12. UN CUERVO Y UN PÁJARO DE FUEGO

╔════•| ༒︎ |•════╗

CAPÍTULO 12

Un cuervo y un pájaro de fuego

✰•☾︎• 𝙎𝙚𝙣̃𝙤𝙧𝙖 𝙙𝙚 𝘾𝙪𝙚𝙧𝙫𝙤𝙨 ℘⁖✭

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   A Kerianne, se le había hecho una hora el llegar a su destino. Desde lejos, se notaba la construcción de la casa, era una edificación grande, aunque no tan grande para parecerse al castillo del lord. El camino hacia la casa estaba pavimentado con mármol rojo y líneas doradas, que solo podían interpretarse como trazos dorados al azar.

Eris desmontó primero y le ayudó a bajar, Shade levantó la vista conteniendo el asombró y respirando el aire liberador de aquel lugar. La casa era completamente blanca, los tejados también del mismo dorado brillante.

En la entrada, a los lados del portón escarlata, lucían dos figuras de dragones rugiendo con terrible amenaza, casi parecía que fuesen reales, solo que se encontraban contenidos en piedra blanca. Tras los dragones y sobre el portón, decoraba en bordes florecillas de clivias, flores de tonalidad naranja melocotón y un centro de pistilos amarillentos, arremolinandose entre ramas.

—¿Porqué jamás me he enterado sobre este lugar? —preguntó Kerianne dándole una mirada a Eris.

—No todos los secretos deben conocerse, querida Shade —le tendió su mano, invitandola a tomarsela. —¿Preparada para conocer tú casa?

—¿Mi casa? —inquirió ella, mirándolo instantáneamente.

—Siendo mi prometida, mereces tal honor —dice Eris.

Kerianne sonríe estúpidamente ante esas palabras, pero en cambió agudiza su rostro a uno más serio, para decirle —Sí es tan bonita por dentro como lo es por afuera, por supuesto que sí estoy lista para conocer la casa —le tomó la mano ella.

Kerianne podía permitirse semejante gesto, «pero revelar sus emociones ante él, jamás».

Subieron los escalones de la entrada, justo a tiempo para que el portón se abriera al instante. Del interior aparecieron dos personas, una mujer más baja que ella, con el cabello rubio fresa atado en un arreglado moño, a su lado un joven de cabello largo oscuro, les sonrió. Cuando se acercaron más, ella notó que el chico tenía la mitad del rostro desfigurado a modo de que pareciera que le hubiesen puesto una antorcha a la parte izquierda de su rostro. Ambos hicieron una reverencia para ellos.

—Mi señor, hemos preparado todo para su regresó —dijo la mujer con benevolencia.

—Su equipaje ha llegado desde antes señor, nos hemos encargado de poner todo en su lugar —dijo el chico. Había una radiante chispa de esperanza en su rostro, y se notaba que no se avergonzaba de nada que lo conformará.

—Mi señora, es un placer conocerla al fin —dijo la mujer dándole otra reverencia.

—A sus órdenes, mi señora —le siguió el chico.

Shade no sabía cómo responder a eso, antes no había sido tratada con tal respeto, como si fuese de la nobleza. Así que simplemente respondió —Pues muchas gracias por su... cálida bienvenida.

Había visto discordia y traición entre los sirvientes de la familia Vanserra, pero está mujer y el chico lucían completamente fiables, quizá eran más honorables que ella, y eso le dejaba más tranquila. Así no tendría que revisar su habitación cada noche para evitar que la asesinaran, como en el castillo de Berón.

—Gracias por su dedicación, señora Nasher, señor Vadier —nombró Eris.

La pareja de sirvientes se hizo a un lado para permitirles el paso, y solo así Kerianne dejo escapar un jadeó de asombro cuando ingresó. El salón de la entrada era alto y rodeado por dos escaleras que se unían en un semi círculo, en medio habitaba un mural, hecho de un material que lo hacía verse como fragmentos de mar, tornados ante luz rojiza del atardecer, bajo eso caía una cascada constante que se expandía hasta el fondo de una fuente de piedras doradas.

