𝟎𝟖.

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❝*⁰⁸. ᶜᵒⁿᵠᵘᵉˢᵗ ᵖˡᵃⁿ

𝟐𝟗 𝒅𝒆 𝑺𝒆𝒑𝒕𝒊𝒆𝒎𝒃𝒓𝒆, 𝟐𝟎𝟐𝟑
𝑩𝒂𝒓𝒄𝒆𝒍𝒐𝒏𝒂, 𝑬𝒔𝒑𝒂𝒏̃𝒂

𝐄𝐋 𝐒𝐄𝐕𝐈𝐋𝐋𝐀 𝐅𝐔𝐄 𝐕𝐄𝐍𝐂𝐈𝐃𝐎 ese mismo día por el FC Barcelona y aquello sólo significaba una sola cosa: fiesta. El primero que había puesto su hogar para este evento casual había sido Fermín, incentivado por el resto de su equipo. Al parecer, nunca ponía casa, y eso significaba que ya le tocaba.

Gracias a Mara, Gio fue invitada a la fiesta. La hija de Xavi, sabiendo las intenciones que ahora la actriz tenía con el deportista, vio la oportunidad perfecta en este evento para un acercamiento y la rubia le agradeció mil veces que ella hubiera pedido que la acompañara. Tras esto, Corberó le comentó su asistencia a esta fiesta a Gavi, quien no tuvo más remedio que aceptar recogerla en su casa para llevarla. Porque sería raro que siendo su novia esta fuera sola con su coche.

Esto solo significaba una cosa: el inicio de plan de conquista de Gio.

Tras su beso con él, había estado en una nube constante. Sonriendo por doquier y maquinando todo lo que haría para ganarse el corazón del chico y más besos suyos, pero genuinos de verdad.

Justo al acabar el partido, al cual era obvio que la actriz tuvo que asistir como botinera, se fue corriendo para su casa. Agradeció al universo por haber decidido tomar su coche e ir por su cuenta y así no tener que esperar a nadie a la hora de irse; porque quería llegar en seguida a casa. El partido había finalizado a las seis y media ya que inició a las cuatro y media. Gavi le había comunicado que a las diez y cuarto la pasaría a recoger, así que a esa hora tendría que estar lista.

Entró a su casa como un rayo tras veinte minutos de camino y miró a sus padres, que se encontraban charlando animadamente con su hermano en la cocina. Estos tres la miraron cómo si le hubieran salido tres cabezas.

¿Por qué te ves tan alterada si el Barça ganó? —le preguntó su hermano, mirándola con extrañeza y empleando el idioma italiano.

Es que voy a ir a una fiesta y tengo el tiempo justo para arreglarme. Gavi me recogerá. —informó con urgencia.

—¿Pero a qué hora es la fiesta? —inquirió su madre, mirando el reloj de pared.

—Pues a las diez y cuarto me pasan a recoger...

—Pero todavía quedan dos horas y media para eso, amor mío. —intervino Alessandro.

—¡No es tiempo suficiente! —exclamó, atrapando su labio inferior entre sus dientes—. Tengo que elegir outfit, ver qué peinado me voy hacer y el maquillaje.

El resto de la familia Corberó no pudo decir más nada, ya que Giorgia salió pitando hacia su habitación, encerrándose en ella.










El primer apartado del plan de Giorgia consistía en algo simple: lucir extremadamente hermosa.

Había stalkeando a las chicas que seguía Pablo y también con las que se le relacionó en un pasado. Todas eran hermosas y tenían un maquillaje impecable. Sí, parecía una loca, pero si con aquello lograba engatusar el corazón del futbolista le daba igual. Quería estar a la altura, ser suficiente para él. Y aunque su plan de conquista no solo consistía en lo físico, era algo que también tenía que perfeccionar si quería que saliera todo perfecto.

Se fijó también en el tipo de ropa que aquellas chicas que stalkeó utilizaban. En base a lo que solían vestir, optó por ponerse un body de color beige y unos pantalones negros de lino junto a sus Adidas Campus grises. Y aunque se había dado cuenta de que el chico tiraba a las morenas de pelo, aquello era algo que no podía remediar. De todos modos, hizo unas bellas ondas para que sus cabellos se viera lo mejor posible.

