❛ 𝗶𝗶. 𝗍𝗁𝖾 𝖿𝖺𝗅𝗅𝖾𝗇 𝖺𝗇𝗀𝖾𝗅𝗌.




❛ 𓄼 CAPÍTULO DOS 𓄹 ៹




RUNE ERA FANÁTICA DEL SILENCIO Y DE LA PRIVACIDAD, lo cual no muchas personas creían sabiendo que era una de las chicas populares tanto de la preparatoria como del pueblo.

En el exterior, lo que les permitía ver a los pueblerinos, Rune dejaba a la luz su valentía y extroversión. Pero en el interior, a veces incluso con sus seres cercanos y queridos, se encontraban sus secretos e inseguridades que temía compartir. Por ello, nunca había hablado sobre los sueños. Y por eso ahora, que no tenía de otra más que dar explicaciones, no se encontraba lista.

Un paso cayó pesadamente en la cocina, esperando encontrar a sus padres compartiendo miradas enamoradas y caricias dulces, pero no hubo más que una falta suya y un silencio abrumador. Ninguno de ellos estaba, y lo único que habían dejado atrás era un desayuno de panqueques y una nota escrita de manera nerviosa.

Mamá tiene doble turno en el hospital
y yo tengo algunas cirugías programadas.
Te amamos y deseamos un lindo día.

Rune frunció el ceño. Estaba completamente segura que Damon contó sobre sus palabras antes de desmayarse, resultando extraño para ella que sus padres no estuvieran en casa para discutirlo.

Fue un desayuno vacío y por primera vez el silencio a su alrededor no era reconfortante, era agobiante. El silencio le había permitido a su cabeza y corazón filtrar el dolor, la realidad, Elijah pudo haber existido, pudo haberlo vuelto real, pero compartieron un efímero momento antes de ser asesinado. Rune lo había deseado con tanto esmero que el haber tenido una oportunidad con él, que falló, la encerró.

Permaneció durante dos horas como un alma en pena ignorando mensajes de sus amigos, hasta que Elena Gilbert llegó a su hogar, encontrándola en el sofá con su pijama aún puesta y comiendo de un bote de helado.

—Rue, ¿Está todo bien? —la morocha tomó asiento a su lado, pasando un mechón de pelo azabache tras la oreja.

—Mi sueño se había vuelto real —responde en un susurro desganado, dejando caer su cabeza en el hombro de su mejor amiga—. Él se había vuelto real.

—¿Qué sueño? ¿Él? ¿Hablas de Elijah? —La morocha parpadeó, confundida.

Escuchar su nombre en voz alta le sacó un suspiro. —Quiero una distracción, Lena.

Elena la entendió, aún no se encontraba preparada para hablar del tema. Unos segundos después, esbozó una sonrisa. —¿Qué te parece una visita a la tumba de Katherine?

Rune arrugó el ceño, después la miró. —¿Puedo llevar el helado?

—Y compraremos más en el camino —prometió. 

Rune terminó por aceptar.

RUNE NO ERA FANÁTICA DE LA RUBIA FORBES, todo por sus comentarios y actos fuera de lugar. Al principio, pudo empatizar que Caroline se sintiera desplazada y opacada por Elena —lo cual no era culpa de Gilbert ser amable por naturaleza y así querida por todos, para después esto aumentar debido a la muerte de sus padres—, pero constantemente buscaba ser el centro de atención desacreditando a veces a sus amigos por conseguirlo. Simplemente nunca habían conectado.

Ahora que era vampiro le daba un poco de crédito, solo un poco, observando en ella una evolución.

—Podemos manejarlo desde aquí —aseguró Rune comportándose por pedido de Elena, quien había llamado por ayuda a Caroline.

Se encontraban la humana, la bruja y la vampiro en la cueva, las dos primeras esperaban buscar más información del original, el vampiro más antiguo de la historia que perseguía a Elena, haciendo a Katherine hablar, la morocha encerrada al otro lado del muro en la tumba. Caroline se encontraba ahí para después partir y distraer a Stefan.

—Necesitan mi ayuda para mover el muro —señaló Caroline con obviedad.

Ødegård le regaló una mirada de autosuficiencia, extendiendo su mano al enorme pedazo de piedra, dejando un brillo magenta desvanecerse de su mano una vez desbloqueó la entrada.

