I
Todavía recuerdo el día 3 de Diciembre
Yo estaba usando tu sueter
Dijiste que se me veía mejor a mí que a tí.
Si tan sólo supieras lo mucho que me gustabas...
Ambos estaban en la cima de la montaña más alta de Berk.
Astrid descansaba recostada sobre el césped, disfrutando de la fresca brisa del viendo con los ojos cerrados, acariciando el lomo de Tormenta. Eret, sin demasiado disimulo, observaba cada rasgo de la joven en silencio, su cabello rubio siendo acariciado por el viento, su tez blanca y sus lindos párpados, que ocultaban unos ojos tan azules y hermosos como el oceano.
El pelinegro se sentía afortunado de estar con ella en momentos así. Eret se abrazó a si mismo, disfrutando de la calidez del abrigo de piel que portaba. Mismo que pertenecía a la mujer que lo tenía cautivado; Astrid.
Eret le había comentado de la baja temperatura en el lugar donde se encontraban, y para que él no siguiera quejándose ella le prestó aquella prenda, alegando que ella no tenía demasiado frío y que el abrigo le quedaba mejor a él. Si así sería cada vez que fuera a entrenar con ella entonces se quejaría todos los días sin dudarlo.
Para Eret no importaba nadie más, Astrid era la chica más hermosa que hubiese visto. La mejor de todas, era única. Su personalidad brillante y su valentía le hicieron ganarse el corazón del ex-cazador de dragones, aunque Astrid lo desconocía, y probablemente así sería para siempre. Él no tenía el valor para confesarle lo que sentía, su orgullo se interponía en ello.
Eret continuó en el silencio del ambiente, disfrutando del olor a moras que emanaba del abrigo de la rubia, hasta que el sonido de algo, o más bien alguien aproximandose interrumpió el momento. El ex-cazador giró su vista, sólo para divisar la figura del que era su mayor obstáculo para estar con Astrid.
Hiccup.
─¿Que tal todo?─ Saludó el castaño una vez chimuelo tocó tierra, bajando del mismo ─¿El entrenamiento fue muy pesado?─
─En realidad, todo bien─ Contestó el pelinegro, desviando la mirada.
─Sí, está mejorando─ Astrid habló, levantandose para acercarse a Hiccup ─¿Que tal tus tareas, nuevo jefe?─
Pero entonces veo tus ojos cuando él va pasando
Que gran alegría para esos ojos heridos
Más brillantes que un cielo azul.
Él te hipnotiza...
Eret observó en silencio como la rubia le daba un corto beso en los labios al castaño, evitando apretar sus puños con rabia. Envidiando a Hiccup sin poder evitarlo.
Cada que miraba las muestras de afecto entre ellos su pecho se oprimía, y no solo de celos, sino que también de tristeza.
La forma en la que Astrid miraba a Hiccup era una muy obvia. Sus ojos color záfiro brillaban y sus pupilas se dilataban. Se podía apreciar lo mismo de parte de Hiccup, además de las sonrisas que ambos se daban al apenas mirarse.
Mientras yo me muero.
El ex-cazador de dragones se levantó y se quitó el abrigo que la rubia le había prestado, devolviéndoselo en las manos y procediendo a montarse en su dragón. El sol empezaba a ocultarse, señal de que ya tenían que regresar al pueblo.
Además, no tenía ganas de seguir viendo como esos dos tortolitos se demostraban su amor.
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No hagan preguntas, yo tampoco sé por qué escribir esto XD.
En fin, este fanfic va a estar cortito, espero que les guste.
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