En lo que más tardó fue en el maquillaje. Se pasó una hora entera frente al espejo siendo lo más perfeccionista posible para que quedara perfecto. Se maquilló más de lo que solía. Gio era una modelo caracterizada por ser bastante natural a la hora del maquillaje, así que ahora se sentía rara y con un peso de más en la cara. Pero al mirarse al espejo se veía guapa, y eso era lo que le importaba: verse guapa para Pablo.

Cuando su padre la llamó desde la planta baja sabía que él había llegado. Suspiró temblorosamente, y con los nervios a flor de piel y una sonrisa de oreja a oreja, agarró su bolso y salió de su cuarto llena de expectativa. Mientras bajaba las escaleras se imaginaba la reacción que podría tener el jugador por su apariencia. ¿La miraría con una sonrisa? ¿La halagaría?

Al llegar a la entrada, encontró a su padre hablando con el castaño. Ambos bastante metidos en la conversación. El palaciego se encontraba guapísimo, vestido con unos pantalones cargo y una camiseta de manga corta. Algo simple, pero que en él se veía más que perfecto.

—Ya estoy lista.

Su intervención hizo que el sevillano la mirara, pero una decepción enorme se asentó en su pecho al ver ni una reacción que indicara un camino positivo. El chico simplemente la miró con unos ojos que detonaban poca importancia, la escaneó de manera rápida mientras daba un asentimiento y volvió a reanudar su charla con Alessandro. Ni un comentario lindo, ni una sonrisa, ni siquiera una palabra.

Giorgia agarró su bolso con fuerza, repasando todas las horas que se había llevado en su cuarto esforzándose lo máximo posible para verse bien para él. ¿Sus ondas no habían quedado bien o tal vez no se maquilló lo suficiente? La próxima vez se pondría algo más atrevido, a lo mejor aquello funcionaba más.

Daba igual, no se iba a rendir.

—¿Nos vamos? —carraspeó, interrumpiendo aquella charla de fútbol.

Su padre la miró un tanto avergonzado y asintió rápidamente, mostrando una sonrisa.

—¿A qué hora me la traes, Gavi? —le preguntó el mayor, mirándolo con calma.

Sus padres le tenían mucha confianza y nunca habían sido de ese tipo que la sobreprotección les nublaba la mente. Sabía quién era Gavi y que iba a estar bien con él.

—Pues a lo hora que usted vea. —respondió, mirando de reojo a la rubia.

—Bueno, no pongamos hora. Pero me la traes bien y tampoco tan tarde. —señaló.

—No se preocupe, es una fiesta casual. No nos quedamos muy tarde.

—Está bien —asintió, abriendo la puerta—. Divertíos y centraros en vuestro papel.

Tras salir de la casa de la actriz, un silencio junto al fresco de inicios de otoño se agolpó entre ellos. Mientras caminaban sobre el camino de piedras del jardín hacia el coche del chico, justo aparcado frente a la casa, Giorgia decidió hablar. Quería sentir que haberse arreglado de aquella manera había servido para algo.

—¿Qué te parece mi look? —preguntó con una sonrisa.

El varón volvió a darle una mirada y asintió.

—Está bien. Molan los pantalones. —sonrió vagamente, y solo aquello la animó por mil.

Solo eso quiso hacerla seguir.

Pero un carraspeó incómodo le dio la bienvenida al montarse en el coche. Gavi al sentarse en el asiento del conductor no encendió la llave, simplemente, la miró.

—Sabes que vamos a tener que actuar durante toda la fiesta, ¿no? —habló al parecer con cuidado, pero mostraba algo de mosqueo en su tono.

—Sí, ya. —asintió, un tanto desconcertada.

—Entonces si lo sabes no entiendo porqué has decidido venir.

Un silencio lleno de penumbra llenó el vehículo. Unas ganas de llorar inmensas recorrieron todo el organismo de Giorgia, quien tuvo que parpadear varias veces para evitar que sus ojos se aguaran. Ahora resultaba que su presencia la molestaba. Un pinchazo se hizo notar en su pecho y las ganas de salir corriendo la tentaban.

Se sentía humillada.

—Si mi presencia te molesta, lo siento mucho —habló con un hilo de voz, sin poder mirarle—. Procuraré la próxima vez rechazar la invitación de Mara a otra fiesta donde estén ustedes. No te preocupes.

