𝐩𝐫𝐨𝐦𝐢𝐬𝐞
; Donde una promesa le da un propósito a un corazón de seguir a delante...
Tras un agotador día de trabajo, Emily terminó de limpiar las mesas del local y de acomodar todo muy minuciosamente. Ya habían transcurrido tres días de aquel embarazoso incidente, por decirlo de alguna manera, y no había recibido ni una sola noticia de aquellos misteriosos visitantes, dándole fuerza a sus sospechas iniciales.
Pero no deseaba pensar ahora en eso, lo que carcomía su mente era que dentro de dos días la enviarían a aquella peligrosa guerra.
—¿Preocupada por el viaje?— preguntó la abuela de Emily, sonriendo con felicidad al ser estrechada por los cálidos brazos de su abuelita.—no debiste aceptar esa petición Emily...— habló la mujer con la voz cargada de angustia.—sé que quieres ir a buscar a tus padres y traerlos de vuelta, pero... si no han confirmado sus muertes aún... tenemos esperanza...— la voz entrecortada de la mujer alarmó a la joven que se separó del abrazo para ver el rostro lleno de pesar y dolor de su abuela.
Desde hace casi dos años atrás la señora Susan, ya había logrado aceptar y procesar el hecho de que su hija y el marido de esta habían muerto en aquella guerra, pero ninguno de sus dos nietos quería aceptarlo, no lograban hacerlo, lo negaban y aquello la preocupaba profundamente.
—Abuela, es mi deber... igualmente no puedo negarme a nada que me ordenen...— sollozó la chica temblando del pánico en brazos de su abuela. Estaba aterrada, ella tenía mucho miedo, demasiado, ella era una cobarde en potencia y eso no lo negaría jamás.—solo trato de protegerlos a todos como pueda... no soy fuerte ni puedo pelear, soy una inútil... la única forma que existe para defenderlos es sometiéndome a mi misma a cumplir las ordenes de Marley para al menos asegurar sus vidas...— Emily dejaba caer gruesas lágrimas por sus hinchados ojos rojizos por el llanto, las cuales su abuela limpió con sutiliza y cuidado.
—No menosprecies el esfuerzo que haces mi vida, no necesitas ser fuerte físicamente para demostrar tu valía, me haces sentir orgullosa de tener a una nieta como tu, Emily...— la señora de canosas hebras plateadas arrulló a su nieta entre sus brazos como lo hacía cuando ella apenas eran una nenita, haciendo que se relaje y cesara su llanto.
Emily a diferencia de muchos niños, había sido criada con mucho amor y sobreprotección, por eso ella era así de sensible e ingenua en ciertos aspectos que para las condiciones antinaturales de su mundo era el común denominador. Y así sucedía de igual forma con Peter, solo que por la ausencia de sus padres, este se había tornado algo rebelde, pero era igual que su hermana.
—Abuelita tengo miedo...— dijo sin pena la chica de tez trigueña bajando la mirada y viendo hacia la nada.—tengo miedo de morir...— reveló dejando caer una última lágrima al piso.
—Lo sé mi niña, es normal temerle a la muerte... es por eso que debes sobrevivir Emily, no importa qué, eres una maravillosa médico y sé que vivirás, vive, tienes que vivir y ver a este mundo ser libre Emily...— la señora sonrió de una forma tan maternal que Emily recordó el dulce rostro de su madre, sonriendo igualmente y agradeciéndole a su abuela por siempre apoyarla en todo momento.
—Y dime, ¿cómo va tu relación con Reiner?... ¿no te emociona verlo?— inquirió curiosa la mujer, sacando un tema de la nada para distraer a su nieta.
Emily vaciló durante unos segundos, recordando el suceso ocurrido días atrás.
—Realmente sí abuela, hace meses no nos vemos, lo extraño mucho, demasiado diría yo...— dijo la chica soltando un suspiro enamorado. A pesar de hablar sobre Reiner, la imagen del chico de hace días permanecía plasmada en su cabeza, sentía que sus palabras eran más para él que para el rubio.
Estaba avergonzada por haberse sentido atraída por Eren. La señora borró su sonrisa al notar la expresión de incertidumbre en su nieta.
