❛ 𝘃𝗶𝗶. 𝖻𝖾𝗌𝗈𝗌 𝖽𝖾 𝗆𝖾𝖽𝗂𝖺𝗇𝗈𝖼𝗁𝖾.




❛ 𓄼 CAPÍTULO SIETE 𓄹 ៹




AL SEGUNDO EN EL QUE LA PELINEGRA SE HABÍA MARCHADO, Carmen sacó su celular de entre su vestido buscando ansiosamente el chat del hacker, mientras intentaba localizar a Sofía y Javier con la mirada, apartándose con rapidez de la multitud que la mantenía encerrada y limitando su visión.

desconocido

Encuentra a Sofía y a su perro
guardián. Después, diviértete
junto a ellos y con tu querida
amiga 👸🏽🌹🍾

Yo que tú le hago caso :)

La castaña suspiró fastidiada, saliendo de la enorme sala y comenzando su recorrido para encontrar a los tres mencionados, sin hacer muchas matemáticas para saber que los emoticones se referían a Rosita.

—¡Eh, Rosita! —con la punta de su dedo tocó el hombro de la morocha, interrumpiendo las bebidas que mezclaba, regalando una sonrisa de disculpa en el acto, por reflejo—. ¿No es mucho? —inquiere, riendo tímidamente—. ¿Quiénes son las pobres almas que lo tomarán?

—Excelente pregunta, Carmen —al instante depositó un caballito en su mano, entrelazando su ahora mano libre con la izquierda de Carmen para guiarla entre los adolescentes, hasta llegar a una mesa donde encontró por fin a Sofía y Javier—. Toma, Sofía.

—¿Qué? ¿Quieres que tomemos esta sustancia desconocida? Si solo dios y tú sabrán qué tanto le mezclaste —González frunció el ceño confundida, pero aún así con un tono burlón. Miró a Sofía, quién le lanzó una mirada de advertencia—. Por qué no lo haría —los adolescentes rieron a su respuesta viéndola tomar el trago en seco para después toser, recibiendo palmadas de Rosita, divertida.

—Vas, Sofía —apuró la de puntas rosadas recibiendo al segundo otra ronda de caballitos. La azabache, aún mirándola con duda, se bebió poco a poco el líquido, antes de que Rosita tuviera que hacerla beber de un trago—. Y ahora beso.

—¡Beso! ¡Beso! ¡Beso! —el ceño de Carmen se hundió aún más, hasta que recordó el mensaje del desconocido.

Rosita dio un paso atrás al ver las intenciones de González, soltando una exclamación al verla tomar impulso y las mejillas de Sofía para plantar un beso en sus labios, el cual su contrario correspondió sorprendida.

Al separarse, Carmen sintió las miradas aún encima de ella, por lo que con las mejillas sonrojadas caminó lejos.

—¡Carmen! —Sofía y Javier trataron de seguirla, siendo la misma Rosita quién les corta el paso para tenderles la segunda ronda.

—Javier aún no ha tomado el suyo —dijo con una sonrisa, haciendo caso del mensaje que había recibido minutos atrás por el mismo desconocido que a Carmen.



desconocido

Sigue los dibujos.

EL TACTO EN SU ESPALDA BAJA LA HIZO DAR UN BRINCO DE SORPRESA, girándose y relajando su corazón al ver que eran Javier y Sofía, siendo el primero que había tocado la tela de su vestido.

—Me ha vuelto a escribir —trata de hacerse escuchar sobre el ruido, mostrando el mensaje.

Herrera se acerca a la pared, moviendo una lámpara para mostrar el dibujo escalofriante a ojos de Carmen.

Subieron las escaleras que indicaba, encontrándose al final de ellas el techo del hogar de Raúl, con Alex sentada ahí.

—¿Alex?

—¿Les gusta el lugar? Ya sé que los tres son fans de los techos.

—De los seguros sí —contestó la castaña con una sonrisa, intentando apaciguar el ambiente y la tensión de Alex.

—¿Estás bien? —preguntó Sofía al ver sus ojos decaer y llevar su mano al audífono que tenía.

—Dice que nos quiere ayudar a nosotros, pero en especial a ustedes dos, chicas —las mejores amigas compartieron una mirada—. Quiere que esta noche sea especial. Que primero tiene un último pedido. Que saltes a la alberca —la señaló detrás suyo, sin desviar sus ojos de Carmen.

—No mames. Claro que no, pero ni locos —se negó de inmediato Williams.

—Si no va a decir lo que sabe de mí.

—¿Lo de quién es tu novia?

—¿Cómo? ¿Ya, ya lo sabes? —la chica asintió—. No. Es que, si se entera alguien más, todo esto acabaría y yo no puedo terminar mi relación con...

—Sí, mira —Javier volvió a hablar—, Carmen no saltará, y eso está decidido.

—No, Carmen...

—Es, es... —balbuceó la azabache, siendo seguida de cerca por Carmen—. Solo es cosa de ver dónde vas a caer, ¿No?

—Carmen, ni se te ocurra saltar porque me voy en este momento, eh.

—Lo voy a hacer —suspiró Carmen, tomando la mano izquierda de su amiga para darse valor antes. Sofía proporcionó un apretón a sus manos unidas, entendiendo que Carmen lo haría por ayudar a una persona que si lo merecía entre tanta gente—. Alex, ¿De verdad lo vale entre tú y ella? Porque sabes que lo sé, pero necesito una respuesta.

—Más que nada, Carmen —aseguró, suplicante.

—Ey, escúchenme —Javier interrumpió—, no lo vas a hacer.

—¡Javier! —exclamó Carmen.