Gavi adoptó un rostro de arrepentimiento y observó el perfil de la chica, que miraba sus manos sobre su regazo. Intentando remediar su error, acarició levemente el brazo de la actriz. Una corriente eléctrica le recorrió todo el cuerpo a la rubia al sentir el tacto de sus dedos sobre su piel. Él no lo sabía, pero sólo aquello le daba escalofríos.

—Perdón, no quería referirme a eso —dijo rápidamente—. Sabes que ya nos llevamos bien. Me caes fenomenal y me pareces una tía de puta padre —al ver que Corberó no inmutó palabra, chasqueó frustrado consigo mismo—. A lo que quería llegar era que, a pesar de que nos llevemos genial, pienso que a lo mejor es incómodo para ambos tener que actuar sin necesidad. No pensé en mis palabras.

Eso no arregló nada para Giorgia. Aunque no hubiera querido hacerla sentir mal con sus palabras, seguía demostrando que no la quería en la fiesta. Que si iba o no allí le daba absolutamente igual. Que su presencia no le emocionaba ni un tanto, sino al revés: le desagradaba por tener que fingir ser su novio. Sabía que la situación era compleja, pero tampoco creía ser alguien tan desagradable para que le costara el hecho de solo sonreírle con complicidad o soltarle unas cuantas de palabras bonitas.

Decidió no darle más vueltas al asunto, o de lo contrario se pondría a llorar de la frustración.

—Da igual.

Sus palabras cortantes no convencieron al deportista, pero él al ver su parte cumplida, finalmente asintió.

—Olvidemos que esta conversación ha pasado, ¿sí?

La rubia no respondió a aquello, simplemente se quedó observando cómo el coche empezaba a ponerse en movimiento. Claro, si ya se lo habían dicho: a Gavi le daba todo igual. Y todo incluía a ella. Para él iba a ser fácil olvidar esa conversación, pero para ella no tanto.

Llegar a la fiesta fue un respiro. Gio salió rápidamente del coche, como si el asiento quemara. Gavi ni siquiera se fijó en aquella incomodidad que la rubia llevaba consigo. Porque claro, él nunca se fijaba demasiado en su alrededor.

Entraron a la casa de Fermín. Giorgia debía de decir que era de las más humildes que había visto entre los futbolistas. Porque aunque seguía siendo una casa magnífica, parecía más acogedora que otras que había visto. La velada que se suponía que era «causal», a los ojos de la rubia dejó de verse así al ver a bastantes personas revolotear alrededor de ella. Era cierto que había menos a comparación de otras fiestas a las que había asistido, pero no aparentaba ser casual.

Pablo la agarró de la mano al entrar en el salón, donde todos se acumulaban. Y es que lo hizo de una manera tan forzosa que aquello le sentó aún peor a la fémina. Divisó a la mayor parte de los jugadores en el enorme sofá ubicado a una esquina de la estancia y allí fue donde el futbolista la llevó.

—Pero mira quiénes han llegado.

Fermín saltó de su lugar para acercarse a su amigo y darle un fuerte abrazo. Justo en ese momento, el sevillano soltó la mano de Gio y ella no supo más que hacer que jugar con sus anillos. El rubio la divisó tras el abrazo y le regaló una sonrisa y dos besos en las mejilla.

—Me alegro de que hayas venido, Gio. Queremos conocer más a la chica de este tío. —sonrió con una amabilidad que, tras saber que su propio novio falso era el que no quería que ella estuviera allí realmente, sintió que estaba fuera de lugar.

—Gracias. Yo también estoy contenta de estar aquí —respondió con su mejor sonrisa—. Por cierto, hola a todos. —saludó al resto de los chicos en el sofá, quienes le devolvieron el gesto con sonrisas y movimientos de mano.

—Bueno, ¿nos sentamos? —intervino Pablo, dedicándole una mirada.

—Primero quiero saber dónde está Mara —respondió con amabilidad—. ¿Sabes dónde está por casualidad? —aprovechó para preguntarle a Fermín.

—A ver, creo que ha ido a la cocina. No estoy seguro.

Iba a dar un paso tras un asentimiento para ir a buscar a su amiga, pero el sevillano le agarró de la mano para retenerla.

