1.09
NOTA: se que, en la historia original, al papá de Noah lo meten a la cárcel cuando ella tenia 7. Pero, para cronología de ESTE FANFIC EXCLUSIVAMENTE, se mencionara que Noah tenia 12, para que Ander tenga 15 cuando paso lo de su arresto en una carrera (se menciona en el capitulo 1.03 y 1.04)
CAPÍTULO NUEVE
FELIZ CUMPLEAÑOS... PT. 1
☽
ANDER
FLASHBACK
AUN TENGO EL RECUERDO DE la noche antes de mi decimoquinto cumpleaños. Y no solo hablo del recuerdo mental. Aquellas diminutas cicatrices, casi imperceptibles a simple vista, que tenía en mis manos, me ardían en la piel al llegar esta fecha.
Mis padres me habían permitido salir con mis amigos esa noche para una supuesta ida al cine. No podía decirles que iría a una carrera solo porque el hermano mayor de mi mejor amigo quería aprovecharse de mi hermana menor.
Noah tan solo tenía 12 años, y Nando García, con 19, quería estar con ella. Sobre mi cadáver.
Habíamos tomado prestado —por no decir que prácticamente lo robamos— uno de los coches que papá solía dejarnos a Noah y a mí para conducir.
Era un Porsche 911 negro. Mi favorito.
Lo que corría por mis venas esa noche era una mezcla de adrenalina, temor y determinación. No sabía lo que pasaría, temía que mi padre se diera cuenta de la ausencia de su coche y no podía permitir que Noah acabara en manos de ese imbécil.
Era lo único que pasaba por mi cabeza mientras pisaba el acelerador y sujetaba el volante con fuerza. De vez en cuando, miraba por los espejos para ver dónde estaba Nando. Por suerte, iba algunos metros detrás de mí.
Todo estaba para que ganara esa carrera. Todo estaba para que me llevara esos 100 euros y que ese enfermo no pudiera ponerle ni un dedo encima a mi hermana.
Y no lo hizo. Gracias a Dios. Pero tampoco logré llevarme el dinero.
A mitad de la carrera, dos patrullas nos bloquearon el camino y nuestros coches se estamparon contra ellas. Todo pasó tan rápido que apenas fui consciente cuando me bajaron del coche, me esposaron y me metieron en la parte trasera de una patrulla.
Por la ventana, pude ver cómo una grúa se llevaba ambos coches, y yo solo pensaba en lo furioso que estaría papá. El hecho de haber tocado uno de sus preciosos coches supondría mi fin.
Papá tuvo que dejar de correr cuando se fracturó la pierna en un accidente. Eso lo transformó. Dejó de comer, dejó de sonreír, dejó que la rabia y el dolor lo consumieran y entonces cambió.
Noah tenía tan solo 3 años cuando le dio la primera paliza a mamá. Ese día, yo no estaba en casa. Estaba en detención, pero mis padres pensaban que estaba en las estúpidas prácticas de tenis. Mamá me llamó justo cuando salí de detención, diciéndome que Noah estaba en el hospital.
Desde ese momento, dejé las clases de tenis y procuré estar más tiempo en casa.
Hoy decidí salir, ya que se suponía que papá saldría con sus amigos y no regresaría hasta el día siguiente, probablemente. Claro, el plan inicial era regresar antes de medianoche, pero eso ya no ocurriría.
Cuando llegamos a la comisaría, nos separaron por edades. A los que eran mayores de edad los encerraron en una celda apartada, mientras que a los menores nos dejaron en una celda que estaba, literalmente, en medio de la comisaría.
Todos estábamos con las manos esposadas detrás de la espalda. Algunos tenían la cabeza gacha, otros miraban el techo y unos pocos observábamos la entrada de la comisaría esperando a que nuestros padres llegaran... o que no lo hicieran.
En mi caso, hubiera preferido quedarme en esa celda antes que enfrentarme al demonio que vi entrar junto a mi madre.
Papá estaba hecho una furia. Mamá permaneció apartada mientras papá escuchaba a la oficial explicarle lo sucedido. En cuanto vi que firmaba la confirmación de mi salida, supe que era mi fin.
El camino a casa fue silencioso. Pero podía sentir la preocupación de mamá mientras miraba por la ventana y papá conducía como si estuviera en una pista de carreras. El chirrido de los neumáticos contra el pavimento cada vez que giraba bruscamente solo lograba que mamá y yo nos tensáramos.
Cuando llegamos a casa, entré delante de mi madre. Apenas puse un pie dentro cuando el primer golpe llegó acompañado de una sarta de insultos. Caí al suelo e intenté protegerme, pero los golpes continuaron hasta que supuse que se cansó.
Mamá le suplicaba entre sollozos que me dejara en paz, pero papá la apartó antes de lanzarme algunas cosas de vidrio. Cuando decidió que era suficiente, pasó por mi lado y salió de la casa dando un portazo.
No regresó hasta el mediodía del día siguiente, mi cumpleaños. Mamá, Noah y yo estábamos en la mesa del comedor comiendo pastel cuando él entró tambaleándose. Estaba un poco, por no decir demasiado, ebrio y... feliz.
El olor que emanaba al acercarse a la mesa era desagradable. Le dio un beso en la cabeza a mamá, luego a Noah, y por último me miró desde el otro lado de la mesa. Balbuceó algunas palabras de felicitación y orgullo antes de lanzarme las llaves de un coche.
El Dodge Charger 2011 que había ganado en alguna de sus carreras.
Esa misma noche, mamá tuvo que salir por dos días por asuntos de trabajo. Papá me permitió llevarla hasta el metro para "estrenar" mi coche nuevo.
Cuando regresé a casa y apenas bajé del coche, los gritos de Noah resonaron en el interior de la casa, haciéndome apresurarme a entrar. Pero antes de que pudiera girar el pomo de la puerta, los gritos de Noah se apagaron.
Abrí la puerta tan rápido que tropecé con mis propios pasos, pero no importó. Corrí hacia la habitación de Noah solo para encontrarme con una escena que mi cerebro no logra recordar.
En un momento estaba de pie frente a la puerta blanca de la habitación de Noah, y al siguiente, estaba junto a ella en el hospital después de que le cosieran su herida.
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