—¿Y qué desea ver primero la señora de la casa? —preguntó Eris tras ella.

Bajó las escalera, en los extremos de la fuente, se abrían puertas que mostraban el resto de la casa, tras el mural de mar.

—La habitación, por supuesto —dijo ella, mirando hacía allá, preguntándose, sí debía ir a tocar el agua de aquella fuente, puesto que parecia irreal.

Una risita provino tras ella, de la señora Nasher. Cuando se dió la vuelta, el señor Vadier también sonreía, con sonrojo, viéndose como un cómplice.

—Por suerte hemos preparado la cama para los prometidos —mencionó Nasher.

Fue así que se le borró a Shade la perplejidad, entendiendo porque se habían reído los sirvientes.

—No me refería a eso. Nosotros no vamos a... —pero no pudo terminar de decir nada porque Eris se le aproximó y la tomó entre brazos.

—No reveles nuestros secretos, amor —dijo Eris tan cerca de ella, que su cuerpo se estremeció en respuesta. —Son privados —Eris se agachó brevemente ante ella para tomarla entre las piernas y cargarla sin mucho esfuerzo.

—¡Eris! —le riño ella.

Pero éste solo se limitó a subirla por la escalera izquierda. Ella se agarró de su cuello con una mano, y con la otra le apretó la tela de la chaqueta, sobre el pectoral. Eris le sonrió triunfante.

Ella iba a luchar contra este gesto inesperado, pero se detuvo cuando comenzó a vislumbrar el resto de la casa, en la cima de las escaleras, adornaban retratos de pinturas enmarcados, algunos eran paisajes y otros mostraban trazos indistinguibles sin ningún orden. Le llevó aún en brazos, recorriendo ese pasillo tapizado con terciopelo dorado. Muebles decorativos y portavelas de oro decoraban a los lados del pasillo, había una que otra habitación y ventanales mientras recorrían el espació.

Eris se detuvo en la entrada de una habitación, era tan grande que abarcaba dos puertas. Solo así Eris la bajó de sus brazos, con ligereza.

Kerianne se ajustó el vestido, mirando la puerta frente a sí. Él extendió sus manos y empujó ambas puertas, haciendo que al instante una ráfaga de viento le diera la bienvenida.

En el exterior, ya había oscurecido, pero la habitación era iluminada por un enorme candelabro de oro, diseñado con cuarzos que reflejaban la luz para hacerla más cálida.

Ella caminó sobre la alfombra roja, la cama era grande y vasta, cubierta por doseles de seda blanca, sobre las sábanas habían sido esparcidos pétalos de rosas rojas y doradas, perfumaban la mayor parte de la habitación.

—¿Así qué planeaste todo esto? —inquirió ella, enarcando las cejas para provocarlo.

—Ya oíste a Nasher, ella lo ha preparado todo —expresó él.

Eris caminó a la cama, se empezó a quitar el cinturón de armas, con tal dominancia que Shade dudó de lo que haría a continuación. Lo colocó sobre una cómoda vacía junto a la cama. «No es como si se le fuese a abalanzar contra esa cama con pasión infinita, ¿O sí?». Kerianne ignoró ese tipo de pensamiento para recobrar dignidad.

En su lugar dijo, —¿Dormiremos juntos aquí?

Eris se quitó el cuchillo escondido de su bota y desabotono su chaqueta mientras le veía a los ojos. 

—Esta es la habitación principal de la casa. Puedes dormir aquí conmigo sí es lo que deseas —se le acercó a pasos lentos, arrojando la chaqueta sobre la cama—, o en otro lugar. —Él era más alto, le miraba desde arriba y casi ella se sentía pequeña en ese momento. —Pero no dormiré de nuevo en un sofá de mal gusto.

—Bueno, ¿y cuál es mi habitación? —dijo ella, para confundir las ideas locas que merodeaban en las profundidades de su cabeza y que no se atrevía a pensar con claridad.

