CAPITULO 1
Eres tan pequeña como una mariposa.
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El sonido que hacían las gotas de lluvia al golpear mi ventana era el único ruido que escuchaba desde hace horas, mas aparte el del reloj de mi mesita de noche que ya marcaban las cinco de la tarde.
En los últimos dos días todo fue de mal en peor, papá ya no hablaba conmigo ni con nadie. Aquel estudio que se encontraba en el primero piso al fondo siempre estaba lleno de luz, con grandes ventanas, había muchos discos, instrumentos y libros con papeles llenos de notas y canciones.
Ahora que ella ya no estaba se la pasa en su estudio tocando ese piano inundando la casa con melodías nostálgicas, y en cuanto a mi ya no volví a la escuela hasta que todo estuviera mejor.
Estoy al borde de la cama, ya solo me falta ponerme los zapatos. Y es que aun no comprendía porque ella se había ido de este mundo.
Al abrir ligeramente la puerta me encuentro con la figura de alguien, su pálido y serio rostro me hizo sentir muy pequeño en comparación con el.
— Ya debemos irnos. — dijo con seriedad —. Bajemos ya.
Simplemente asentí con la cabeza, me coloque los zapatos y baje en su compañía.
En cuanto llegamos al lugar, mi padre agradeció y saludo a muchas personas que yo no conocía, todos llevaban ropa oscura y paraguas para protegerse de la lluvia que en todo día no había cesado. Un panorama nostálgico, frío y gris era lo único que mis inocentes ojos podían ver en este momento y yo solo un niño de diez años, no era capaz de procesar y mucho menos de comprender.
A medida que aquel hombre daba algunas palabras en esa tumba donde estaba mi madre, yo apreté ligeramente la mano de mi padre, sentí miedo y muchas ganas de llorar.
— Lou. — un hombre mayor, de porte muy elegante se acercó hasta mi padre y le saludó con la mano —. Mi mas sentido pésame, sabes que cualquier cosa puedes contar conmigo y la familia Nostrades.
— Gregori. — respondió el con media sonrisa —. Muchas gracias amigo.
— ¿Este pequeño es tu hijo?. — el hombre me miro y yo simplemente baje la mirada —.Tiene los ojos de Lilly sin duda, aunque se parece mas a ti.
— Cole es mi único hijo. — en ese instante el soltó mi mano —. Ve a despedirte de tu madre, ya nos vamos.
Le hice caso y fui hasta donde mi madre, ahí por la mañana mi padre le pidió a los cuidadores del lugar que sembraran tres flores Allium en toda la jardinera de esta. Lilly era el nombre de mi madre y fue la mujer mas bella que yo aya visto, ella amaba los Allium, tanto que era la única flor que recibía cuando la visitábamos al hospital después de que recayó por su enfermedad.
Era una flor que a mi parecer era muy bella como ella, por su distinguido color lila en forma de pompón y su largo tallo verde. Fue cuando comprendí que ella ya no regresaría jamas, que no volvería a abrazarla y que estaría solo a partir de ahora. Sin darme cuenta la lluvia comenzó a empapar toda mi ropa y tal vez me enfermería después.
Desde muy pequeño, me di cuenta de la gran fuerza que tenía a la hora de pelear con otros niños que me molestaban a mi o a otros niños de menor edad, podía incluso contra dos yo solo y para mi no era un gran esfuerzo. Siempre quise saber de donde venía esa fuerza, no podía simplemente tenerla porque si, había algo mas que me hacía fuerte, mas fuerte que todos los demás.
— Lo sabes Cole, no esta bien buscar peleas. — me dijo mi madre desde su cama, yo le mire un poco molesto con mi mejilla llena de raspones y moretones —. Menos si son mas grandes que tu.
— Eso es porque ellos se lo buscaron. — dije cruzado de brazos —. Estaban molestando a un niño de primero y yo debía hacer algo, o lo tirarían en un bote de basura.
— Naciste con una gran fuerza si. — le presente atención al mas mínimo detalle que estuviera a punto de decir —. Porque, al ser fuerte tienes el privilegio de hacer las cosas bien, cuidar de los que te necesitan y proteger a los que no tienen esa fuerza tuya.
— Papá dice que no, que yo debo ser como el. — dije mirando los Allium en el jarrón de su mesa —. Quiere vivir a través de mi.
— Es porque el quiere que no te metas en problemas, Cole. — ya había notado que su sonrisa cada vez se apagaba más —. Tu harás lo que creas que es correcto y yo te voy a apoyar, porque te amo, hijo mío.
En ese momento no compartía del todo sus pensamientos. Mamá era una mujer muy tranquila, pero muy enfermiza desde que yo nací. En cambió papá era un hombre mas firme, pero con mucha pasión por el canto, la música y el baile.
Eran diferentes, pero me amaban porque era yo su hijo, no había otra explicación.
A ellos les encantaba también bailar música lenta en el estudió de la casa, y yo solo los miraba a través de una pequeña apertura en la puerta, y una sonrisa tranquila se dibujaba en mis labios viendo el largo vestido magenta de mi madre. Era el niño mas feliz del mundo, no tenía ninguna duda.
