❝ CHAPTER ONE ❞
















───── ❝ CHAPTER ONE ❞ ─────














Eran alrededor de las 2 a.m. y ella estaba sentada en el bar de un hotel. Las luces estaban apagadas y muy pocas personas seguían despiertas. Un hombre mayor, vestido como un hombre de negocios, estaba sentado en una de las cómodas sillas leyendo un periódico mientras fumaba un cigarro. En uno de los rincones, pudo ver a una pareja que no podía quitarse las manos de encima. Estaban tratando de mantenerlo bajo, pero de vez en cuando escuchaba una risita desde su esquina. Estaba sentada sola en el extremo derecho de la barra, perdida en sus pensamientos. Ahora sus dedos sostenían el pie de una copa de vino y le dio un pequeño giro, observando cómo el vino tinto aún intacto se arremolinaba en la copa.

Mientras todavía estaba pensando y mirando el pequeño charco de vino rojo en el fondo de su copa, notó que alguien acababa de tomar asiento en el bar a unos cuatro asientos de ella por el rabillo del ojo. Apartó los ojos del vino y giró un poco la cabeza para ver quién llegaba a esa hora tan tardía, sólo para encontrar a un hombre sumamente guapo, de cabello castaño, vestido con un traje con el cuello abierto y la corbata colgando suelto alrededor de su cuello.

Su atención fue devuelta hacia el sonido de su teléfono sonando. Soltó un suspiro y se levantó de su silla, caminando con dirección al baño de damas.

Situatsiya [Situación] — la voz masculina habló tan pronto como respondió la llamada.

I tebe spokoynoy nochi [Buenas noches a ti también] — la rubia gruño en ruso, entrando a uno de los cubículos desocupados —. Ty ne skazal mne, chto oni terroristy, Cain. YA ne sobirayus' rabotat' na nikh. [No me dijiste que eran terroristas, Cain. No voy a trabajar para ellos.]

Vy rabotayete na vsekh, kto khorosho platit, Kiseleva. [Trabajas para todos los que pagan bien, Kiseleva.] — fue la respuesta que obtuvo, respuesta que provocó que rodara los ojos —. Tienes que estar lo antes posible en California.

—Llego mañana — aseguró sin dudar.

— ¿Y cómo piensas pasar desapercibida?

—Tengo mis trucos, querido — sonrió de lado, antes de colgar.

Al salir del cubículo, se vio al espejo y, cuando terminó de retocarse, salió del baño mirando el exclusivo casino.

Caminó por las mesas de apuesta, hasta que visualizó a su objetivo ya caminando con dirección a la salida y comenzó a seguirlo de lejos.

Sonrió de lado, al ver cómo una periodista lo entretenía y notó su oportunidad de acercamiento.

La periodista miró al hombre con seriedad pero un ligero brillo de curiosidad se instaló en sus ojos.

La rubia rodó los ojos antes de deslizarse entre los guardaespaldas hasta llegar al lado del hombre.

—Hola — murmuró con una pequeña sonrisa, a la vez que sus manos se instalaban en su pecho.

Dos enormes ojos marrones enmarcados por las pestañas más largas que jamás había visto en un hombre miraron directamente a su alma. Ella sonrió inocentemente. Pudo notar cuando él se interesó lo suficiente en su apariencia para olvidarse de la periodista.

—Hola — él sonrió con galantería. También se veía un poco divertido, notó ella. La rubia soltó una pequeña risa risueña cuando su mano descansó sobre la cintura de ella —. ¿Me aceptas un trago?

La rubia ladea ligeramente la cabeza, fingiendo pensar.

Se acercó a su oído y susurró: —Tengo algo mucho más interesante en mente.

El castaño la miró con una ceja alzada, mientras ella ponía una cara de inocencia.

—Tengo que admitir que su propuesta es muy tentadora, señorita...

—Agatha.

—Tony.

















Agatha se removió en la cama y abrió lentamente los ojos, cuando miró hacia el frente, se encontró con la espalda de su amante de una noche. Con parsimonia, se sentó en la cama y veía como el otro se vestía sin notar aún que la rubia se había levantado.

Kotoryy seychas chas? [¿Qué hora es?] — murmuró con tono adormilada, la repentina voz femenina en la habitación hizo que el castaño se sobresaltara, antes de voltear a ver a la rubia desnuda, en su cama.

—Buenos días — saludó desconcertado de que se levantara antes de las siete de la mañana.

— ¿Qué hora es? — repitió en el mismo idioma.

—Son las cinco de la mañana.

Ella asintió, para luego acomodarse otra vez en la cama y cerrar los ojos.

Tony frunció el ceño, sin embargo no dijo nada y salió de la habitación tratando de no hacer ruido.

















—Buenos días, son las siete de la mañana... — una voz mecánica se escuchó, y la rubia se levantó en alerta, para luego calmarse al ver que no había nadie en el cuarto —. La temperatura en Malibú es de veintidós grados y el cielo está despejado.

Se quedó embobada cuando vio la vista al mar que se podía observar desde ahí, lástima que el momento se arruinó cuando escuchó su teléfono sonar. Sabiendo que era momento de ver a Caín, comenzó a buscar su ropa, la cuál no encontró.

Extrañada, tomó la camisa de seda de Stark, en el suelo, y se la puso. Luego salió de la habitación y comenzó a vagar por los pasillos desiertos de la mansión.

Unas pisadas de tacones llamaron su atención, al dar la vuelta se encontró con una mujer rubia fresa con un traje.

—Señorita, le traje su ropa, ya está lavada y planchada. Además, de que afuera está un auto, esperándola, que la llevara a donde usted quiera — la voz de la mujer era monótona y casi se destilaba un toque de cansancio.

—Gracias — sonrió mientras se acercaba a ella y tomaba el vestido –. ¿Te encargas de limpiarle su ropa a Tony? — la pregunta salió de sus labios antes de que pudiera medir sus palabras.

—Hago todas las cosas que pida y mande el Señor Stark... y eso incluye, en ocasiones, sacar la basura — la respuesta fría de la pelirroja, la hizo sonreír con diversión.

—Auch — exclamó llevándose la mano al pecho en un gesto dramático —. Y yo esperaba que fuéramos amigas.

— ¿De verdad crees que regresarás? — la mujer la veía con una mala sorpresa y confusión. Sin embargo, la sonrisa burlesca no dejaba el rostro de Agatha.

— ¿Y tú crees que yo soy la clase de mujer que espera que el hombre se quede a su lado únicamente porque tuvieron relaciones? — la rubia soltó una pequeña risa de burla —. Dorogoy, yo ya tuve mi momento de diversión con él, no necesito nada más de él. Por cierto, dile a Tony que me divertí — le guiñó el ojo con complicidad antes de dirigirse de regreso a la habitación para cambiarse y no volver a ver a Tony Stark en su vida.

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