𝐂𝐑𝐔𝐃𝐀 𝐑𝐄𝐀𝐋𝐈𝐃𝐀𝐃
Capítulo 5
El recorrido desesperado de Tanya hacia la sala privada de su padre culminó cuando al fin lo tuvo frente a él.
Desde lo acontecido en el banquete, la princesa no había podido comunicarse con su padre por seguridad, el rey debía resolver algunas cosas.
La princesa entró en la sala privada sorprendiendo su padre discutiendo con algunos miembros del consejo sobre lo que había sucedido, cuando Valko vio a su hija en la puerta de la sala guardó silencio y seguidamente pidió a los que lo acompañaban que lo dejaran solo con la princesa, una vez que estuvieron en privado padre e hija, Tanya corrió hacia su padre y lo abrazó.
—Padre, ¿se encuentra bien?
—Sí, hija, gracias a los dioses todos estamos bien.
—¿Ese hombre si era de la familia Loancastor?
—Sí.
—¿Cómo lo saben?
—Eso es algo que solo me compete dialogar con el consejo, no es asunto tuyo hija.
—¡Padre!, ese hombre intentó matarme, si no fuera por usted, mis hermanos y yo, no sé qué hubiera sucedido, yo merezco saber.
—Tú mereces todas las mejores cosas de este mundo, pero Tanya, tú eres una princesa, y el hecho de que llevaras una daga contigo, es algo de lo que tenemos que hablar después.
—¿Algo de lo que tenemos que hablar? —preguntó Tanya en desacuerdo—. Padre, sé que soy una princesa, sí, pero es necesario estar prevenidos.
—Hija, lamento decirte que tendré que suspender tus entrenamientos privados y no volverás a ir al campo de tiro con tu hermano Valerio.
—¡Pero padre! —se quejó ella molesta.
—¡Tanya! —se impuso Valko adoptando un fuerte tono de voz—. Soy tu padre y soy el rey, te he permitido muchas cosas porque eres mi hija y porque conozco la naturaleza de tu carácter y de tu espíritu, y reconozco que es igual al mío, pero a pesar de eso sigues siendo una princesa y deberás portarte como tal, sabes que siempre te he dado todo lo que me has pedido, pero llegó el momento de parar, los asuntos políticos, de guerras, batallas y enfrentamiento de los reinos es cuestión de hombres.
Tanya miró a su padre al borde del llanto, ella no entendía por qué su padre no la dejaba ser.
—Usted fuera preferido que yo hubiera sido como Veikan o Valerio, ¿no es así?
—¡No!, jamás dije eso, cuando naciste tu madre y yo te estrechamos con mucho amor en nuestros brazos, eres mi primera hija, y la hija de la mujer que más he amado, si estoy haciendo esto es porque te amo demasiado y no pienso arriesgarte de ninguna forma, por eso te ordenó que te alejes de aquellas actividades —habló Valko viendo a su hija llorar para finalmente respirar profundo y acercarse a ella adaptando un tono de voz más suave—. Hija, no sabes cuan asustado me sentí al verte con esa daga en tu garganta a manos de aquel hombre, si algo te llegará a pasar no podría soportarlo, el recuerdo de tu madre está vivo en tus ojos, y no quiero que ellos dejen de mirarme.
Tanya cedió ante su padre, dejándose caer en sus brazos, ella entendió que Valko tomaba aquella radical decisión no por castigo o por cuestión de géneros, Valko en el fondo temió, el hombre con "sentimientos de acero" temió por la vida de su hija y ella comprendió que él lo hacía para mantenerla protegida y a salvo de cualquier peligro y eso fue suficiente para abrazar y aferrarse aún más a su padre y obedecer su palabra sin entrometerse en aquello que él estaba intentando resolver.
La noche llegó sobre el castillo Worwick en Southlandy para dejarle en claro a algunos miembros de la familia que dentro de aquellas paredes de piedra fría se estaba liberando una guerra familiar igual de destructora que una guerra política, esta generación no sería la excepción.
Diana permanecía encerrada en su habitación con inquietud y miedo, pero no por la matanza que ocurrió en el salón del trono, su miedo en sí, era por su prometido, a ella no se le olvidaba que había aceptado bailar con su hermano y esto había enfurecido mucho a Aiseen, pero después de lo ocurrido ella y él no habían hablado en lo absoluto hasta que la puerta de la habitación de la princesa se abrió sin ser tocada.
—¡Aiseen! —exclamó la princesa al ver a su hermano frente a ella.
Aiseen la miró con detenimiento, ella conocía esa mirada, y le temía, pero aun así, Diana se atrevió a acercarse a él para intentar disiparla.
