𝐂𝐡𝐫𝐨𝐧𝐢𝐜𝐥𝐞𝐬
Los recuerdos de un pasado, tanto feliz como doloroso, me mantienen de pie para seguir luchando, y la melodía de tu amor, por muy herida que esté, me sigue sanando.
¿Qué es la vida?
No hay una respuesta simple para tal cuestión, solo sabemos que por mucho que intentemos descubrir su significado terminamos cada uno con respuestas muy diferentes. Hay personas que por este motivo no se hacen esta clases de preguntas o dejan que otros las respondan y siguen como ovejas una ideología.
Incluso una persona como yo, que vio a los suyos defender sus vidas y las de los demás, no tiene una respuesta clara...
Pero una vez, conocí a alguien que tenía una afirmación muy peculiar sobre su sentido de la vida. Esa persona solía decir que la vida no era más que una repetición. Una oportunidad para que las almas se reencontraran y pudieran vivir un poco mejor cada vez, cumplir sueños y revivir esperanzas. Para ella la vida solo era el prólogo antes de la muerte, pues la muerte es el comienzo de todo, cuando mueres ves tu vida pasar delante de tus ojos, y al mismo tiempo, comienzas una nueva. Cabe resaltar que esta persona era muy cercana a mí, y tenía una fuerte convicción en la reencarnación, yo mismo no puedo refutar eso, pues puedo decir, que ella tiene un lazo conmigo que fue, es y será capaz de trascender las barreras del tiempo...
Pero será mejor que no los aburra con mi discurso. Ustedes mismos la conocerán. Pues la historia que están comenzando le pertenece y está pintada con sus colores de principio a fin...
Y todo comienza una noche sin luna, donde las estrellas cubrían por completo el cielo, y la oscuridad —que en esa época era la testigo de muchas muertes— se cernía sobre un campo rodeado de espesos bosques...
Las cenizas de un demonio, cuya cabeza había sido cortada, se esparcían por el fuerte viento que azotaba el lugar, al mismo son que los largos cabellos y el Haori de la persona que le había matado bailaban con las corrientes translucidas.
Entre la espesa penumbra no se distinguía más que una silueta vaga, una pequeña sombra que se alejaba a pasos calmados del lugar sin siquiera responder a los gritos de agonía del ser maldito que dejaba atrás, cuyas quejas fueron completamente secadas de raíz al desaparecer su boca entre la tierra húmeda por una reciente llovizna.
Su paso lento, que iba dirigido hacia unas montañas lejanas, comenzaba a ser iluminado por el sol de la mañana que iba saliendo a sus espaldas.
Con esto su figura fue revelada, un Haori rojo, con degradados en distintas tonalidades de dicho color cubría su cuerpo llegando hasta medio muslo. Debajo de este el tradicional uniforme azul marino de los cazadores de demonios, pero este individuo pertenecía a una minoría realmente rara... las "Cazadoras de Demonios".
Si, era una adolescente a penas quien había derrotado a ese ser, una de brillantes cabellos rubios y ojos de un azul tan profundo que parecían contener todas las tonalidades que podían existir de ese color tan parecido al del mar.
Ella elevó su mirada, un movimiento familiar había llamado su atención en las alturas del firmamento recién amanecido, un borrón negro que pasó por sobre su cabeza hasta ser una silueta distinguible para ella.
— ¡Misión cumplida! ¡Misión Cumplida! Caw —Era su cuervo, ella extendió su brazo para que aquella ave se posara en su muñeca—
La joven polluela que le fue asignada no tenía más experiencia que la adquirida con la joven rubia, nunca tuvo un amo anterior y ambas habían iniciado ese camino juntas... Compañeras inseparables...
— ¿Tenemos otra misión? Dime que si Tomo-chan...— El nombre de aquella cuervo que restregaba su cabeza contra la mejilla de su compañera humana era Tomoko, no era muy común que los cuervos tuvieran algo así como una "personalidad", pero esta era demasiado dulce y blanda, también huía de las batallas y regresaba solo cuando habían terminado... una cobarde—
— ¡Al norte! ¡Mikami Hinoko dirígete al norte!—el ave alzó el vuelo para guiar a la joven cuyo nombre era gritado a los cuatro vientos— ¡Un pueblo pequeño tiene problemas con sus niños! ¡Desaparecen uno o dos cada semana! ¡Averigua que sucede y acaba con la amenaza!
— ¡Muy bien! —La joven acomodó una cinta de seda roja que sujetaba su cabello en un semi recogido y salió corriendo hacia la dirección dada—
Estaba un poco sucia y tenía algunas heridas, además de ojeras, no había dormido en los últimos días más de 5 horas en total. Sin embargo, una radiante sonrisa iluminó su rostro.
La Finca Mariposa, hogar del Pilar del Insecto
Los entrenamientos continuaban en el interior del recinto, y mientras tanto, en el camino exterior, una joven se tambaleaba con cada paso; dejaba caer gotas de su roja sangre al suelo, que se borraban al arrastrar casi sin fuerzas sus pies.
