el dolor es la esencia de
nuestra humanidad
NUNCA DEBÍA DERRAMAR SUS LÁGRIMAS, POR LO QUE FUERA. LA madre de Eris siempre tuvo un cuidado muy especial sobre esas gotas saladas que su hija debaja a su paso. ¿Estás llorando? Tranquila y deja caer tus lágrimas en el suéter de mamá. Siempre con precaución, con miedo.
¡No dejes caer ni una sola!, decía.
No lo entendió hasta el día que su madre fue enterrada y ella lloro como bebé en su tumba, en ese momento Eris descubrió que tal vez todos esos cuidados no eran algo común de madres, si no que nacían de algo más fuerte y antiguo, como una vieja sombra que las perseguiria hasta el final de sus vidas por un error del pasado que no había sido su culpa y que la comería viva si lograba alcanzarla.
Y por primera vez, Eris tuvo miedo de sus lágrimas.
-—- ¿Duele? -—- pregunto la rubia señalando las heridas de guerra del duque quien se estaba vistiendo después de su encuentro con la princesa.
Esa tarde Nell había llegado a mostrarle un retrato del misterioso segundo príncipe de Xek a la princesa como una sugerencia para su segunda joya y así tener más tiempo libre para vagar por ahí dentro del palacio, y tal vez pasar más tiempo con Eris.
En solo tres meses el duque y la sirvienta habían logrado desarrollar una rutina para su extraña amistad. El despertaba sólo en la cama de la princesa y ella ya le esperaba con un desayuno que terminaban repartiendo entre los dos. Las charlas podían ser desde algo casual hasta de política y trabajo, pues había una gran brecha entre el mundo de una sirvienta que sabía demasiado de política y un duque que sabía poco del pueblo. Un camino que cruzaban cada día.
Al volver la princesa el sendero no terminaba ni se detenía, simplemente se volvía más silencioso. Con miradas rápidas, movimientos de manos, muecas, gestos y sonidos Eris y Nell habían creado su propio lenguaje y su propio mundo.
Tenían su propio bocado de lo prohibido directamente de la mano del otro.
-—- Aveces -—- admitió el hombre de piel morena sentado en el sillón individual del balcón -—- Durante un tiempo, en el campamento, hicieron lo que pudieron.
Pero nunca me quedé quieto el tiempo suficiente, pensó. El duque tuvo la costumbre de siempre lanzarse a la batalla, sin mirar atrás o pensar en el dolor de su cuerpo. Todo por su familia, por amor.
La rubia apreto los labios y se abstuvo de empezar a sermonearlo sobre como como los tres meses que habían pasado desde que volvió de la guerra debió haber ido a recibir la atención médica adecuada.
--— ¿Me permite, su excelencia?
-— Estamos solos Eris -— sonrió -— No hay necesidad de usar títulos.
-—- ¿Me permites, Nell?
Con un asentimiento el duque le dio permiso para acercarse a él y revisar las heridas en su espalda y cuello que aún no terminaban de cicatrizar.
-—- No sabía que pudieras darle un uso medicinal al mana -—- con una pequeña sonrisa el hombre sizéo ante el tanto húmedo y frío de las manos de la joven.
—-- Y no puedo. Bueno, no se como -—- respondió ella
--— ¿Entonces que...
-—- Esta funcionando —- exclamó la ojiverde al ver las heridas cerrarse casi por magia.
Sin saber que ocurrió, el duque Phantom se palmo la espalda ancha y donde solo había heridas de tiempo atrás ahora solo estaba la piel suave y rosada de la respectiva cicatriz.
-— ¡Eris, ven aquí!
-— Ugh —- musito la nueva sirvienta arta. Esa noche la rubia y la nueva estaban estaban punto de retirarse a descansar -— Tiene a sus damas y aún así, se la pasa molestandote.
-— No seas así, Marina y Chelsey ya debieron irse a descansar — regaño entre las sombras -— Es la princesa favorita del emperador, puede hacer lo que quiera. Además no me molesta, es mi amiga.
-— Princesita mimada —- murmuró la ojimorada.
—- ¡Delilah!
-— Bueno ya —- la pelimorada alzó los brazos en señal de rendición con su sonrisa burlesca -— Te espero afuera, ni loca me voy sola ni dejo que te vallas sola.
— ¿Y tu hermano?
— Lo obligare a esperarte.
— Esta bien -— espero no tarde mucho, pensó mientras se iba rumbo a los aposentos de Ariana.
La serpiente mayor de los Bassett sonrió con burla entre las sombras. La princesa Ariana generaba un rencor casi invisible en el corazón de su santa, a quien le serviría en un futuro, tener como aliada en lugar de enemiga.
— ¿Q-Que es esto? — pregunto la ojiverde aguantando las ganas de reír.
— ¡Ya lo sé! — la albina estalló en carcajadas.
— Perdóneme pero esta horrible — admitió tras ver una vez el excéntrico retrato que la princesa tenía en sus manos — ¿Quién se supone que es?
— Mi nueva joya.
— Ya enserió, quién es?
— Mi nueva joya — repitió la albina igual de firme — El segundo príncipe de Xek, Efrit Karsia.
— Pues, esta horrible — dijo ella — Empezaré a preparar una habitación para el mañana a primera hora.
— ¡Excelente! Por qué mañana me voy a Xek — la ojimorada hablo con alegría — Le dije a Nell que puede venir a descansar si se sienten agobiado, así que no te sorprendas si lo ves por aquí. Y avísame a las otras sirvientas.
— Si Ariana — la rubia hizo una reverencia — Me retiro, que tengas buena suerte con tu joya de fuego.
Y espero que sea igual de rebelde que las llamas del infierno, pensó la joven al recordar aquel presentimiento que se alojo en su corazón respecto a que la princesa Ariana encuentre a un hombre que se le resista, sin saber que cuando ese misterioso sujeto aparezca la temible sombra del pasado por fin habrá logrado alcanzarla.
¿Qué creen que le puso Eris a Nell?
¿Y quien será el tipo que traiga la condena/salvación de Eris y se resista a Ariana?
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