—¡Me vale madres!

—A ver, cálmate —el chico la miró, después a Carmen y al final otra vez a Sofía—. Cálmate.

—Por favor, no lo hagas. Porfa —ella suspiró en la indecisión, y cuando parecía que no llevaría a cabo esa acción, corrió hacia el borde del techo antes de reunir todo el coraje que poseía y pegar un brinco, cayendo segundos después en la piscina.

Salió del agua a los segundos, su visión borrosa y tosiendo desesperada, escuchando la ovación de sus compañeros ante su acto.

¡Carmen! ¡Carmen! ¡Carmen! —corearon.

Nadó a la orilla, recibiendo una mano y un reproche.

—Estás pendeja o qué te pasa —al sentir sus pies tocar suelo miró hacia el techo, viendo a Javier marcharse y a una Sofía aliviada. Con señas, le pidió a Sofía acompañarlo—. ¿Por qué hiciste eso? Estás cabrona.

—Y aún así te gusto —las comisuras de sus labios se elevaron a sus palabras, recibiendo una sonrisa por igual de Raúl, asintiendo a lo dicho.

Alex se acercó de inmediato a ellos, agradeciendo su acción y contándole sobre la ida abrupta de Javier, siendo seguido por Sofía.

CARMEN SALIÓ DEL BAÑO CON DUDA E IRRADIANDO TIMIDEZ, sintiéndose mal de usar el baño de Raúl para quitarse el cloro y de vestir su ropa para dejar secar su vestido, y claro, dejar de temblar a causa de lo corto y revelador que era, manteniendo solo el collar de su vestimenta anterior.

—¿Todo bien? —Raúl dejó el cubo Rubik, prestándole su completa atención, siendo Carmen quién le asintió como respuesta—. Se te ve mejor que a mí.

González miró la camisa de manga larga color azul que vestía —por supuesto, mucho más grande que su cuerpo—, acompañada de los pantalones deportivos.

—Sabes que pudiste dejarme volver a casa, ¿No? —avanzó unos pasos, mordiendo su labio inferior antes de recorrer con la mirada la habitación del ojiazul—. Estaría vistiendo algo que sí me quedara bien.

—Todo te queda bien. Siempre.

Tras recordar al perro extrovertido y adorable de Raúl, Conan, Carmen se acercó al chico, sentándose a su lado en el borde de la cama.

—¿Sabes algo de tus padres?

—El abogado dijo que mejor ni pregunte —contestó, con pesar—. Los están buscando. Los partidos. La policía... —Carmen entrelazó sus dedos, jugando con los de Raúl, provocando que este se quedara con la mirada fija en su acción—. Me dijeron que se iba a arreglar pronto, pero ya me vale madres. Mínimo me dejaron dinero.

—Pero lo gastaste en la fiesta, ¿No? —el silencio del muchacho fue la respuesta a su pregunta. Suspiró, había tomado una pésima decisión—. Bueno, sabes que eres bienvenido a mi hogar.

—Lo sé muy bien —le dedicó una sonrisa sincera, bajando la mirada al collar por segunda vez en la noche—. ¿Y por qué viniste? No me quejo, pero, aunque vivas cerca jamás te has asomado a mis fiestas.

—Bueno, he tenido mi motivo.

—¿El hacker? —Carmen lo miró, extrañada por su acertada respuesta—. Por un momento pensé que habías venido por mí. A mí me hubiera gustado mucho.

Calló por unos segundos, sin poder ocultar su sonrisa. —Necesito lavar mi ropa.

Junto a sonrisas cómplices bajaron al sótano, metiendo la ropa en la lavadora y haciéndola funcionar.

—¿Y? ¿Por qué te abandonó este cabrón? —mencionó a Javier, mostrando desinterés—. ¿Sofía se fue con él?

—Se supone. No quería dejarlo volver solo a casa, después del susto que le metí...

—Te importa alguien que no lo merece —murmura—. Y lo más seguro es que no le importes. No es que me quiera meter, ni nada —se apresura a decir al verla negar—. Todo el tiempo estás rodeada por él, ¿No? Y nunca tienes tiempo.

Los sentimientos de Carmen la incitaron a dar un paso hacia el frente, mirando a Raúl a los ojos. —¿Tiempo para quién? —pregunta en un tono de voz aún más bajo.

—Tiempo para mí.

—Esperaba que dijeras eso —su sonrisa se agrandó, impactando sus labios contra los de Raúl, empujando su cuerpo contra la blanca pared. Las manos de Carmen recorrieron el torso y la parte posterior de su cuello, mientras que las de Raúl tocaron su espalda baja y cabello, acariciándola bajo la tela.

Hasta que la luz desapareció del lugar.

—No mames.

—Oh, Dios —farfulló Carmen—. Oh, Dios.

—Está bien, tranquila —Carmen buscó su teléfono, presionando el botón de la linterna.

—Estoy tranquila —aseguró—. Fue la sorpresa, eso es todo.

—A ver, ven —el castaño entrelazó sus manos, guiándola por un estrecho pasillo—. Aquí está el interruptor de la luz. Aguas. ¿Qué te dije? Ahí está.

—Pásame tu teléfono —indicó, alumbrando el panel con ambos teléfonos.

Raúl bajó la palanca sin obtener algún resultado, hasta que recordó otro de los interruptores del otro lado del sótano. El mexicano prometió volver, dejando un casto, pero delicado beso en la frente de su vecina.

No pasó ni un minuto de haberse marchado León cuando Carmen creyó haber escuchado un ruido, después de la voz de Sofía llamando su nombre, para ser una máscara lo último que recordara.

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