Eris se movió a un lado de ella, y a la derecha abrió una puerta. Ella le siguió hasta que se encontraron con un enorme cuarto de baño, diseñado con pilares blancos y portavelas que rodeaban una bañera más grande que la propia cama de la habitación contigua, había un enorme ventanal del suelo hasta el techo, cubierto por cortinas de voile rojo, tela transparentosa y delgada que permitia ver el exterior del otoño.

Pero Eris continúo a otra puerta a la derecha, y finalmente llegaron a una habitación con otro diseño, la cama y su dosel eran de colores púrpura oscuro, los muebles de la habitación eran dorados, había un escritorio y un enorme tocador acomodado con perfumes, joyas, cepillos y elementos de belleza.

—Le pedí a Nasher que preparara un lugar especial para ti, aunque por supuesto que se le hizo extraño que un par de comprometidos terminarán durmiendo en habitaciones separadas —confesó Eris.

—¿Habías planeado esto desde hace tiempo? —le dijo ella, aunque ya sabía la respuesta.

—No, en realidad no, pero Nasher es muy eficiente.   

«Mentía, sabía que mentía. Eris siempre preparaba todo con antelación».

Ella sonrió, no le insistiría más, en su lugar miró el umbral oscurecido, cerca de la cama y la cómoda. Se acercó para mirar, pero era otra habitación en sombras, hasta que Eris se adelantó y encendió la luz del lugar, iluminando un closet que seguramente tenía más vestidos y zapatos que los que jamás había tenido en toda su vida.

Kerianne no pudo evitarlo, su instinto femenino le hizo apresurarse a tocar la tela del primer vestido en el que se fijó, era de satén azul y con brillos, a su lado uno naranja con incrustaciones de topaceos. Un mueble con diseños de zapatillas llamativas y elegantes, habían sombreros de diseños extravagantes y guantes de materiales sedosos.

Todo esto era parecido a algo que debía poseer una reina. Pero Shade era una asesina, y Kerianne una violinista. ¿Porque Eris se había esforzado tanto en planear esta sorpresa para ella?, Y dudaba mucho que todo esto fuera parte del tesoro real del otoño, ¿Cuanto oro había gastado en todo esto, en semejante capicho?

—¿Qué sucede? —le preguntó Eris, quizá notando el breve cambio de ánimo en su rostro.

Pero una nueva duda asaltó su mente. ¿Cuál había sido el precio que Eris había pagado ante el lord para obtener todo esto? Por arruinar los planes de su padre para con Yesserith.

—¿Compraste esto para mí? —preguntó Shade, cambiando su rostro a una mirada más animada. La idea de que Eris quisiera complacerla le hacía emocionarse.

—No te emociones tanto, amor —le dijo él, desviando la respuesta. —Será mejor que te prepares, Nasher y Vadier organizaron una cena para nosotros.

—Pues estoy hambrienta —salieron de la habitación del armario.

—Por ahora, compartiremos el mismo cuarto de baño, pero si necesitas ayuda en cualquier cosa, siempre puedes llamar a Nasher —explicó Eris. —Tengo algo pendiente que hacer, mientras te alistas para la cena.

Eris da un paso breve a ella, con intenciones ocultas al mirarle a los ojos. —Te veré allí ¿de acuerdo? —dijo en su lugar.

Ella asintió con una sincera sonrisa, no podía evitar emocionarse por todo este lugar maravilloso. Era cien veces más hermoso que cualquier vivienda del lord otoño.

Eris le dió la espalda, pretendiendo irse, pero su avance era indeciso, finalmente se decidió y se le aproximó revelando en sus manos otro cuadrado de pergamino.

Justo como lo había prometido al inicio de su trato, una carta de afecto al día.

—Hombre de palabra —comentó ella, tomando el papel.

—Te veo abajo —dijo Eris apático, se fue por la puerta de la cuál entraron.

Shade desdobló aquel pergamino, doblado con cuidado lo deshizo, y casi podria jurar que la escencia de Eris esta impregnada en el papel al momento de escribirla. En ello, leyo: Bienvenida a nuestra casa, mi señora de cuervos.

