𝐗𝐗. 𝐂𝐫𝐨𝐪𝐮𝐞𝐭𝐚𝐬

𝐒𝐚𝐯𝐚𝐧𝐧𝐚 𝐕𝐞𝐠𝐚

Yᴀ ʜᴀʙɪ́ᴀ ᴘᴀsᴀᴅᴏ ᴜɴ día desde el fallecimiento de mi madre. Lloré en el camino de vuelta a casa, pero desde entonces, no he soltado ni una lágrima más.

Perdoné a mi madre, pero no tuve tiempo de poder olvidar lo que pasó, de poder hacer un nuevo comienzo con ella. Probablemente si hubiera pasado eso habría llorado más. De todos modos, eso no quitaba que estuviera desanimada.

Le conté lo que pasó a Anna, ella insistió en quedarse unos días conmigo, pero le dije que quería estar sola. Bueno, en verdad no había cumplido mi palabra al cien por cien, ya que Pedri había estado todo el rato conmigo desde que salimos del psiquiátrico.

Ahora mismo nos encontrábamos viendo Vaiana, mi película favorita de Disney. Pedri durante este tiempo había estado haciendo cualquier cosa para darme distracción, y le funcionaba. En este instante me encontraba ensimismada en la película.

—¿Por qué le has dicho a Anna que quieres estar sola? —me preguntó Pedri a mi lado con uno de sus brazos sobre mis hombros, girando su cabeza para mirarme.

—Porque quiero estar sola. —hablé obvia antes de meterme en la boca una palomita pasotamente.

—Bueno, estás conmigo. —dijo confundido, sin apartar la mirada de mi perfil.

Me giré para mirarlo.

—Digamos que tú eres la excepción —me quedé durante unos segundos observando sus hermosos ojos —. Contigo me siento completa, Pedri.

Él sonrió con dulzura y agarró mi mejilla para plantarme un tierno beso en los labios.

—Savanna, quiero que sepas que estoy aquí para todo lo que te haga falta. Desde ahora en adelante no vas a tener por qué hacer todo sola. Yo voy a estar contigo —una de sus manos pasó un mechón de pelo tras mi oreja —. Sé que te atormentan muchas cosas de tu pasado, pero yo te voy a ayudar a superar todo lo malo que te sigue. Tienes un corazón fuerte y vas a poder con todo.

Mis ojos se llenaron de lágrimas y una sonrisa se me plasmó en la cara. Lo abracé con ganas. Nunca nadie me había dicho cosas tan bonitas como lo hacía él. Nunca nadie me hacía sentir tan bien como lo hacía él.

Después de estar toda la mañana haciendo las cosas de la casa, me senté en la cama decidida a descansar mi cuerpo un rato. Pedri se había ido a entrenar temprano, y en esos instantes, me encontraba sola porque la señora Sofía se encontraba comprando.

Decidí coger el móvil durante un rato, porque hacía bastante tiempo que no navegaba por él. Opté por meterme en tiktok. No soy mucho de meterme en redes sociales, pero como en esos momentos ya había acabado lo que tenía que hacer, no le vi problema.

Estuve durante un rato pasando vídeos, y sinceramente, tengo que admitir que TikTok llega a ser una App totalmente adictiva.

De un momento a otro, un vídeo que justamente se trataba de Pedri me apareció en mi para ti. Me congelé por completo cuando vi que eran fotos, y no solo eso, sino que en esas fotos salía yo también.

La verdad es que estuve mentalizada desde que empecé a trabajar aquí con que estas cosas podrían suceder, pero verlo con mis propios ojos era un gran impacto.

En las fotos salía yo saliendo de casa junto a Pedri, también había fotos de cuando aquella vez fuimos a los recreativos. Me metí a los comentarios por inercia, y al instante, me arrepentí de haberlo hecho.

"Quien es esa???"
>>"Si no me equivoco es su empleada, se le ha visto en más fotos tendiendo en el patio con uniforme de trabajo de ese tipo"

Mis ojos se abrieron como platos. ¿Había más fotos mías? ¿Tendiendo, encima?

"Pensaba que Pedri era más listo, pero viendo que se ha metido con la empleada xd"
>> "Literal. Por eso hay que ser del Madrid, pa no ser tonto"
>>"Hala Madrid"

"Literalmente Pedri puede tener a quien se le de la gana. Es un futbolista de élite, podría tener a su lado a una actriz, a una modelo... No, él elige a la empleada que le tiende JAJAJAJA"
>>"Pedri y su humildad"

"Yo ya sabía que Pedri era humilde, pero no sabía que tanto JAJAJAJ"
>>"A ver, la chavala es guapa"
>

>"Pero sigue siendo la empleada jajaja"

Apagué el móvil corriendo con los ojos llenos de lágrimas. Una culpabilidad enorme se me instaló en el pecho. Esos comentarios me habían dolido muchísimo, y lo peor, es que tenían razón. Por más que Pedri me dijera que no le importaba, a mí sí.

A mí sí me importaba lo que estaba diciendo la gente. Su reputación. Sabía perfectamente que a Pedri no le importaba lo que dijera la prensa o cualquier persona, aun así a mí me daba mucha culpabilidad esta situación. Parece como si no dejara que él tuviera lo que merece.

Está claro que yo no estoy a la altura de alguien como él, y es lo que he estado temiendo desde que empecé a sentir cosas por él.

Por otra parte, recuerdo la conversación que tuve con el canario sobre este mismo tema e intenté dejar de lado todo lo que la gente estaba diciendo.