—¿Estás segura de que no te quieres quedar, amor?

Giorgia lo miró durante unos segundos, observando aquellos ojos que en poco tiempo habían logrado hipnotizarla por completo. Quería decirle que sí, que estaba claro que quería quedarse con él y estar junto a su compañía. Pero sabía que aquello solo se lo había preguntado porque Fermín se encontraba delante y no porque realmente la quisiera tener consigo. Se notaba en su sonrisa tensa y no muy genuina. En esos momentos, después de lo que le había dicho nada más salir de su casa, Corberó no se encontraba con el humor suficiente como para seguir insistiendo por aquel día. Lo menos que quería era molestarlo.

Esa también podría ser una forma de conquistarlo: darle el espacio que él necesita. Lo menos que quería era ser pesada.

—No, da igual. Disfruta tranquilo con tus amigos, cariño. —quiso que sus palabras salieran con la mayor tranquilidad y amor posible, pero tambalearon un tanto por la decepción.

Tras verlo asentir, marchó a la cocina con ubicación predecible. Miró su atuendo y acarició su cabello mientras caminaba hacia su destino. Sintió un nudo en el estómago al recordar el empeño y el tiempo que había puesto para verse bien para él y las expectativas que había tenido para aquella noche. Nada de lo que ella había imaginado se había cumplido, y por algún motivo, un pequeño sentimiento de insuficiencia de agolpó en su pecho.

Como le dijo Fermín, en la cocina fue donde encontró a la hija de Xavi. Estaba de espaldas, sirviéndose un cubata en la encimera. Sonrió levemente mientras se acercaba a ella y acarició su hombro al llegar detrás suya. La castaña se sobre saltó un tanto, pero suspiró con tranquilidad cuando vio que era la actriz la que estaba a su lado.

—Me has asustado, tonta. —rió, dándole un rápido abrazo y un beso en la mejilla para terminar de echarse su bebida.

—Perdón.

La sonrisa de la mayor se esfumó al mirarla y ver su rostro decaído. Se extrañó al ver una cara que carecía de aquella alegría que caracterizaba tanto a su amiga.

—¿Y a ti qué te pasa? —le preguntó, dándole un sorbo a su vaso.

La rubia suspiró.

—No es nada...

—Y una mierda —le interrumpió—. Venga, escupe.

Tras unos cortos segundos donde la modelo se replanteó lo que decir, empezó a contarle de inicio a fin lo sucedido. También cómo se sentía. Le contó desde su intensa tarde donde se maquilló como nunca antes había hecho hasta las palabras que el sevillano le había dicho.

—A ver —comenzó a decir Mara tras toda aquella historia—, una cosa que tienes que tener clara es que no vas a conquistar a alguien que no le gustas en un día. Pero claro, te entiendo perfectamente. Ni siquiera se reparó en mirarte y encima va y te suelta lo que te ha soltado. Claramente, no ha estado bien. Comprendo que te sientas mal.

Gio asintió.

—Ya, tienes razón.

—No te vas a rendir, ¿verdad? —inquirió con sus cejas alzadas.

—Claro que no —negó—. Pero por ahora quiero olvidarme aunque sea por unos instantes de todo este caos.

—Eso es, chica —sonrió, agarrando un vaso cercano para servirle un cubata a una velocidad impresionante—. Toma, para que veas que vas preciosa. Y si Gavi no ha sabido verlo hoy porque es un gilipollas de los grandes, ya lo verá.

La actriz tomó el vaso entre sus manos y le regaló una sonrisa genuina. Por unas horas quería desconectar de todo: del contrato, de su plan de conquista y del mismo Gavi.


















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Holaaaa.

Echaban de menos un nuevo capítulo, ¿a que sí? Pues aquí lo tienen jeje.

Bueno, ¿qué opinan de cómo está yendo esta historia? ¿Cuáles son vuestras sensaciones? ¿Se identifican con la protagonista o no? Cuéntenme todo.

RECUERDEN LLEGAR A LA META
PARA ACTUALIZACIÓN.

¡Hasta pronto!

ᵃᵗᵗᵉ 𝖠𝗋𝗂 𝗅𝖺 𝖺𝗇𝗈́𝗇𝗂𝗆𝖺( )

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