cierto. Y sin embargo, aquí sigues, esperándome—. Shadow rodó los ojos, pero no dijo nada—. Descuida—añadió ella—, mi hermana despertará en unas dos horas, se marchará al trabajo y jamás se despide. Para cuando note mi ausencia en la noche, Jimbo ya habrá cubierto mi coartada. Aunque yo esperaría que lleguemos a tu lugar antes de la noche—murmuró lo último.
Shadow levantó una ceja.
—¿Jimbo? ¿Quién o qué es?
—Un amigo. Me debe un par de favores—respondió Willow con indiferencia, retomando su nota.
—¿Qué? ¿No me digas que has ayudado a más seres?—preguntó Shadow, con una leve burla en su voz.
Willow negó con la cabeza, pero su tono se apagó al responder.
—No. A veces solo necesito investigar algo o escapar. Del ruido, de la gente... del mundo.
Shadow se quedó en silencio, observándola. Sus palabras resonaron en él de una forma que no esperaba. La soledad, el peso de las responsabilidades, el deseo de huir... Todo aquello le resultaba dolorosamente familiar.
Finalmente, Willow terminó de escribir, dobló la nota y la dejó sobre el tocador.
—Listo. Vamos a buscar tus respuestas, "última forma de vida".
Shadow asintió sin una palabra más, y juntos salieron por la ventana.
En la película Shadow nunca se presentó como "La Última Forma de Vida", pero a mí me vale máquina y si se lo agregué🥴😆
(Ojalá en la siguiente película no repercuta en algo, porque ahí me quiero ver buscando la forma de arreglarlo🫠😂)
Quien pudiera ser Willow para irse con Shadow 😔🥴
Este capítulo parece de relleno, pero en realidad es para ir entablando la conexión de estos dos 🥺
Todo se pondrá más risueño y tierno,
hasta que lleguemos a ese capítulo🫠
Por cierto, ya somos más de 1.5K de lecturas✨✨
Muchísimas gracias por la oportunidad que le están dando a esta historia, aunque no sea del todo buena <3💗💗
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©-MANDALORIANA76
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