Justo en ese instante, el timbre resonó por toda la casa. Me levanté rápidamente y me dirigí hacia la puerta. Al llegar la abrí, encontrándome con una mujer de alrededor de cuarenta o cincuenta años. Era bajita y tenía el pelo corto y pelinegro. Me sonrió con una dulzura familiar nada más abrir la puerta.

—Hola, soy la madre de Pedri. —saludó mientras entraba sin reparo al hogar con una maleta que le acompañaba.

Recordé en aquel instante que Pedri me había mencionado esta mañana, antes de irse, que su madre iba a venir, así que cerré la puerta sin más.

—Hola —le saludé de vuelta con una sonrisa, colocándome a su lado —. Déjeme ayudarle con la maleta. —dije extendiendo una de mis manos para coger el asa.

—Muchas gracias, hija. —agradeció sin quitar su sonrisa.

—No es nada. —respondí antes de empezar a caminar hacia la habitación, que un inicio, Pedri me había indicado que era exclusivamente de sus padres.

Dejé la maleta en la habitación indicada y volví hacia donde había dejado a la madre del canario, en el salón. Ella se encontraba sentada cuando llegue, analizando el lugar.

—Debo de decir que esta casa nunca estuvo tan limpia como ahora. —comentó mirando los muebles.

Esta mujer nunca deja de sonreír.

—Gracias. —balbuceé quieta en mi lugar, en la entrada del salón.

Ella dirigió su mirada hacia mí.

—Es obra tuya, por lo que veo. —deliberó.

Asentí con una sonrisa tímida.

—Entonces trabajas para mi hijo...

Volví a asentir.

—Fíjate por donde, me suenas de algo. —dijo levantándose y dirigiéndose a la cocina.

La seguí con una expresión de confusión.

—¿De qué?

—No lo sé —se encogió de hombros. Acto seguido, llenó un vaso de agua y bebió parte de él —. Estaba sedienta.

Sonreí mientras me sentaba en uno de los bancos de la Isla. Ella se quedó observándome, pensativa. Supuse que estaba intentando descifrar de dónde me conocía.

De repente, sus ojos brillaron.

—Ya sé —dijo señalándome con su dedo índice —. Yo te he visto en el móvil. Hay fotos de mi hijo contigo.

El alma se me cayó a los pies. Justo quería olvidar ese tema.

—Yo...

—¿Tienes algo con mi hijo? —preguntó dejando el vaso en el fregadero, adoptando una expresión pícara.

Abrí los ojos como platos, y al instante, sentí mis mejillas arder.

—Para nada. —negué rápidamente.

Savanna, eres una mentirosa.

—¿Segura? —insistió sin quitar su expresión.

—Sí.

Acto seguido, se sentó frente mía  y extendió su mano hacia mí.

—Me llamo Rosy, por cierto.

—Encantada, Rosy. Me llamo Savanna. —respondí intentando relajar mis colores.

La cara de Rosy cambió de expresión rápidamente al escuchar mi nombre. Soltó una leve risa y adoptó una sonrisa ladina en sus labios.

—Pues entonces no finjas más conmigo, Savanna. Mi hijo no para de hablar de ti —una vergüenza enorme se apoderó de mi cuerpo —. ¿Cómo no había caído que eras tú la chica de la que tanto habla?

Rasqué sutilmente mi nuca, un tanto nerviosa por la situación.

—¡Ya estoy aquí! —se escuchó gritar, de repente, a una voz conocida, seguido del ruido de la puerta cerrarse.

Poco después apareció Pedri por la puerta de la cocina con una sonrisa, que se agrandó mucho más al ver a su madre sentada frente a mí.

—Mamá. —mencionó cariñosamente mientras le daba un abrazo. Yo miré la escena con ternura.

—Aquí estoy hablando con Savanna. —comentó Rosy dirigiendo su mirada hacia mí cuando se separó del abrazo.

Pedri también dirigió su mirada hacia mí, haciendo que su sonrisa se daleara.

—Hola. —me saludó con un tuno juguetón.

—Hola. —logré decir tímidamente.

La mano de Rosy se dirigió al hombro de su hijo: —Es tan guapa como me dijiste.

Los ojos del canario se abrieron tanto como los míos. Parecía verdaderamente avergonzado. Su madre rió levemente al ver nuestras caras y se levantó de donde estaba sentada.

—Bueno, Savanna, te gustan las croquetas, ¿no? —preguntó ella mirándome.

—Sí, claro.

—Pues voy hacer unas cuentas. —informó mientras abría el almacén.

Me levanté rápidamente.

—Oh no, déjeme a mí, señora Rosy. Soy yo la que trabaja aquí. —dije acercándome a ella.

—No, hija, no. Si yo disfruto haciéndolo.

—Pero...

—Insisto —me interrumpió dirigiendo su mirada hacia mí —, las hago yo.

Sin nada más que decir, me senté de nuevo en el taburete de la Isla.

—A comer croquetas. —balbuceó Rosy mientras sacaba cosas del almacén.

Dirigí mi mirada hacia Pedri, que me miraba divertido mientras intentaba reprimir una sonrisa. No pude evitar contagiarme de su expresión.

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¡Hola! Perdón por tardar, como me suele pasar últimamente, es que como ha llegado el verano pues... estoy saliendo y haciendo otras cosas.

Os recuerdo, para la gente que no viene de tiktok, que tengo una cuenta allí (arithegloss). Allá podéis ver los edits que hago de mis historias, así que pasarse si quereis🥹🫶🏻
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ᵃᵗᵗᵉ 𝖠𝗋𝗂 𝗅𝖺 𝖺𝗇𝗈́𝗇𝗂𝗆𝖺ᕕ( ᐛ )ᕗ

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