𝗼𝗰𝗵𝗼, 𝗍𝗋𝖾𝗌 𝗆𝖺𝗀𝗈𝗌

CAPITULO OCHO
TRES MAGOS





Había pasado una semana, y todos estaban en el Gran Comedor, listos para ver qué nombres salían del Cáliz de Fuego. Por decir algo, estaba aterrorizada.

Esa cosa era tan peligrosa, y sin embargo todos estaban tan emocionados y ansiosos por ella. ¿Por qué querrían ver sufrir a un par de adolescentes?

Me senté junto a Lily y Pansy mientras soltaba un resoplido.—Todo irá bien, Rory, deja de pensar demasiado—,dijo Lily mientras me rodeaba con sus brazos, envolviéndome en un fuerte abrazo.

Yo sonreí.—Sólo me preocupa que elijan a Cedric—.

Y Mattheo—,dijeron Pansy y Lily al unísono.

Me crucé de brazos.—No estoy preocupada por Riddle—.

Pansy se rió.—Claro, nena, dite eso a ti misma—.

Me burlé y permanecí en silencio. El resto de nuestro grupo de amigos llegó, y observé a Mattheo mientras se sentaba con Theodore y Draco detrás de nosotras.

Haciendo lo que le pedía, fingir que aún lo odio y que no somos amigos en absoluto. Lo cual agradecí. Todavía tenía que contárselo a Lily -le conté absolutamente todo. Pero no sabía cómo explicarle la situación.

Dumbledore entró en la sala y carraspeó, haciendo callar a todo el mundo.—Hoy... ¡veremos quién participará en el Torneo de los Tres Magos de este año!—.

Los alumnos silbaron, gritaron y aplaudieron. Suspiré y apoyé la barbilla en la palma de mi mano.—Está bien, Rory—,dijo Pansy.—Relájate—.

Asentí con la cabeza, aunque no creía que pudiera relajarme. Dumbledore empezó a anunciar a los primeros participantes. Habían estado Viktor Krum y Fleur Delacour, y ahora era el momento de anunciar Hogwarts.

El fuego azul sopló un pequeño trozo de pergamino y Dumbledore lo abrió lentamente; sonrió antes de gritar:—Cedric Diggory, del Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería—.

Sentí que el corazón se me caía al estómago cuando las palabras salieron de la boca de Dumbledore. Sentí que los brazos de Lily y Pansy me rodeaban, pero no reaccioné; estaba congelada. Miré y vi a Cedric riéndose con sus amigos antes de caminar orgulloso hacia Dumbledore. Esto no podía estar pasando.

El Cáliz de Fuego emitió un fuerte rugido y otro pequeño trozo de pergamino se abrió paso en el aire, cayendo lentamente.—Qué raro, se supone que sólo hay tres alumnos...—.Oí decir a Pansy.

Dumbledore atrapó el pergamino y lo abrió. Miró a su alrededor.—¡Mattheo Riddle!—,gritó.—¡Mattheo Riddle!—

Miré detrás de mí a Mattheo y sentí que se me partía el corazón, y no sabía por qué. No debería importarme.

Lily suspiró.—Dios mío... Rory...—

No dije una palabra. No podía decir una palabra. Tenía la boca seca y estaba helada.

Mattheo permaneció sentado, pero Dumbledore gritó más fuerte esta vez.—¡Mattheo Riddle!—

—¡Amigo! Ve—,dijo Theodore mientras Draco le daba un empujón.

Mattheo se levantó y empezó a caminar hacia Dumbledore. Todos se le quedaron mirando, pero él solo me devolvió la mirada. No sonreía, ni parpadeaba, ni fruncía el ceño; su expresión era inexpresiva. Lo que no entendía... ¿no había puesto su nombre en el cáliz?

¿Lo hizo, verdad?






☆彡





Habían pasado un par de horas, y nuestro grupo pasaba el rato estudiando en la sala común de Ravenclaw. No había hablado desde el sorteo, y no quería hacerlo. Tenía la cabeza en blanco y estaba enojada, muy enojada y triste. No quería decir algo equivocado.

—Alégrate Aurora... todo estará bien—dijo Ely mientras cerraba su libro de pociones.

La miré y le dediqué una suave sonrisa.—Lo sé, estoy bien—,logré decir finalmente.