—¿Estás bien?
Las palabras fueron arrebatadas de la boca de Diana a manos de su hermano gracias a una bofetada que él le propinó a ella arrojándola al suelo. —¡Que sea la maldita última vez que me desafías de esa forma Diana! ¿Dime por qué siempre me haces ser tan malo contigo?
Diana intentaba respirar a causa del fuerte golpe y, sintiendo un sabor metálico en su paladar, llevó su mano a su boca y se dio cuenta de que estaba sangrando. El golpe le había reventado su labio y ella estaba temblando, aún tendida en el suelo, Diana no pronunciaba palabras, era como si aquel golpe la fuera privado de la razón por unos segundos hasta que un “Lo siento” salió de sus labios.
—¡Siempre lo sientes y siempre haces que me enoje!, de verdad quiero quererte, estoy intentando hacerlo por esta maldita farsa, pero siempre me pones las cosas difíciles, ¿por qué todo contigo tiene que ser tan difícil?
Los gritos de Aiseen llamaron la atención de Veikan, quien se acercaba a la habitación de su hermana para hablar con ella y pudo oír la gritería tras la puerta, él temió por Diana al oír el bullicio e irrumpió en la habitación sin dar aviso encontrándose con una escena que lo llenó de ira.
—¡Diana! —exclamó el príncipe al ver a su hermana tirada en el suelo.
Veikan clavó sus ojos en Aiseen y lo supo, él le había hecho daño y no pudo contenerse más. Valerio no lo golpeó, ni Carsten lo hizo, pero Veikan era distinto, y su agresividad se reveló ante el eventual maltrato al que su hermana estaba siendo sometida.
—¡¿Qué le hiciste, maldito, desgraciado?! —gritó Veikan yéndosele encima a Aiseen propinándole un fuerte golpe en su rostro, tumbándolo al suelo de inmediato.
Diana se levantó del suelo y corrió para detener a Veikan, una pelea ahora no sería agradable por la situación que ya se estaba viviendo en el castillo después de lo ocurrido.
—¡Veikan por favor ya, por favor!
—¡No, Diana no! No voy a permitir que te trate de esa forma —gritó Veikan para voltear a ver a Aiseen quien se estaba riendo de él entre una mezcla de enojo y burla a su persona.
—¿La deseas cierto?, no la quiero, pero tampoco te la voy a ceder.
Al instante Veikan y Aiseen comenzaron a pelear a golpes sin tener ningún tipo de piedad el uno contra el otro, pero Aiseen no pudo sostener la pelea por mucho tiempo. El príncipe no tenía la formación de su hermano, ignorando métodos fundamentales de defensa y ataque.
—¿Dónde queda tu letalidad maldita escoria? ¿Acaso no tienes mi casta? Eres una ofensa para los Worwick cabello blanco, el rey Aiseen estaría avergonzado de ver a semejante basura ostentando su nombre —gritó Veikan escupiendo a un lado de su hermano después de haberlo derribado, mientras que Diana le rogaba a gritos a Veikan que se detuviera porque lo iba a matar si lo seguía golpeando de esa forma, y entonces se escuchó el comentario más bajo y ruin que Aiseen pudo decir —¿La quieres?... Dame el trono y te la doy —dijo con burla mientras salía sangre de su boca.
La rabia más grande se vio reflejado en los ojos azules de Veikan al tratar a su hermana como un objeto, como si fuera necesario mantenerla al lado para convertirse en rey de Armes o como si necesitará despojarse de Diana para obtener lo que siempre ha querido, el poder.
La rabia de Veikan aumentó aún más y sin pensarlo dos veces él continuó golpeando a su hermano, el que era obvio que no lograba darle la talla a los rudos puños del heredero legítimo al trono hasta que en la habitación entró la reina Elizabeth al oír desde afuera los gritos.
La reina había ido a visitar a su hija como todas las noches antes de dormir, pero el bullicio la llevó a entrar a la habitación sin pedir pase, encontrándose con una pelea violenta de ambos hermanos y a su hija desesperada, llorando y con sangre corriendo por su boca.
—¡Ya basta deténganse! —gritó Elizabeth al ver a Veikan pateando a su hermano en el suelo —¡Veikan Worwick ya Basta! —ordenó Elizabeth tomando a Veikan por el brazo logrando detenerlo. Él estaba terriblemente exaltado por la ira, su respiración lo delataba.
—¡¿Qué es lo que está pasando aquí?! ¿Cómo es posible que ustedes dos siendo hermanos se traten de esta forma? ¡Su padre jamás les dio ese ejemplo! —gritó la reina indignada.