Ella sonrió, corrió y se lanzó a la cama como una chiquilla sin etiqueta, la cama era tan suave y esponjosa que todo su cuerpo se sentía correcto. Este lugar era fantástico, ¿Cómo es que jamás se había enterado de él, siendo ella una de las mejores espías?

Kerianne se levantó y fue a buscar a Eris para agradecerle por cumplir su promesa de la carta, pero cuando llegó a su habitación, él no estaba. Así que se decidió a darse un baño, abrió las llaves de la bañera esperando que se llenará, mientras se preparaba. En el cuarto de baño había un estante con toallas de secado, batas y escencias para bañarse, ella revisó los aceites esenciales para ver cuál le quedaba mejor a su piel, escogiendo así uno con un aroma floral a lilas, virtió una cantidad sobre el agua, aromatizando la habitación, cerró los grifos de agua cuando la bañera abarcó la marca exacta, y así se desvistió frente al espejo.

Nunca había sido vanidosa, según ella no se consideraba poco atractiva, y tampoco creía que era una suma belleza, pero por primera vez en toda su vida, desnuda, frente a aquel espejo, se preguntaba si era hermosa, si resultaría gratificantemente atractiva ante los ojos de una sola persona.

«¿Qué pensaria Eris si la viera...».

Desviando esas ideas de su cabeza se sumergió en el agua e hizo lo que le correspondía. Cuando terminó su baño, se sentía más fresca que nunca. En su habitación se colocó perfume de grosellas desde el lóbulo de la oreja, pasando por su cuello y terminando en el centro de sus pechos. Cepilló su cabello con suavidad, quitándole los restos de humedad.

Emocionada por el enorme armario, de principio no se decidía que vestir primero. Quizá eran cientos de vestidos, no tenía calma para contarlos, pero todos ellos eran de distintos materiales y colores. Sintió las telas entre los dedos, indecisa, ¿Debía usar rojo, dorado?, esos colores le gustaban a Eris.

Y entonces su mirada se detuvo en un vestido violeta estiloso, lo sacó de entre todos y se lo puso sin pensarlo más, era un vestido de gala, tela de satén brillante con tirantes. Lo combinó con zapatos de tacón medio, color plata y se puso unos pendientes del mismo tono.

Tocaron la puerta firmemente.

—Pase —dijo en voz alta.

La señorita Nasher apareció en la entrada. —Mi señora —hizo de nuevo otra reverencia breve—, si necesitaba ayuda debió pedirme, es mi deber servirle en lo que necesite.

—Esta bien Nasher, me gusta la privacidad, además no quería molestarte.

Prefería arreglarse por si misma que a tener sirvientes que le tironearan el cabello y la decorarán como un bonito adorno.

—No me molestaría, mi señora, aún así luce como una reina.

Había honestidad en sus palabras, lo presentía.

—¿Dónde está Eris? —preguntó Shade a la sirvienta.

—El señor Vanserra y sus invitados le están esperando —dijo Nasher.

Kerianne se cabreó al instante, —¿Sus invitados? ¿Quiénes?

—La llevaré con ellos, mi señora —Nasher se dió la vuelta para guiarla en el camino.

Shade solo esperaba que no fuera Berón y el maldito hipócrita de Aideen.

Nasher la llevó a uno de los pasillos en los extremos de la fuente, este pasillo era diferente, lo que decoraba cada lado eran estatuas de porcelana, eran figuras de faes con expresiones faciales profundas. Se notaba que Eris era el tipo de persona que le gustaba lo creativo.

Entraron a un salón extenso, la mesa no era tan grande, pero era lo suficiente para cinco personas, las cuales, ella era una de ellos. Eris estaba sentado a la cabeza de la mesa, los presentes se dieron la vuelta para mirarla.