Mattheo también se había quedado en silencio; deseé poder leer sus pensamientos porque su expresión estaba en blanco. Estaba vacío.

—Ustedes dos están haciendo que todo este día sea tan deprimente—,dijo Theodore mientras nos señalaba a Mattheo y a mí. Mattheo lo fulminó con la mirada antes de levantarse y salir de la sala común.

—¿Cuál es su problema? ¿No quería poner su nombre en el Cáliz de Fuego?—.preguntó Pansy.—Está siendo un imbécil—,añadió Ely.

—Ni siquiera ha dicho una palabra—,se defendió Draco.—¿Cómo puede ser un imbécil?—.

Theodore suspiró.—¿Podemos no discutir? Probablemente se acaba de dar cuenta de lo peligroso que es este juego—.

Me burlé.—No es un juego. Theodore, es más que eso. Es un deseo de muerte—.

Draco silbó.—Alguien esta enojada.—

Me levanté, caminando hacia Draco.—Sí, Malfoy, estoy enojada, estoy furiosa por el hecho de que mi hermano esté participando en este evento idiota que podría matarlo. Y..Ma...—me detuve y me aclaré la garganta.—Es peligroso.—

Draco se encogió de hombros.—Estás exagerando—.Theodore dio un codazo en el costado de Draco.

Pansy entrecerró los ojos hacia Draco.—Draco, ¿qué demonios? Deja de hablar.—

Lily se aclaró la garganta antes de hablar.—Será mejor que cierres la boca, hurón, antes de que te la cierre yo—.

—Hazlo, por favor—,dijo Ely antes de volver a abrir su libro.

Suspiré.—Mira, siento haberme enojado pero... es mi hermano... mi único hermano—.

—Pero no se trata sólo de Cedric, Aurora, todos lo sabemos—replicó Draco.

—¿De qué estás hablando?—

—De Mattheo. Tú también estás enojada porque Mattheo está participando. Te duele mucho que dos chicos que te importan tanto tengan un 2% de posibilidades de morir—.

Me burlé.—Mattheo puede hacer lo que le dé la gana, ¿por qué iba a importarme?—.

Todos mis amigos intercambiaron miradas. Me burlé y salí de la sala común. No podía lidiar con esto ahora. Sentía que iba a explotar.

Caminé por algunos pasillos durante unos minutos antes de decidirme a ir a la torre de astronomía. Me dirigí a la entrada de las escaleras y respiré hondo, preparándome para la larguísima escalera.

Tras un par de minutos, llegué arriba y sonreí al atravesarla, pero enarqué las cejas al ver una figura que miraba al cielo. Eran alrededor de las 10 de la noche, y las estrellas brillaban en el cielo: una luna llena iluminaba la noche.

—¿Hola? dije acercándome a la figura.

Se dio la vuelta y suspiré al ver a Mattheo.—No sabía que estabas aquí arriba—,informé.

Se encogió de hombros.—Me gusta estar aquí arriba, me sirve para despejarme—.

Incliné la cabeza.—¿Por qué estás tan deprimido? Quiero decir, ¿no querías esto?—.

Dio una calada al cigarrillo que sostenía, expulsando el humo.—Lo que pasa es que...—Se acercó más a mí.—Yo no puse mi *nombre* en el Cáliz—.

Sacudí la cabeza.—Eso es imposible. Te eligieron así que obviamente lo pusiste—.

Se rió.—Por supuesto.—Sacudió la cabeza.—Por supuesto que no me creerías—.

Me crucé de brazos.—Mattheo..—

Tiró el cigarrillo por encima de la barandilla y se acercó a mí. Apenas estaba a unos centímetros de mí mientras me levantaba la barbilla con los dedos.—Te lo juro, Ángel, yo no...—.

—¿No me dijiste que ibas a poner tu nombre?—.

—No lo hice porque no quería que te enojaras...—.Se me cortó la respiración al mirarlo a los ojos; parecía triste, sus ojos chocolate estaban llorosos y tristes, y eso me rompió el corazón.

—Si tú no lo pusiste, ¿entonces quién lo hizo?—.

—Eso es lo que estoy tratando de descubrir—.Susurró.

Las cosas se ponían mucho más interesantes.

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