—Todo es culpa de él madre —señaló Veikan.
—¿Por qué? ¿Por qué Diana tiene sangre en la boca? ¡Y quiero la verdad! —exigió Elizabeth molesta.
—Es que Aiseen y Veikan estaban peleando y yo por quererlos separar me metí en medio y me golpearon sin querer —dijo Diana con afán y nerviosismo ante el miedo de que Veikan dijera la verdad.
Veikan miró a su hermana con el ceño fruncido y enojado, ¿cómo era posible que ella lo siguiera encubriendo?
—¿Verdad Veikan? —Diana miró fijamente a Veikan indicándole que no dijera nada—. Nuestro padre tiene muchos problemas, ahora mismo no puede ser molestado por un problema más —enfatizó la rubia mirando a Veikan con los ojos llenos de lágrimas.
La ira del príncipe se leía fácilmente en sus ojos, e impotente por lo mismo, desenfundó su daga y colocándosela a Aiseen en el cuello con agresividad, le dijo al oído: —Vuelves a golpear a Diana, y te juro que no te la dejaré ni a ella ni al trono.
Elizabeth apartó a Veikan de Aiseen mientras este le apuntaba a su hermano con la filosa daga, Diana se metió en el costado de Veikan sorprendiendo a Aiseen y al mismo Veikan quien se dio cuenta de que ella buscaba su protección a toda costa, Veikan bajó su daga y Aiseen salió de la habitación sin mirar a los presentes.
—Iré por un encargado para que atienda a Aiseen, ahora vuelvo —habló Elizabeth saliendo de la habitación.
Al fin Veikan y Diana quedaron solos, había llegado el momento de discutir el asunto.
—¿Dime por qué, Diana? ¿Por qué te aferras? ¿Por qué lo encubres? ¿Tanto lo quieres? —preguntó él en una mezcla de rabia e impotencia de pie, mirando a su hermana justo frente a él.
—Perdóname —habló Diana llorando.
—¡Deja de pedir perdón!, ¡deja de decir lo siento!, tú no mereces esto, aquí la única basura es él, y no tienes por qué pedirme perdón a mí, ¡ni a él ni a nadie!
Un silencio se hizo presente en aquella habitación, Diana se sentó en la cama llorando por todo lo ocurrido, en el fondo ella sabía que él tenía razón, que ella no debía cargar con ese peso tratando de enamorar o cambiar a un hombre que de primera estancia no la quería y que solo estaba con ella por un trono o una corona, Veikan la miró de pie frente a ella viendo como el silencio se hacía más fuerte entre ambos.
—¿Dime que hago para que seas mi esposa y no la de él? — preguntó Veikan en un tono suplicante. Aquella revelación dejó atónita a Diana, ella lo miró sorprendida, jamás pensó que él quisiera estar con ella o que pensara en ella de una forma romántica o al menos no se había querido dar cuenta.
—Veikan yo...
—Yo hago lo que sea, lo juro... Si tú me dices que aceptas ser mi esposa, yo hablaré con mi padre y renunciaré al trono, se lo daré.
Diana quedó aún más sorprendida ante sus palabras. —Veikan es tu derecho legítimo, no puedes renunciar así.
—Sí, puedo, si tengo que despojarme de una corona y de un trono por estar contigo, lo haré, tú vales toda la maldita pena del mundo y quiero que lo sepas —El príncipe se acercó al rostro de la rubia—. Déjame mostrarte cómo se siente el cariño verdadero. Nadie puede vivir sin amor, sin amar y ser amado. Dame una sola oportunidad.
Veikan tomó a Diana entre sus brazos y agarrando delicadamente el mentón de la rubia buscó sus labios, él buscó que ella se dejara llevar por él y al final el príncipe plantó un beso en los labios de Diana sin esperar que ella le correspondiera de la misma forma, pero para su sorpresa sí ocurrió, Diana le correspondió y se aferró a él tanto como pudo, Veikan era ese grito de auxilio silencioso que ella estaba rogando que fuera escuchado, pero el que a su vez, ella intentaba ignorar y dejar a un lado.
Valko no se equivocó, la historia sí se estaba repitiendo, quizás no de la misma forma, pero... ¿Qué tan devastador podría ser?
En los aposentos del príncipe Aiseen Elizabeth cerró la puerta después de haber logrado que alguien curará las heridas de Aiseen sin que Valko fuera avisado de lo sucedido, y la reina permaneció en la habitación del príncipe, ella necesitaba explicaciones y una vez solos ella procedió a sostener una conversación bastante mezquina con Aiseen.
