❛ 𝘅𝗶𝗶. 𝗂 𝖼𝖺𝗇'𝗍 𝗋𝖾𝖺𝖽 𝗆𝗂𝗇𝖽𝗌 𝗎𝗇𝗅𝗂𝗄𝖾 𝗒𝗈𝗎.




❛ 𓄼 CAPÍTULO DOCE 𓄹 ៹




          EDWARD CONDUJO EL VEHÍCULO AL RESTAURANTE DONDE DEBERÍAN DE ESTAR CON JESSICA Y ÁNGELA, encontrando a las susodichas salir del establecimiento. Al cruzar miradas con ellas intercambiaron excusas sobre su tardanza y acuerdos para el resto de la noche.

Ángela y Jessica partirían a sus casas, dejando a Bella y Edward cenar en el restaurante. Mientras Elizabeth, Rosalie y Jasper se marchaban en ese mismo instante en el auto descapotable de la rubia.

—Elizabeth —Edward envolvió sus dedos en el brazo de la rizada, deteniéndola de seguir a sus hermanos—. Por si te interesa saber —se inclinó a ella como si fuese un secreto—, a Rosalie no le importa dónde decidas tomar asiento.

La morocha asintió, confundida, despidiéndose de ambos y retomando su camino. Al ver a Jasper con la puerta del conductor abierta y luego a Rosalie con la mano, indecisa, en la puerta del copiloto, los nervios se removieron en ella.

Maldito Edward . —en la lejanía pudo escuchar la risa del castaño cobrizo.

Bien, no estaba decidida aún a afrontarlos. Después de revelar sobre el resto de aspectos de sus respectivas especies, el hogar Cullen se había sumido en silencio, Rosalie y Jasper luciendo perturbados.

Estaba en sus manos la decisión de contar el motivo de su acercamiento a Elizabeth y la atracción de ella hacia ellos, porque desde el momento en que Alice había tenido aquella visión, y sus miradas cruzaron con la morocha, supieron que era su compañera. La que suponía debía de acompañarlos por el resto de sus existencias.

Al principio, los primeros días de haber conocido a Gilbert, estaban aterrados, creyendo que Elizabeth era una humana al escuchar su corazón bombear sangre; no se atreverían a quitarle un futuro donde pudiera tener hijos y la oportunidad de envejecer junto a su pareja, solo para ser egoístas y obtener finalmente su felicidad completa.

Pero descubrir que en realidad era uno igual a los suyos, los alivió en cierta parte. Aún así encontrando un pero a la situación. No estaban dispuestos a condenar a Elizabeth a una eternidad junto a ellos cuando podría seguir enamorándose debido al débil lazo alrededor de ella que la ataba a un compañero. En este caso dos.

Planeaban decir la verdad, tal vez, planeaban cerrar la boca, tal vez; todo fue un tal vez debido a la entrada inoportuna de Emmett, junto a Alice.

          —¿YA SE HABRÁ IDO? —escuchó al hermano de complexión parecida a la de un oso.

—No he visto nada —negó la voz cantarina de Alice.

—¿Quién no lo haría? —se respondió a sí mismo—. Cualquier humano corre en la otra dirección cuando une los puntos —se abrían paso entre los árboles, pisando hojas y rompiendo ramas. De ser Elizabeth una humana no podría escucharlos ni a los ruidos que provocaban debido a su agilidad—. ¿Crees que le hayan dicho que es su compañera?

—No, probablemente no. No serían capaces de arrebatar su futuro humano diciendo que ella está destinada a ellos por el resto de sus vidas —Elizabeth se levantó de un movimiento repentino, ocasionando que tanto Jasper y Rosalie copiaran su acción.

—Elizabeth... —Rosalie abrió la boca, pero Gilbert ya no estaba frente a ellos.

          FUE ASÍ QUE DURANTE UNA SEMANA, hasta su visita a Port Angeles, procuró evitar a cualquiera de los hermanos dispuestos a conseguir palabras de ella. Lo había conseguido exitosamente, hasta esa noche.

Un establecimiento de comida rápida se cruzó en su campo de visión, haciéndola desviar el camino.

