♡Por moda♡
Había pasado una semana, y no sabía nada de Taehyung, lo que me hacía sentir aún más deprimida.
La profesora Parker ya nos había asignado los lugares a donde iríamos, mi ilusión de ir al país de Taehyung se fue por un borde cuando Oscar nos mostró el papel.
Singapur.
Tan cerca, pero tan lejos.
Intente pedirle a Oscar que cambiará con el equipo al cual le tocó Corea, pero no accedieron.
— ¿Cuál es tu afán por ir a Corea? ¿Es por la misma razón de lo que habían dicho René y Renata? Olvídalo, esa moda de que te gusten los asiáticos ya me fastidio —menciono Uriel rodando sus ojos.
—Singapur es un país asiático, por si se te olvida. —Oscar le dio una palmada en la espalda—. Lo siento mucho Mich, intente hacer lo que pude, y no hay mucho tiempo, la profesora comprara los boletos dentro de tres días.
—No te preocupes, lo entiendo, es sólo que... tenía ganas de ver a alguien.
—¡Uh!, ¿Es coreano? ¿Esta guapo?
—René, que este en Corea no significa que sea coreano, puede ser un amigo o amiga —Tadeo suspiro mientras regañaba a la antes mencionada.
—Le quitan lo divertido a todo, si tan sólo se pusieran a ver dramas coreanos entenderían porqué tanta insistencia.
—Olvídenlo, ya lo dije no pasa nada.
Mientras tanto con Taehyung
Acababa de salir de la empresa del abuelo, estaba más agotado que de costumbre. Pero aún tenía hambre, así que pase por un lugar donde vendían naengmyeon, aparque el auto y baje para comprar un poco.
— ¿Taehyungie hyung?
Voltee para ver de quien se trataba llevándome una agradable sorpresa.
—Es bueno verte de nuevo Jungkookie. —el chico me hizo su típica sonrisa de conejo por lo cual sonreí más.
—Ha pasado tanto tiempo ¿Ya ha visto a los hyungs? Estarán emocionados de verlo de nuevo en especial Jim... —guardo silencio por unos minutos para nuevamente volver a hablar—. Lo siento Taehyung, no recordaba que...
Esta vez fui yo quien lo interrumpió antes de que continuará.
—Está bien, no te preocupes, de hecho, mañana pensaba ir a la casa de Hoseok, tal vez puedas decirle a los demás y reunirnos.
—Vale, y de nuevo, me alegro de verte Tae.
—Lo mismo digo Jungkook. —nos despedimos con un abrazo y yo volví mi camino para comprar el naengmyeon.
La compra fue rápida, por lo que no tuve que hacer fila para ordenar, ya estaba dentro del auto, cuando comencé a preguntarme sobre el que años atrás fue mi mejor amigo.
Mi alma gemela.
¿Estará bien? ¿Seguirá trabajando en el negocio de su madre?
Fueron casi cuatro años sin saber nada de él. Mi odio por lo que hizo me cegó tanto que, ni siquiera deje que me diera una explicación.
Ahora todo había cambiado, cualquier sentimiento negativo por él, se había esfumado. En el pasado sólo era un ingenuo adolescente que no sabía nada de la vida. Ya era un adulto y aunque no sabía el porqué, lo echaba de menos.
Al llegar a casa, después de comer el naengmyeon, cambie mi ropa, cepille mis dientes y recosté mi cuerpo en la cama.
Una persona paso por mi mente, estos últimos días había estado infiltrándose en mis sueños, lo que me hacía sonreír.
—En estos momentos es posible que ya estés en tu apartamento.
Dije en voz alta sin darme cuenta.
¿Debería llamarla? La diferencia de horario entre Los Ángeles y Seúl era casi de diecisiete horas, así que era posible que ya estuviese en casa. Tal vez serían alrededor de las diez de la noche por allá tomando en cuenta que aquí eran pasado de las tres de la tarde.
Tomé el portátil y lo encendí, quería ver su rostro.
Sin pensarlo dos veces, presione el botón y espere por ella.