Después de su muerte, mi padre y yo no volvimos a hablarnos muy seguido, si, estábamos en la misma casa pero nunca me dirigía la palabra, ni siquiera me miraba a los a ojos, como si me odiara y llegue a pensar por mucho tiempo que era todo mi culpa, que tal vez se había destruido la familia por mi sola existencia.
De nuevo alguien me había buscado aquel día saliendo de la escuela, era el pan de cada día en mi vida desde cumplí los trece años, ahora que tenía dieciséis años debía ser un alumno normal de secundaria, pero nada de eso era así. Siempre buscaban pelea conmigo por motivos tontos, desde luego jamás me deje y eso me llevo a tener problemas de conductas en la escuela.
Camine con rapidez hasta llegar a uno de los callejones cerca de la plaza central, para que me dijeran que querían.
— ¿Buscan pelea?. — pregunte volviéndome para mirar a cuantos imbéciles les partiría la cara —. Me han seguido desde que salí de la escuela y dudo que sea para invitarme un cigarro.
— Me llegó la noticia de que hace dos días, golpeaste a mis dos primos hasta casi matarlos. — me dijo uno de ellos, al parecer eran de otra secundaria por el uniforme —. Eso no me gusto para nada, es por eso que te matare.
— Tus estúpidos primos buscaron la pelea primero. — dije lanzando mi mochila hacia la tapa de un bote de basura —. Y te pasara lo mismo, si no te vas ahora mismo.
— Somos cuatro contra tu solo. — dijo el otro —. Te tendrán que ir a buscar a un hospital.
Varios minutos mas tarde regresaba a mi casa intacto, con una sonrisa victoriosa en mi rostro seguramente. Les había dado una gran paliza a los cuatro sin reparó, ni siquiera pudieron meter sus sucias manos sobre mi.
Por desgracia en la ausencia de mis padres, en ocasiones hacia lo que se me diera mi gana y aquella promesa que le hice a mi madre de proteger a los débiles con el tiempo la fui olvidando, si yo era fuerte era porque merecía estar en la cima, si se metían conmigo simplemente les daba una paliza y ya.
Recuerdo que hace un año, mi padre me golpeó tras enterarse que habían bajado mis calificaciones por no entrar a las clases, estaba tan molesto y tan confundido por el pronto aniversario de la muerte de mamá también, que cuando vi a uno de primero siendo molestado y azotado por algunos de mi salón que eran un grado mas grandes no hice absolutamente nada, no era mi problema. Yo tenía cosas más importantes en que pensar.
Llegue a casa y entre, ni siquiera me moleste en anunciar mi llegada, nadie me estaba esperando.
Subí a cambiarme, eche la ropa a lavar y trate de cocinar algo, aunque que se que soy terrible en esta área, no me quedaba de otra, también limpie la casa y limpie el polvo de los muebles de madera. Por la noche fue el momento mas difícil, mi padre ya se encontraba cenando conmigo al otro lado de la mesa, no decía nada y el único ruido en el salón era el sonido de los cubiertos chocar contra los platos de porcelana. Hasta que por fin, se digno.
— Supe que te mentiste otra vez en una pelea. — dijo —. ¿Acaso no te importa la escuela?, esto ya lo habíamos discutido una vez.
— Si hubiera echó eso, ahora estaría muy lastimado. Es solo la gente chismosa que inventa cosas — dije sin darle importancia al tema —. Mis calificaciones van mejorando, solo eso importa.
— Estas a dos meses de terminar la secundaria. La academia de artes Marty Oppenheimer tiene las inscripciones abiertas. — dijo terminando de su comida —. Entraras en dos meses entonces.
— Si, como digas. — fue lo último que dije antes de que el se retirara a su estudió.
Limpie la mesa y regrese a mi habitación cuanto antes, las escaleras tenían forma de caracol y en una pared que estaba en medio había un espejo de cuerpo completo. Cuando era niño ahí me media, ahora ya era mucho más alto y fuerte. En mis tiempos libres, suelo hacer alpinismo, que es algo que me fascina, la tierra, las alturas y la aventura me hacen sentir libre y me quitan un gran peso de encima, ¿yo ser un bailarín como el? Acaso esta loco, yo jamás haría algo así, el es mi padre y yo soy yo.
Sin embargo, también me di cuenta de que con el tiempo mi mirada era como la de el, parecía que siempre estaba molesto y la mayoría de la veces tenía el seño fruncido. Sin duda, era yo su hijo, su gran adorado hijo.
Mis lectoras hermosas, ¿Cómo han estado?. Déjenme decirles que yo muy contenta ya que por fin pude publicar esta historia que llevo muchos meses escribirla, claro que aún no la termino pero más pronto que tarde, estará lista.
Una historia para todas las que amen con todo su corazón a Cole, el ninja de la Tierra. Les dejo aquí el primero capítulo, ojalá y les guste y pronto también publicaré las historias para Gaizka y Kai.
Si te gusta mi trabajo y la forma en que escribo mis historias no olvides dar "🌟", comentar y si gustas puedes seguirme, de esa forma se que me apoyan y puedo seguir escribiendo más historia de esta serie que tanto amo desde era una niña, Ninjago.
Gracias por leerme, y nos vemos para el siguiente capítulo, el dos. :) las quiere, By: Arwen ♡.
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