—Hijo, ¿me vas a decir que fue lo que pasó en esa habitación?
—No me digas Hijo, yo no soy tu hijo y tú no eres mi madre —contestó Aiseen con desprecio mientras colocaba un pañuelo en su nariz ensangrentada.
Elizabeth suspiró con cansancio, cerró sus ojos por un momento y continuó diciendo: —Está bien, Aiseen. ¿Me vas a decir que fue lo que pasó en esa habitación?
—Veikan y yo no nos soportamos, es todo, lo encontré con Diana y no me gustó y tengo derecho.
—¿Por qué crees que tienes derecho?
—¿Por qué más Elizabeth? Soy el prometido de Diana y no me gustó que él estuviera en su habitación.
Elizabeth miraba detenidamente a Aiseen y por alguna razón no le calaban las explicaciones del príncipe. —¿Por qué será que siento que no me estás diciendo la verdad?
—Es tu maldito problema si me crees o no —respondió Aiseen con desinterés.
—Aiseen yo solo quiero ayudarte con toda esta cuestión de tu unión con Diana, sabes que puedes decirme cualquier cosa.
Aiseen miró a Elizabeth con frustración y molestia, a él no le gustaba que ella adoptara la posición de madre comprensiva con él.
—¿Por qué te empeñas en querer portarte como mi madre cuando tú no lo eres? Mi madre se llama Lana Dunnotor, parece que se te hace difícil entender tu lugar.
—¡Pero yo te crie! —exclamó la reina molesta—. ¡Desde que eras un niño, desde antes de que tuvieras uso de razón, te cuidé como si fueras mi propio hijo!
—Porque mi padre te solicitó para hacerlo, que después quisieras escalar en este lugar casándote con mi padre, el rey es otra cosa —aquellas palabras dejaron a Elizabeth dolida, ella realmente consideraba a Aiseen y sus insinuaciones llenas de malicia le dolían—. ¿No entiendo por qué Veikan se molesta cuando le digo que es un bastardo?
—¡Porque no lo es!
—¡Sí, lo es! —exclamó Aiseen con altanería—. Yo soy el único hijo legítimo de Valko Worwick, soy su hijo mayor y único de su primer matrimonio. Mi madre se casó con él y me tuvieron después, mientras que Veikan y Tanya nacieron porque la golfa de Anya se acostó con mi padre siendo esposa de mi tío, el rey Molko.
Elizabeth amagó a pegarle una bofetada a Aiseen, pero se contuvo, era inconcebible que él hablara así de la que fue la segunda esposa de Valko, y ella estaba más que segura que si Valko lo oyera hablar así algo terrible podría suceder.
—Pégame, anda, vamos, pégame, Elizabeth.
—Valerio nació cuando tu padre y la reina Anya ya estaban casados.
—Me importa un bledo ese imbécil, está más que claro que a él también le gustan las golfas bastardas —escupió Aiseen aquellas palabras con burla mientras la reina intentaba entender lo que había tras ellas—. Ahora, Elizabeth, ¿te vas de mi habitación o seguimos hablando de las golfas que se metieron en la cama de mi padre? —Aiseen miró con clara burla a Elizabeth y entendió que él se estaba refiriendo a ella.
La reina se giró para salir de la habitación, y antes de cerrar la puerta lo miró y dijo:
—Pobre niño ingenuo, espero que el día que veas todo como realmente es, tu mundo no se venga abajo.
Un par de horas más tarde, la señorita Asenya se alistaba para dormir en la privacidad de sus aposentos. Ella no había vuelto a ver a Valerio desde el enfrentamiento sucedido en el banquete y esperaba poder verlo esa noche, pero el príncipe no daba señales, hasta que la acción de apagar la última vela que le daba luz a la habitación fue interrumpida por unos golpes tras la pared que fueron audibles.
Ella se dirigió hacia esa pared y retiró una lona que cubría una pequeña puerta que estaba camuflada ahí.
Asenya abrió la puerta y de ella salió Valerio, el que llegaba a la habitación de la señorita gracias a un atajo las noches que él deseaba estar al lado de ella. Él entró a la habitación y con cuidado de no hacer gran ruido él cerró la puerta y preguntó en un susurro "¿Aún hay guardias en el pasillo?" A lo que Asenya respondió que sí.
—Valerio, debes irte, nos pueden descubrir.
—Quiero estar hoy aquí contigo Asenya, no puedes pedirme eso, dile a los guardias que se retiren, que ya no es necesario que estén frente a la puerta.