—Shinobu-Sama y Ani-ue me van a matar... —se decía a sí misma en voz baja, lamentándose entre suspiros— ¿Y qué decir de Obanai-sama?... va a pensar que soy una debilucha... o una imprudente...
Y así, entre quejidos y pasos en falso, alcanzó la entrada de la finca. Entró por la puerta principal, y al no ver ni a Aoi ni a Shinobu, decidió continuar con el mayor silencio posible, aparentando seguridad y bienestar.
Poniendo su mejor sonrisa, y forzando un caminar más normal siguió el camino, pero las heridas y la sangre no se podían ignorar, las niñas mariposa la vieron a lo lejos y corrieron hacia ella, rodeándola alarmadas.
— ¡Hinoko-san!—gritaron las tres al verla con el hombro sangrando por una herida no tan profunda pero de apariencia dolorosa, un tobillo dislocado y muchos rasguños pequeños pero profundos, además de hematomas en la mejilla izquierda y sus piernas... quien sabe si tiene más ocultos bajo sus ropas— ¿Qué le sucedió?
Ella les hizo señas para que hicieran silencio cuando estas se acercaron, no quería llamar la atención, pero ellas hicieron caso omiso a sus intentos, ahora mismo su concentración estaba enfocada en su respiración y no tenía las fuerzas para alzar la voz por sobre las de ellas, que ya estaban haciendo un tremendo escándalo.
Pero no había porque culparlas, Kiyo, Sumi y Naho al verla en ese estado se alertaron, notaban incluso su respiración más compleja de lo habitual, y la sangre era escandalosa, la mínima herida de su cuerpo se veía como algo tremendamente doloroso.
Ella al reconocer ese hecho, dio una suave palmada en la cabeza de las tres, iba a dar un paso al frente para seguir hasta el interior de la finca, pero tropezó y siseó de dolor. Las niñas se apresuraron a sostenerla, Kiyo de su Haori, Naho la empujaba desde el abdomen para balancearla, y Sumi tiraba desde el dobladillo de su falda hacia atrás. Ella al ver sus esfuerzos, y a pesar de costarle articular palabra, abrió sus labios para decir que no era nada, la misma frase que estaba acostumbrada a repetir, pero antes de que el aire se transformara en palabras, un llamado la interrumpió.
Por el bullicio, la pilar, junto a Kanao y varios entrometidos más llegaron a la escena.
Shinobu fue directo a auxiliarla, y mientras la revisaba, tocó cierta herida bajo el Haori que la hizo quejarse de dolor, eso hizo que la joven cerrara sus ojos, casi cayendo en la inconsciencia.
—Shi-Shinobu-Sama... estoy bien... —Ya la pilar no sabía cómo hacerle entender que llegar a su finca en ese estado no era estar bien... incluso había pensado en hablar con el hermano mayor de la chica para que la hiciera entender... no, mas productivo sería hablar con el hermano menor, pero justo en ese momento en que la cantidad de peso que caía sobre los brazos de Shinobu iba en aumento...— niñas, voy a necesitar que...
— ¡Hinata-san!—Las niñas notaron la presencia de un conocido y fueron a abrazarle... dejando caer todo el peso de Hinoko sobre la cazadora tipo insecto e ignorando la petición que esta no logró terminar—
— ¿Alguien podría ayudarme?—fue lo último que la rubia escuchó. Se desmayó completamente, y su cuerpo había caído de los brazos de Shinobu de cara al suelo—
En una habitación tradicional, que apestaba a desinfectante y hierbas medicinales... Una joven de profundos ojos azules descansaba sobre una cama.
Miraba el techo fijamente, había despertado hace aproximadamente un cuarto de hora vestida con un suave traje de color claro, era el traje de los pacientes de la finca mariposa. Sus ojos se dirigieron a una silla cercana a su cama, ahí estaban su Haori y uniforme perfectamente doblados, sobre estos descansaba una cinta de seda roja y la nichirin en su funda azul marino. Intentó recordar, lo último que recordaba era...
—Veo que despertaste~ —el traquetear de la puerta corrediza hizo que fijara su vista en la figura de la mujer que entro, Shinobu llevaba en sus manos una bandeja, la dejó sobre las piernas de la Mikami, quien al incorporarse hizo que su cabello callera rebelde por los lados y frente de su cara al no estar atado— Pensé que dormirías más... ¿Cómo te sientes?
La menor no respondió de inmediato, y apartó la mirada de los ojos de Shinobu, quien la observaba con intensidad.
Siempre era así, la usuaria del aliento de insecto no pudo evitar preocuparse un poco. Sí, la joven era una cazadora muy fuerte, pero eso no quitaba que era demasiado temeraria, y lo testaruda podría costarle su vida en alguna misión; había consultado al cuervo de la joven mientras ella dormía, y se enteró que había completado misiones con el descanso mínimo durante casi tres semanas...