Y a todos ella los conocía, pero ¿ellos la reconocerían?. Eran Jurian, el comandante de los ejércitos mortales y Vassa, la reina pájaro. Shade los había espiado, por su puesto que lo había hecho. Su vista se fue directamente a un ojo metálico y dorado, Lucien Vanserra le sostuvo la mirada, una mirada sin significado. ¿Era que Lucien sabía que ella lo había delatado, con lord Berón? ¿Era un odio oculto lo que se presenciaba?

Kerianne se pasó el nudo que atosigaba a su garganta y dijo a Eris. —No mencionaste que tendríamos invitados.

—Sientate querida, conoce a nuestros invitados —Eris le señala el asiento a su derecha, a lado de Lucien. —Mi hermano, por supuesto que lo recuerdas. Y ellos son Vassa y Jurian.

—Un placer —dice Shade brindándoles una sonrisa. Cuando el mortal Jurian se la regresa de una manera tan avida y curiosa.

—¿Entonces es verdad? —dice Jurian mirando a Eris. —Finalmente te han atado. Aunque por una belleza como ella, seguro también me lo pensaría —se reclina en su silla, mirando a Shade.

Ella entrecierra los ojos para decirle, —Qué inapropiado, hablar como sí yo no estuviera aquí y fuese un pedazo de carne —toma su asiento sin inhibiciones. —¿Eso le parezco, señor invitado?

Porque aunque sonara imponible, era verdad, está también era su casa por así decirlo y él era solo un invitado.

Jurian quedó atónito al instante, subió la guardia y la miró con más atención en ese instante.

A ella no le gradaban los tipos con esa personalidad, como si todo el mundo debiera besarle las botas, Jurian se mantuvo callado, pero brevemente impresionado por sus palabras pretenciosas.

—Cuidado Jurian, la chica es audaz —se rió la señorita Vassa.

Jurian ignoró las palabras de su amiga. —Un pedazo de carne seguro no olería tan costoso como usted—lo dijo como si buscara provocar una reacción en ella. —Además, ser audaz no significa ser inteligente.

Ella le sonrió. —Supongo que eso es un cumplido para usted, ¿Prefiere ser audaz o inteligente? —le pregunta Shade.

—Inteligente, sin duda —Jurian toma su copa de vino y bebe un sorbo, no sin apartar los ojos con un brillo de desafío y desconfianza, para despues brindarle una sonrisa.

—Y yo prefiero ser audaz, ¿Quiere saber la diferencia entre ambos?

—Yo conozco la diferencia. Pero por favor, ilumineme con sus palabras futura señora Vanserra.

—Vamos Jurian, deja ya estos tensos debates que me revuelven el estómago —se queja Vassa, palmeandole el brazo para calmarlo. Jurian deja su copa a un lado y suelta parte de su tensión con una respiración.

—Lo que deberíamos verdaderamente preguntar —continúa Vassa— es sobre la historia de amor de los prometidos. Sí es que hay una...

Shade mira en seguida a Eris, pero éste no le mira de regreso. En su lugar, él mira a los presentes uno a uno para que no quede duda.

—No existe tal cosa —dice Eris con firmeza. —Solo me casó con Shade por simple cuerdo. Así que basta de tonterías y volvamos a la verdadera razón de esta reunión.

La sala se queda en silencio, y el pulso de Kerianne le llegó hasta los oídos como un golpeteo extraño, incluso un poco doloroso. Últimamente, por breves momentos, a ella se le olvidaba que todo esto era una mentira, que era una farsa. Y por suerte, Eris siempre se lo recordaba, de forma fría e insensible, pero siempre se lo recordaba. Ella se recargó en el respaldo de la silla para alejarse un poco de él, se cruzó de brazos retomando la compostura, fingiendo estar bien.

Y Lucien, quien hasta ahora había permanecido neutral y callado, habló.

—No hagas tales peticiones Vassa. No puedes preguntarle sobre amor a alguien quién jamás en su toda su larga vida ha amado. ¿O me equivocó, hermano?

—Siempre existe una primera vez para amar, ¿No lo creen? —dijo Vassa en tono positivo, dándole ánimo a la conversación.