Una vez la rubia se marchó apareció Katherine, moviéndose con un andar torpe y pesado, había perdido color y sus facciones se encontraban delgadas. Rune se angustió, primero porque Petrova compartía rostro con su mejor amiga e imaginarla así la descolocó, y segundo porque pudiera que una parte de ella —una que no admitiría con facilidad— se preocupaba por Katherine. Una especie de relación ❛ te odio por lo que les hiciste pasar a Stefan y Damon, y sobre todo a Elena, pero hay algo en ti que me hace tenerte aprecio. ❜

—¿Stefan sabe que estás aquí?

—Aún si lo supiera qué —rebate Rune.

—Te queda bien el papel de bruja guardiana —la mencionada rueda los ojos, extendiendo un bolso que ella misma había preparado.

—Debes de estar incómoda con ese vestido —señaló—, te traje ropa más cómoda y algo con lo cual limpiarte. Pero el bolso es edición limitada, y como seguidora de la moda entenderás que lo querré intacto. También vamos a querer que nos hables de Klaus.

—¿Esperan de verdad que lo haga? ¿Yo qué gano con esto?

Elena procedió a sacar un pesado libro que lucía antiguo, y una botella de agua reemplazada con sangre fresca.

—No luces sana —resalta la morocha cuando ve lo desesperada que está Katherine por conseguir un poco de sangre—. ¿Cuánto falta para que tu cuerpo colapse? Diez, ¿Veinte años? —una sonrisa ausente crece en los labios de Rune, admirando a su mejor amiga, sin embargo, su mente aún se encuentra en el hombre de sus sueños—. Debe ser doloroso desecarte y hacerte momia. No me lo imagino.

Las dos siguen a Katherine, derrumbándose al suelo aceptando su derrota. —Eres toda una Petrova —lleva la sangre a sus labios—. Y esto tiene sabor a bruja inestable.

—No te veo rechazándola —lanzó un guiño, Katherine rodó los ojos ocultando una sonrisa. Puede ser que el amor–odio fuera recíproco.

PARA EL FINAL DEL DÍA BRUJA Y HUMANA SUPIERON LA VERDAD TRAS LA IMPORTANCIA DE ELENA Y SU SANGRE PARA EL TEMIDO KLAUS. Ella sería quien rompiera la maldición, junto con Tyler, un hombre lobo, Caroline, una vampiro, y Bonnie, una bruja, los cuatro formarían parte del sacrificio que tendría que realizar el hombre para conseguir lo que deseaba. Claro que junto a la piedra lunar todos eran importantes, más bien la especie de la que provenían, pero Elena era la clave de todo, su sangre había sellado la maldición y su sangre sería la que la rompiera. Rune le aseguró, casi en una promesa, que no permitiría que muriera.

Dejó a Elena en los brazos seguros de Stefan después de mezclarle un té de hierbas y un poco de su magia para calmar su miedo y angustia, no era culpa de Gilbert de haber nacido con aquella sangre ni de haber formado amistades como todo el mundo haría, y Ødegärd se encargaría de recalcarlo cada vez que su mejor amiga decidiera culparse. Ella volvió a la tumba entonces, llamando a Katherine.

—Ya te he dicho todo —refunfuña, aproximándose a la entrada—. ¿Qué más quieres?

—Puede ser que haya tomado algunas cosas de la cocina Gilbert —ignoró su pregunta—, además de decidir dar mi nuevo bote de helado, pero te he traído comida. Hay cosas de las que uno no debería privarse.

—No quiero que me tengas lástima, Rune.

—No te tengo lástima. Apesta lo que has vivido, y como Elena no fue tu culpa nacer con la sangre que tienes. Hiciste lo imposible para sobrevivir; mis amigos te pueden llamar perra egoísta, pero yo no puedo pasar por alto que todo lo que hiciste fue para vivir un día más. Todos harían lo mismo —compartieron una mirada larga y significante, tras escuchar la historia de Katherine, el nacimiento de su bebé que después le fue arrebatado, su destierro a Inglaterra, la caza que se le dio por su sangre, su transformación por necesidad, el asesinato de su familia y el emprender huida por todos estos siglos, Rune pudo entender el forjamiento del escudo de Katerina.

—No lo hagamos más sentimental, RueRue —la morocha se removió con pereza, ahuyentando el ambiente frágil.

—Bien. Solo es un gesto de buena fe.

—¿Entonces esperas algo de mí, Spellman? —Rune sonrió, no sabía cómo Katherine conocía su amor por la bruja Sabrina Spellman, pero la comparación le gustó.

—No lo sé, Katerina, ¿Debería? Sabes quién es mi mejor amigo, así que yo diría que tengo algo por los ángeles caídos.

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