No era la primera vez que pasaba, Hinoko se negaba a pisar la finca mariposa o su hogar hasta que estaba demasiado herida para moverse, o demasiado cansada para ignorarlo. Shinobu no sabía de donde había salido esa determinación para hacerse daño a sí misma, pero era verdaderamente asombroso que esta escena se repitiera con regularidad.
—Mikami Hinoko~ —la espalda de la joven se estremeció, ser llamado por tu nombre completo, significaba peligro— ¿Cómo. Te. Sientes? —Habló esta vez haciendo énfasis palabra por palabra—
—S-Supongo que... ¿Bien? —Su tono de voz bajo revelaba algo de vergüenza, y su cara tenía la expresión de "perdóname", mirando a Shinobu con ojos de cachorro—
—Supones bien... pero—Shinobu le hizo señas a la bandeja, la cual tenía un vaso con una sustancia verdosa dentro, era su medicina, venía acompañado de un cuenco de sopa de verduras y una taza de agua— algunas de tus heridas estaban infectadas, y...
— ¿Y...? —Preguntó Hinoko, un poco preocupada de lo que pueda escuchar de su superior—
—Y dormiste por más de 48 horas— la mano de la rubia se detuvo a medio camino hacia su boca, con el vaso de agua en la mano— es de mañana...
—48 horas... De Mañana... —repitió— ¡no puede ser! He perdido demasiado tiempo...
La mujer sonrió, este era su momento para castigar a Hinoko, no creía que fuera a cambiar del todo su actitud, pero si debía hacerle saber que no podía hacer eso y salirse con la suya.
—Termina tu comida, te esperan para el entrenamiento de recuperación...
— ¿Cómo~?—saltó con algo de hastío es su voz en su voz, estirando las "o's", no lo veía necesario...— No lo creo, Shinobu-sama, tengo misiones pendientes...
No pasó mucho tiempo, para que Hinoko estuviera en el dojo de la finca mariposa, con una bonita marca roja en la parte posterior de su cuello que no estaba antes...
—Niñas, Aoi-chan, Kanao-dono; estoy a su cuidado— inclinando su cabeza levemente, Hinoko se encontraba hablando con las susodichas, cuatro de ellas asintieron, pues Kanao solo la miró con aquella enigmática sonrisa—
Se notaban sus hombros caídos, el flequillo ocultaba una mirada sombría y el pequeño puchero en sus labios. Realmente no quería estar ahí, pero... la pilar del insecto tenía la última palabra.
—Hinoko-chan~ —Una dulce voz clamaba su nombre, y una mano suave acariciaba sus cabellos, bajo su cabeza la textura sedosa de un kimono hacia fricción con su mejilla— Hinoko-chan, ¿Ya te dormiste?
— ¿Huh? Yo... yo no...—Intentó contestar, pero su mente se sentía tan nublada, pesada, solo quería estar en esa burbuja de calidez, aunque se esforzaba por pensar solamente podía hundirse más en esa sensación viscosa— ¿Dónde...?
En el regazo de una dama hermosa y tan rubia como ella, descansaba su cabeza recibiendo cariño, como si sus 16 años no existieran y fuera una niña de menos de cinco.
—No hay de qué preocuparse... Hinoko-chan está a salvo ahora... —la voz se distorsionó y en lugar de una mano suave garras rascaban su cuero cabelludo creando escalofríos— Ya no tiene que despertar más~...
La respiración se le atascó en la garganta a la joven rubia, y la superficie del kimono comenzaba a absorberla, hundiéndola en la sensación de la tela hasta asfixiarla...
Luchaba por erguirse, pero la mano en su cabeza la empujaba al abismo con más fuerza cada vez.
Hinoko era una cazadora capaz de alzar una nichirin, su fuerza no era poca, e incluso era reconocida como antinatural entre los cazadores... pero extrañamente no podía hacer nada contra lo que sea que la aferraba...
—Duerme, duerme, duerme Hinoko-chan~ —Canturreaba una nana con aquella voz distorsionada que parecía mezclar distintas voces metálicas, agudas y graves, burlonas y suplicantes...— Duerme para siempre en mis brazos
— ¡No!—Se levantó jadeando y sujetando el lado izquierdo de su pecho, por el impulso al erguirse rápido su cabello cayó desordenado como melena de león, ocultando parcialmente sus ojos y solo dejando el izquierdo a la vista, opaco, sin brillo y turbulento por el miedo y las emociones en conflicto. Su respiración agitada hacia a su pecho subir y bajar a un ritmo descompasado, nada parecido a su respiración de control total— esto no puede estar pasando de nuevo...
Abrazó sus rodillas tras alzarlas hasta su pecho ocultando su cara entre sus brazos entrelazados, temblando...
Odiaba estar sin misiones durante mucho tiempo por esta razón, las noches eran su peor enemigo...
Un suspiro tembloroso escapó de sus labios rosáceos, mientras se levantaba y lanzaba su haori sobre sus hombros, para, al igual que cada día libre, pasear por la espesura de la noche y evitar dormir...
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