—Sabes abuela...— la mujer prestó atención.—conocí a un joven llamado Eren...— reveló, sorprendiendo a su abuela, aquel nombre no le gustaba, le traía malos recuerdos.
—¿Pero que edad tenía?...— inquirió intranquila al imaginar que se podía tratar de "esa" persona, pero aquello era imposible, su tiempo de vida ya debía de haber culminado hace varios años atrás.
—No lo recuerdo bien, creo que tiene mi edad o es unos años mayor que yo...— respondió acomodando los mechones sueltos de su cabello.
La mujer se calmó un poco pero algo no le cuadraba del todo.
—¿Y te dijo su apellido?— Emily negó ante la pregunta algo confundida por el pavor que expresaba su abuela.—Emily ten mucho cuidado con las personas, no puedes confiar en cualquiera que se te acerque con una sonrisa, hay muchos que querrán hacerte daño y...— la mujer no pudo culminar sus palabras al ser llamada por su marido.
—Yo me encargo del resto abuela... ve y descansa...— dijo sonriente la castaña, mientras terminaba de doblar los últimos manteles y guardándolos en la estantería.
La mujer asintió confiándole el trabajo a su nieta con un mal presentimiento que taladraba su mente.
Emily se quedó completamente sola en aquel lugar bajo las tenues luces que alumbraban el interior de la repostería, terminando de acomodar los últimos detalles que quedaban pendientes tarareando una melodía para hacer el trabajo más entretenido y distraer su mente de aquella incomoda sensación de estar siendo observada constantemente, hace rato se sentía así, pero no había ni una sola alma presente.
Una fuerte tormenta azotaba esa noche, oyéndose estruendosos relámpagos y truenos impactar unos contra otros, acompañados del constante sonido de las gotas al caer contra los techos y el pavimento.
Justo en el momento en que Emily se dirigió a bajar las cortinas de los grandes vitrales del establecimiento, una centella que cayó resplandeciendo justo ante la repostería, iluminando todo el lugar con su brillante luz, mostró la figura de un hombre que estaba afuera de esta mirando hacia el interior del lugar, directo a la castaña quién solo pudo apreciar los ojos esmeralda del terrorífico sujeto que la veía fijamente, espantándose con toda la razón del mundo y dando cortos pasos hacia atrás.
Pero cuando otra centella cayó e iluminó nuevamente el lugar, aquel sujeto de largos cabellos ya no estaba ahí, había desaparecido.
Emily abrió la entrada del establecimiento mirando a todos los ángulos de la calle, intentando encontrar algún rastro de aquel hombre misterioso que casi le genera un paro cardíaco. Pero no había ni el más mínimo rastro de este en el lugar. Como si lo que hubiesen visto sus ojos fuera el espectro de un alma sedienta de venganza.
Un repentino y fuerte dolor de cabeza azotó a Emily, pero no le tomó mucha importancia y siguió con sus labores sin darse cuenta que a lo lejos unos brillantes ojos verdes azulados bajo el nocturno diluvio seguían observándola.
꒰•••꒱
Los días pasaron y con ellos llegó el momento de la partida de Emily hacia aquella guerra en compañía de médicos que se jugarían la vida el tiempo que ese desdichado conflicto bélico durase.
Ninguno tenía la certeza de cuanto tiempo más vivirían ese enfrentamiento, solo sabían que si no cumplían con las ordenes de arriba, morirían.
La castaña junto a su familia se detuvo ante el tren que la llevaría hasta allá, con la respiración algo pesada e irregular, Emily temblaba por el miedo que le causaba pensar en lo que sucedería en los próximos días, ver soldados muertos, heridos con grotescas e inhumanas lesiones que acabarían convirtiéndolos en seres desalmados, producto de guerras y desigualdades políticas en su mayoría absurdas y tontas.
—¡Promete que volverás Emily!— gritó Peter aguantando las lágrimas que se acumulaban en sus ojos grises.
La castaña sonrió enternecida y secó las lágrimas de su hermano dejando suaves caricias en sus rizados cabellos claros.
—Lo prometo, y ten por sentado que regresaré con mamá y papá... vivos— aseguró la chica retomando su llameante flama de voluntad.