—Uh, estoy muerta de hambre. Y no recuerdo la última vez que Bella me dejó comer una pizza sin respirar sobre mi nuca —la castaña se había dado cuenta que, desde su última visita hacia años a su padre, este no había hecho más que comer comida chatarra y preparada del supermercado obligándolo ahora a comer de alimentos hechos en casa, arrastrando a Elizabeth con ellos—. Sé que no pueden comer, ¿Pero les molestaría acompañarme? —los rubios negaron con sus sonrisas más sinceras, siguiendo a la morocha.

          ELIZABETH ERA UNA FANÁTICA DE COMER HASTA QUE SU ESTÓMAGO EXPLOTARA, y su condición como vampiro ayudó a multiplicar las porciones de comida que ingería preocupando a sus amistades humanas en un pasado, ahora a sus compañeros.

Con ojos preocupados preguntaron varias veces cómo se encontraba y si no le gustaría guardar un poco.

—¿Qué? —parpadeó confundida, raspando sus dientes contra la almohadilla de su dedo para recuperar el queso derretido—. Ah —se detuvo al darse cuenta de la atención recibida por el resto de clientes—. Bien, pero la caja viene conmigo —una de las razones por las que había ordenado la pizza grande fue con la intención de postergar el regreso al auto, y evitar sobrepensar las palabras de Edward.

Pero no lo logró, sumida en sus pensamientos mientras mordía cada una de las rebanadas. Y para cuando Rosalie abrió la puerta del copiloto, tomó una decisión. Recordaba los momentos en que sus amigos de Mystic Falls habían actuado bajo sus impulsos carnales y profundos, la emoción de la lujuria tomando el mando, a la mínima conexión con la persona contraria.

Vaya, no terminaba de comprender el asunto de compañeros —más que nada a causa de su súbita salida ante las palabras de Alice—, pero ella era una Petrova, y no se acobardaba al momento de conseguir un acercamiento con la persona deseada. Tal vez en su sangre estaba el huir de su cazador, pero también lo estaba el de perseguir sus ambiciones y deseos egoístas.

Inhaló una profunda bocanada de aire, antes de usar fuerza y velocidad para empujar a Rosalie contra el asiento de copiloto, tomando asiento en su regazo y cerrando la puerta al final.

—Ustedes me deben un explicación de compañeros —se inclinó a la rubia jugando con uno de sus mechones claros, sonriendo. Rosalie y Jasper se miraron, sorprendidos del actuar impulsivo de Elizabeth—. Jazz, entra —sus labios canturrearon la oración hacia el rubio, girando el rostro sugestiva.

Sentía orgullo por sus emociones siendo controladas bajo la necesidad de no ser percibidas para Jasper, quien la haría dudar de su comportamiento. Los nervios y la timidez quedaron fuera, en la calle, dando paso al coqueteo natural de una Petrova.

—Entonces, ¿Empezamos? —intercalando sus ojos entre Rosalie y Jasper, los de piel pálida asintieron con lentitud—. ¿Qué es un compañero para los vampiros?

—Los humanos lo describirían como a un alma gemela —decidió responder Jasper, su mirada se encontraba puesta más tiempo sobre el rostro de Elizabeth que sobre el camino. El miedo no estaba presente, una corazonada haciéndola confiar en Jasper y su velocidad sobrehumana que implementaba en el acelerador—. Está en la naturaleza de los de nuestra clase formar parejas de por vida.

—Cuando nos enamoramos —Rosalie tomó la palabra, volviendo a dudar de acariciar los mechones de la rizada; Gilbert, notando aquello, suavizó su expresión a Rosalie permitiéndole tocar—, el sentimiento nunca se desvanece, porque al ser vampiros nuestras emociones y sentimientos se intensifican, como nunca lo harían siendo humanos.

—Oh sí, recuerdo mandar a la mierda mi habitación por un no —una risa se escabulló de ella. Elizabeth, cuando se ensañaba, solía ser caprichosa y temperamental, un ❛ no ❜ no era respuesta para ella—. Y entonces, ¿Qué tal el amor? ¿Puro y eterno?

Su voz flaqueó, teñida con un deje de esperanza e inocencia. Si el tener compañeros significaba no volver a ser traicionada por quienes amaba, estaba dentro.

