28 - Extrañar

Jake se despertó con la suavidad de los primeros rayos del sol acariciando su rostro. Observó a Sunghoon aún profundamente dormido y decidió respetar su sueño, optando por deslizarse silenciosamente fuera de la lujosa mansión.

Sin embargo, sus planes matutinos se vieron súbitamente alterados por la noticia de la renuncia de uno de los chóferes de la familia. La abrupta partida de este miembro del personal generó una escasez de ayuda en la casa, retrasando aún más los preparativos de Jake para su salida.

A pesar de los contratiempos, Jake perseveró y, sorteando los obstáculos, logró llegar al departamento que solía compartir con Heeseung. La ciudad aún dormía mientras él estaba frente a la puerta, llamando para ver a su mejor amigo.

La puerta se abrió, revelando a Heeseung recién bañado, su cabello goteando y restos de pasta de dientes en los labios. Los ojos de Heeseung se iluminaron al ver a Jaeyun, sorprendido de verlo tan temprano.

—¿Qué haces aquí? Pensé que te vería hasta la cena.

Jaeyun respondió vacilando. —A ti no te hago esperar.

Heeseung, divertido, rodó los ojos, sabiendo que el departamento seguía siendo de ambos.

Aunque el tiempo como compañeros de cuarto fue breve debido al traslado de Jaeyun, para Heeseung, siempre será su hogar compartido. Jaeyun examinó el lugar, notando el esfuerzo de Heeseung por mantenerlo limpio.

Al llegar a su antigua habitación, la encontró intacta.

—Pensé que la convertirías en tu oficina o pondrías videojuegos...

Heeseung sonrió. —Siempre puedes volver.

Una sonrisa melancólica cruzó el rostro de Jaeyun; extrañaba a Heeseung. Después de años de convivencia diaria, la ausencia se hacía evidente.

Le gustaría compartir sus nuevas vivencias junto a Heeseung.

Agradecía el cariño de Sunghoon, pero anhelaba una buena relación entre ellos.

—¿Te sientes cómodo con ellos? ¿No estás pensando en regresar? —preguntó Heeseung, tratando de ocultar sus sentimientos tras una neutralidad aparente. Aunque alegraba ver a Jaeyun alcanzar sus sueños, la ausencia le pesaba.

Jaeyun titubeó antes de responder. —Parecen esforzarse por incluirme, especialmente Sunghoon y Jungwon, su cuñado, así que... —Soltó el aire retenido. —Por ahora, creo que no regresaré.

—Cuando viniste con Sunghoon, no parecía que se llevaran bien. ¿Estás seguro? ¿No te obligaron a decirme eso? —Heeseung temía perder a Jaeyun, preocupado por la influencia de un mundo de apariencias en los herederos.

Jaeyun explicó. —Fui un poco grosero con él antes de llegar aquí. Te aseguro que me hace sentir bien, incluso... Me dijo que le gustaría que nuestra relación fuera real.

Heeseung abrió los ojos de forma cómica. —¿Se gustan? —Jaeyun se sonrojó, notando la diferencia en la conversación. —¡Pensé que solo eran roomies!

—Lo éramos. O al menos, así era. Es que en serio, Heeseung, deberías intentar vivir con él. Es guapo y... No sé, ¿caballeroso? Hasta diría que es servicial. ¿Cómo esperabas que no me gustara?

Heeseung parpadeaba aturdido, sin entender completamente. —No lo sé, Jake. Desde que te conozco, siempre evitabas las relaciones formales y ahora te veo tan... emocionado. ¿No crees que es parte de su imagen? Me refiero a que deben cuidar mucho lo que se dice sobre ellos, tal vez eres parte de eso.

Aunque las palabras de Heeseung eran afiladas, Jaeyun comprendía el punto. A veces también lo pensaba, pero la felicidad que Sunghoon le proporcionaba hacía que olvidara esas preocupaciones.

—Te valoro mucho y me preocupo por ti. No confío en ellos. Prométeme que te defenderás y renunciarás a esos lujos si algo sucede, por favor.

—Claro que sí, Hee. No permitiré que nada malo ocurra. —Aunque Heeseung aún tenía dudas, las olvidó cuando Jaeyun lo abrazó.

Con la voz amortiguada por la sudadera de Heeseung, Jaeyun habló. —¿Podrías prepararme el desayuno? Extraño tu comida.

Heeseung aceptó de inmediato; era imposible negarle algo a Jaeyun.

Al otro lado del mundo, en la sinfonía navideña de París, donde la luz del mediodía tejía una paleta dorada sobre las calles empedrada y la magia de la temporada impregnaba cada rincón de la ciudad de las luces.

Los aromas tentadores de castañas asadas y crepes frescos flotaban en el aire frío, como un preludio del invierno festivo que prometía deleitar los sentidos de quienes se aventuraban por sus encantadoras calles.

Dentro de la opulenta suite que se convertía en su refugio temporal, Sunoo y Riki se sumergían en los últimos detalles de su romántico encuentro para la Nochebuena.

Mientras Sunoo, con una elegancia innata, ajustaba cada pliegue de su traje, Riki perdía la mirada entre las vistas panorámicas que la ventana ofrecía, dejando que su imaginación tejiera historias aún no vividas junto a su amado en la tela del horizonte parisino.

La majestuosidad silente de la Torre Eiffel asomaba en el horizonte, observadora discreta de los momentos previos a una noche especial.

En el torbellino de luces destellantes que adornaban las calles, Sunoo y Riki decidieron aventurarse más allá de las rutas turísticas convencionales. Las boutiques encantadoras y los cafés acogedores, iluminados por destellos luminosos, los invitaban a perderse en un laberinto visual que eclipsaba cualquier otra experiencia.

Guiados por la curiosidad, exploraron el latido único de una ciudad que entrelazaba la elegancia clásica con la vanguardia contemporánea.

Visitaron la extensión parisina de Courante.

Y en semanas, necesitarían volver.

En este próximo viaje, sin embargo, no sería solo una repetición de la primera expedición; estarían acompañados por el distinguido equipo de Courante procedente de New York.

Tenían una oportunidad de oro que no podían dejar pasar para hacer crecer aún más la marca.

Se les presentó una oportunidad dorada para impulsar el crecimiento de su marca, ocasión que no podían dejar escapar.

Les dije que este fic sería largo y el viaje a París es solo el inicio de ello.

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