Su familia era el motor que la movía hacia adelante y no reclinaría seguir aquel camino por simples emociones incontrolables.
Peter tensó su cuerpo tratando de mostrarse fuerte y asintió ante la promesa de su hermana.
—Ten mucho cuidado pequeña...— habló la tía de la chica que veía con tristeza a su sobrina.
Emily la abrazó con fuerza para transmitirle aunque sea algo de tranquilidad a su tía.
—Tranquila, hablo en serio cuando digo que regresaré...
La mujer asintió secando sus lágrimas tomando de la mano al pequeño castaño para alejarse un poco del gran cúmulo de gente que estaba despidiendo a las personas que serían enviadas a aquella misión.
Emily se giró a sus abuelos y los abrazó a ambos al mismo tiempo que les transmitía todo el amor que podía a través de él.—Todo estará bien abuelos, lo prometo, regresaré con papá y mamá...— la chica estrechó a sus abuelos sin ejercer fuerza brusca, recibiendo sutiles palmaditas de estos en su espalda.
—Si no regresas, yo mismo me encargaré de mandar al demonio a todo Marley...— aseguró el señor de cabellera plateada, sacando su pipa del bolsillo de su gabardina. Emily y su abuela vieron sorprendidas al señor soltando carcajadas por lo extremista que podía ser.—hablo enserio, no lo hago todavía porque espero una redención por parte de ellos, pero al paso que van lo dudo mucho...— expuso como si nada el señor recibiendo un codazo de su mujer que lo veía con un rostro serio.
—¡Fritz apúrese ya, no tenemos todo el día!— exclamó el jefe de la chica haciendo que esta se sobresaltara y se despidiera de sus abuelos apurada.
Agitada, Emily salió corriendo como una loca por el medio de todo el abultamiento de personas.
—¡Hasta pronto!...— gritó llena de esperanza entrando al tren y perdiendo de vista a su familia. Sentía como su corazón se encogía de tristeza al imaginar que algo malo pudiese llegar a ocurrir.
Pero sus pensamientos involuntarios fueron interrumpidos por la voz de su mejor amiga.
—¡¡¡EMILY!!!!— exclamó una hermosa chica abrazando a Emily, no tan feliz de verla allí.—¿Por qué viniste?...— preguntó la chica de tez ligeramente más clara y cabello castaño cobrizo, frunciendo su ceño.
—Ehh, bueno, solicitaron mi servicios y yo acepté...— explicó sonriendo con una mueca que hizo suspirar a su contraria.
—Esos malditos nos tratan como esclavos... solo servimos para hacer lo que quieren y si alguien se queja lo matan, que asco...— se quejó la chica pensando en los malos tratos de Marley hacia los Eldianos.
Lizzy Granger, era de las poquitas personas que abrieron sus ojos a tiempo y se dieron cuenta de la manipulación que tenía Marley impuesta sobre los Eldianos.
—Nos criaron como cerdos para el matadero...— dijo Emily haciendo un ademán con las manos y recibiendo un asentimiento por parte de su mejor amiga.
—En efecto...— respondió Lizzy fijándose bien en la expresión del rostro de su amiga.—oye Emily, te noto rara...— Lizzy veía intrigada a la castaña.
Emily miró a su amiga y suspiró con una sonrisa, ella la conocía mejor que nadie, fuera de su familia. Emily se empezó a acomodar en su asiento para contarle todas las cosas raras que le habían ocurrido durante la semana a Lizzy.
Como lo solía hacer cuando eran apenas unas niñas y Emily siempre le contaba a Lizzy las cosas extrañas y paranormales que vivía.
—Es una larga historia...— declaro viendo con una sonrisa como Lizzy se acomodaba bien en su asiento para escuchar la historia, y sacando de su bolso un paquete de galletas para disfrutar mejor del chisme.
—Sabes que las historias largas son mis favoritas, ¡cuenta, cuenta!...— dijo devorando la primera galleta del paquete.
Emily y Lizzy soltaron una carcajada mientras la protagonista del relato se disponía a contarlo, convirtiendo aquel largo y aburrido viaje en uno divertido y entretenido.
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