Uno, dos, tres tonos después, pude ver que habían contestado, pero no podía ver su cara.
— ¿Quién es usted señor? —en la otra línea.
La voz que contesto no era de ella, segundos después pude ver con claridad la cara de un pequeño, uno muy adorable.
—Hola pequeño, mi nombre es Taehyung ¿Tú cómo te llamas? —sonreí al ver que acercaba sus ojos a la cámara.
Tan tierno.
— ¿Tejiun?, que nombre tan extraño, yo me llamo Evan.
—Es un gusto Evan, de... casualidad ¿No está por ahí una chica llamada Michelle?
— ¿Eres el novio de la tía Mich? ¡Oh! ¡Tía tu novio está en la computadora!
Fruncí el ceño al escuchar gritar al niño, y después reí un poco.
—Evan cariño, te dije que no tocaras las cosas de la tía Mich.
—Pero tía, yo sólo la abrí y él apareció en la pantalla lo prometo.
Segundos después, al fin pude ver a la chica de cabello rizado en la que había estado pensando la última semana.
—Deberías decirle que se corte el cabello, ¡Parece vagabundo con el cabello tan largo!
—¡Ve a ver si ya parió la gata!
No entendí eso último, puesto que lo había dicho en español.
Pude escuchar como cerraba la puerta y después visualicé a Michelle sentándose en la silla del escritorio.
—Hola. —ella sonrió y yo por instinto también lo hice—. ¿Cómo va todo por allá?
—Hola, pues estaba a punto de dormir, disculpa a Evan, mi hermana lo trajo de última hora para que lo cuidara y mañana temprano vendrá por él.
—Descuida, parece un niño bastante bueno.
—Lo es, pero en ocasiones suele ser un tanto curioso.
Ambos quedamos en silencio mientras, nos mirábamos fijo.
—Me alegra poder saber que estas bien. —menciono ella haciéndome sonrojar.
—Hoy fue un día demasiado cansado, pero quería verte, tres años en el apartamento de al lado no fueron en vano, te echo de menos Michelle.
—Aún no puedo procesarlo por completo. —comenzó a morderse las uñas, ya la había visto así un par de veces.
Era señal de que estaba nerviosa.
— ¿Él qué? —coloque mi mano izquierda sobre mi mentón
—Todo, el que te hayas marchado, aceptaste mis sentimientos y confesaste los tuyos, Dios el hecho de que estés hablando conmigo en este momento me lo hace aún más irreal.
—Yo también estoy feliz de verte, preciosa. —sonreí nuevamente mientras la veía reír con vergüenza.
— ¿Ya empezamos con los apodos? Porque yo tengo muchos por los cuales te llamaría.
—Me imagino las cursilerías que tienes en mente. —negué y reí burlándome.
—Si bueno, no he leído tantos libros románticos de en vano. —movió sus hombros despreocupada y yo asentí.
—Me encantaría seguir hablando contigo, pero no quiero que te pases tus horas ya que mañana tienes clases.
—Mañana es viernes, Tal vez podamos hablar mañana cuando salgas de tu trabajo.
—Me parece bien, de hecho, por acá será sábado. igual podríamos hablar más temprano, mañana iré a la casa de un amigo. Descansa ricitos de carbón.
Pude oír una clara carcajada al otro lado de la pantalla.
—Que creativo sobre nombre, pero para tu información me voy a hacer un lacio permanente. Adiós a estos molestos rizos.
—En mi opinión, tu cabello es genial y me entretiene verte jugar con tus rizos cuando te pones nerviosa. —sonreí burlesco.
—¡Ya! déjalo, vas a sonrojarme de la vergüenza.
—¡Vale! sólo decía. —nos quedamos en silencio por un momento, suspiré y sonreí de lado—. Bueno, creo que ya deberías descansar. Yo igual creo que lo haré un rato.
—Hasta luego Tae, gracias por no olvidarte de mí.
Guiñé un ojo y me despedí de ella.
Ridícula, ¿Cómo se le ocurre que me voy a olvidar de ella? Si no puedo sacarla de mi cabeza.
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