Asenya miró a Valerio y procedió a hacer lo que el príncipe le ordenó, una vez solos y con la puerta asegurada, el rubio procedió a retirar su cinturón donde reposaban sus dagas para estar más cómodo y así abrazar mejor a su Asenya.
—Siento que es una mala idea que estés esta noche aquí.
—¿Por qué? No te preocupes, no sucederá nada —El rubio abrazó a Asenya.
—Valerio, mi padre le pidió a tu padre que colocara guardias a hacer ronda en el pasillo, eso jamás había sucedido y justo cuando nos ve en juntos en el baile, hace esto, no sé por qué razón, me sentí vigilada —comentó ella algo angustiosa.
—Cálmate, no va a pasar nada. Ellos no están aquí para saber que estás haciendo, mi padre quiere la seguridad de todo las personas en el castillo después de lo que sucedió con ese hombre; además, esos guardias no pudieron ver nada —Valerio trató de tranquilizar a Asenya mientras le daba un beso en los labios a la joven.
—De verdad creo que deberías irte —insistió
—¡Asenya! —exclamó el príncipe mirándola con el ceño fruncido a causa de la insistencia de Asenya de que él se fuera.
—¡Valerio entiende por favor!
—¿Asenya que maldita sea quieres de mí? —preguntó molesto en un fuerte tono de voz—. ¿Por qué me pides que entienda? Esta relación se ha llevado siempre como tú has querido, jamás he hecho algo que a ti no te parezca y ahora lo único que deseo es estar a tu lado porque ya han sido muchas noches las que he estado lejos de ti, ¿por qué no puedes entender eso?
—Yo lo entiendo, y también quiero estar contigo, pero entiende que si nos descubren ...
—Me importa una mierda, lo sabes, si no le he dicho nada de esto a mi padre es por ti —recalcó el príncipe molesto.
—A ti no te importa, pero a mi sí, sabes que mi padre...
—Tu padre —interrumpió un Valerio muy molesto para este punto—. Siempre es tu padre, siempre está todo el mundo por encima de mí, por encima de nosotros. Si no eres tú, es tu padre; si no es tu padre, es Tanya, o mi padre; ¡si no es todo el mundo menos yo!
—Valerio sabes que te quiero y lo hago, pero tienes que ser realista, mi condición no nos permite que esto se sepa.
—¿Cuál condición? —preguntó él con visible rabia en su rostro, imaginándose a qué se estaba refiriendo ella.
—Lo que soy.
—No te atrevas a decirlo —advirtió Valerio mirándole.
—¡Soy una bastarda! Tu padre jamás permitirá que nos unamos en un matrimonio, y yo vivo atormentada pensando que en cualquier momento te vas a casar con alguna princesa o Lady de cualquier reino, ¿Acaso no ves como me siento?
Era más que obvio que Valerio no estaba dispuesto a aceptar que Asenya se menospreciara cuando él la quería por encima de todo y de todos, sin importarle si ella era digna o no. Para el príncipe, era él quien debía hacerse digno para ella, a los ojos de Valerio Asenya era maravillosa y perfecta a su manera.
—Te he dicho miles de veces que solo debo entregar mi capa, mi espada y mi título y todo está solucionado —recalcó el príncipe, dejándole en claro que tanto estaba dispuesto a hacer por ella.
—¡No, Valerio, no puedes renunciar a lo que tú eres por mí, no es justo!
—¿Crees que no es justo? —preguntó él decepcionado por la actitud de su amada.
—No lo es. —Ella lo miró con su vista empañada—. Y no tiene sentido que esto continúe si es así.
Las palabras de Asenya dejaron frío a Valerio, quien no evitó sentir un fuerte golpe en su corazón.
—¡¿Qué?!
—Así como lo oyes.
A Valerio le dolió en el alma la decisión de Asenya, pero él debía respetar que ella lo había echado de su lado por tantas reglas y tradiciones absurdas que le rodeaban, ya que no era un secreto para nadie que los Worwick repudiaban a los no legítimos, y Asenya aseguraba que ella no sería la excepción.
—El problema no son ellos, el problema aquí eres tú —respondió un Valerio decepcionado y con su voz quebrada al borde del llanto.
—¿Ya ves? Por fin lo reconoces.
Valerio se notó sumamente irritado al ver que Asenya había tergiversado el contexto de sus palabras, como siempre.
—Está bien, si quieres terminar con esto está bien. —El rubio agarró su cinturón y lo colocó en su lugar para volver a salir por donde entró, dejando a Asenya hecha un mar de lágrimas, mientras que el príncipe se alejaba de ella llevando consigo el dolor de aquella ruptura.
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