—¡Ya basta de divagaciones! —reclamó Eris alcanzando la cúspide de su tolerancia. —No alarguemos más está reunión, Shade por favor retirate, hablaré con los invitados a solas.

«Pero aún no he comido nada». Ella le iba a decir cómo excusa, pero al ver la mirada de advertencia de Eris de que le hiciera caso, entendió que de verdad debía retirarse. «¿Después de todo, aún seguía desconfiando de ella?».

Shade colocó las manos en la mesa, se levantó del asiento sin mirar a nadie. Y con el mentón levantado salió del comedor, Eris le siguió con la mirada, pero ella no volvió a verlo.

Afuera del comedor, Nasher vigilaba, dispuesta a acudir a la orden si se le pedía. 

—¿Señora, necesita algo? —le pregunta con calidez. 

Shade se gira a mirar la puerta tras ella, y de nuevo vuelve a ver a la señora Nasher. Entonces se le ocurre una idea. 

—En la habitación de ese idiota...—se detiene para corregir sus palabras. Su enojo no debía notarse. —En la habitación de mi esposo hay una caja oscura, muy elegante. Traela enseguida. 

—Si señorita, le pediré al señor Vadhier que se lo traiga enseguida —le responde la sirvienta. 

—No. Él hará otro trabajo para mí, vé tú enseguida. Ahora... —le apresura con las manos. 

La señora Nasher se va caminando rapido por el pasillo, dejandola sóla. Y fue entonces que ella acercó su oído a la puerta del comedor, y la abrió lentamente y muy despacio para dejar una ranura entreabierta. 

—Oí un rumor de que Eris Vanserra alardeaba de su matrimonio, pero no con la señorita extraña —escuchó decir a Jurian—, sino con Nesta Archeron. No te veo tan apenado por el rechazo de Rhysand a tu petición. 

«¿Así que por eso estaba en la corte nocturna hace una semana?, buscaba un matrimonio con esa... fae». Pero si Eris ya había alardeado sobre una posible unión con la hermana Archeron, «¿Por qué a ella la rechazaba de esa forma ante ellos? ¿Era porque no era una alta fae o porqué era una espía? ¿O quizá era por ambas opciones?». 

Aún resonaban las palabras de Eris en su cabeza, "Solo me casó con Shade por simple acuerdo". 

Shade se despegó de esa fea conversación, se tragó el nudo que amenazaba su garganta y se fue del pasillo. 

"Solo me caso con Shade por simple acuerdo". Solo se casaba con ella porqué era la única opción, y también por ser la más factible. Ella era Shade, Shade la asesina, Shade la espía. Ella servía para hacer tratos y nada más, era por ello que la familia Vanserra jamás dudaba en recordarle su lugar, de dónde venía y lo que era. 

—Señora, aquí está lo que me pidió —Nasher le habla de repente, tras ella. La señora sostenía la caja que Rhysand le había dado a Eris.  

Shade la abrió, tomó aquella daga fría y oscura entre sus manos. Eris había temido tocarla antes, pero que podía tener, ¿Una maldición?. 

—Entregalé la caja vacía a tu señor, y dile que me quedaré con esto —Shade acaricia los relieves del hierro, se sentía una fuerza externa dentro de aquella daga. —Y también dile que no quiero verlo para nada en toda la noche. 

Shade caminó, pasando junto a las escaleras. 

—Señorita, su habitación... Es por allá —le indicó Nasher. 

—Lo sé—se encaminó a la salida. Y, cuando estuvo cerca abrió la puerta a la par, dejando entrar la frescura del viento otoñal. Bajó los peldaños y salió de la casa, aunque de igual forma las palabras le seguían resonando en la cabeza. 

«Solo me casó con Shade por simple acuerdo». Ella le iba a demostrar que tanto podía torcer ese estúpido acuerdo. 

Hola a todos ❤️✨

Lo sé, lo sé, me tarde demasiado en publicar y les había prometido especial de Kerianne y Eris, y cumpliré mi palabra.

Espero verlos en las demás actualizaciones de esta hermosa historia, les envío besos y buenos deseos. 💕

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