❛ 𝘃. 𝗌𝗍𝖾𝖺𝗄 𝗐𝗂𝗍𝗁 𝗉𝗈𝗍𝖺𝗍𝗈𝖾𝗌.
❛ 𓄼 CAPÍTULO CINCO 𓄹 ៹
EL NOMBRE DE ELIZABETH ERA EN HONOR A SU MADRINA, Elizabeth Forbes, una mujer jefa del departamento de policías de su antiguo pueblo. La oficial era fuerte, noble, valiente e intimidante, estaba dispuesta a proteger a su familia sobre cualquier costo. Y con esas mismas características en mente, los padres de Gilbert le otorgaron el nombre con la esperanza de causar un impacto en ella.
Elizabeth era la mayor de tres hermanos. Primero había nacido ella, unos dolorosos minutos después había nacido su gemela Elena, y algunos cuantos años después su hermano Jeremy.
Elizabeth a lo largo de sus años de vida fue presionada para ser una modelo; la chica perfecta. Perfectas calificaciones, perfecto comportamiento, perfectas habilidades artísticas y deportivas, pero sobre todo, una perfecta hermana.
¿Su deber? Proteger a Elena y Jeremy sobre cualquier costo.
Tal vez la mentalidad de sus padres les había convencido que por ser la mayor tendría que asumir responsabilidad y peso, pero Elizabeth no permitió ser encadenada a la tarea. Como cualquier adolescente que no seguía los mismos pensamientos que su familia, se rebeló.
Mantuvo un promedio de ocho, obteniendo visitas a detención por conflictos menores. No se inscribió a ninguna actividad extracurricular; le encantaba el arte, pero apestaba al intentar recrearlo y en el deporte pretendía que le causaba aburrimiento practicarlo, pese a ser una deportista innata. ¿Fue la hermana perfecta? Sí, tuvo que serlo. Sus hermanos no debían de pagar con malos tratos e insultos por algo que ellos no habían decidido.
Además de los menores, las únicas mayores que se encargaban de hacerle saber de su valor habían sido su madrina y su tía Jenna, la hermana menor de su madre. Gracias a ellas tuvo una figura materna en la cual sostenerse, pero sabía que no era del todo real. Nunca pudo gozar las comidas caseras verdaderamente, porque siempre terminaban en una discusión con alguno de sus padres, si no es que ambos.
Por eso, cuando Charlie tocó el timbre de su casa y amablemente la saludó, preguntó por su estado de ánimo y su día, su corazón se ablandó por el hombre. A quien nunca tuvo, una figura paterna, se alzaba frente a ella.
Quería hacer sentir a Charlie orgulloso, ocasionando que después de recibir una invitación a cenar —comida hecha por Bella porque él no sabía preparar nada más que huevos con tocino, quiso aclarar— Elizabeth aceptó múltiples veces ofreciéndose en llevar la ensalada.
Se colocó un vestido rojo con flores blancas, unas medias negras junto a unos botines del mismo color y una chaqueta de mezclilla; tocó el timbre ansiosamente al pararse frente a la puerta, retocando su cabello cuando Charlie la recibió con una sonrisa amistosa.
—¿Qué tal, Liz? —el adulto sonrió con sinceridad—. Adelante, pasa. ¿Todo bien?
—Nos acabamos de ver hace un par de horas —respondió aturdida por el interés, tanteando el marco de la puerta para asegurarse de poder ingresar al hogar, porque los de su clase de vampiros necesitaban el permiso de alguno de los propietarios —siempre y cuando estos fueran humanos—.
—Un par de horas son suficientes para que cualquier cosa pase —tomó el recipiente de sus manos y la encaminó a la cocina—. Llegas justo a tiempo, Bella acaba de terminar.
—¿Están seguros de que está bien que los acompañe a cenar? De verdad, puedo retirarme —¿Ya se había mencionado la inseguridad de Elizabeth por la familia? Charlie y Bella parecían coexistir con armonía, sus personalidades siendo compatibles.
—Tonterías, Liz —la castaña empujó sus hombros hacia abajo, haciéndola tomar asiento en la tercera silla—. Mi padre no mentía cuando dijo que puedes venir cuando lo necesites.
Una expresión agradecida se plasmó en su rostro. —Gracias.
Comieron en silencio los primeros minutos, lo cual no resultaba nada incómodo. Tanto Charlie como Elizabeth no dudaron en elogiar el sabor de la comida.