          ¿DE VERDAD CREEN QUE ASESINÉ A ESAS PERSONAS? —frunció el ceño cruzándose de brazos como método de protección, apartando la mirada del patriarca Cullen.

—Elizabeth, no te estamos acusando de ningún crimen —aseguró Carlisle Cullen, regalando una sonrisa dulce y brindando su confianza—. Solo hemos preguntado por tu dieta.

El rumbo de el trío de compañeros cambió de curso cuando Jasper recibió una llamada de Alice, pidiendo la presencia de las tres personas en el hogar Cullen. Por un extraño motivo la incluyeron en la petición. Elizabeth a eso se encogió cohibida, esa no era la forma de conocer formalmente a los padres de sus compañeros. Y a sus hermanos. Ni siquiera deseaba estar bajo el mismo techo que una familia numerosa.

Al instante de cruzar la sala, quedó sorprendida de la personalidad de Esme Cullen. La madre adoptiva la recibió con un enorme abrazo y una sonrisa de oreja a oreja, adulando su voluminoso y rizado cabello. Anonada, Elizabeth respondió insegura; las madres no eran su especialidad.

—Déjala respirar —Emmett bajó las escaleras con una consola portátil en sus manos, ni siquiera veía las escaleras—, no necesitamos que se vaya antes de presentarla con Carlisle.

Gilbert no dice nada, mientras más familiares llegaban a su alrededor más se sentía como si estuviera caminando en la cuerda floja.

Aún así, la cabecilla Cullen fue igual de amable y bondadosa, estrechando la mano seguido de un abrazo corto.

—No tuvimos una presentación correcta en el hospital, Elizabeth. Quiero que sepas que esta es tanto tu casa como tu familia.

Después, de la llegada de Alice y la entrada imprudente de Edward, el ambiente se convirtió en uno hostil.

—¿Tú lo hiciste? —se alzó el castaño cobrizo contra ella, usando un tono mordaz.

—No lo sé, tal vez. No puedo leer mentes a diferencia de ti —Elizabeth trastabilló cayendo, sin embargo, con gracia sobre el sofá, adoptando una postura rígida.

—Cuidado, Edward —advierte Rosalie—. No tienes por qué atacarla.

—El guardia de seguridad y Waylon Forge, ¿Los asesinaste? —él pasó de ella, a lo que Rosalie se sentó al lado derecho de la morocha, fulminando a su hermano con la mirada y manteniendo una mano apoyada sobre el muslo de Elizabeth, inconscientemente.

—Edward, tranquilo, hijo —el doctor posó su mano en el hombro de un agitado Edward—. Elizabeth, ¿Te molestaría decirnos cuál es tu fuente de alimento?

Y volvíamos a la defensiva de Elizabeth, Jasper apareciendo detrás de ella. Su mano se plantó en su hombro izquierdo, ella por inercia entrelazando sus dedos con los fríos de él. La familia Cullen mantenía sus ojos sobre ella, rodeándola, lo que la ponía más nerviosa.

—Sangre humana —confesó—. Tomo y borro, ellos no recuerdan nada y al terminar curo sus heridas con mi sangre. No pretendo cargar con cadáveres.

Carlisle asintió. —¿Lo ves, Edward? No creo sea necesario leer sus pensamientos —negó con disimulada advertencia por si lo hacía y como una orden.

—Bien —despegándose del tacto de sus compañeros, se levantó encaminándose a la entrada apremiante, pasando múltiples veces las manos por el pantalón—, yo... Debería volver a casa —dando la espalda a los mayores, se giró recordando sus modales—. Fue un gusto conocerlos, señor y señora Cullen.

—Llámanos por nuestros nombres, cariño, por favor —la madre cogió sus manos—, ellos ya lo hacen.

Gilbert asintió, desapareciendo en un borrón.

—Elizabeth necesita su espacio durante el resto de la noche —habla la de corte pixie—. No debimos abordarla de esta manera.

Jasper accedió al instante, agradecido con su hermana por la sugerencia. Por otro lado, Rosalie no tuvo mas que aceptar a regañadientes, dedicando una de sus especiales miradas de cólera a Edward.

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