⧫𝓒𝓪𝓹𝓲𝓽𝓾𝓵𝓸 𝟏𝟎
Narrador omnisciente.
Días antes, de la noche del bar.
Había sido un gran experimento aquella pequeña cosa que desprendía aquel delicioso sabor. Había terminado el tercer cigarro pero estaba seguro de que con eso el ganaría terreno.
Estaba sentando en aquella cilla giratoria de cuero donde también había una enorme mesa y más sillas vacías. Ahí sus aliados y socios se reunían cada tres meses para discutir cualquier anomalía o para hacer negocios relacionados con cantidades industriales de dinero, lo que el más amaba en esta vida era el dinero. Para el todo se podía comprar, menos el amor.
Estaba solo en aquella sala de reuniones. Se sentía relajado y adormilado, tanto que no se dió cuenta en qué momento había llegado a su oficina privada donde el gran ventanal que daba hacia la ciudad le había echo sentir solo, hacia como hace pocos años no se sentía.
Había pedido no ser interrumpido, no quería ver a nadie. Camino en circulos por toda su oficina con un vaso de whisky muy caro entre sus dedos, un maravilloso regalo de una de sus damas de compañía cuando la dejo trabajar con el una noche.
Volvió a sentarse en uno de sus sillones para contemplar mejor la vista mientras se encendía un cigarro más. Y al verlo mejor no pudo evitar quitarse el hermoso anillo de topacio que tenía en su dedo anular, no se había casado pero amaba sobre cualquier cosa ese anillo. Lo miraba como una gema invaluable, suya y solo suya.
«Nuo .... Eres solo mía »
Le susurro completamente demente al anillo. No estaba soñando, no estaba loco ni drogado de amor por el bello anillo, si no por la persona que se lo había obsequiado hace tres años.
Cerro sus ojos con fuerza. Estaba ahí en sus más oscuros pensamientos, su cabello corto hasta sus hombros tan negro como el carbón, su tez más pálida que cualquier persona, enferma pero aún la amaba, sus labios rosas en forma de corazón y sus bellos ojos azules como el topacio.
Aunque ella estuviera muriendo, aunque ella quisiera escapar, aunque ella le hiciera enojar la amaba.
«Nuo .... ¿Qué has echo?»
Clavel grito su nombre al recordarla sobre su escritorio totalmente fría, sin vida. Abrió los ojos de golpe y apretó tan fuerte su vaso que explotó en su camo causándole un corte, un bello corte dónde su sangre ahora le recordaba a ella.
— ¡Yo la amaba. — dijo en voz alta en la soledad de su oficina —. Juro que la amaba!.
No era del todo cierto. Clavel amaba lo que ella podía darle, mucho mucho dinero y su lealtad y disposición para que ella hiciera lo que el quisiera, dónde sea y cuando sea. Era su linda muñeca de porcelana dónde un día la dejo caer, rompiéndose en mil pedazos destrozando su retorcido corazón, pero aún así el juraba amarla, esa era su forma de amarla y tenerla a su lado para siempre.
De nuevo encendió otro cigarro y volvió a recordar la vez que ella lo había echo enojar, tanto que creyó que no habría vuelta atras.
— ¿Dónde estabas?. — le cuestionó seriamente desde su escritorio, su voz sonaba calmada pero en cualquier momento explotaría —. Te estoy haciendo una pregunta.
Frente a el estaba una joven de tal vez dieciocho años de edad, aún tenía una mirada inocente y bella. La muchacha llevaba su ropa completamente húmeda, se había mojada por la horrible tormenta que había azotado Ninjago esa noche.
— Fui a mi casa. — respondió la muchacha de ojos azules —. Te prometo que solo fui a mi casa.
Clavel se levantó de su asiento y camino hasta la muchacha, era mucho más alto y fuerte que ella. Le daba tanta rabia cuando ella le mentía que no dudo en estampar su mano contra su mejilla, la golpearía hasta hacerla decir la verdad si era necesario, no confiaba en ella ni en sus palabras.
— ¡Nuo, si hay algo que no soporto y lo sabes es que me mientas!. — le gritó lanzandola sobre los sillones donde la muchacha aterrada se cubrió de cualquier golpe que pudiera venir a continuación —. ¿Dónde estuviste? Prometo no volver a tocarte, perdón.
— Y yo te dije la verdad. — le respondió entre sollozos —. Fui a casa para decirle a mis padres que ya no volvería, que quería estar contigo, porque se que contigo estaría bien.
— ¿De verdad. — pregunto feliz abrazandola —. Estarás conmigo, a partir de ahora?.
Nuo sonrió débilmente y de sus manos creo un hermoso hexágono color azul oscuro echo de puro topacio. Quien clavel acepto de inmediato, ignorando su malestar que tenía contra ella, solo así podía perdonarla, sus bellas gemas lo hacían feliz. Ella no podría escapar de el jamás, nadie la podría salvarla y por eso hizo lo tenía hacer aquella noche, por qué ella también amaba a alguien.
Clavel despertó después de unas pocas horas cuando la puerta de su oficina fue golpeada por uno de sus asistentes.
— Señor, el colaborador ya ha terminado su disfraz. — le informo el joven —. Y podrá usarlo en solo tres días.
— Dale entonces todo el dinero que el pida. — dijo aún con los ojos cerrados desde su sillón —. ¡Quiero recuperarla cuanto antes, la necesito ya!.
— Si señor.
Si, definitivamente Nuo ya no estaba con el, había sido solo una mentirosa por dejarlo sin nada. Ahora que ya conocía a Jay Walker y de haber investigado a algunas de sus viejas amistades de escuela, seguiría la siguiente parte de su plan. Si Nuo ya no estaba, entonces ella sería su perfecto remplazo, no iba a permitir que otro muchachito la alejara de su lado como lo había echo aquel joven esa noche, la noche en que la pelirroja había sido salvada por Kai y Jay.
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