—Dios, a partir de ahora el filete con patatas es una comida a la que le tengo que rezar —soltó un suspiro de placer.
Los Swan rieron.
—¿Qué tal el instituto, Elizabeth? No tuve la oportunidad de preguntar correctamente —preguntó Charlie mientras se echaba más comida—. ¿Has hecho alguna amiga?
—No quiero crear expectativas, pero conocí a una chica que se llama Jessica, y otra llamada Ángela. Dos chicos también, Eric y Mike.
—Vaya, los mismos que Bella —ambas afirmaron con asentimientos—. Mike, debe de ser Mike Newton. Un buen chico y una buena familia. Su padre es el dueño de una tienda de artículos deportivos a las afueras del pueblo.
—¿Conoces a la familia Cullen? —preguntó Bella vacilante. La espalda de Elizabeth se colocó recta; chicos, un tema en el cual estaba especializada lo suficiente como para entrar en una zona de confort.
—¿La familia del doctor Cullen? Claro. El doctor Cullen es un gran hombre.
—Apuesto a que sí —agregó Elizabeth—. Fue muy noble de su parte adoptar a tantos adolescentes.
—No parece que en el instituto caigan demasiado bien —comentó Isabella.
El aspecto enojado de Charlie las sorprendió.
—¡Cómo es la gente de este pueblo! —murmuró—. El doctor Cullen es un inminente cirujano que podría trabajar en cualquier hospital del mundo y ganaría diez veces más que aquí —continuó en voz más alta—. Tenemos suerte de que vivan acá, de que su mujer quiera quedarse en un pueblecito. Es muy valioso para la comunidad, y esos chicos se comportan bien y son muy educados. Albergué ciertas dudas cuando llegaron con tantos hijos adoptivos. Pensé que habría problemas, pero son muy maduros y no me han dado el más mínimo problema. Y no puedo decir lo mismo de los hijos de algunas familias que han vivido en este pueblo desde hace generaciones. Se mantienen unidos, como debe de hacer una familia, se van de camping cada tres fines de semana. La gente tiene que hablar solo porque son recién llegados.
La morocha a lo largo del discurso se congeló en su asiento, como si ella fuera a quien estuvieran gritando y también su culpa. Como si fuese a ser el siguiente tema de gritos.
—A Elizabeth y a mí nos parecen bastante agradables —Bella dio marcha atrás—, aunque he notado que son muy reservados. Y todos son muy guapos —añadió para hacerles un cumplido.
—Tendrían que ver al doctor —dijo Charlie, y se rio—. Por fortuna, está felizmente casado. A muchas de las enfermeras del hospital les cuesta concentrarse en su tarea cuando él anda cerca.
El padre Swan se giró en dirección a Elizabeth, encontrándola en el mismo estado de hace unos segundos.
—Elizabeth, ¿Estás bien? —intentó colocar una mano en su hombro, pero ella dio un pequeño sobresalto como reacción, preocupándolo—. Oye, oye, está bien, no te haré daño.
—Liz, ¿Necesitas espacio? —inquiere Bella, preocupada.
—Yo, eh, necesito agua —se inclinó, agarrando su vaso de cristal y bebiendo todo el contenido restante en él.
Esperó tres segundos antes de pronunciar palabra alguna, pidiendo disculpas a ambos.
—No tienes qué disculparte, Liz —Charlie se acercó a ella cauteloso, esperando no desencadenar una mala reacción—. Perdón por gritar, no es común en mí.
—Está bien, lamento el extraño momento —se removió en su asiento, incómoda por la atención.
—Elizabeth, ¿Segura no quieres hablar de esto?
—Son problemas familiares, Bells —restó importancia, acostumbrada—. He lidiado con ellos toda mi vida.
—No deberías —saltó a decir Charlie, frunciendo el ceño—. ¿Y tu padre? Yo podría...
—Oh, no te molestes, de verdad. Ya he dejado todo lo que tenga que ver con mi familia atrás —regresó a su postura relajada como si no hubiese pasado absolutamente nada—. No hace falta que sean blandos conmigo.
—¿Segura estás bien?
—Lo estoy, Bells.
—Bien, pero si vuelves a tener algún problema igual, puedes encontrarme aquí o en la comisaría —Charlie aceptó, retomando la cena.
Elizabeth no era de apegarse a las nuevas personas en su vida, pero cuando la comida terminó y regresó a su casa, juró asesinar a cualquier persona que se interpusiera en el bienestar de Charlie e Isabella Swan.
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